«Entonces [la vida] hay que gozarla ahora». Así se refería Isabel Allende, de 84 años, sobre una de las enseñanzas que le ha dadp el paso del tiempo: la importancia de la felicidad y de disfrutar de la vida mientras tenemos la oportunidad de hacerlo.
La escritora chilena, ganadora del Premio Planeta 2026, ha explicado en numerosas entrevistas que su manera de entender la felicidad ha cambiado con los años. A los 84, sus reflexiones giran en torno a tres cuestiones: aprovechar el presente, aceptar lo que no depende de nosotros y mantener el amor como una parte importante de la vida.
La felicidad no depende únicamente de nuestras circunstancias, sino también de la forma en que nos relacionamos con ellas y con las personas que queremos
Por ejemplo, en una entrevista para El Mercurio, Allende recordó que la época más feliz de su vida había sido cuando sus hijos eran pequeños. Por entonces, la familia tenía poco dinero y atravesaba dificultades. Sin embargo, la escritora conservaba el recuerdo de una vida llena de proyectos y de la expectativa de permanecer siempre cerca de sus seres queridos. Aquella etapa terminó con el golpe militar de 1973 en Chile, que transformó radicalmente su vida. Décadas después, Allende reconoció que volvió a sentirse feliz, aunque de una manera diferente.
Para Isabel Allende, la felicidad también cambia con la edad
Al recordar su juventud, Isabel Allende explicó que imaginaba un futuro junto a su familia. A los 80 años, en cambio, era más consciente de que las circunstancias y la vida no se pueden planear. Esto modificó su manera de disfrutar y de vivir.
Habiendo aprendido esto, la escritora ya no describía la felicidad como una promesa de lo que vendría, sino como una experiencia que merecía atención en el presente. De ahí su reflexión: «Entonces hay que gozarla ahora».

Su frase muestra que la felicidad no siempre está relacionada con la estabilidad económica o con haber alcanzado todos nuestros objetivos. Una de las épocas que recuerda con más cariño coincidió precisamente con años de dificultades materiales. También sugiere que el envejecimiento puede transformar nuestras prioridades. Lo que en la juventud parecía seguro o lejano adquiere otro significado cuando somos más conscientes del paso del tiempo.
«Aceptar lo incontrolable te hace estar mucho más relajada con respecto a la vida»
Otra reflexión sobre la felicidad realizada por Isabel Allende está relacionada con una de las experiencias más dolorosas de su biografía: la muerte de su hija Paula, en 1992. En una entrevista publicada por Vogue México en abril de 2023, la autora recordó cómo aquella pérdida cambió su forma de comprender la vida. «Aceptar lo incontrolable te hace estar mucho más relajada con respecto a la vida», afirmó.
La felicidad no siempre está relacionada con la estabilidad económica o con haber alcanzado todos nuestros objetivos
Allende explicó que, durante la enfermedad de su hija, intentó por todos los medios evitar su muerte. Con el tiempo comprendió que existían circunstancias que escapaban por completo a su voluntad. La escritora también destacó el papel que tuvo la escritura durante el duelo. Poner en palabras lo ocurrido le permitió reconstruir los acontecimientos, darles un orden y empezar a comprender aquella experiencia.
Aceptar lo inevitable no significó para ella dejar de sentir dolor, sino reconocer que no podía cambiar lo sucedido. Su reflexión distingue entre los problemas sobre los que podemos actuar y aquellos ante los que nuestra capacidad de intervención es limitada. En su caso, asumir esa diferencia le permitió vivir con menos angustia.
«Se envejece mucho mejor con amor que sin amor»
El amor es otro de los elementos que Allende considera importantes para la buena vida y la felicidad. En una entrevista con Las mañanas de RNE en 2015, durante la promoción de su novela El amante japonés, la escritora afirmó: «Se envejece mucho mejor con amor que sin amor».
Isabel Allende hablaba entonces de una obra que aborda las relaciones sentimentales, la vejez y la muerte. También explicó que, con los años, se sentía más libre y menos condicionada por determinados temores.
Su declaración hoy cuestiona la idea de que el amor pertenezca exclusivamente a la juventud. Como sabemos, los vínculos afectivos pueden seguir aportando felicidad en cualquier etapa de la vida, incluso cuando cambian —para mal también— las circunstancias personales. Así, para la escritora, envejecer no supone necesariamente perder la capacidad de ilusionarse o de establecer relaciones significativas.
