Cuando algún indocumentado me viene con la matraca de que el cómic es cosa de niños y adolescentes, de mortadelos y supermanes, le recomiendo tres lecturas: Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons, Maus de Art Spiegelman y Persépolis de Marjane Satrapi. La recién fallecida autora francoiraní quedará para la historia como la creadora de esta monumental novela gráfica, pero su obra es más amplia e incluye la pintura y el cine.
La vida de Marjane Satrapi (1969-2026) quedó marcada por la Historia en mayúsculas. Tenía diez años cuando en su país estalló la revolución que derrocó al sah. Sus padres eran izquierdistas que apoyaban el derrocamiento del dictador, pero los sueños de cambio de los sectores progresistas no tardaron en toparse con la cruda realidad. Los ayatolás se hicieron con el poder e instauraron sin miramientos su teocracia. No tardaron en llegar la imposición del velo y otras restricciones de la libertad. De modo que en 1984 la familia decidió mandar a la hija adolescente de 14 años a estudiar en Europa, donde podría recibir una educación laica y sin adoctrinamientos dogmáticos.
Satrapi llegó así al Liceo Francés de Viena. La elección de colegio obedecía a que había estudiado en la misma institución en Teherán hasta que las autoridades islámicas prohibieron los colegios bilingües. Y la elección de la ciudad se debió a que era más fácil acceder al permiso de residencia en Austria que en Francia. Allí vivió un torbellino de rebeldía adolescente, desconcierto y desarraigo. Regresó a Teherán para estudiar Bellas Artes, pero no tardó en darse cuenta de que ya no encajaba en su país y en 1994 se instaló de forma definitiva en París.
Esta peripecia es la que relata en Persépolis, publicada en francés en cuatro volúmenes, entre 2000 y 2003. A España llegó en 2007, en un solo tomo, de la mano de Norma. Después la reeditó Reservoir Books, que a finales de este mes de junio pondrá a la venta una edición conmemorativa que retoma el formato original de cuatro volúmenes, en un estuche.
El proyecto de Persépolis surgió cuando Satrapi se introdujo en el mundillo del cómic francés y el dibujante David B. le sugirió utilizar sus propias vivencias como material para su primera obra. David B. acababa de hacer eso con Epiléptico, donde relata cómo afectó a su familia la epilepsia de su hermano mayor. Contaba la historia con un dibujo en blanco y negro que no buscaba el virtuosismo, sino la eficacia. Y ese estilo es el que adoptó Satrapi.
Lo que convierte Persépolis en una obra maestra es la suma de varios factores: el desparpajo con el que la autora narra sus andanzas y observaciones, con escenas tragicómicas, en las que una niña se ve de pronto obligada a ponerse el incómodo hiyab y contempla cómo todo a su alrededor se vuelve extraño, absurdo. Las vivencias personales y las anécdotas cotidianas sirven para perfilar la realidad de un país sometido al fanatismo religioso. Persépolis es al mismo tiempo la crónica íntima del coming of age de una niña que se convierte en mujer y la crónica social de la instauración en Irán de un régimen teocrático. Satrapi consigue narrar esa complejidad a la altura de otros grandes novelistas que han retratado momentos de cambios sociopolíticos. Ello lo hace a través del cómic, con un dibujo de apariencia sencilla, pero de gran expresividad para visualizar las emociones.
Satrapi es autora de otros dos cómics ambientados en Irán, que, sin alcanzar la magnitud de Persépolis, son muy recomendables. Bordados está protagonizado por un grupo de amigas que se reúnen alrededor de un té con pastas y se cuentan sus experiencias e inquietudes. Y Pollo con ciruelas, por un músico al que se le rompe su tar —un instrumento tradicional persa, similar al laúd— y se desmorona. También publicó algunos libros infantiles: Los monstruos tienen miedo de la noche y Ajdar.
En 2007 llevó Persépolis a la pantalla como película de animación, codirigida con Vincent Paronnaud. Ganó el premio del jurado en Cannes, dos premios César (mejor ópera prima y mejor guion adaptado) y estuvo nominada al Óscar. Repitió la experiencia con Pollo con ciruelas, con el mismo codirector. Y de ahí saltó al cine con actores de carne y hueso con resultados irregulares. La Bande des Jotas, estrenada en 2012, es una comedia negra y alocada, que parte de una confusión en un aeropuerto entre las maletas de unas jugadoras de bádminton y de una mujer enredada con una organización criminal. La película está ambientada y rodada en España (entre Valencia y Andalucía) y en ella aparece en un papel relevante el marido de Satrapi, el sueco Mattias Ripa.
