‘Huellas en los fiordos’: el último fenómeno literario nórdico es un noir atmosférico islandés 

Ambientado en la remota ciudad de Ísafjörður, al noroeste de Islandia, en la región de Vestfirðir, el último fenómeno literario nórdico mezcla crímenes con leyendas y paisajes de la isla y supone todo un soplo de aire fresco en este tórrido verano. En ese recóndito lugar que no alcanza los 4.000 habitantes, vive la inspectora de policía, Hildur Rúnarsdóttir, atormentada por la desaparición de sus dos hermanas pequeñas años atrás. Cuando un alud en la ladera de una montaña deja al descubierto el cadáver de un hombre, tendrá que resolver el crimen junto a su nuevo compañero, Jakob Johanson, un becario finlandés que tiene la curiosa costumbre de tejer jerséis para combatir el estrés. 

Habitante de Islandia desde hace más de 20 años, la escritora finlandesa Satu Rämö debutó en 2020 con esta historia de asesinatos situada en uno de los países con tasas criminales más bajas del mundo —se calcula que a lo largo del año tendrá entre 2 y 4 asesinatos—. Huellas en los fiordos (Salamandra) es el primer libro de una saga que ha vendido ya cerca de un millón y medio de ejemplares en todo el mundo, ha sido traducido a 26 idiomas y forma parte de un nuevo género, que su autora cataloga como Nordic blue.

«Cuando empecé a escribir los libros de Hildur, no sabía que estaba cultivando este género conocido como Nordic blue. Fue un productor alemán, cuando se adaptó a una serie de televisión, el que me comentó, tras leer mis novelas, que constituían un magnífico ejemplo de este género que comparte elementos con el Nordic noir, pero se caracteriza por una mayor luminosidad», cuenta a The Objective.

Esa luz, sin embargo, no proviene necesariamente del amor romántico o de las relaciones de pareja, sino que surge de vínculos familiares y amistades importantes. «A menudo, las mayores penas de nuestra vida están relacionadas con otras personas: la muerte de un ser querido, el fracaso de una relación, la pérdida de confianza o el fin de una amistad. Pero, al mismo tiempo, los demás son nuestra mayor fuente de alegría y felicidad y nadie en este mundo puede sobrevivir en soledad. Las personas son fascinantes y creo que esa es la idea fundamental que subyace en toda mi obra».

Antes de ser escritora, Rämö fue guía turística, corresponsal de noticias internacionales desde Islandia y autora de literatura de viajes. Algo que se traslada a una prosa en la que el país y su naturaleza funcionan como un personaje más. «En esos empleos aprendí a contextualizar y describir el entorno a personas de fuera. Islandia es un país fascinante; aquí todo es muy tranquilo y seguro. El mayor peligro es la naturaleza: erupciones volcánicas, inundaciones glaciares y tormentas muy fuertes. Por eso, para mí es importante retratar la naturaleza tal como es. La naturaleza aporta emoción a la vida real, así que ¿por qué no hacerlo también en las historias de crímenes?», plantea.

De hecho, una de las mayores virtudes de esta novela es que, a medida que avanza la lectura, uno se plantea si el mayor peligro no será la isla en sí. «Antes teníamos una media de un homicidio al año, ahora las cifras son algo peores, pero sigue habiendo muy pocos asesinatos», cuenta sobre este país en el que los agentes de policía ni siquiera llevan armas de fuego. «Islandia es también el lugar con mayor igualdad de género del mundo, ocupando el primer puesto en el Índice de Brecha de Género Global del Foro Económico Mundial durante muchos años consecutivos. Sin embargo, existe una ‘violencia invisible’, como la violencia doméstica, el maltrato infantil y la explotación laboral, al igual que en cualquier otro lugar. Las cifras no son muy elevadas porque aquí viven menos de 400.000 personas. Es un lugar muy tranquilo y hay mucho espacio».

De hecho, en los fiordos del Oeste, donde Rämö vive y sitúa la acción de su novela, solo viven unas 6.000 personas. La gente, describe, rara vez cierra con llave las puertas de sus casas o sus coches. Todos se conocen. Además, nadie llegaría demasiado lejos si intentara robar. Más bien, el mayor peligro de, por ejemplo, no guardar una bicicleta es que la acabara arrastrando un temporal de lluvias o vientos. 

