Hubo un tiempo en que España vivía polarizada en dos bandos, con un presidente socialista, un líder del PP hablando de un gobierno muerto, enfrentamientos con palabras gruesas en el Congreso de los Diputados y con televisiones privadas copiándose formatos. No, no es 2026, sino 1994, y la diferencia con los tiempos actuales es que hubo alguien a mitad de los noventa que superó cualquier división, que unió a generaciones e ideologías. Fue Chiquito de la Calzada, presente ahora en el festival de San Sebastián en la sección Made in Spain con el documental El otro Chiquito, ideado por Diego San José y realizado por Juan Zavala y Javier Morales. Después podrá verse en Movistar Plus desde el 1 de octubre.
Un documental reivindica la figura del humorista malagueño, rememora la denuncia y el juicio contra Pepe Navarro por el personaje de Lucas Grijander y desvela que su descubridor fue el exbanquero Mario Conde
Hubo un tiempo en que España vivía polarizada en dos bandos, con un presidente socialista, un líder del PP hablando de un gobierno muerto, enfrentamientos con palabras gruesas en el Congreso de los Diputados y con televisiones privadas copiándose formatos. No, no es 2026, sino 1994, y la diferencia con los tiempos actuales es que hubo alguien a mitad de los noventa que superó cualquier división, que unió a generaciones e ideologías. Fue Chiquito de la Calzada, presente ahora en el festival de San Sebastián en la sección Made in Spain con el documental El otro Chiquito, ideado por Diego San José y realizado por Juan Zavala y Javier Morales.
El trío de cineastas explica que la idea nació de un encargo… poco apetecible. San José recuerda: “Le dimos la vuelta. Piensa en el tipo de humor que hacía Chiquito, absolutamente inexplicable, extrañísimo. Han pasado 30 años y hoy seguimos sin saber qué quería decir. Así que, ¿y si en lugar de hacer un documental convencional cogíamos a Chiquito y hacíamos una cosa absolutamente inesperada, como su humor? Y surgió un true crime con Chiquito; mejor una película de atracos con Chiquito, donde el botín es la identidad de Chiquito, la suplantación de su personaje en la cadena televisiva de la competencia y donde hay un clímax en un juicio… Una película clásica de atracos, aunque con cómicos”.

Ahora mucha gente no lo recuerda, pero Chiquito de la Calzada empezó en la televisión, en Antena 3, en un programa veraniego de cómicos. Hasta ese momento, Gregorio Esteban Sánchez Fernández, su auténtico nombre, se había ganado la vida durante décadas, desde su infancia (su seudónimo nació de que actuaba desde niño y de que nació en la malagueña calle de Calzada de la Trinidad), como cantaor de detrás, es decir, de quienes interpretaban flamenco mientras delante actuaban los bailaores.
En pocos meses alcanzó la fama. Empezó y multiplicó sus bolos, una emisión recopilatoria en Antena 3 de sus mejores chistes superó en audiencia a un partido de fútbol europeo del Real Madrid, su voz se escuchó en el recopilatorio Bolero Mix, y dio las campanadas esa misma Nochevieja de 1994. Iluminó un país. “Esto no es un documental sobre Chiquito, sino sobre la España triste de los noventa, que después de la Expo y de las Olimpíadas es un país que necesita aferrarse a algo y se agarra a un señor de 62 años desconocido, con unas camisas imposibles que decía frases que no entendíamos”, explican sus creadores. “Utilizamos a Chiquito para intentar desgranar y entender quién y qué era aquella España”.

