Mantiene Foucault que aún vivimos en el viejo esquema de la sexualidad moderna que arrancara allá con la revolución burguesa. De otro modo, hemos avanzado muy poco. Básicamente, la tesis del pensador es que la mojigatería prohibicionista, católica, homófoba y romana en realidad esconde un secreto: más allá del placer de la refriega, del sexo por el sexo, lo que importa es el placer de hablar de, en efecto, lo secreto, de detallar lo que no se dice. Lo que nos pone no es tanto hacerlo como contarlo. Es decir, en un mundo en el que el sexo es ya la razón de todo y cada acto, cada cuerpo, cada anuncio, obedece a la lógica del deseo, el verdadero placer se encuentra en el exhibicionismo de nuestra singularidad.
Los directores Marco Nguyen y Nicolas Athane componen una divertida, ágil y muy animada sátira entregada a la sana reivindicación de la cultura gay y de la alegría de la cultura
Mantiene Foucault que aún vivimos en el viejo esquema de la sexualidad moderna que arrancara allá con la revolución burguesa. De otro modo, hemos avanzado muy poco. Básicamente, la tesis del pensador es que la mojigatería prohibicionista, católica, homófoba y romana en realidad esconde un secreto: más allá del placer de la refriega, del sexo por el sexo, lo que importa es el placer de hablar de lo secreto, de detallar lo que no se dice. Lo que nos pone no es tanto hacerlo como contarlo. Es decir, en un mundo en el que el sexo es ya la razón de todo y cada acto, cada cuerpo, cada anuncio, obedece a la lógica del deseo, el verdadero placer se encuentra en el exhibicionismo de nuestra singularidad.
Jim Queen, en ligera y alborotada sintonía con el párrafo anterior, está ahí para desvelar un secreto. O, mejor, su idea es convertir los códigos más o menos singulares, más o menos únicos y, en efecto, más o menos secretos (que si twink, que si cruising, que si musculosas, que si ositos…) en materia lúdica; en el escenario de una parodia donde lo aceptado como mayoritario o, en el peor de los casos, normal es ahora justo lo contrario. Y, en correspondencia, todo aquello que compone el manual del iniciado en una cultura clandestina es tratado con el desenfado de lo común. Se trata de dar la vuelta al mundo de nuestras creencias más mohosas para que entre el aire y, de paso, hacernos mejores, más tolerantes y, más importante aún, más divertidos.
Se cuenta la historia del héroe musculado y perfecto de la comunidad gay parisina que atiende el nombre de Jim. Un buen día, por culpa de un extraño virus (Heterosis), cundirá el pánico. Ante la impotencia general, los homosexuales del mundo desaparecen. Y Jim, el más admirado y hormonado de todos, también. La epidemia les convierte en… ¡heterosexuales! Una vez más, queda demostrado que la mejor manera de vencer al enemigo (en este caso, la santa moral prejuiciosa, machista, rancia y totalitaria) es reírse de él.
Entre la metáfora, la fábula de aire swiftiano (por el autor de Los viajes de Gulliver) y el mucho más evidente chiste bobo, Jim Queen acierta a reivindicar asuntos tales como la tolerancia, el humor, el amor y la vida alegre. Y lo hace sin abrumar, sin sermones y con gracia (es decir, inteligencia). Bien es cierto que el dibujo rápido, la puesta en escena algo aturullada y alguna que otra deriva hacia el vicio de epatar a cualquier precio no siempre juegan a favor. Sea como sea, lo que nos ofrecen los directores Marco Nguyen y Nicolas Athane es una divertida, ágil y muy animada sátira entregada a la sana reivindicación no solo de la cultura gay, que también, como de sencillamente la alegría de la cultura.
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Directores: Marco Nguyen y Nicolas Athane. Guion: Simon Balteaux, Brice Chevillard, Nicolas Athane, Marco Nguyen. Duración: 85 minutos. Nacionalidad: Francia.
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