Lo que no implica que, como traslada en su novela, en la que también hay desapariciones, accidentes y violencia, sea todo un lugar de luz. «En Islandia, hay más personas desaparecidas que fallecidas; la naturaleza es hermosa, pero también puede ser peligrosa. Hay quienes salen de excursión y nunca regresan: algunos se pierden por accidente y otros, porque desean perderse. Son casos tristes», lamenta. 

Entre las máximas preocupaciones, «la violencia contra las mujeres, la violencia doméstica y contra los niños (incluido el incesto) han sido y siguen siendo un problema, al igual que en otras partes del mundo. No siempre se ha hablado abiertamente de estas cuestiones, pero, afortunadamente, la situación está cambiando. El estigma ya no recae sobre la víctima, sino sobre el agresor, y hoy en día es más probable que las víctimas busquen ayuda», celebra. «Las estadísticas muestran un aumento de los delitos sexuales en Islandia, pero esto se debe en gran medida a que, en el pasado, no se denunciaban a la policía ni se hablaba de ellos». Algo que impregna su imaginario literario. «Creo que es importante abordar todos estos aspectos oscuros de la sociedad en las historias de crímenes. Quiero escribir relatos que podrían ser reales».

Pero si su libro ha cautivado a millones de lectores en toda Europa, quizás tenga algo que ver también con la parte menos real de sus historias. En Huellas en los fiordos, la escritora desgrana algunas tradiciones islandesas y sus leyendas. «La historia de Islandia y de su sociedad están plasmadas en el paisaje —explica—. Aquí no hay edificios antiguos ni castillos que hablen de tiempos pasados, de la historia del país o de la fundación de la sociedad. Son las sagas, los relatos populares y los antiguos poemas de la Edda los que narran la creación del mundo, de la población de Islandia, el tipo de personas que llegaron, dónde se establecieron y cómo conformaron la sociedad». 

«Las historias sobre fantasmas o troles y las leyendas del ‘pueblo oculto’ forman parte de esa tradición literaria —continúa—. En su día, todas ellas sirvieron para explicar la naturaleza islandesa. Por ejemplo, antes de que se conociera la existencia de las placas tectónicas, las erupciones volcánicas y los terremotos, las desapariciones de personas en la naturaleza se atribuían al pueblo oculto». Se refiere a los huldufólk, seres míticos de apariencia humana que viven en una especie de universo paralelo.

«Existen leyendas populares por toda Islandia y, al viajar por ella, uno no solo descubre paisajes hermosos y únicos, sino también paisajes que encierran la historia del país y de sus habitantes. Es por eso que me parece maravilloso utilizar también el folclore como base para mis novelas policíacas», afirma.

Esta inclinación por los cuentos populares ya aparece en su primera novela, cuando las hermanas pequeñas de la protagonista, Rósa y Björk, desaparecen en un túnel mientras regresan a casa desde la escuela. «El siguiente libro revela qué les sucedió. Mis historias son realistas, así que no pretendo ofrecer explicaciones de índole exotérica. Sin embargo, me resulta fascinante saber que el hecho de que ‘las chicas entren en el túnel’ es, en realidad, una variante de la historia de alguien que accede al mundo del pueblo oculto atravesando una roca. O bien podría tratarse de una historia tradicional islandesa de fantasmas sobre personas arrastradas al interior de un muro —espíritus de difuntos que llevan consigo a los vivos hacia una pared oscura—», explica.

De origen finlandés, hace veinte años Rämö fue a pasar un semestre a Islandia para estudiar la cultura y la literatura de la isla, se enamoró del país y de su actual esposo, y acabó formando una familia. Parte de aquella experiencia la representa su personaje Jakob Johanson, el ayudante de su carismática protagonista, un finlandés que acaba de llegar al país, huyendo de una exmujer que le impide ver a su hijo tras acusarle, falsamente, de maltratarla. 

«Quería contar una historia sobre un conflicto internacional de custodia complicado, ya que tengo algo de experiencia en el tema gracias a un amigo», comenta, pero también, «quería incorporar algo de Finlandia a los libros de Hildur. Sin embargo, me aseguré de que el personaje finlandés fuera lo suficientemente distinto a mí; yo no quería incluirme a mí misma en la historia. Jakob es un hombre finlandés muy alto y atractivo que sabe tejer jerséis. Yo soy una mujer bajita y no sabía tejer cuando empecé a crear este personaje», bromea. Lo cierto es que ella también aprendió a usar las agujas mientras escribía para poder entender el interés de su personaje. «Ya he tejido 15 jerséis y me encanta; es relajante y supone un buen cambio respecto a la escritura».