También es cierto que el mito sobrevive porque no ha habido un heredero. “El fenómeno sería menos recordado”, apunta Zavala. “Pero no ha habido nadie con su potencia y la capacidad de gustar a izquierda y derecha, a gente de 70 años y a un crío de tres”.
Pero Chiquito fue el daño colateral de la guerra de las recién nacidas televisiones privadas. La estrella de los late nights, Pepe Navarro, pasó a Telecinco y contrató a un joven vigilante jurado muy gracioso, Florentino Fernández, para hacer de Lucas Grijánder y Krispín Klander, dos personajes que procedían de un país imaginario, Chiquististán. La conjunción de su descenso de actuaciones, de que se sintió robado en su mayor tesoro, su estilo, y de que Navarro se llevaba el dinero de un montón de productos chiquitistanes impulsó a Chiquito a denunciar a Navarro. Y hubo juicio. Como apunta Morales: “Ahora las reglas sobre la propiedad intelectual están más establecidas. Entonces se estaban explorando, no había una ley sobre ello y de ahí que surgiera este conflicto entre Chiquito de la Calzada y sus imitadores en la cadena de la competencia”. Aquí aparece el true crime.

En El otro Chiquito los cómicos que aparecen hablan por su amistad con él, no por ser compañeros de profesión. También asoman los responsables televisivos de aquel momento; Flo, que fue en calidad de testigo a aquel juicio, y Pepe Navarro. Los creadores explican: “Nosotros, que tampoco lo tenemos claro, planteamos que, como no hubo sentencia y se sobreseyó la causa, sea el espectador el que decida quién tenía razón. Esa decisión es hoy más importante que en 1995, porque nos afecta a todos de manera más inmediata”. Diego San José va más allá: “Creo que ya vamos tarde, por la inteligencia artificial. La IA va a poder generar una película en dos minutos mezclando cien ya hechas”.

De las sorpresas varias que desvela el filme sobre Chiquito, una de las más llamativas es la amistad del cantaor y humorista con Mario Conde, el exbanquero. Y él también habla a las cámaras. Conde se define como aficionado al flamenco. Una noche, en un tablao en Andalucía, acabado el espectáculo, un cantaor se quedó a amenizar la velada buscando un sobresueldo. Era Chiquito, y Conde le empezó a contratar para todas las fiestas de Banesto. “Empezamos a grabar y le llamamos. Habíamos leído en alguna parte que tenían cierta amistad, aunque no teníamos muy claro en qué grado. Contactamos con la oficina de Conde, y vino al rodaje sin poder hablar previamente. Fue una sorpresa descubrir su grado de amistad y admiración por el humorista. Por eso el documental es también la historia de una amistad casi improbable entre dos personajes de espectros sociales tan alejados. Los dos, por una razón o por otra, se convirtieron en los dos grandes emblemas de los años noventa. Cada uno a su manera”, explican.

Diego San José confiesa, y Zavala y Morales le secundan: “Si no puedo desgranar los motivos por los que me gusta algo, es cuando me fascina. Nunca he entendido por qué Chiquito me hace tanta gracia. Desde luego no es por el chiste. El chiste es lo de menos, y eso a nivel conceptual es extrañísimo. Eugenio tenía algo parecido, aunque no tan revolucionario. La forma gana al fondo. Conseguía que un chiste de 20 segundos durara cuatro minutos, gracias a que creaba paréntesis rellenos de su gestualidad”.
¿Fue Chiquito de la Calzada un hombre feliz? “Poseyó una capacidad tremenda para ser feliz. Había sufrido una infancia tremenda y creemos que siempre mantuvo como un refugio mental donde bullía su alegría”, dice Zavala. Hay un momento en el documental en el que, bueno, o sea, hay un momento de documental en el que aparece un montaje paralelo entre sus chistes y las palmas del palo de bulerías. “De repente, Chiquito ríe, y le dura esa carcajada cinco segundos: tenía esos momentos de felicidad muy grandes”. Morales recuerda que su obsesión era comprar la mejor casa posible para su esposa, Pepita, y un mercedes, a pesar de que no conducía. “Cuando enviudó, se desmoronó”. San José ahonda: “Los grandes cómicos estaban amargados y eran gente muy traumatizada. Creo que el dolor y el trauma construyen buenos cómicos y que la gente que ha sido feliz toda la vida no sabe contar un chiste”.
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