Rafael Merry del Val, el español que susurraba a los papas

Hace cosa de año y medio, dedicamos un episodio a los tres papas españoles de la historia, Dámaso I, Calixto III, Alejandro VI, así como a los antipapas Luna y Gil Sánchez. Cabe decir que, ponderando el peso y la contribución de España a la historia de la Iglesia, el número de tres obispos de Roma nacidos en nuestro país puede antojarse corto, más si cabe teniendo en cuenta que el último de ellos murió hace más de 500 años. Sin embargo, eso no quiere decir ni por asomo que los españoles no hayamos pintado nada en Roma en los últimos tiempos. En ese sentido, hoy hablaremos de un alto diplomático vaticano que a punto estuvo de ser papa y que ocupó el máximo cargo diplomático de la Iglesia. Su nombre: Rafael Merry del Val.

Rafael Merry del Val y Zulueta nació en el año 1865 en Londres en el seno de una familia de ascendencia irlandesa. Eso no le resta españolidad, porque resulta que su padre era secretario de la embajada española en la capital británica. Y es que Rafael fue desde su nacimiento un tipo muy internacional. A sus orígenes irlandeses se suma el resumen que haría años después de su figura el papa Pío X: «Es un políglota, nacido en Inglaterra, educado en Bélgica, ciudadano de España, residente en Italia, hijo de diplomático y él mismo un diplomático, conocedor de la situación de los principales países del mundo». Y, por si todo eso fuera poco, el pontífice añadió: «Es además un hombre muy modesto, un santo».

Rafael llegó a granjearse semejantes epítetos gracias a una formación iniciada en un internado de Slough, cerca de Londres, y después en los colegios jesuitas de Namur y Bruselas, en los que estudió cuando su padre fue destinado a la embajada española en la capital belga. Terminada esta educación, el joven Merry del Val decidió ingresar en el seminario de Ushaw, en el condado inglés de Durham, el mismo centro donde había estudiado Nicolás Wiseman, primer arzobispo de Westminster tras la reforma anglicana, de quien ya hablamos en este podcast.

De seminarista a ‘número dos’ del Papa

En 1885, llegó a Roma, la ciudad a la que entregaría su vida, para estudiar en el Colegio Escocés. Por influjo del papa León XIII, el joven Rafael ingresó también en la escuela diplomática de la Santa Sede, contra la costumbre de que solo los sacerdotes ya ordenados pudieran ser miembros. Pese a su juventud, el seminarista español se destacó muy pronto y con apenas 22 años fue incluido en la delegación vaticana que asistió a las bodas de oro de la reina Victoria, al ser el único que hablaba inglés con fluidez. En compensación, Merry del Val fue distinguido con el título de monseñor pese a no estar aún ordenado.

Por fin, en 1888, el joven recibió las órdenes mayores, ya con tres doctorados en su haber. Los inicios de su ministerio los pasó en el humilde barrio del Trastévere, unos años en los que puso en marcha una asociación para acoger a jóvenes necesitados y en que ayudó a muchas familias a pagar el alquiler de su vivienda, todo sacado de su bolsillo.

Pero ese periodo de actividad pastoral duró poco. En seguida, el Vaticano le reclamó para trabajar en la Secretaría de Estado, el departamento vaticano dedicado a la diplomacia. Muchos de sus encargos, dados sus orígenes, se centraron en la relación con la Iglesia anglicana. Su fulgurante carrera se vio confirmada con su nombramiento como presidente de la Academia Pontificia Romana dei Nobili Ecclesiastici, la misma institución en que él mismo había estudiado, y sobre todo con su ordenación episcopal, un hecho prácticamente inaudito dada su corta edad, de 34 años.