 Ambientado en la remota ciudad de Ísafjörður, al noroeste de Islandia, en la región de Vestfirðir, el último fenómeno literario nórdico mezcla crímenes con leyendas y  

Ambientado en la remota ciudad de Ísafjörður, al noroeste de Islandia, en la región de Vestfirðir, el último fenómeno literario nórdico mezcla crímenes con leyendas y paisajes de la isla y supone todo un soplo de aire fresco en este tórrido verano. En ese recóndito lugar que no alcanza los 4.000 habitantes, vive la inspectora de policía, Hildur Rúnarsdóttir, atormentada por la desaparición de sus dos hermanas pequeñas años atrás. Cuando un alud en la ladera de una montaña deja al descubierto el cadáver de un hombre, tendrá que resolver el crimen junto a su nuevo compañero, Jakob Johanson, un becario finlandés que tiene la curiosa costumbre de tejer jerséis para combatir el estrés. 

Habitante de Islandia desde hace más de 20 años, la escritora finlandesa Satu Rämö debutó en 2020 con esta historia de asesinatos situada en uno de los países con tasas criminales más bajas del mundo —se calcula que a lo largo del año tendrá entre 2 y 4 asesinatos—. Huellas en los fiordos (Salamandra) es el primer libro de una saga que ha vendido ya cerca de un millón y medio de ejemplares en todo el mundo, ha sido traducido a 26 idiomas y forma parte de un nuevo género, que su autora cataloga como Nordic blue.

«Cuando empecé a escribir los libros de Hildur, no sabía que estaba cultivando este género conocido como Nordic blue. Fue un productor alemán, cuando se adaptó a una serie de televisión, el que me comentó, tras leer mis novelas, que constituían un magnífico ejemplo de este género que comparte elementos con el Nordic noir, pero se caracteriza por una mayor luminosidad», cuenta a The Objective.

Esa luz, sin embargo, no proviene necesariamente del amor romántico o de las relaciones de pareja, sino que surge de vínculos familiares y amistades importantes. «A menudo, las mayores penas de nuestra vida están relacionadas con otras personas: la muerte de un ser querido, el fracaso de una relación, la pérdida de confianza o el fin de una amistad. Pero, al mismo tiempo, los demás son nuestra mayor fuente de alegría y felicidad y nadie en este mundo puede sobrevivir en soledad. Las personas son fascinantes y creo que esa es la idea fundamental que subyace en toda mi obra».

Antes de ser escritora, Rämö fue guía turística, corresponsal de noticias internacionales desde Islandia y autora de literatura de viajes. Algo que se traslada a una prosa en la que el país y su naturaleza funcionan como un personaje más. «En esos empleos aprendí a contextualizar y describir el entorno a personas de fuera. Islandia es un país fascinante; aquí todo es muy tranquilo y seguro. El mayor peligro es la naturaleza: erupciones volcánicas, inundaciones glaciares y tormentas muy fuertes. Por eso, para mí es importante retratar la naturaleza tal como es. La naturaleza aporta emoción a la vida real, así que ¿por qué no hacerlo también en las historias de crímenes?», plantea.

De hecho, una de las mayores virtudes de esta novela es que, a medida que avanza la lectura, uno se plantea si el mayor peligro no será la isla en sí. «Antes teníamos una media de un homicidio al año, ahora las cifras son algo peores, pero sigue habiendo muy pocos asesinatos», cuenta sobre este país en el que los agentes de policía ni siquiera llevan armas de fuego. «Islandia es también el lugar con mayor igualdad de género del mundo, ocupando el primer puesto en el Índice de Brecha de Género Global del Foro Económico Mundial durante muchos años consecutivos. Sin embargo, existe una ‘violencia invisible’, como la violencia doméstica, el maltrato infantil y la explotación laboral, al igual que en cualquier otro lugar. Las cifras no son muy elevadas porque aquí viven menos de 400.000 personas. Es un lugar muy tranquilo y hay mucho espacio».

De hecho, en los fiordos del Oeste, donde Rämö vive y sitúa la acción de su novela, solo viven unas 6.000 personas. La gente, describe, rara vez cierra con llave las puertas de sus casas o sus coches. Todos se conocen. Además, nadie llegaría demasiado lejos si intentara robar. Más bien, el mayor peligro de, por ejemplo, no guardar una bicicleta es que la acabara arrastrando un temporal de lluvias o vientos. 