Qué dice la psicología sobre la aceptación y las relaciones personales
Las declaraciones de Isabel Allende encuentran algunos puntos de conexión con la ciencia. Un estudio publicado en Journal of Personality and Social Psychology examinó cómo se relaciona la aceptación de pensamientos y emociones negativas con la salud psicológica.
Los investigadores realizaron varios análisis, incluidos estudios de laboratorio y seguimientos longitudinales. Sus resultados indicaron que las personas que tendían a aceptar sus experiencias emocionales sin juzgarlas presentaban, en general, menores respuestas emocionales negativas ante situaciones estresantes y mejores indicadores de bienestar psicológico.
Isabel Allende muestra que el paso del tiempo puede traer pérdidas, pero también nuevas formas de felicidad, libertad y amor
Asimismo, la importancia del amor y de los vínculos personales también ha sido estudiada durante décadas. El Estudio de Desarrollo Adulto de Harvard, iniciado en 1938 con 724 participantes, ha seguido la evolución de distintas generaciones para investigar los factores relacionados con la salud y el bienestar. Según explicó su director, el psiquiatra Robert Waldinger, en una entrevista publicada por la Universidad de Harvard en febrero de 2023, la satisfacción con las relaciones personales durante la mediana edad resultó ser uno de los mejores indicadores de una vida feliz y saludable a los 80 años.

Los investigadores también destacan que importa más la calidad de los vínculos que la cantidad de relaciones que mantenemos. Estos hallazgos muestran asociaciones relevantes, pero, evidentemente, no implican que tener pareja garantice la felicidad ni que todas las personas necesiten el mismo tipo de relaciones.
La felicidad no tiene por qué ser igual en todas las etapas
Las declaraciones de Isabel Allende ofrecen además una perspectiva de la felicidad construida a partir de experiencias muy diferentes. La escritora recuerda con cariño una juventud marcada por las dificultades económicas, reconoce que una pérdida familiar transformó su relación con aquello que no podía controlar y sigue defendiendo la importancia del amor durante la vejez.
En conjunto, las reflexiones de la Premio Planeta sugieren que la felicidad no depende únicamente de nuestras circunstancias, sino también de la forma en que nos relacionamos con ellas y con las personas que queremos. Ojo, Allende no niega las dificultades ni propone que debamos sentirnos felices constantemente: simplemente muestra que el paso del tiempo puede traer pérdidas, pero también nuevas formas de satisfacción, libertad y amor.
«Entonces [la vida] hay que gozarla ahora». Así se refería Isabel Allende, de 84 años, sobre una de las enseñanzas que le ha dadp el paso
«Entonces [la vida] hay que gozarla ahora». Así se refería Isabel Allende, de 84 años, sobre una de las enseñanzas que le ha dadp el paso del tiempo: la importancia de la felicidad y de disfrutar de la vida mientras tenemos la oportunidad de hacerlo.
La escritora chilena, ganadora del Premio Planeta 2026, ha explicado en numerosas entrevistas que su manera de entender la felicidad ha cambiado con los años. A los 84, sus reflexiones giran en torno a tres cuestiones: aprovechar el presente, aceptar lo que no depende de nosotros y mantener el amor como una parte importante de la vida.
La felicidad no depende únicamente de nuestras circunstancias, sino también de la forma en que nos relacionamos con ellas y con las personas que queremos
Por ejemplo, en una entrevista paraEl Mercurio, Allende recordó que la época más feliz de su vida había sido cuando sus hijos eran pequeños. Por entonces, la familia tenía poco dinero y atravesaba dificultades. Sin embargo, la escritora conservaba el recuerdo de una vida llena de proyectos y de la expectativa de permanecer siempre cerca de sus seres queridos. Aquella etapa terminó con el golpe militar de 1973 en Chile, que transformó radicalmente su vida. Décadas después, Allende reconoció que volvió a sentirse feliz, aunque de una manera diferente.
Al recordar su juventud, Isabel Allende explicó que imaginaba un futuro junto a su familia. A los 80 años, en cambio, era más consciente de que las circunstancias y la vida no se pueden planear. Esto modificó su manera de disfrutar y de vivir.
Habiendo aprendido esto, la escritora ya no describía la felicidad como una promesa de lo que vendría, sino como una experiencia que merecía atención en el presente. De ahí su reflexión: «Entonces hay que gozarla ahora».

Su frase muestra que la felicidad no siempre está relacionada con la estabilidad económica o con haber alcanzado todos nuestros objetivos. Una de las épocas que recuerda con más cariño coincidió precisamente con años de dificultades materiales. También sugiere que el envejecimiento puede transformar nuestras prioridades. Lo que en la juventud parecía seguro o lejano adquiere otro significado cuando somos más conscientes del paso del tiempo.
