La bola negra ha vuelto a colocar en primer plano una faceta poco conocida de Federico García Lorca: su homosexualidad y su vida sentimental. La nueva película de Javier Calvo y Javier Ambrossi se inspira en la obra teatral inacabada del mismo nombre, pero también tiene en su corazón La piedra oscura, la obra de Alberto Conejero sobre Rafael Rodríguez Rapún, un hombre que fue fundamental, sentimentalmente hablando, en la última etapa vital del poeta.
La película de Los Javis aborda distintas épocas y trata el deseo homosexual, la represión, la memoria y las vidas que durante demasiado tiempo quedaron fuera del relato oficial. El recorrido del filme está siendo extraordinario: después de que los directores obtuvieran el premio a la mejor dirección en Cannes, La bola negra ha sido elegida por la Academia de Cine para representar a España en los Oscar a mejor película internacional y acaba de ganar el premio del público del Festival Internacional de Cine de Toronto.
Pero para comprender al Lorca más íntimo existe otro camino igualmente interesante, la de regresar a su juventud y a su encuentro con otro de los grandes genios españoles del siglo XX: Salvador Dalí. El escritor Ian Gibson dedicó, de hecho, un libro entero a reconstruir aquella relación. Su título prácticamente lo dice todo: Lorca-Dalí. El amor que no pudo ser.
Lorca y Dalí: dos genios que se encontraron siendo muy jóvenes
Federico García Lorca y Salvador Dalí se conocieron en el ambiente de la Residencia de Estudiantes de Madrid, uno de los grandes centros intelectuales de la España de los años veinte. Allí coincidieron también con Luis Buñuel y con otros jóvenes que terminarían transformando la cultura española.
Lorca, nacido en 1898, era seis años mayor que Dalí (1904). Pero entre ellos se desarrolló una relación extraordinariamente estrecha. Y no fue únicamente personal. Se admiraron artísticamente, intercambiaron ideas sobre pintura, poesía y estética y dejaron huellas el uno en la obra del otro. Ian Gibson sostiene precisamente que aquella amistad tuvo consecuencias decisivas tanto en sus vidas como en su creación artística.

Lorca visitó a Dalí y a su familia en Cadaqués. El paisaje mediterráneo, la familia del pintor y la convivencia entre ambos formaron parte de una relación que fue estrechándose hasta convertirse en uno de los vínculos más fascinantes de la juventud del poeta. Y ahí comienza la parte más compleja de la historia.
El amor que no pudo ser
El título elegido por Gibson no es casual. En Lorca-Dalí. El amor que no pudo ser, el historiador irlandés reconstruye una relación en la que da a entender que Lorca estuvo profundamente enamorado de Dalí. Del pintor, sin embargo, no se puede decir lo mismo. A partir de cartas que se escribieron, Gibson los describe como muy buenos amigos entre los que había una enorme intensidad afectiva y amorosa.
La propia editorial presenta el libro como la reconstrucción de una «entrañable amistad» que tuvo consecuencias decisivas en la obra y en la vida de ambos. Y muchos años después, poco antes de morir, Dalí llegó a calificar aquella relación de «trágica».
«Somos dos espíritus gemelos»
Quizá sean las palabras que dejaron los propios protagonistas las que mejor permiten acercarse a la intensidad de aquella relación. Una de las declaraciones más conocidas de Lorca sobre Dalí procede de una conversación mantenida en 1935 con el poeta y crítico de arte Josep Palau Fabre.
Lorca afirmó: «Somos dos espíritus gemelos. Aquí está la prueba: siete años sin vernos y hemos coincidido en todo como si hubiéramos estado hablando diariamente. Genial, genial Salvador Dalí».

La frase, recogida en la documentación utilizada por Ian Gibson, resulta especialmente reveladora. Habían pasado años. Sus vidas habían seguido caminos diferentes. Pero Lorca continuaba definiendo a Dalí como un «espíritu gemelo».
Las cartas permiten acercarse todavía más a aquella intimidad. En una de ellas, Lorca escribe a Dalí después de separarse de él: «Me he portado como un burro indecente contigo, que eres lo mejor que hay para mí». Y termina con una despedida extraordinariamente afectuosa: «Un solo beso que dure todo el tiempo que tiene que durar el mundo, de tu siempre muy tuyo».
No son frases que permitan resolver por sí solas qué ocurrió exactamente entre ellos, pero sí ayudan a comprender por qué Gibson dedicó un libro entero a intentar reconstruir la naturaleza de aquella relación.
Lo que Lorca quería y lo que Dalí estaba dispuesto a darle
Este es probablemente el punto más delicado de toda la historia. Según la reconstrucción biográfica del historiador, Lorca deseó que aquella intimidad se transformara en una relación amorosa y sexual que Dalí no estaba dispuesto a llevar hasta donde el poeta quería. Al menos, eso es lo que interpreta Gibson y lo que intuye el lector del libro, a partir numeras cartas, testimonios y documentación.