Su trayectoria no se frenó después de aquello. Merry del Val actuó como secretario del cónclave que eligió a Pío X y se cuenta que tuvo una intervención fundamental cuando, ante las dudas del recién elegido cardenal Sarto, el obispo español se acercó a él y le susurró: «Ánimo, el Señor lo ayudará». El nuevo pontífice debió agradecer grandemente esas palabras porque nombró a Merry del Val como su secretario de Estado, el máximo responsable diplomático de la Santa Sede. Se trataba de un hecho nuevamente insólito por su juventud y por no ostentar la dignidad de cardenal. Eso último lo arregló Pío X al mes siguiente nombrando a Merry del Val príncipe de la Iglesia con solo 38 años.

De secretario de Estado a prefecto del Santo Oficio

El cardenal español ocupó el cargo de secretario de Estado durante los 11 años de pontificado de Pío X. Fueron años en que el progresivo avance de ideas laicas e incluso anticlericales amenazaba la posición de la Iglesia católica. La postura del Papa y de su número dos fue de enroque ante las ideas modernas.

A la muerte de Pío X, su nombre sonó como papabile, pero el elegido en el cónclave de 1914 terminó siendo Benedicto XV. Este le nombró prefecto de la Congregación del Santo Oficio, lo que hoy llamaríamos de la Doctrina de la Fe, el órgano vaticano encargado de mantener la pureza de las enseñanzas católicas. El siguiente papa, Pío XI, le mantuvo en este puesto y a la muerte de este, Merry del Val volvió a estar cerca de enfundarse el Anillo del Pescador. Sin embargo, aún deberían pasar casi 50 años para que la Iglesia se atreviese a elegir a un no italiano como obispo de Roma.

En sus últimos años de vida, Merry del Val siguió ocupando cargos en el Vaticano, pero sacó tiempo para componer música y dedicarse de nuevo a los más vulnerables de su querido barrio del Trastévere. Una de sus calles está nombrada hoy en honor de este cardenal español, fallecido de forma repentina en 1930. Sus restos descansan en la cripta de los Papas de la basílica de San Pedro, el único de los allí enterrados que no fue obispo de Roma.

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 Hace cosa de año y medio, dedicamos un episodio a los tres papas españoles de la historia, Dámaso I, Calixto III, Alejandro VI, así como a  

Hace cosa de año y medio, dedicamos un episodio a los tres papas españoles de la historia, Dámaso I, Calixto III, Alejandro VI, así como a los antipapas Luna y Gil Sánchez. Cabe decir que, ponderando el peso y la contribución de España a la historia de la Iglesia, el número de tres obispos de Roma nacidos en nuestro país puede antojarse corto, más si cabe teniendo en cuenta que el último de ellos murió hace más de 500 años. Sin embargo, eso no quiere decir ni por asomo que los españoles no hayamos pintado nada en Roma en los últimos tiempos. En ese sentido, hoy hablaremos de un alto diplomático vaticano que a punto estuvo de ser papa y que ocupó el máximo cargo diplomático de la Iglesia. Su nombre: Rafael Merry del Val.

Rafael Merry del Val y Zulueta nació en el año 1865 en Londres en el seno de una familia de ascendencia irlandesa. Eso no le resta españolidad, porque resulta que su padre era secretario de la embajada española en la capital británica. Y es que Rafael fue desde su nacimiento un tipo muy internacional. A sus orígenes irlandeses se suma el resumen que haría años después de su figura el papa Pío X: «Es un políglota, nacido en Inglaterra, educado en Bélgica, ciudadano de España, residente en Italia, hijo de diplomático y él mismo un diplomático, conocedor de la situación de los principales países del mundo». Y, por si todo eso fuera poco, el pontífice añadió: «Es además un hombre muy modesto, un santo».

Rafael llegó a granjearse semejantes epítetos gracias a una formación iniciada en un internado de Slough, cerca de Londres, y después en los colegios jesuitas de Namur y Bruselas, en los que estudió cuando su padre fue destinado a la embajada española en la capital belga. Terminada esta educación, el joven Merry del Val decidió ingresar en el seminario de Ushaw, en el condado inglés de Durham, el mismo centro donde había estudiado Nicolás Wiseman, primer arzobispo de Westminster tras la reforma anglicana, de quien ya hablamos en este podcast.

