Raphael: “No soy nostálgico porque no tengo tiempo”

Recibe con la amabilidad del que la lleva entrenando desde hace décadas. Da la mano, pregunta el nombre de quienes tiene delante y sonríe. Raphael (Linares, 83 años) es historia de España y le pide al fotógrafo que no lo saque junto al piano porque no lo toca. “Ya vienen otros que sí saben”, bromea. En el salón de su casa, muchas fotos con papas y reyes y con su familia. Sobre una mesa, un ejemplar espléndido de Don Quijote de La Mancha; sobre otra, un libro sobre México y sus alrededores. Acaba de estrenarse Aquel, en Netflix, una serie en la que se cuentan algunos episodios de su vida, porque para contarla entera, se necesitarían años.

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Raphael, en su casa, en Madrid.Javier Morgade, como Raphael en la serie 'Aquel'.El cantante Raphael, en su casa de Madrid el 28 de septiembre.  El cantante se prepara para dar varios conciertos en América mientras Netflix estrena ‘Aquel’, la serie basada en su vida  

Recibe con la amabilidad del que la lleva entrenando desde hace décadas. Da la mano, pregunta el nombre de quienes tiene delante y sonríe. Raphael (Linares, 83 años) es historia de España y le pide al fotógrafo que no lo saque junto al piano porque no lo toca. “Ya vienen otros que sí saben”, bromea. En el salón de su casa, muchas fotos con papas y reyes y con su familia. Sobre una mesa, un ejemplar espléndido de Don Quijote de La Mancha; sobre otra, un libro sobre México y sus alrededores. Acaba de estrenarse Aquel, en Netflix, una serie en la que se cuentan algunos episodios de su vida, porque para contarla entera, se necesitarían años.

Pregunta. ¿Ha visto la serie?

Respuesta. La he visto, pero a trozos. Aunque en realidad se puede decir que la he visto entera. Me la conozco.

P. ¿Qué se siente cuando a uno lo interpretan otros?

R. Me he sentido bien gracias a los actores (Carlos Santos y Javier Morgade). Al principio me decían que se tenían que parecer a mí y yo no lo tenía claro, creo que si se tenían que parecer a mí era en la forma de ser, no físicamente. ¿Y sabes lo que pasa? Que a los diez minutos se parecen a mí. Tanto los gestos como esas cosas que hago yo.

P. Esta serie es una vuelta a lo que fue. ¿Es usted nostálgico?

R. No soy nostálgico porque no tengo tiempo. Podría estar recordando momentos de mi vida, pero prefiero hacer cosas, el ahora. Quizá cuando acabe mi carrera, o si me retiro, me dé por recordar. Lo que tengo encima es lo más importante para mí.

P. Hay muchas Españas en la serie. La de las boites, por ejemplo.

R. Había de todo en esa España. Cosas que estaban muy bien.

P. ¿Por ejemplo?

R. Florida Park. Y Pavilion estaba todavía mejor. Los artistas que venían, que eran todos maravillosos. Locales, teatros, y esa afición…. No digo que hoy no haya, pero de otra manera. Ahora es más de bulto. Con 11 años iba todos los días al teatro, y las grandes broncas con mi madre eran por eso. Entraba gratis porque todos los porteros de Madrid me conocían y me decían: “Pasa”.

P. ¿Qué mirada recibió cuando llegó con esa voz y esos gestos?

R. Yo creo que no había tantos gestos, lo que pasa que con dos que hagas, la gente se quedaba con eso, porque los demás no hacían nada. La noche que canté en el teatro de La Zarzuela es cuando comprendí hasta dónde podía llegar, porque hasta entonces todo había sido un aquí te pillo, aquí te mato. Cuando estiré una vez un brazo y se puso toda la gente de pie, me dije: “Ay, chico, es por aquí”. El público ha sido siempre muy receptivo conmigo, y lo sigue siendo. Hace unos días en Alicante me sentí igual que aquella noche en la Zarzuela. Creo que la clave es que he dado algo nuevo sin darme cuenta.

