Alberto Greco (Buenos Aires, 1931-Barcelona, 1965) escribió que ninguna idea puede realizarse, ya que, si se realizase, ya no sería una idea. Ahora el mismo Greco es ya una idea, una idea en la que algunos a veces nos gusta pensar, a la vez entusiasta y triste: entusiasta por su propósito de llevar «el arte a la vida» y la vida al arte, y porque, en cuanto a su propia vida, fue breve, en deriva vagabunda y casual, siempre al borde de la indigencia, y al final no rescatada, como los protagonistas de Burger y sus Escenas de la vida…