Israel Elejalde y Javier Cámara, hermanados por el punk: “Es un fracaso que haya gente que crea que recuperar el franquismo sea una forma de contestación”

Israel Elejalde (izquierda) y Javier Cámara, el 23 de septiembre en la Nave 10 de Matadero Madrid.

La propuesta inicial para esta entrevista era encontrarnos en alguno de los garitos punk que todavía quedan en Madrid, pero ya casi no quedan en zonas céntricas de la ciudad. Igual que los propios madrileños, la mayoría están confinados en la periferia para sobrevivir a la especulación. Así que nos conformamos con agua, infusiones y café en una sala de la Nave 10 de Matadero Madrid, contigua al escenario donde Israel Elejalde y Javier Cámara ensayan la historia de dos hermanos punk que formaron en los noventa una banda llamada Verborrea. Es la nueva obra del dramaturgo y director Pablo Remón, titulada también Verborrea, que se estrena este jueves y en la que comparten reparto con Marta Nieto y Emilio Tomé.

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Israel Elejalde y Javier Cámara, en una fachada de Matadero Madrid. Los actores coinciden por segunda vez en el teatro con una obra de Pablo Remón que revive la historia de una banda de los noventa  

La propuesta inicial para esta entrevista era encontrarnos en alguno de los garitos punk que todavía quedan en Madrid, pero ya casi no quedan en zonas céntricas de la ciudad. Igual que los propios madrileños, la mayoría están confinados en la periferia para sobrevivir a la especulación. Así que nos conformamos con agua, infusiones y café en una sala de la Nave 10 de Matadero Madrid, contigua al escenario donde Israel Elejalde y Javier Cámara ensayan la historia de dos hermanos punk que formaron en los noventa una banda llamada Verborrea. Es la nueva obra del dramaturgo y director Pablo Remón, titulada también Verborrea, que se estrena este jueves y en la que comparten reparto con Marta Nieto y Emilio Tomé.

La historia es ficción, pero el contexto en el que se desarrolla es totalmente reconocible para quienes fueron jóvenes en los ochenta y noventa. Lo eran Elejalde (52 años) y Cámara (59 años), testigos de aquellos años en los que el punk era mucho más que un estilo musical y los garitos sí estaban en el centro de Madrid. “Era un movimiento de reacción, de pelea, de lucha, de no aceptación de la sociedad tradicional”, sostiene Elejalde, antes de soltar una confesión: “Yo era heavy, pero tenía una gran contradicción: me gustaba Mecano. Iba a sus conciertos sin decírselo a mi pandilla, a escondidas, porque me hubieran matado”, bromea.

Cámara lo recuerda más bien desde la barrera: “Yo era espectador. Me gustaba lo contestatario, pero aquellos conciertos eran tan enérgicos y brutales, que me resultaban algo violentos. Siempre he sido el primero que se llevaba los golpes y me veía con la cabeza abierta”, asegura el actor. “En todo caso, cuando te quedabas escuchando, te dabas cuenta de que detrás de las palabrotas había una gran fragilidad y sensibilidad. Por eso necesitaban gritar, necesitaban ponerse violentos porque no les escuchaban”.

Rebeldía, rabia, fragilidad y sensibilidad extrema. No por casualidad los hermanos de Verborrea se criaron en el Valle de los Caídos, con un padre franquista hasta la médula cuyo eco retumba durante toda la función. “De eso va la obra”, dice Elejalde. Su personaje, llamado Segis, tiene una conversación con el llorado Robe Iniesta, en pleno apogeo de Extremoduro, que musicalmente no era punk pero era la encarnación de aquellos valores. Tras la cual Segis se pregunta: “Me quedé pensando, después de hablar con Robe, ¿qué es ser punki?”. Tras lo cual, resuelve: “Fernando de Rojas, Teresa de Jesús, Fray Luis de León… Claro, es que toda esta peña… eran todos punkis, en definitiva”.

