
¿Es posible convertir un Calderón de cinco horas y cuatro mil versos en una de las propuestas más modernas de la cartelera madrileña? La respuesta es sí, a juzgar por la adaptación de noventa minutos de Andrómeda y Perseo que firma el dramaturgo Álvaro Tato, un torbellino de palabra, canto y música que podrá verse desde este miércoles hasta el 10 de octubre en el auditorio de la Fundación Juan March. La primera representación en tiempos modernos de esta comedia cortesana, estrenada hace 373 años en el Coliseo del Buen Retiro, contará con un concepto escénico de Nuria Castejón y la dirección musical de Aarón Zapico.

El dramaturgo Álvaro Tato y el clavecinista Aarón Zapico recuperan ‘Andrómeda y Perseo’, una comedia mitológica de 1653 con música atribuida a Juan Hidalgo
¿Es posible convertir un Calderón de cinco horas y cuatro mil versos en una de las propuestas más modernas de la cartelera madrileña? La respuesta es sí, a juzgar por la adaptación de noventa minutos de Andrómeda y Perseo que firma el dramaturgo Álvaro Tato, un torbellino de palabra, canto y música que podrá verse desde este miércoles hasta el 10 de octubre en el auditorio de la Fundación Juan March. La primera representación en tiempos modernos de esta comedia cortesana, estrenada hace 373 años en el Coliseo del Buen Retiro, contará con un concepto escénico de Nuria Castejón y la dirección musical de Aarón Zapico.
Semejante ejercicio de síntesis y puesta al día ha requerido una suma de esfuerzos y recursos con el Teatro de la Zarzuela y la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico. “Sin esta colaboración entre instituciones no habríamos conseguido trasladar al formato de cámara una superproducción con 37 personajes”, reconoce Tato, que ha recortado dos tercios de los versos sin alterar la partitura vocal, atribuida a Juan Hidalgo, ni renunciar a esa mezcla explosiva de comicidad, drama, mitología y música. “El texto de Calderón es desmañado, autorrepetitivo y desparramado, pero también profundamente actual”, insiste.
La obra narra la odisea de Perseo, que descubre su origen divino, vence a Medusa y rescata a Andrómeda de un sacrificio impuesto por los cielos. “Aquí los humanos hablan y los dioses cantan”, resume Tato. “Sus destinos se cruzan en un laberinto de amores, celos, naufragios y disfraces”. Como las compañías errantes, que llevaban la obra a los corrales sin grandes medios, el dramaturgo incorpora comediantes que enlazan las escenas y describen los prodigios que el espectador debe imaginar. “Mi gran consejo sería dejarse llevar por el placer, con la misma actitud de quien acude a ver un musical de la Gran Vía”.
El montaje de Castejón sustituye la pesada maquinaria barroca por una sucesión de juegos escénicos de gran carga simbólica y cambios de vestuario que permiten a los doce jóvenes actores y seis cantantes encarnar distintos personajes. La directora hace compatible la fidelidad al texto calderoniano con la denuncia de los abusos que sufren Dánae, Medusa y Andrómeda. “Unos años atrás me habría costado reconocer ese candente tema de fondo en obras clásicas”, señala Castejón. “Hoy en día, tal reflexión forma parte esencial de nuestra propuesta y late en los versos originales de las protagonistas”.

Este ambicioso proyecto de recuperación patrimonial nació en la Houghton Library de Harvard, donde se conserva el códice que Felipe IV mandó preparar para su suegro, el emperador Fernando III, con el texto y la partitura casi completa. El musicólogo Álvaro Torrente lo considera “una de las piedras angulares” de un teatro musical que integró todas las artes en un grado inexplorado hasta entonces en España. Su compositor, muy probablemente Hidalgo, “alumbró un mestizaje entre dos tradiciones en el que la música no gobierna la acción, como en el recitativo italiano, sino que la ilumina”.
Aquella copia de lujo, que nunca llegó a su destinatario, lleva por título Fortunas de Andrómeda y Perseo e incluye los dibujos a plumilla del florentino Baccio del Bianco, el escenógrafo que deslumbró a la corte con sus macchine violente, tramoyas aéreas y bastidores correderos. La obra se interpretó cerca de treinta veces, seguramente con Cosme Pérez, alias Juan Rana, el cómico favorito de palacio, en el papel del gracioso Bato. Desde entonces, solo había vuelto a sonar una vez, en la versión de concierto que Albert Recasens y La Grande Chapelle ofrecieron en 2020 en el Konzerthaus de Viena.
Autor de los arreglos, Zapico, que dirigirá desde el clave un cuarteto de flautas de pico, viola de gamba y tiorba, ha completado una partitura que, como era habitual en el siglo XVII, solo fija melodías y bajo continuo. “No lo llamaría componer, sino entender las intenciones del compositor y elevarlas, colorearlas”, explica el músico, que ha añadido unas flautas al pasaje cavernoso de las Furias y ha incorporado una pieza de Celos aun del aire matan, la comedia cantada que Hidalgo y Calderón estrenaron en 1660, para arropar el monólogo de Perseo “de la manera más honesta, cuidadosa y amorosa posible”.

Aunque el texto y el facsímil de la música fueron publicados por el Inaem en 1994, hasta ahora nadie se había atrevido con una versión escénica. Miguel Ángel Marín lo achaca a una cuestión de oficio. “En tiempos de Calderón, el mismo cómico recitaba y cantaba”, apunta el director de la programación musical de la March. “Hoy, en cambio, ningún profesional hace ambas cosas al nivel técnico que exige cada disciplina”. La obra, recuerda Marín, fue concebida como una operación de diplomacia cultural, “un despliegue de medios extraordinario para demostrar que los Austrias todavía tenían poder”.
En las notas al programa, la historiadora Andrea Sommer-Mathis sitúa a Mariana de Austria en el centro de la política matrimonial de los Habsburgo. Prometida al príncipe Baltasar Carlos, la archiduquesa acabó casándose con el padre del novio, su tío Felipe IV, tras la muerte del heredero. En 1653, con dieciocho años y una sola hija (la futura infanta de Las meninas), contrajo la viruela, lo que hizo tambalear el futuro de la dinastía. Cuando se recuperó, su hijastra María Teresa, de catorce años, promovió una fiesta a la altura del susto: cinco horas de peripecias mitológicas, carros voladores y monstruos marinos.
Aquel derroche de ingenio técnico, a mayor gloria del Rey Planeta y de una estirpe que se veía reflejada en sus dioses, dependía en última instancia del factor humano. Ese que aportarán, a lo largo de seis funciones gratuitas hasta el 10 de octubre, los cantantes del Teatro de la Zarzuela y los actores de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, que en diciembre llevará el montaje a la Comedia. “Esa alianza es el verdadero prodigio de Andrómeda y Perseo”, celebra Tato, que invita al público a acercarse a la obra de Calderón sin reverencias: “Debemos mirarla a los ojos como ella nos mira a nosotros”.
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