En 1885, llegó a Roma, la ciudad a la que entregaría su vida, para estudiar en el Colegio Escocés. Por influjo del papa León XIII, el joven Rafael ingresó también en la escuela diplomática de la Santa Sede, contra la costumbre de que solo los sacerdotes ya ordenados pudieran ser miembros. Pese a su juventud, el seminarista español se destacó muy pronto y con apenas 22 años fue incluido en la delegación vaticana que asistió a las bodas de oro de la reina Victoria, al ser el único que hablaba inglés con fluidez. En compensación, Merry del Val fue distinguido con el título de monseñor pese a no estar aún ordenado.

Por fin, en 1888, el joven recibió las órdenes mayores, ya con tres doctorados en su haber. Los inicios de su ministerio los pasó en el humilde barrio del Trastévere, unos años en los que puso en marcha una asociación para acoger a jóvenes necesitados y en que ayudó a muchas familias a pagar el alquiler de su vivienda, todo sacado de su bolsillo.

Pero ese periodo de actividad pastoral duró poco. En seguida, el Vaticano le reclamó para trabajar en la Secretaría de Estado, el departamento vaticano dedicado a la diplomacia. Muchos de sus encargos, dados sus orígenes, se centraron en la relación con la Iglesia anglicana. Su fulgurante carrera se vio confirmada con su nombramiento como presidente de la Academia Pontificia Romana dei Nobili Ecclesiastici, la misma institución en que él mismo había estudiado, y sobre todo con su ordenación episcopal, un hecho prácticamente inaudito dada su corta edad, de 34 años.

Su trayectoria no se frenó después de aquello. Merry del Val actuó como secretario del cónclave que eligió a Pío X y se cuenta que tuvo una intervención fundamental cuando, ante las dudas del recién elegido cardenal Sarto, el obispo español se acercó a él y le susurró: «Ánimo, el Señor lo ayudará». El nuevo pontífice debió agradecer grandemente esas palabras porque nombró a Merry del Val como su secretario de Estado, el máximo responsable diplomático de la Santa Sede. Se trataba de un hecho nuevamente insólito por su juventud y por no ostentar la dignidad de cardenal. Eso último lo arregló Pío X al mes siguiente nombrando a Merry del Val príncipe de la Iglesia con solo 38 años.

El cardenal español ocupó el cargo de secretario de Estado durante los 11 años de pontificado de Pío X. Fueron años en que el progresivo avance de ideas laicas e incluso anticlericales amenazaba la posición de la Iglesia católica. La postura del Papa y de su número dos fue de enroque ante las ideas modernas.

A la muerte de Pío X, su nombre sonó como papabile, pero el elegido en el cónclave de 1914 terminó siendo Benedicto XV. Este le nombró prefecto de la Congregación del Santo Oficio, lo que hoy llamaríamos de la Doctrina de la Fe, el órgano vaticano encargado de mantener la pureza de las enseñanzas católicas. El siguiente papa, Pío XI, le mantuvo en este puesto y a la muerte de este, Merry del Val volvió a estar cerca de enfundarse el Anillo del Pescador. Sin embargo, aún deberían pasar casi 50 años para que la Iglesia se atreviese a elegir a un no italiano como obispo de Roma.

En sus últimos años de vida, Merry del Val siguió ocupando cargos en el Vaticano, pero sacó tiempo para componer música y dedicarse de nuevo a los más vulnerables de su querido barrio del Trastévere. Una de sus calles está nombrada hoy en honor de este cardenal español, fallecido de forma repentina en 1930. Sus restos descansan en la cripta de los Papas de la basílica de San Pedro, el único de los allí enterrados que no fue obispo de Roma.

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