Lo que no implica que, como traslada en su novela, en la que también hay desapariciones, accidentes y violencia, sea todo un lugar de luz. «En Islandia, hay más personas desaparecidas que fallecidas; la naturaleza es hermosa, pero también puede ser peligrosa. Hay quienes salen de excursión y nunca regresan: algunos se pierden por accidente y otros, porque desean perderse. Son casos tristes», lamenta. 

Entre las máximas preocupaciones, «la violencia contra las mujeres, la violencia doméstica y contra los niños (incluido el incesto) han sido y siguen siendo un problema, al igual que en otras partes del mundo. No siempre se ha hablado abiertamente de estas cuestiones, pero, afortunadamente, la situación está cambiando. El estigma ya no recae sobre la víctima, sino sobre el agresor, y hoy en día es más probable que las víctimas busquen ayuda», celebra. «Las estadísticas muestran un aumento de los delitos sexuales en Islandia, pero esto se debe en gran medida a que, en el pasado, no se denunciaban a la policía ni se hablaba de ellos». Algo que impregna su imaginario literario. «Creo que es importante abordar todos estos aspectos oscuros de la sociedad en las historias de crímenes. Quiero escribir relatos que podrían ser reales».

Pero si su libro ha cautivado a millones de lectores en toda Europa, quizás tenga algo que ver también con la parte menos real de sus historias. En Huellas en los fiordos, la escritora desgrana algunas tradiciones islandesas y sus leyendas. «La historia de Islandia y de su sociedad están plasmadas en el paisaje —explica—. Aquí no hay edificios antiguos ni castillos que hablen de tiempos pasados, de la historia del país o de la fundación de la sociedad. Son las sagas, los relatos populares y los antiguos poemas de la Edda los que narran la creación del mundo, de la población de Islandia, el tipo de personas que llegaron, dónde se establecieron y cómo conformaron la sociedad». 

«Las historias sobre fantasmas o troles y las leyendas del ‘pueblo oculto’ forman parte de esa tradición literaria —continúa—. En su día, todas ellas sirvieron para explicar la naturaleza islandesa. Por ejemplo, antes de que se conociera la existencia de las placas tectónicas, las erupciones volcánicas y los terremotos, las desapariciones de personas en la naturaleza se atribuían al pueblo oculto». Se refiere a los huldufólk, seres míticos de apariencia humana que viven en una especie de universo paralelo.

«Existen leyendas populares por toda Islandia y, al viajar por ella, uno no solo descubre paisajes hermosos y únicos, sino también paisajes que encierran la historia del país y de sus habitantes. Es por eso que me parece maravilloso utilizar también el folclore como base para mis novelas policíacas», afirma.

Esta inclinación por los cuentos populares ya aparece en su primera novela, cuando las hermanas pequeñas de la protagonista, Rósa y Björk, desaparecen en un túnel mientras regresan a casa desde la escuela. «El siguiente libro revela qué les sucedió. Mis historias son realistas, así que no pretendo ofrecer explicaciones de índole exotérica. Sin embargo, me resulta fascinante saber que el hecho de que ‘las chicas entren en el túnel’ es, en realidad, una variante de la historia de alguien que accede al mundo del pueblo oculto atravesando una roca. O bien podría tratarse de una historia tradicional islandesa de fantasmas sobre personas arrastradas al interior de un muro —espíritus de difuntos que llevan consigo a los vivos hacia una pared oscura—», explica.

De origen finlandés, hace veinte años Rämö fue a pasar un semestre a Islandia para estudiar la cultura y la literatura de la isla, se enamoró del país y de su actual esposo, y acabó formando una familia. Parte de aquella experiencia la representa su personaje Jakob Johanson, el ayudante de su carismática protagonista, un finlandés que acaba de llegar al país, huyendo de una exmujer que le impide ver a su hijo tras acusarle, falsamente, de maltratarla. 

«Quería contar una historia sobre un conflicto internacional de custodia complicado, ya que tengo algo de experiencia en el tema gracias a un amigo», comenta, pero también, «quería incorporar algo de Finlandia a los libros de Hildur. Sin embargo, me aseguré de que el personaje finlandés fuera lo suficientemente distinto a mí; yo no quería incluirme a mí misma en la historia. Jakob es un hombre finlandés muy alto y atractivo que sabe tejer jerséis. Yo soy una mujer bajita y no sabía tejer cuando empecé a crear este personaje», bromea. Lo cierto es que ella también aprendió a usar las agujas mientras escribía para poder entender el interés de su personaje. «Ya he tejido 15 jerséis y me encanta; es relajante y supone un buen cambio respecto a la escritura».

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