P. A usted, como a otros artistas, le atravesó el servicio militar.

R. Hombre claro, fíjate que entré en la mili al día siguiente de la actuación en el Teatro de La Zarzuela. Llegaron y me dijeron: “Tenemos una sorpresa para ti”, y después de aquel éxito pensé que era otra cosa. “Mañana al servicio militar”, me dijeron, y se me cayó el alma a los pies. Me acompañó mi hermano mayor, íbamos en un camión acompañados de otros chicos que me conocían a medias. Cantaban canciones mías, me miraban a ver si yo decía algo, pero no hablaba nada, así que susurraban: “No es, no es”. Te voy a decir una cosa que no sé si está bien. Cuando llegué nos pusieron a todos en fila para ficharnos. Había albañiles, mecánicos, pero no artistas. Me quedé en la fila con otros cuatro o cinco desamparados, y el que a mí me tocaba era un vecino mío que era capitán. Me preguntó: “¿Y tú qué haces aquí?”. Y yo muy cursi le respondí: “A cumplir con la patria”. “¡Amos no me jodas!”, me dijo. Pero claro, qué le contestas.

P. ¿Qué significa Rusia para usted?

R. Mucho. Un día me llamó mi representante y me dijo: “Niño, vas a Rusia”. Y lo le dije: “¿Y qué se nos ha perdido allí?”. Me contó que habían venido unos señores a San Sebastián a comprar una película que había hecho que se llamaba Digan lo que digan, y después de estrenarla en Rusia, había tenido mucho éxito. La gente en la universidad aprendía español para aprender las canciones. Es fuerte, claro. Me fui unos dos meses allí. He ido siete u ocho veces y con grandes giras. Quizá Rusia ha sido lo más relevante que he vivido, porque teóricamente no tenemos nada que ver, y somos muy iguales. Sentimentales y románticos.

P. Shakira tiene residencia musical ahora en Madrid, pero usted ya tuvo una en Las Vegas en 1970. Entonces la música española y en español no tenía tanta proyección internacional.

R. Por supuesto, y en Las Vegas menos. En la música latina el rey era entonces Carlos Gardel. Y me sentí muy querido. América ha sido maravillosa conmigo.

P. Y fue a Eurovisión dos veces.

R. Fui hace tanto tiempo, esos dos años seguidos, y entonces nuestro idioma era limitado. Si no cantabas en inglés o francés, no tenías nada que hacer. Me sirvió de muchísimo. No gané, pero de cara al público gané, y mucho. Votos no tuve, pero fue una bendición.

P. No ha tenido problema en cantar con otros.

R. Me he casado con todos y he hecho una mancuerna con ellos. Desde Tony Bennett a Charles Aznavour. No te puedo hablar mal de ninguno ni ninguna.

P. Una pregunta de puro interés personal. ¿Cómo fue compartir tiempo y espacio con Rocío Jurado?

R. Ha sido y es la mejor compañera que he tenido. Ella tenía un saber estar a mi lado, y sin dejar de ser ella. La he querido y la quiero, porque quiero su recuerdo.

P. ¿Hay alguien que le haya dejado con la boca abierta?

R. Ella. Una mujer llena de facultades por todos lados. Y Marieta (Rocío Dúrcal) también.

P. ¿Qué música escucha hoy?

R. No me gusta lo prefabricado, porque se nota mucho. Me gustan los compositores y las compositoras que empiezan una canción y la terminan. Nada de “tengo un apunte”. En ese terreno yo he tenido una suerte… he estado con los mejores. Acabo de grabar una canción que se llama Cantando. Es de una belleza…. Me llama mucho la atención lo bueno y paso olímpicamente de lo malo. No me meto con ellos, simplemente lo esquivo.

P. Menciona mucho la suerte, pero con eso no basta.

R. Claro, suerte, trabajo y estar orientado en la vida.

P. ¿Cuál es su toma de tierra?

R. Mi familia. Adoro a mi familia. Y también la gente que me ha inspirado. Edith Piaff, Judy Garland…, gente que ha cantado de serio. El otro día en el escenario canté el himno al amor de la Piaff y todo el mundo se puso en pie. No es una canción. Es la canción.

P. Después de Alicante, ¿qué?

R. Me voy a América veintitantos días a hacer cuatro países, me vuelvo a seguir la gira por España hasta Navidad, que cierro con el especial de TVE. Y el año que viene, desde enero a final de agosto, descanso.

P. Lo dice como pidiendo perdón.

R. Mientras descanso pienso cosas, ¿eh? Sobre todo lo que voy a hacer después. Desconecto porque estoy en casa y en familia. Voy mucho al cine y al teatro, a ver cómo se cuecen las cosas. Tengo muchas ganas de ver La bola negra, pero será ya cuando vuelva.

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