‘El final de Oak Street’: un ‘Parque Jurásico’ en los felices suburbios americanos

Otro niño de los años ochenta que, cuando se hizo mayor, aspiró a ser el nuevo Steven Spielberg. Van ya unos cuantos, y en todos los territorios, desde J. J. Abrams hasta Juan Antonio Bayona, y quizá todos ellos se queden en eso, en postulantes, porque Spielberg solo hay uno y porque las circunstancias sociales, cinematográficas y culturales han cambiado mucho. La influencia del maestro de E. T, el extraterrestre y Encuentros en la tercera fase ha sido mayúscula, y David Robert Mitchell, que en sus dos anteriores películas parecía dirigirse hacia otro lugar más extraño y, por original, más fascinante, ha compuesto en El final de Oak Street una especie de Parque Jurásico en la frágil sociedad estadounidense de los felices suburbios.

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El final de Oak Street

Dirección: David Robert Mitchell.

Intérpretes: Anne Hathaway, Ewan McGregor, Maisy Stella, Christian Convery.

Género: ciencia ficción. EE UU, 2026.

Duración: 100 minutos.

Estreno: 14 de agosto.

 Con momentos espectaculares pero (casi) nunca insólitos, la película protagonizada por Anne Hathaway y Ewan McGregor se ve con facilidad, aunque sin pinta de quedar en la memoria  

Otro niño de los años ochenta que, cuando se hizo mayor, aspiró a ser el nuevo Steven Spielberg. Van ya unos cuantos, y en todos los territorios, desde J. J. Abrams hasta Juan Antonio Bayona, y quizá todos ellos se queden en eso, en postulantes, porque Spielberg solo hay uno y porque las circunstancias sociales, cinematográficas y culturales han cambiado mucho. La influencia del maestro de E. T, el extraterrestre y Encuentros en la tercera fase ha sido mayúscula, y David Robert Mitchell, que en sus dos anteriores películas parecía dirigirse hacia otro lugar más extraño y, por original, más fascinante, ha compuesto en El final de Oak Street una especie de Parque Jurásico en la frágil sociedad estadounidense de los felices suburbios.

El sueño americano de la perfecta comunidad de las barbacoas y las risas vecinales, tan cacareado, analizado y, por supuesto, permeabilizado en una parte de su ciudadanía, comenzó a mezclarse con el cine de género en algunas de las encantadoras películas de ciencia ficción de serie B de los años cincuenta. Tras el triunfo en la Segunda Guerra Mundial, aún había monstruos que la acechaban, ya fueran del espacio exterior o del más cotidiano interior (el comunismo, el racismo…). En los ochenta, la era del cine juvenil, bajo el amparo económico de la etapa política de Ronald Reagan, volvieron a surgir las contiendas, pero siempre de baja intensidad, y ahí Spielberg fue el rey, sobre todo con un subtexto: la destrucción de la familia era la propia destrucción del mundo, con Encuentros en la tercera fasecomo cima artística, y la posterior La guerra de los mundos, ya en 2005, como muestra de que incluso él se estaba repitiendo demasiado.

En El final de Oak Street, ambientada en 1982, Mitchell se desenvuelve con cierto brío en torno a todo esto. Una familia aparentemente impoluta que esconde los últimos días en pareja, y que se ve envuelta en un doble fin del mundo: el del terror de los dinosaurios que regresan desde el jurásico, entre la fiebre por Carl Sagan y los agujeros de gusano, para perturbar la paz de un único barrio americano; y el fin de la familia en sí misma, por culpa de temas tan ordinarios como el paro, el fin del deseo, la falta de expectativas y hasta la pérdida de la fe religiosa.

Trabajo profesional en el manejo de la tensión, con momentos espectaculares pero (casi) nunca insólitos, la película se ve con facilidad, aunque sin pinta de quedar en la memoria. Ni en conjunto ni en secuencia alguna concreta, quizá salvo la supuesta audacia de mostrar a dos dinosaurios fornicando como contraste del desamor (y la esperanza) de la pareja protagonista. O el recurso técnico y artístico, labrado sobre todo por Brian de Palma, pero también practicado por Spielberg en Tiburón, del llamado split diopter: dos enfoques simultáneos de elementos distantes en un mismo plano, gracias a un cristal convexo que cubre la mitad de la lente. Que además lo haga a lo largo de toda una secuencia íntima con los cuatro miembros de la familia parece querer remarcar que entre ellos hay mucha más cercanía emocional de la que dicen sus acciones.

En las dos anteriores películas de Mitchell (la potentísima It Follows, un nuevo John Carpenter para la época del terror elevado; y la inquietante, hipnótica y demasiado loca Lo que esconde Silver Lake), había un cinéfilo que había mamado grandes películas desde pequeño, y que ahora aspiraba a contarlas de otro modo, pese a que en la segunda se pasara de frenada lisérgica en algún momento. En El final de Oak Street solo hay otro émulo más de Spielberg, con su universo de críos en bicicleta, sus zonas residenciales y sus familias que se resquebrajan, pero que se resisten a caer en la pesadilla americana.

El final de Oak Street

Dirección: David Robert Mitchell.

Intérpretes: Anne Hathaway, Ewan McGregor, Maisy Stella, Christian Convery.

Género: ciencia ficción. EE UU, 2026.

Duración: 100 minutos.

Estreno: 14 de agosto.

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