Lo que sí está ampliamente documentado es que entre ellos existió una enorme cercanía emocional e intelectual. Precisamente por eso «el amor que no pudo ser» resulta una descripción mucho más adecuada que convertirlos retrospectivamente en una pareja secreta.
El propio Gibson regresaría años después a la vida sentimental del poeta en otro libro fundamental, Lorca y el mundo gay. En este reconstruye la trayectoria afectiva de Lorca desde su juventud en Granada hasta su asesinato en 1936 y estudia, además de Dalí, a otros hombres importantes en su vida.
Dalí no fue el único gran amor de Lorca
Por fascinante que resulte la historia con Dalí, la vida sentimental de Federico García Lorca no termina con el pintor. Entre los hombres que aparecen en su biografía se encuentran el escultor Emilio Aladrén y, durante los últimos años de su vida, Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca. Ian Gibson ha llegado a describir a Rodríguez Rapún como el gran amor de Lorca al final de su vida.
Y precisamente Rodríguez Rapún es fundamental para entender el puente que conduce desde la vida real de Federico hasta la actual La bola negra. Alberto Conejero convirtió su historia en el centro de La piedra oscura, obra teatral que imagina a Rodríguez Rapún durante la Guerra Civil conversando con un joven soldado. Esa obra constituye ahora uno de los corazones de la película de Los Javis.
El recuerdo de Lorca acompañó a Dalí durante décadas
Federico García Lorca fue asesinado en agosto de 1936, con 38 años. Salvador Dalí vivió hasta 1989. Eso significa que el pintor sobrevivió más de medio siglo al poeta con el que había compartido aquellos años extraordinarios de juventud.
Ian Gibson reconstruye cómo la relación siguió ocupando un lugar en los recuerdos de Dalí durante décadas. Y resulta especialmente significativo que el pintor acabara calificándola como «trágica». No fue la historia sencilla de dos hombres que se enamoraron y pudieron vivir juntos. Tampoco fue únicamente una amistad circunstancial entre dos jóvenes artistas que terminaron haciéndose famosos. Fue una relación de extraordinaria intimidad, admiración intelectual y afecto que el historiador interpreta también desde el deseo amoroso de Lorca y los límites que Dalí estableció ante él.
Más de un siglo después de que se conocieran, sus cartas, sus obras y las investigaciones de Gibson permiten aproximarse a aquella historia sin necesidad de convertirla en algo que no fue. Y ahora que La bola negra vuelve a poner los deseos y los amores de Federico García Lorca de actualidad, Lorca-Dalí. El amor que no pudo ser permite regresar a uno de los capítulos más fascinantes de la juventud del poeta y el pintor.
La bola negra ha vuelto a colocar en primer plano una faceta poco conocida de Federico García Lorca: su homosexualidad y su vida sentimental. La nueva
La bola negra ha vuelto a colocar en primer plano una faceta poco conocida de Federico García Lorca: su homosexualidad y su vida sentimental. La nueva película de Javier Calvo y Javier Ambrossi se inspira en la obra teatral inacabada del mismo nombre, pero también tiene en su corazón La piedra oscura, la obra de Alberto Conejero sobre Rafael Rodríguez Rapún, un hombre que fue fundamental, sentimentalmente hablando, en la última etapa vital del poeta.
La película de Los Javis aborda distintas épocas y trata el deseo homosexual, la represión, la memoria y las vidas que durante demasiado tiempo quedaron fuera del relato oficial. El recorrido del filme está siendo extraordinario: después de que los directores obtuvieran el premio a la mejor dirección en Cannes, La bola negra ha sido elegida por la Academia de Cine para representar a España en los Oscar a mejor película internacional y acaba de ganar el premio del público del Festival Internacional de Cine de Toronto.
Pero para comprender al Lorca más íntimo existe otro camino igualmente interesante, la de regresar a su juventud y a su encuentro con otro de los grandes genios españoles del siglo XX: Salvador Dalí. El escritor Ian Gibson dedicó, de hecho, un libro entero a reconstruir aquella relación. Su título prácticamente lo dice todo: Lorca-Dalí. El amor que no pudo ser.
Federico García Lorca y Salvador Dalí se conocieron en el ambiente de la Residencia de Estudiantes de Madrid, uno de los grandes centros intelectuales de la España de los años veinte. Allí coincidieron también con Luis Buñuel y con otros jóvenes que terminarían transformando la cultura española.
Lorca, nacido en 1898, era seis años mayor que Dalí (1904). Pero entre ellos se desarrolló una relación extraordinariamente estrecha. Y no fue únicamente personal. Se admiraron artísticamente, intercambiaron ideas sobre pintura, poesía y estética y dejaron huellas el uno en la obra del otro. Ian Gibson sostiene precisamente que aquella amistad tuvo consecuencias decisivas tanto en sus vidas como en su creación artística.

Lorca visitó a Dalí y a su familia en Cadaqués. El paisaje mediterráneo, la familia del pintor y la convivencia entre ambos formaron parte de una relación que fue estrechándose hasta convertirse en uno de los vínculos más fascinantes de la juventud del poeta. Y ahí comienza la parte más compleja de la historia.
