
El sol caliente de las cinco y media de la tarde se escondió a la hora del paseíllo y unos nubarrones negros asomaron por el horizonte de Toledo. Pero nadie les hizo caso porque en el ruedo había un torero ilusionante. Es verdad que Diego Urdiales goza de alto predicamento en esta plaza; tanto es así que el público le obligó a saludar desde el tercio cuando se rompió el paseíllo en recuerdo de su Puerta Grande de San Isidro.
Alcurrucén/Urdiales, Fortes, Parejo
Toros de Alcurrucén, bien presentados, astifinos, mansurrones, nobles, sosos, descastados y apagados.
Diego Urdiales: pinchazo y estocada (ovación); pinchazo, media tendida _aviso_ y un descabello (gran ovación).
Fortes: _aviso_ dos pinchazos y estocada (silencio); media tendida y caída y cuatro descabellos (silencio).
Christian Parejo: estocada (ovación); cinco pinchazos _aviso_ y cinco descabellos (silencio).
Plaza de toros de Las Ventas. 2 de octubre. Segundo festejo de la Feria de Otoño. Casi lleno (21.383 espectadores, según la empresa).
La tromba de agua que cayó durante la lidia del primer toro y el fallo con la espada impidieron un triunfo redondo del torero riojano; Fortes y Christian Parejo, inéditos ante una corrida noble, sosa y apagada de Alcurrucén
El sol caliente de las cinco y media de la tarde se escondió a la hora del paseíllo y unos nubarrones negros asomaron por el horizonte de Toledo. Pero nadie les hizo caso porque en el ruedo había un torero ilusionante. Es verdad que Diego Urdiales goza de alto predicamento en esta plaza; tanto es así que el público le obligó a saludar desde el tercio cuando se rompió el paseíllo en recuerdo de su Puerta Grande de San Isidro.
Y Urdiales respondió al afecto con lo que sabe hacer, que es torear muy bien.
Un quite por garbosas chicuelinas y una media de cartel fue el primer chispazo en el toro que abrió el festejo. Muleta en mano y tras una tanda inicial con la mano derecha para comprobar que su oponente llegaba al último tercio con claros síntomas de agotamiento, tomó la zurda y dibujó cuatro naturales desbordantes de empaque, embrujo y buen gusto. Y la plaza entera crujió como en las grandes ocasiones.
Para entonces, las seis y veinte de la tarde, Las Ventas aparecía ya coronada por un sombrero de nubes oscuras que no presagiaban nada bueno. Y así fue. Se colocó Urdiales para iniciar la tercera tanda, y justo en ese momento comenzó una tromba de agua, no una lluvia fina, sino un aguacero con toda la fuerza que provocó la estampida en los tendidos, rompió el encanto de la faena y todo se fastidió.
Llovió torrencialmente durante unos quince minutos, y el riojano tuvo tiempo de trazar nuevos naturales y un largo derechazo bajo el diluvio antes de pinchar y que los tendidos se quedaran vacíos.
Anunciaron por megafonía que el festejo se aplazaba temporalmente hasta que amainara el temporal, lo que sucedió en torno a las siete. El ruedo, sediento, se tragó el agua caída con celeridad, y a las siete y media aparecía limpio y reluciente como si la lluvia no fuera más que un desagradable recuerdo.
Y volvió Urdiales, se supone que empapado dentro del traje de luces, ante el cuarto con un quite de dos verónicas y una media de categoría. No está claro si la frialdad le producirá un constipado, pero sí que el agua le purificó el alma, y ante otro animal tan noble como apagado, sin celo alguno, dictó una lección magistral de toreo clásico, auténtico, un regodeo desde el más puro sentimiento artístico.
Naturalidad, templanza, colocación, disposición…, y todo ello con el embrujo de una personalidad arrolladora, con gracia y sabor, inspiración y empaque, Urdiales trazó muletazos, primero, por bajo, dos tandas de derechazos, después, preñados de naturalidad, a los que siguieron cinco naturales, con la plaza ya entregada, y destellos finales que abrigaban la posibilidad de un triunfo grande.
Pero el magisterio desplegado no tuvo el colofón deseado, Urdiales falló con la espada y todo quedó en una gran ovación. Pero sobre el mojado ruedo había quedado la firma de un artista.
No fue este el caso de Fortes y Parejo. El malagueño se estrenó con cuatro verónicas y media templadísimas en el recibo a su primero. Su inicio de muleta, por bajo, rematado con una torerísima trincherilla, fue espectacular; pero ahí quedó casi todo. Dos desarmes deslucieron su labor, y la faena no tomó nunca el vuelo deseado. La frialdad se apoderó del torero y sus muñecas y todo acabó con más pena que gloria. No le fue mejor ante el quinto, otro toro, como el anterior, descastado y sin codicia.
Volvía a Las Ventas Christian Parejo tras el buen sabor que dejó el pasado 27 de agosto, y lo hizo sustituyendo al convaleciente Mario Navas, a quien le brindó su primer toro.
No ha tenido su tarde. Con tres delantales recibió al tercero, apagado, sin vida, y su labor careció de eco. Y en el sexto, más deslucido, su decisión no le sirvió de mucho. Además, falló con estrépito a la hora de matar, y su paso por Las Ventas ha quedado tan sombrío como la tarde. Además, sufrió dos volteretas de las que, por fortuna, salió ileso.
Toros de Alcurrucén, bien presentados, astifinos, mansurrones, nobles, sosos, descastados y apagados.
Diego Urdiales: pinchazo y estocada (ovación); pinchazo, media tendida _aviso_ y un descabello (gran ovación).
Fortes: _aviso_ dos pinchazos y estocada (silencio); media tendida y caída y cuatro descabellos (silencio).
Christian Parejo: estocada (ovación); cinco pinchazos _aviso_ y cinco descabellos (silencio).
Plaza de toros de Las Ventas. 2 de octubre. Segundo festejo de la Feria de Otoño. Casi lleno (21.383 espectadores, según la empresa).
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