Otra reflexión sobre la felicidad realizada por Isabel Allende está relacionada con una de las experiencias más dolorosas de su biografía: la muerte de su hija Paula, en 1992. En una entrevista publicada por Vogue México en abril de 2023, la autora recordó cómo aquella pérdida cambió su forma de comprender la vida. «Aceptar lo incontrolable te hace estar mucho más relajada con respecto a la vida», afirmó.
La felicidad no siempre está relacionada con la estabilidad económica o con haber alcanzado todos nuestros objetivos
Allende explicó que, durante la enfermedad de su hija, intentó por todos los medios evitar su muerte. Con el tiempo comprendió que existían circunstancias que escapaban por completo a su voluntad. La escritora también destacó el papel que tuvo la escritura durante el duelo. Poner en palabras lo ocurrido le permitió reconstruir los acontecimientos, darles un orden y empezar a comprender aquella experiencia.
Aceptar lo inevitable no significó para ella dejar de sentir dolor, sino reconocer que no podía cambiar lo sucedido. Su reflexión distingue entre los problemas sobre los que podemos actuar y aquellos ante los que nuestra capacidad de intervención es limitada. En su caso, asumir esa diferencia le permitió vivir con menos angustia.
El amor es otro de los elementos que Allende considera importantes para la buena vida y la felicidad. En una entrevista con Las mañanas de RNE en 2015, durante la promoción de su novela El amante japonés, la escritora afirmó: «Se envejece mucho mejor con amor que sin amor».
Isabel Allende hablaba entonces de una obra que aborda las relaciones sentimentales, la vejez y la muerte. También explicó que, con los años, se sentía más libre y menos condicionada por determinados temores.
Su declaración hoy cuestiona la idea de que el amor pertenezca exclusivamente a la juventud. Como sabemos, los vínculos afectivos pueden seguir aportando felicidad en cualquier etapa de la vida, incluso cuando cambian —para mal también— las circunstancias personales. Así, para la escritora, envejecer no supone necesariamente perder la capacidad de ilusionarse o de establecer relaciones significativas.
Las declaraciones de Isabel Allende encuentran algunos puntos de conexión con la ciencia. Un estudio publicado en Journal of Personality and Social Psychology examinó cómo se relaciona la aceptación de pensamientos y emociones negativas con la salud psicológica.
Los investigadores realizaron varios análisis, incluidos estudios de laboratorio y seguimientos longitudinales. Sus resultados indicaron que las personas que tendían a aceptar sus experiencias emocionales sin juzgarlas presentaban, en general, menores respuestas emocionales negativas ante situaciones estresantes y mejores indicadores de bienestar psicológico.
Isabel Allende muestra que el paso del tiempo puede traer pérdidas, pero también nuevas formas de felicidad, libertad y amor
Asimismo, la importancia del amor y de los vínculos personales también ha sido estudiada durante décadas. El Estudio de Desarrollo Adulto de Harvard, iniciado en 1938 con 724 participantes, ha seguido la evolución de distintas generaciones para investigar los factores relacionados con la salud y el bienestar. Según explicó su director, el psiquiatra Robert Waldinger, en una entrevista publicada por la Universidad de Harvard en febrero de 2023, la satisfacción con las relaciones personales durante la mediana edad resultó ser uno de los mejores indicadores de una vida feliz y saludable a los 80 años.

Los investigadores también destacan que importa más la calidad de los vínculos que la cantidad de relaciones que mantenemos. Estos hallazgos muestran asociaciones relevantes, pero, evidentemente, no implican que tener pareja garantice la felicidad ni que todas las personas necesiten el mismo tipo de relaciones.
Las declaraciones de Isabel Allende ofrecen además una perspectiva de la felicidad construida a partir de experiencias muy diferentes. La escritora recuerda con cariño una juventud marcada por las dificultades económicas, reconoce que una pérdida familiar transformó su relación con aquello que no podía controlar y sigue defendiendo la importancia del amor durante la vejez.
En conjunto, las reflexiones de la Premio Planeta sugieren que la felicidad no depende únicamente de nuestras circunstancias, sino también de la forma en que nos relacionamos con ellas y con las personas que queremos. Ojo, Allende no niega las dificultades ni propone que debamos sentirnos felices constantemente: simplemente muestra que el paso del tiempo puede traer pérdidas, pero también nuevas formas de satisfacción, libertad y amor.
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