Pueblos temáticos: libros, arte y patrimonio contra la despoblación

Hace 25 años, la localidad de Brihuega (Guadalajara, 2.826 habitantes) se enfrentaba a un importante declive. “Cada día había menos gente”. Negocios que cerraban, empresas que se iban y servicios que dejaban de estar activos. “Este año hemos quitado la publicidad en televisión porque veíamos que esto se nos desmadraba”. Jesús Ortega Molina se refiere al auténtico bum que ha generado en la última década la cultura de la lavanda, capaz de atraer a unos 150.000 visitantes al año gracias a la floración de un cultivo que ha revitalizado y transformado por completo el territorio. “Queremos seguir mejorando, pero debemos evitar que vengan de repente 300.000 personas”, justifica Ortega Molina, presidente de la federación Fadeta, que impulsa el desarrollo de la comarca de La Alcarria, una zona con municipios en situación de extrema despoblación. “Hoy somos una ciudad con mucha actividad, con ganas de vivir en el propio municipio”, revela, orgulloso.

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 De la lavanda de Brihuega a las librerías de Urueña o la creación artística en Genalguacil. Localidades que apuestan su futuro a su mejor carta  

Hace 25 años, la localidad de Brihuega (Guadalajara, 2.826 habitantes) se enfrentaba a un importante declive. “Cada día había menos gente”. Negocios que cerraban, empresas que se iban y servicios que dejaban de estar activos. “Este año hemos quitado la publicidad en televisión porque veíamos que esto se nos desmadraba”. Jesús Ortega Molina se refiere al auténtico bum que ha generado en la última década la cultura de la lavanda, capaz de atraer a unos 150.000 visitantes al año gracias a la floración de un cultivo que ha revitalizado y transformado por completo el territorio. “Queremos seguir mejorando, pero debemos evitar que vengan de repente 300.000 personas”, justifica Ortega Molina, presidente de la federación Fadeta, que impulsa el desarrollo de la comarca de La Alcarria, una zona con municipios en situación de extrema despoblación. “Hoy somos una ciudad con mucha actividad, con ganas de vivir en el propio municipio”, revela, orgulloso.

Brihuega encaja en la definición de una realidad emergente en nuestro país: los pueblos temáticos. Localidades que convierten un elemento —su patrimonio, el paisaje, una expresión cultural o un evento— en el eje de un proyecto para atraer visitantes, generar actividad económica y, sobre todo, luchar contra la despoblación. “La palabra tematización en sí misma no me gusta porque ya indica una cierta tendencia a la banalización”. Enrique Saiz, arquitecto especialista en patrimonio cultural, prefiere hablar en otros términos: “Cada vez más, nuestros pueblos necesitan un proyecto que les dé vida”. Saiz cuestiona, de esta forma, uno de los tópicos habituales cuando se habla de soluciones a los problemas de la España vacía. “Aunque hubiera dinero para poner un consultorio y un colegio en cada pueblo, tampoco se llenarían de gente”, reflexiona. ¿Qué características debería tener ese proyecto? “No hay reglas fijas, aunque habría que apostar siempre por valores culturales, históricos o patrimoniales sólidos y por actividades que, aunque supongan una novedad, sean armoniosas con esos valores”, expone.

Como el caso de Urueña, un municipio amurallado de poco más de 200 habitantes en el oeste de la provincia de Valladolid que “ha conseguido añadir un proyecto cultural sólido a su valor patrimonial”, subraya Enrique Saiz. “Urueña fue el pueblo más pequeño con librería hace ya casi 40 años”, rememora su alcalde, Francisco Rodríguez. La puesta en marcha de la fundación del etnógrafo Joaquín Díaz y la llegada de otros músicos, como Luis Delgado, fueron favoreciendo un clima cultural en el que acabaría surgiendo la Villa del Libro. El proyecto —que cumplirá dos décadas en 2027— ha logrado que todos los locales disponibles estén hoy ocupados: diez librerías y un taller de encuadernación. “El efecto multiplicador del mundo de la cultura ha sido enorme”, reconoce el regidor, que pone números a este fenómeno: “Actualmente recibimos unos 100.000 turistas al año, que vienen motivados por la cultura, el patrimonio y el paisaje”.

Aunque no todo son buenas noticias. En estos 20 años, Urueña ha logrado ser más conocida que poblada. “El precio de la vivienda aquí es mucho más caro que en cualquiera de los pueblos de alrededor”, apunta Francisco Rodríguez, entre las posibles razones. Urueña, como otras muchas localidades, ha logrado un cierto éxito turístico que no ha revertido en un crecimiento demográfico sostenido. Joan Nogué, catedrático de Geografía humana en la Universidad de Girona, explica la paradoja: “El turismo no da para tanto ni para todo el mundo, y tampoco todo el mundo quiere vivir del turismo”. En su opinión, la raíz del problema es mucho más profunda. La despoblación se inició a mediados de los años sesenta del siglo pasado y “los efectos los estamos notando ahora”, precisa. Nogué considera que el paisaje mediterráneo —lo que denomina “mosaico agroforestal”— ha hecho el mundo rural más vulnerable ante amenazas actuales como el cambio climático o los incendios. “La explotación del sector turístico ha generado nuevos empleos e incluso, en algunos casos, ha permitido estabilizar la población, pero el resto del paisaje rural sigue abandonado”, razona Nogué, exdirector del Observatorio del Paisaje de Cataluña.

