Ariana Harwicz, la inquisición social y la hoguera de la cultura
Uno de los síntomas más perversos de los tiempos que vivimos, en los que atreverse a pensar y a decir cosas por libre se ha convertido en un ejercicio de alto riesgo, es la facilidad con la que la discrepancia, y no digamos ya la disidencia, mueve al escándalo general. No se trata de ninguna novedad. La guerra entre las distintas ortodoxias y sus correspondientes heterodoxias es cuento viejo, como diría Günter Grass, que también vivió los seductores demonios del horror y la comodidad de pensar que militaba en el lado correcto de la Historia (que siempre escriben los vencedores…
