Eclipses, astros y otras cosas de este mundo
La historia de la ciencia tradicional contaba que los pueblos antiguos creían que los eclipses representaban una suerte de maldición, un presagio de cosas funestas, señales de los astros que advertían o sancionaban calamidades, derrotas militares, plagas o sequías. Un eclipse podía provocar la gestación de un embrión deforme, el nacimiento de un potro de dos cabezas o de un niño sin rostro. Luego llegaron los matemáticos y astrónomos del Renacimiento —seguía contando este relato convencional— y la geometría se impuso a la superstición. El cálculo acabó por domesticar los temores, desenmascarando a los adivinos y a los hechiceros. Llegó…
