‘El beso de la mujer araña’: de la novela a la película, pasando por el musical

En 1976, el escritor argentino Manuel Puig publicó su novela más celebrada: El beso de la mujer araña. Sus protagonistas eran dos antagónicos compañeros de celda en una cárcel durante la dictadura militar argentina. Valentín, un preso político marxista vinculado con un grupúsculo terrorista, y Molina, un homosexual que le cuenta los argumentos de sus películas favoritas como un modo de evadirse de la cruda realidad.

El propio autor hizo una adaptación teatral de su obra en 1981 y en 1985 Héctor Babenco la llevó al cine, trasladando la acción a Brasil. El papel de Valentín lo interpretó Raúl Juliá y el del homosexual Molina le valió a William Hurt el Óscar. En 1992 se estrenó en Broadway el musical inspirado en la novela. Sus creadores eran el libretista Terrence McNally y el dúo de compositores Kander & Ebb (poca broma, estos dos son los autores de Cabaret y Chicago). Ahora llega a las pantallas la película inspirada en ese musical, dirigida por Bill Condon.

¿Por qué tantas versiones de esta novela? Porque es magnífica y su planteamiento imbatible. Los dos compañeros de celda tienen vidas y visiones del mundo antagónicas. Valentín es un idealista y dogmático revolucionario, mientras que Molina es un homosexual en una sociedad homófoba, que se refugia en el mundo de ensueño de las glamurosas películas del Hollywood clásico. La confrontación entre ambos personajes tiene su prolongación en el contraste entre la miserable realidad en la que viven y la irreal fantasía de las películas en las que se refugia Molina. Para los marxistas como Valentín, esas películas son un modo de alienación del individuo en las sociedades capitalistas. Pero acaso sus sueños revolucionarios sean otra forma de delirio, porque ya se sabe cómo acaban todas las revoluciones comunistas. La interacción entre ambos personajes los acabará transformando a ambos. Y dará pie a conatos de traición e impensables gestos de heroísmo.

Si hay una novela que tiene todo el sentido convertir en un musical es justamente El beso de la mujer araña. Porque la narración de Puig confronta la cruda realidad con los ensueños hollywoodienses. ¿Y qué hay más alejado de la realidad y envuelto en el celofán de la fantasía que un musical? En la novela, Molina le va contando a Valentín varias películas —melodramas, cintas fantásticas, de espías, de mafiosos…— que se inventó Manuel Puig a partir de los clásicos que le fascinaban. Con muy buen criterio, Bill Condon las unifica en esta versión en una sola: un musical repleto de pasiones, traiciones, sacrificio y exotismo. El cineasta reimagina los fastuosos musicales en Technicolor de la MGM. Y Jennifer López, que interpreta a la ficticia estrella Ingrid Luna, se lo pasa en grande haciendo de diva exótica en unos decorados de país latinoamericano de cartón piedra.

A esto se añade que los actores que dan vida a los dos presos —Diego Luna (Valentín) y Tonatiuh Elizarraraz (Molina)— se desdoblan en personajes de esa película musical que el segundo va contándole al primero. La intención del director es crear paralelismos entre las situaciones de la realidad y las de la ficción, que en algunos momentos pueden resultar un poco forzados, pero en general funcionan.

Drama humano

El director introduce pequeños cambios con respecto a la novela, pero es muy fiel a su espíritu. También ha retocado el musical que adapta, prescindiendo de varias canciones y rescatando alguna otra que en su día se descartó. El beso de la mujer araña es dos películas en una. Un drama humano con dos personajes antagónicos obligados a convivir en condiciones atroces y un musical desaforado en el que aparece una mujer araña que exige sacrificios humanos. El resultado cobra todo su sentido cuando ambos universos se suman y complementan.

Bill Condon sabe lo que tiene entre manos y consigue llevarlo a buen puerto. Aunque su trayectoria como director es muy irregular, tiene experiencia en el musical —fue guionista de la adaptación al cine de Chicago y dirigió Dreamgirls— y también en el drama. En este campo tiene dos películas estupendas protagonizadas por Ian McKellen: Dioses y monstruos (sobre la misteriosa muerte en Hollywood de James Whale, el director del Frankenstein de Boris Karloff) y Mr. Holmes (sobre un anciano Sherlock Holmes).

Al principio de El beso de la mujer araña, cuando el fantaseador Molina le empieza a contar su película favorita, el avinagrado Valentín refunfuña: «En la vida real la gente no va por ahí cantando». A lo que Molina responde: «Pues tal vez deberían».