Laboratorio contra la despoblación

En la Serranía de Ronda, una comarca tradicionalmente aislada de Málaga, la localidad de Genalguacil (363 habitantes) se ha convertido en un laboratorio contra la despoblación mediante la creación artística. Y eso que “el proyecto Genalguacil Pueblo Museo se ha construido desde el no”, afirma Miguel Ángel Herrera, alcalde desde 2011. Se refiere a la falta de apoyo institucional cuando el pueblo decidió profesionalizar los encuentros de artistas que se celebraban bianualmente desde los años noventa y dar un impulso al Museo de Arte Contemporáneo. Uno de los atractivos de Genalguacil reside en su patrimonio: los creadores invitados generan piezas artísticas relacionadas con el territorio que pasan a formar parte de las calles del municipio. “Hemos pasado de apenas tener turistas a rozar actualmente los 100.000 al año”, compara el regidor. Aumentar el vecindario sigue siendo una tarea pendiente, pero Herrera subraya la otra conquista que han logrado por el camino: la motivación de los vecinos. “Cuando tú ves que hay un futuro, tú luchas”, afirma. Un cambio difícil de cuantificar, pero que se suma a otros logros. “Recuerdo el primer año que salimos en el Observatorio de la Cultura como uno de los mejores recursos culturales en España; mi primera reacción fue llorar”, reconoce.

¿Se pueden exportar modelos como el de Genalguacil? Miguel Ángel Herrera tiene una respuesta rotunda: “Sí”. Pero, a continuación, identifica rápidamente el principal obstáculo. “El gran problema de muchísimos municipios es que no tienen un proyecto”, afirma. El análisis concuerda con la visión de Enrique Saiz. “Lo que no cabe es buscar simplemente un atractivo a cualquier precio con tal de que venga la gente”, sostiene el arquitecto, quien advierte de las consecuencias: “Normalmente fracasan y, además, pueden tener efectos negativos, como la superpoblación durante un fin de semana”. Saiz se opone frontalmente a las “modas” sin raíz local, que se van contagiando de pueblo en pueblo, como los mercados medievales o las noches de las velas. El geógrafo Joan Nogué, especialmente crítico con el fenómeno de la turistización, da un paso más allá. “Al turista postmoderno le gusta, no tanto la realidad, sino la representación de la realidad”, expone. Ese fenómeno, a su juicio, “acaba despersonalizando la identidad del territorio y lo convierte en un escenario de cartón piedra, donde se simula un pasado que no existe”. Nogué añade un riesgo más, la dependencia del turismo. “No podemos jugarlo todo a una carta; si se estropea, se viene todo abajo”.

Entonces, ¿la fórmula de los pueblos temáticos puede combatir realmente la despoblación o quedarse únicamente en un espejismo? “Las dos cosas”, responde Enrique Sáiz, con una calculada ambigüedad. Cuando asesora a ayuntamientos y colectivos, el experto les recomienda desarrollar iniciativas culturales que tengan vinculación directa con su pasado, pero que también impliquen a los propios habitantes. Y pone como ejemplo el Cronicón de Oña, “una maravilla”. Cada verano, más de un centenar de vecinos entre actores, técnicos y figurantes recrean el pasado medieval de la localidad de Oña (norte de Burgos) en el monasterio de San Salvador, uniendo historia y un edificio del siglo XI de origen románico. Joan Nogué también está de acuerdo en que el patrimonio puede ser un elemento esencial para el futuro del medio rural. “No está muerto si tú no quieres que se muera, no está fosilizado ni congelado”, afirma. “Se puede revivir y crear cosas a partir de él, porque la innovación no solo está en las ciudades, también hay mucha creatividad en el mundo rural”, asegura.

Lo que afirma el geógrafo encuentra un ejemplo casi perfecto en la iniciativa que cambió Brihuega, cuando un vecino se trajo de Francia en los años sesenta una variedad de lavanda que mejoraba la producción del cultivo local de espliego. “En 1983 empezamos a comercializar la lavanda y multiplicamos su precio por cuatro”, precisa Jesús Ortega Molina. Hoy, Brihuega es el municipio español que mayor número de hectáreas dedica a este cultivo. La promoción turística de la floración —desde hace una década— ha transformado la localidad, que ha recuperado en los últimos cinco años toda la población que había perdido dos décadas atrás. ¿Qué sería de Brihuega sin este fenómeno? “De no ser por la lavanda, el hotel de cinco estrellas que da trabajo a 80 personas, no existiría”, cita el presidente de Fedata, entre las posibles consecuencias. En Brihuega —escuchando a Ortega Molina— creen haber elegido la carta buena: “Tenemos a nuestro lado un barrio que se llama Madrid. Para que se cansen de nosotros ocho millones de personas tienen que pasar muchísimos años”. Las cifras, en cambio, son algo más tozudas con Urueña y Genalguacil. Pese al buen ánimo, el drama de la sangría demográfica persiste.

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