Siguió una incursión hollywoodiense con The Voices, protagonizada por Ryan Reynolds. De nuevo es una comedia negra, en esta ocasión con un perro y un gato parlantes. Cambió de registro con Madame Curie, un biopic de la científica protagonizado por Rosamund Pike. Y su última película, de 2024, fue Paradis Paris, una tragicomedia coral alrededor de la muerte, con un reparto encabezado por Monica Bellucci, en el que también figuraban Rossy de Palma y Eduardo Noriega.
La otra faceta destacada de Marjane Satrapi ha sido la de activista por la libertad y por los derechos de las mujeres en su país de origen. Después de la muerte de Mahsa Amini tras ser arrestada por no llevar correctamente el velo, coordinó el libro colectivo Mujer Vida Libertad, en el que el cómic se ponía al servicio de la denuncia política y en el que participaron figuras como Joann Sfar, Catel, Lewis Trondheim, Paco Roca y Patricia Bolaños. Las activistas iraníes en el exilio —como la combativa periodista Mahid Alinejad, o las actrices Zar Amir-Ebrahimi y Golshifteh Farahani— saben bien que deben enfrentarse con la incomprensión del feminismo de izquierdas occidental, dispuesto a denunciar cualquier atisbo de micromachismo, pero que ante la muerte de Masha Amini y el atropello de los derechos de las mujeres en Irán se puso de perfil.
En 2024, Satrapi aceptó el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, pero un año después rechazó la Legión de Honor, en protesta por la actitud hipócrita de Francia frente a Irán. No olvidemos que ese país acogió a Jomeini en los meses previos a su toma del poder y que la revolución islámica contó con el apoyo fervoroso de luminarias de la izquierda francesa como Michel Foucault, ese filósofo a ratos lúcido y casi siempre tóxico, cuyo pensamiento es el germen de la epidemia de wokismo que ha asolado las universidades estadounidenses y, desde allí, medio mundo. Según el comunicado de la familia, Marjane Satrapi murió «de tristeza» al no ser capaz de superar el fallecimiento de su marido hace un año. Un final que anticipó el protagonista de su cómic Pollo con ciruelas, ese músico virtuoso al que se le rompe su querido instrumento y, desolado —una desolación en la que también tiene un peso muy relevante un amor frustrado—, se echa en la cama, se niega a comer y decide dejarse morir.
Cuando algún indocumentado me viene con la matraca de que el cómic es cosa de niños y adolescentes, de mortadelos y supermanes, le recomiendo tres lecturas:
Cuando algún indocumentado me viene con la matraca de que el cómic es cosa de niños y adolescentes, de mortadelos y supermanes, le recomiendo tres lecturas: Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons, Maus de Art Spiegelman y Persépolis de Marjane Satrapi. La recién fallecida autora francoiraní quedará para la historia como la creadora de esta monumental novela gráfica, pero su obra es más amplia e incluye la pintura y el cine.
La vida de Marjane Satrapi (1969-2026) quedó marcada por la Historia en mayúsculas. Tenía diez años cuando en su país estalló la revolución que derrocó al sah. Sus padres eran izquierdistas que apoyaban el derrocamiento del dictador, pero los sueños de cambio de los sectores progresistas no tardaron en toparse con la cruda realidad. Los ayatolás se hicieron con el poder e instauraron sin miramientos su teocracia. No tardaron en llegar la imposición del velo y otras restricciones de la libertad. De modo que en 1984 la familia decidió mandar a la hija adolescente de 14 años a estudiar en Europa, donde podría recibir una educación laica y sin adoctrinamientos dogmáticos.
Satrapi llegó así al Liceo Francés de Viena. La elección de colegio obedecía a que había estudiado en la misma institución en Teherán hasta que las autoridades islámicas prohibieron los colegios bilingües. Y la elección de la ciudad se debió a que era más fácil acceder al permiso de residencia en Austria que en Francia. Allí vivió un torbellino de rebeldía adolescente, desconcierto y desarraigo. Regresó a Teherán para estudiar Bellas Artes, pero no tardó en darse cuenta de que ya no encajaba en su país y en 1994 se instaló de forma definitiva en París.
Esta peripecia es la que relata en Persépolis, publicada en francés en cuatro volúmenes, entre 2000 y 2003. A España llegó en 2007, en un solo tomo, de la mano de Norma. Después la reeditó Reservoir Books, que a finales de este mes de junio pondrá a la venta una edición conmemorativa que retoma el formato original de cuatro volúmenes, en un estuche.
El proyecto de Persépolis surgió cuando Satrapi se introdujo en el mundillo del cómic francés y el dibujante David B. le sugirió utilizar sus propias vivencias como material para su primera obra. David B. acababa de hacer eso con Epiléptico, donde relata cómo afectó a su familia la epilepsia de su hermano mayor. Contaba la historia con un dibujo en blanco y negro que no buscaba el virtuosismo, sino la eficacia. Y ese estilo es el que adoptó Satrapi.