El título elegido por Gibson no es casual. En Lorca-Dalí. El amor que no pudo ser, el historiador irlandés reconstruye una relación en la que da a entender que Lorca estuvo profundamente enamorado de Dalí. Del pintor, sin embargo, no se puede decir lo mismo. A partir de cartas que se escribieron, Gibson los describe como muy buenos amigos entre los que había una enorme intensidad afectiva y amorosa.
La propia editorial presenta el libro como la reconstrucción de una «entrañable amistad» que tuvo consecuencias decisivas en la obra y en la vida de ambos. Y muchos años después, poco antes de morir, Dalí llegó a calificar aquella relación de «trágica».
Quizá sean las palabras que dejaron los propios protagonistas las que mejor permiten acercarse a la intensidad de aquella relación. Una de las declaraciones más conocidas de Lorca sobre Dalí procede de una conversación mantenida en 1935 con el poeta y crítico de arte Josep Palau Fabre.
Lorca afirmó: «Somos dos espíritus gemelos. Aquí está la prueba: siete años sin vernos y hemos coincidido en todo como si hubiéramos estado hablando diariamente. Genial, genial Salvador Dalí».

La frase, recogida en la documentación utilizada por Ian Gibson, resulta especialmente reveladora. Habían pasado años. Sus vidas habían seguido caminos diferentes. Pero Lorca continuaba definiendo a Dalí como un «espíritu gemelo».
Las cartas permiten acercarse todavía más a aquella intimidad. En una de ellas, Lorca escribe a Dalí después de separarse de él: «Me he portado como un burro indecente contigo, que eres lo mejor que hay para mí». Y termina con una despedida extraordinariamente afectuosa: «Un solo beso que dure todo el tiempo que tiene que durar el mundo, de tu siempre muy tuyo».
No son frases que permitan resolver por sí solas qué ocurrió exactamente entre ellos, pero sí ayudan a comprender por qué Gibson dedicó un libro entero a intentar reconstruir la naturaleza de aquella relación.
Este es probablemente el punto más delicado de toda la historia. Según la reconstrucción biográfica del historiador, Lorca deseó que aquella intimidad se transformara en una relación amorosa y sexual que Dalí no estaba dispuesto a llevar hasta donde el poeta quería. Al menos, eso es lo que interpreta Gibson y lo que intuye el lector del libro, a partir numeras cartas, testimonios y documentación.
Lo que sí está ampliamente documentado es que entre ellos existió una enorme cercanía emocional e intelectual. Precisamente por eso «el amor que no pudo ser» resulta una descripción mucho más adecuada que convertirlos retrospectivamente en una pareja secreta.
El propio Gibson regresaría años después a la vida sentimental del poeta en otro libro fundamental, Lorca y el mundo gay. En este reconstruye la trayectoria afectiva de Lorca desde su juventud en Granada hasta su asesinato en 1936 y estudia, además de Dalí, a otros hombres importantes en su vida.
Por fascinante que resulte la historia con Dalí, la vida sentimental de Federico García Lorca no termina con el pintor. Entre los hombres que aparecen en su biografía se encuentran el escultor Emilio Aladrén y, durante los últimos años de su vida, Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca. Ian Gibson ha llegado a describir a Rodríguez Rapún como el gran amor de Lorca al final de su vida.
Y precisamente Rodríguez Rapún es fundamental para entender el puente que conduce desde la vida real de Federico hasta la actual La bola negra. Alberto Conejero convirtió su historia en el centro de La piedra oscura, obra teatral que imagina a Rodríguez Rapún durante la Guerra Civil conversando con un joven soldado. Esa obra constituye ahora uno de los corazones de la película de Los Javis.
Federico García Lorca fue asesinado en agosto de 1936, con 38 años. Salvador Dalí vivió hasta 1989. Eso significa que el pintor sobrevivió más de medio siglo al poeta con el que había compartido aquellos años extraordinarios de juventud.
Ian Gibson reconstruye cómo la relación siguió ocupando un lugar en los recuerdos de Dalí durante décadas. Y resulta especialmente significativo que el pintor acabara calificándola como «trágica». No fue la historia sencilla de dos hombres que se enamoraron y pudieron vivir juntos. Tampoco fue únicamente una amistad circunstancial entre dos jóvenes artistas que terminaron haciéndose famosos. Fue una relación de extraordinaria intimidad, admiración intelectual y afecto que el historiador interpreta también desde el deseo amoroso de Lorca y los límites que Dalí estableció ante él.
Más de un siglo después de que se conocieran, sus cartas, sus obras y las investigaciones de Gibson permiten aproximarse a aquella historia sin necesidad de convertirla en algo que no fue. Y ahora que La bola negra vuelve a poner los deseos y los amores de Federico García Lorca de actualidad, Lorca-Dalí. El amor que no pudo ser permite regresar a uno de los capítulos más fascinantes de la juventud del poeta y el pintor.
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