Paolo Roversi, el pintor de luces y sombras que protagoniza la exposición de la Fundación MOP

Apoyado en un bastón y oculto detrás de unas densas gafas de sol negras, así llega Paolo Roversi a la retrospectiva que la Fundación MOP le dedica hasta el 20 de septiembre en su sede de A Coruña. No lo veremos salir ya de detrás de sus lentes —ni al principio de la visita por la muestra, ni al final, cuando volverá a aparecer para despedirse—. Es un recordatorio, por si se nos olvida, de que él es el observador y no al contrario. «Ni la claridad ni la sombra, la penumbra es mi luz favorita», afirma.

Pintor de luces y sombras, el fotógrafo italiano ha trabajado en su dilatada carrera para firmas como Dior, Vogue o Vanity Fair, y sus retratos de personajes como la modelo Kate Moss, la actriz Emma Watson y cantantes como Rihanna, Miley Cyrus o Rosalía, además de la princesa de Gales, Kate Middleton, lo han situado como uno de los fotógrafos de moda más influyentes y con mayor personalidad del panorama contemporáneo.

Es conocida su fascinación por el gran formato de Polaroid («he sacado tantas que me acabaron llamando Paoloroid», bromea) y sus sesiones a oscuras en su estudio de París, donde ilumina a sus modelos de forma manual con la luz de una linterna que luego la cámara captura. «Me encanta la fotografía de larga exposición», reconoce. Sus imágenes, a menudo monocromáticas, muestran una estética pictórica —con una manifiesta influencia de la pintura italiana clásica— y recrean una atmósfera íntima con desnudos o rostros oníricos. Todo ello sin perder su esencia de glamour. En la era de la perfección y la inmediatez, Roversi se toma su tiempo y reivindica el error como algo bello. «Me gustan los accidentes. Siempre he aprendido más de ellos que de los aciertos».

«Las dudas abren la puerta a la creatividad y a la imaginación, de igual modo que las certezas la cierran», señala. Bajo ese concepto, Doubts es el adecuado título que la fundación que preside Marta Ortega ha dado a esta exposición que recorre, a través de 196 imágenes y un vídeo introductorio, la trayectoria profesional de Roversi. Una vocación que comenzó, precisamente, en un viaje familiar que hizo por España a los 17 años con una fotografía de un hombre vestido de negro frente a una pared blanca con una sombra en diagonal. Y continuó después como fotoperiodista en su Rávena natal hasta despuntar en París, donde empezó a trabajar como reportero para la agencia Huppert, animado por el director artístico de la revista Elle, Peter Knapp, ya en la década de los setenta.

A Roversi le avalan cinco décadas de trayectoria con un universo creativo expansivo y un sello propio indiscutible. Es por eso que, comisariado por Clara Bellville, el recorrido por la obra del fotógrafo, como la voluntad experimental de Roversi, es también un juego que lleva al espectador por algunas de sus obras icónicas y algunas imágenes inéditas. Doce salas interconectadas por varias ideas relacionadas con la obra del artista italiano —Theatre, Appearances, Shadows, Doubts, People, Presence, Grace, Beauty y Fading—, en las que su propio estudio —cuya réplica del espacio, una pequeña habitación con mucha luz natural de un tercer piso, se podrá ver durante esta exposición— cobra también protagonismo.

Sorpresas hay muchas, como un curioso autorretrato fechado en 1998, una serie de desnudos femeninos de cuerpo entero realizada en los noventa o las fotografías realizadas al diseñador John Galliano, Bella Ramsey —intérprete en Juego de Tronos y The Last of Us—, o a los modelos de alta costura George Anderson y Frauke Nijs, realizadas este mismo año. También es especialmente llamativa la sesión que realizó entre 1996 y 1997, escondido en un fotomatón de París, de la que encontramos en esta muestra fotos de carnet de personajes anónimos, entre las que destaca el rostro de una joven Victoria Abril.

«Cuando la luz duda, aparecen las sombras. Sutiles, etéreas y abstractas. Regalan al mundo sus misterios», se lee en una de las salas, evocando las palabras del fotógrafo cuando dice aquello de que la belleza sigue siendo un gran misterio para él. Cuesta creerlo a juzgar por esta exposición que podrá visitarse gratuitamente en el Centro MOP del Muelle de Batería de A Coruña. Hay quien dice que el tiempo es lo que hace que sus fotografías sean especiales. Por eso ese fading —desvanecimiento— final cierra la exposición con la sala más iluminada y sus instantáneas más translúcidas. «Paolo trata de detener el tiempo —dice Bellville—. Antes de que todo se desvanezca del todo, queremos mostrar estas imágenes en su último momento antes de desaparecer».