Lo que convierte Persépolis en una obra maestra es la suma de varios factores: el desparpajo con el que la autora narra sus andanzas y observaciones, con escenas tragicómicas, en las que una niña se ve de pronto obligada a ponerse el incómodo hiyab y contempla cómo todo a su alrededor se vuelve extraño, absurdo. Las vivencias personales y las anécdotas cotidianas sirven para perfilar la realidad de un país sometido al fanatismo religioso. Persépolis es al mismo tiempo la crónica íntima del coming of age de una niña que se convierte en mujer y la crónica social de la instauración en Irán de un régimen teocrático. Satrapi consigue narrar esa complejidad a la altura de otros grandes novelistas que han retratado momentos de cambios sociopolíticos. Ello lo hace a través del cómic, con un dibujo de apariencia sencilla, pero de gran expresividad para visualizar las emociones.
Satrapi es autora de otros dos cómics ambientados en Irán, que, sin alcanzar la magnitud de Persépolis, son muy recomendables. Bordados está protagonizado por un grupo de amigas que se reúnen alrededor de un té con pastas y se cuentan sus experiencias e inquietudes. Y Pollo con ciruelas, por un músico al que se le rompe su tar —un instrumento tradicional persa, similar al laúd— y se desmorona. También publicó algunos libros infantiles: Los monstruos tienen miedo de la noche y Ajdar.
En 2007 llevó Persépolis a la pantalla como película de animación, codirigida con Vincent Paronnaud. Ganó el premio del jurado en Cannes, dos premios César (mejor ópera prima y mejor guion adaptado) y estuvo nominada al Óscar. Repitió la experiencia con Pollo con ciruelas, con el mismo codirector. Y de ahí saltó al cine con actores de carne y hueso con resultados irregulares. La Bande des Jotas, estrenada en 2012, es una comedia negra y alocada, que parte de una confusión en un aeropuerto entre las maletas de unas jugadoras de bádminton y de una mujer enredada con una organización criminal. La película está ambientada y rodada en España (entre Valencia y Andalucía) y en ella aparece en un papel relevante el marido de Satrapi, el sueco Mattias Ripa.
Siguió una incursión hollywoodiense con The Voices, protagonizada por Ryan Reynolds. De nuevo es una comedia negra, en esta ocasión con un perro y un gato parlantes. Cambió de registro con Madame Curie, un biopic de la científica protagonizado por Rosamund Pike. Y su última película, de 2024, fue Paradis Paris, una tragicomedia coral alrededor de la muerte, con un reparto encabezado por Monica Bellucci, en el que también figuraban Rossy de Palma y Eduardo Noriega.
La otra faceta destacada de Marjane Satrapi ha sido la de activista por la libertad y por los derechos de las mujeres en su país de origen. Después de la muerte de Mahsa Amini tras ser arrestada por no llevar correctamente el velo, coordinó el libro colectivo Mujer Vida Libertad, en el que el cómic se ponía al servicio de la denuncia política y en el que participaron figuras como Joann Sfar, Catel, Lewis Trondheim, Paco Roca y Patricia Bolaños. Las activistas iraníes en el exilio —como la combativa periodista Mahid Alinejad, o las actrices Zar Amir-Ebrahimi y Golshifteh Farahani— saben bien que deben enfrentarse con la incomprensión del feminismo de izquierdas occidental, dispuesto a denunciar cualquier atisbo de micromachismo, pero que ante la muerte de Masha Amini y el atropello de los derechos de las mujeres en Irán se puso de perfil.
En 2024, Satrapi aceptó el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, pero un año después rechazó la Legión de Honor, en protesta por la actitud hipócrita de Francia frente a Irán. No olvidemos que ese país acogió a Jomeini en los meses previos a su toma del poder y que la revolución islámica contó con el apoyo fervoroso de luminarias de la izquierda francesa como Michel Foucault, ese filósofo a ratos lúcido y casi siempre tóxico, cuyo pensamiento es el germen de la epidemia de wokismo que ha asolado las universidades estadounidenses y, desde allí, medio mundo. Según el comunicado de la familia, Marjane Satrapi murió «de tristeza» al no ser capaz de superar el fallecimiento de su marido hace un año. Un final que anticipó el protagonista de su cómic Pollo con ciruelas, ese músico virtuoso al que se le rompe su querido instrumento y, desolado —una desolación en la que también tiene un peso muy relevante un amor frustrado—, se echa en la cama, se niega a comer y decide dejarse morir.
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