El punk se eleva así en Verborrea como una actitud vital que atraviesa épocas y generaciones. Pero ¿qué pensaría Robe de esa ultraderecha que se proclama antisistema y que algunos ensayistas denominan “el nuevo punk”? Elejalde se revuelve: “El punk se mueve en los márgenes, es gente que sueña con una utopía y que lucha para mejorar el mundo. Lo otro es un movimiento retrógrado que simplemente intenta recuperar una sociedad de vencidos y vencedores, patriarcal, donde el servilismo lo ocupa todo. Han sido inteligentes al apropiarse de esa palabra, pero eso no es punk, eso es querer cambiar el mundo para hacerlo peor. Es un enorme fracaso de la educación de este país que haya gente que crea que recuperar los 40 años oscuros del franquismo sea una forma de contestación punk”.

La entrevista de desarrolla unos días antes de la clausura del festival de cine de San Sebastián, celebrada el sábado pasado, cuando Cámara todavía no sabe que tendrá que viajar hasta allí para recoger la Concha de Plata a la mejor interpretación de reparto por su papel en la película Cinco minutos, dirigida por Javier Ruiz Caldera. El actor empezó haciendo teatro, pero luego el cine y la televisión le dieron tanto trabajo y popularidad que fue arrinconando los escenarios. Hasta que conoció a Pablo Remón y tuvo una corazonada. “Yo no sé por qué, pero de momento solo me he atrevido a volver al teatro con Pablo. Fíjate que cuando me llamó por primera vez [Los farsantes, 2022] acepté el papel sin haber leído la obra. Es que el tío nunca te da el texto hasta que empiezan los ensayos. Mi representante se enfadó, pero es que ahí estaban también Bárbara Lennie, Francesco Carril y Nuría Mencía. Eso es garantía”, dice.

La corazonada fue acertada. Los farsantes fue un éxito y aún más su siguiente trabajo, Vania x Vania (2024),una monumental y aclamada doble versión del clásico de Chéjov donde coincidió ya con Elejalde, actor también habitual de Remón, cuya trayectoria es inversa a la de Cámara: el grueso de su carrera lo ha desarrollado en el teatro (ahora tiene en cartel El nudo gordiano, en su faceta de director de escena), pero en los últimos años ha saltado con fuerza a la gran pantalla, con títulos como Madres paralelas (Pedro Almodóvar, 2021) o Altas capacidades(Víctor García León, 2026). La complicidad de haber trabajado juntos se les nota. Animados, simpáticos, conversadores y vestidos con una camiseta en el mismo tono de azul, pareciera que fueran hermanos de verdad.

Ambos son buenos representantes de un nuevo modelo de actor que no tiene miedo a alternar los escenarios con las pantallas, algo impensable hace una década. “Yo recuerdo llegar a mis primeros rodajes y escuchar al director decirme, antes de abrir la boca: ‘Oye, di las cosas normal, ¡eh! No como en el teatro’. Y yo pensaba: ‘¿Cómo que normal? ¿Hace cuántos años que no vas al teatro?’. Ya no se declama, por dios”, dice Elejalde. “El teatro se ha modernizado, igual que el cine y la televisión, que antes no la querían hacer ni siquiera los que hacían cine. Esa barrera se ha roto. Hay nuevas temáticas, nuevas formas, directoras que han introducido asuntos fascinantes. Y películas como La bola negra, con tanta poesía, tienen mucho teatro dentro”, proclama Elejalde.

A la inversa, Cámara ha sentido muchos prejuicios. “Uf, cuando uno de cine se pasaba al teatro, mucha gente decía: ‘Ya verás, este que se ha creído. A mí me ha pasado. Pero yo no es que no me atreviera a hacer teatro, es que solo me llegaban propuestas puramente comerciales, cosas bonitas y gente muy interesante, pero en las que no me veía. Pero tú vas a Londres o Nueva York y ves que los teatros, tanto públicos como privados, están llenos de estrellas de cine”, comenta. Eso también está cambiando, advierte Elejalde: “La prueba es que uno de los mejores actores españoles, Javier Bardem, va a debutar en el teatro este otoño”.

Remón y sus compañeros de reparto esperan para empezar el ensayo. Sobre el escenario, una camioneta destartalada contiene toda la nostalgia y el dolor de una etapa de esplendor punk devorada por el tiempo. Un viaje que el personaje de Cámara resume en una frase cargada de pólvora: “La mejor época de mi vida fue cuando, de niño, me echaba las siestas con mi madre”.

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