 Apoyado en un bastón y oculto detrás de unas densas gafas de sol negras, así llega Paolo Roversi a la retrospectiva que la Fundación MOP le  

Apoyado en un bastón y oculto detrás de unas densas gafas de sol negras, así llega Paolo Roversi a la retrospectiva que la Fundación MOP le dedica hasta el 20 de septiembre en su sede de A Coruña. No lo veremos salir ya de detrás de sus lentes —ni al principio de la visita por la muestra, ni al final, cuando volverá a aparecer para despedirse—. Es un recordatorio, por si se nos olvida, de que él es el observador y no al contrario. «Ni la claridad ni la sombra, la penumbra es mi luz favorita», afirma.

Pintor de luces y sombras, el fotógrafo italiano ha trabajado en su dilatada carrera para firmas como Dior, Vogue o Vanity Fair, y sus retratos de personajes como la modelo Kate Moss, la actriz Emma Watson y cantantes como Rihanna, Miley Cyrus o Rosalía, además de la princesa de Gales, Kate Middleton, lo han situado como uno de los fotógrafos de moda más influyentes y con mayor personalidad del panorama contemporáneo.

Es conocida su fascinación por el gran formato de Polaroid («he sacado tantas que me acabaron llamando Paoloroid», bromea) y sus sesiones a oscuras en su estudio de París, donde ilumina a sus modelos de forma manual con la luz de una linterna que luego la cámara captura. «Me encanta la fotografía de larga exposición», reconoce. Sus imágenes, a menudo monocromáticas, muestran una estética pictórica —con una manifiesta influencia de la pintura italiana clásica— y recrean una atmósfera íntima con desnudos o rostros oníricos. Todo ello sin perder su esencia de glamour. En la era de la perfección y la inmediatez, Roversi se toma su tiempo y reivindica el error como algo bello. «Me gustan los accidentes. Siempre he aprendido más de ellos que de los aciertos».

«Las dudas abren la puerta a la creatividad y a la imaginación, de igual modo que las certezas la cierran», señala. Bajo ese concepto, Doubts es el adecuado título que la fundación que preside Marta Ortega ha dado a esta exposición que recorre, a través de 196 imágenes y un vídeo introductorio, la trayectoria profesional de Roversi. Una vocación que comenzó, precisamente, en un viaje familiar que hizo por España a los 17 años con una fotografía de un hombre vestido de negro frente a una pared blanca con una sombra en diagonal. Y continuó después como fotoperiodista en su Rávena natal hasta despuntar en París, donde empezó a trabajar como reportero para la agencia Huppert, animado por el director artístico de la revista Elle, Peter Knapp, ya en la década de los setenta.

A Roversi le avalan cinco décadas de trayectoria con un universo creativo expansivo y un sello propio indiscutible. Es por eso que, comisariado por Clara Bellville, el recorrido por la obra del fotógrafo, como la voluntad experimental de Roversi, es también un juego que lleva al espectador por algunas de sus obras icónicas y algunas imágenes inéditas. Doce salas interconectadas por varias ideas relacionadas con la obra del artista italiano —Theatre, Appearances, Shadows, Doubts, People, Presence, Grace, Beauty y Fading—, en las que su propio estudio —cuya réplica del espacio, una pequeña habitación con mucha luz natural de un tercer piso, se podrá ver durante esta exposición— cobra también protagonismo.

Sorpresas hay muchas, como un curioso autorretrato fechado en 1998, una serie de desnudos femeninos de cuerpo entero realizada en los noventa o las fotografías realizadas al diseñador John Galliano, Bella Ramsey —intérprete en Juego de Tronos y The Last of Us—, o a los modelos de alta costura George Anderson y Frauke Nijs, realizadas este mismo año. También es especialmente llamativa la sesión que realizó entre 1996 y 1997, escondido en un fotomatón de París, de la que encontramos en esta muestra fotos de carnet de personajes anónimos, entre las que destaca el rostro de una joven Victoria Abril.

«Cuando la luz duda, aparecen las sombras. Sutiles, etéreas y abstractas. Regalan al mundo sus misterios», se lee en una de las salas, evocando las palabras del fotógrafo cuando dice aquello de que la belleza sigue siendo un gran misterio para él. Cuesta creerlo a juzgar por esta exposición que podrá visitarse gratuitamente en el Centro MOP del Muelle de Batería de A Coruña. Hay quien dice que el tiempo es lo que hace que sus fotografías sean especiales. Por eso ese fading —desvanecimiento— final cierra la exposición con la sala más iluminada y sus instantáneas más translúcidas. «Paolo trata de detener el tiempo —dice Bellville—. Antes de que todo se desvanezca del todo, queremos mostrar estas imágenes en su último momento antes de desaparecer».

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