 En 1976, el escritor argentino Manuel Puig publicó su novela más celebrada: El beso de la mujer araña. Sus protagonistas eran dos antagónicos compañeros de celda  

En 1976, el escritor argentino Manuel Puig publicó su novela más celebrada: El beso de la mujer araña. Sus protagonistas eran dos antagónicos compañeros de celda en una cárcel durante la dictadura militar argentina. Valentín, un preso político marxista vinculado con un grupúsculo terrorista, y Molina, un homosexual que le cuenta los argumentos de sus películas favoritas como un modo de evadirse de la cruda realidad.

El propio autor hizo una adaptación teatral de su obra en 1981 y en 1985 Héctor Babenco la llevó al cine, trasladando la acción a Brasil. El papel de Valentín lo interpretó Raúl Juliá y el del homosexual Molina le valió a William Hurt el Óscar. En 1992 se estrenó en Broadway el musical inspirado en la novela. Sus creadores eran el libretista Terrence McNally y el dúo de compositores Kander & Ebb (poca broma, estos dos son los autores de Cabaret y Chicago). Ahora llega a las pantallas la película inspirada en ese musical, dirigida por Bill Condon.

¿Por qué tantas versiones de esta novela? Porque es magnífica y su planteamiento imbatible. Los dos compañeros de celda tienen vidas y visiones del mundo antagónicas. Valentín es un idealista y dogmático revolucionario, mientras que Molina es un homosexual en una sociedad homófoba, que se refugia en el mundo de ensueño de las glamurosas películas del Hollywood clásico. La confrontación entre ambos personajes tiene su prolongación en el contraste entre la miserable realidad en la que viven y la irreal fantasía de las películas en las que se refugia Molina. Para los marxistas como Valentín, esas películas son un modo de alienación del individuo en las sociedades capitalistas. Pero acaso sus sueños revolucionarios sean otra forma de delirio, porque ya se sabe cómo acaban todas las revoluciones comunistas. La interacción entre ambos personajes los acabará transformando a ambos. Y dará pie a conatos de traición e impensables gestos de heroísmo.

Si hay una novela que tiene todo el sentido convertir en un musical es justamente El beso de la mujer araña. Porque la narración de Puig confronta la cruda realidad con los ensueños hollywoodienses. ¿Y qué hay más alejado de la realidad y envuelto en el celofán de la fantasía que un musical? En la novela, Molina le va contando a Valentín varias películas —melodramas, cintas fantásticas, de espías, de mafiosos…— que se inventó Manuel Puig a partir de los clásicos que le fascinaban. Con muy buen criterio, Bill Condon las unifica en esta versión en una sola: un musical repleto de pasiones, traiciones, sacrificio y exotismo. El cineasta reimagina los fastuosos musicales en Technicolor de la MGM. Y Jennifer López, que interpreta a la ficticia estrella Ingrid Luna, se lo pasa en grande haciendo de diva exótica en unos decorados de país latinoamericano de cartón piedra.

A esto se añade que los actores que dan vida a los dos presos —Diego Luna (Valentín) y Tonatiuh Elizarraraz (Molina)— se desdoblan en personajes de esa película musical que el segundo va contándole al primero. La intención del director es crear paralelismos entre las situaciones de la realidad y las de la ficción, que en algunos momentos pueden resultar un poco forzados, pero en general funcionan.

El director introduce pequeños cambios con respecto a la novela, pero es muy fiel a su espíritu. También ha retocado el musical que adapta, prescindiendo de varias canciones y rescatando alguna otra que en su día se descartó. El beso de la mujer araña es dos películas en una. Un drama humano con dos personajes antagónicos obligados a convivir en condiciones atroces y un musical desaforado en el que aparece una mujer araña que exige sacrificios humanos. El resultado cobra todo su sentido cuando ambos universos se suman y complementan.

Bill Condon sabe lo que tiene entre manos y consigue llevarlo a buen puerto. Aunque su trayectoria como director es muy irregular, tiene experiencia en el musical —fue guionista de la adaptación al cine de Chicago y dirigió Dreamgirls— y también en el drama. En este campo tiene dos películas estupendas protagonizadas por Ian McKellen: Dioses y monstruos (sobre la misteriosa muerte en Hollywood de James Whale, el director del Frankenstein de Boris Karloff) y Mr. Holmes (sobre un anciano Sherlock Holmes).

Al principio de El beso de la mujer araña, cuando el fantaseador Molina le empieza a contar su película favorita, el avinagrado Valentín refunfuña: «En la vida real la gente no va por ahí cantando». A lo que Molina responde: «Pues tal vez deberían».

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