El negocio de asaltar museos es muy antiguo y el incremento del precio del oro (desde 2017 el valor de la onza se ha multiplicado por cinco) lo ha revitalizado a partir de 2023. Por eso, los museos de Europa con piezas auríferas tiemblan y refuerzan todas sus medidas de seguridad. Europol los ha alertado de la violencia de las bandas que los asaltan, grupos que no dudan en emplear hasta explosivos. Los museos de Villena, Badajoz y Albacete han sido las tres víctimas españolas de los últimos cuatro meses, perdiendo valiosísimas e irremplazables colecciones elaboradas con oro de la Antigüedad.
La espectacular subida en nueve años del precio del oro provoca una oleada de asaltos a museos españoles y europeos
El negocio de asaltar museos es muy antiguo y el incremento del precio del oro (desde 2017 el valor de la onza se ha multiplicado por cinco) lo ha revitalizado a partir de 2023. Por eso, los museos de Europa con piezas auríferas tiemblan y refuerzan todas sus medidas de seguridad. Europol los ha alertado de la violencia de las bandas que los asaltan, grupos que no dudan en emplear hasta explosivos. Los museos de Villena, Badajoz y Albacete han sido las tres víctimas españolas de los últimos cuatro meses, perdiendo valiosísimas e irremplazables colecciones elaboradas con oro de la Antigüedad.
El 4 de abril de 1921, la corona votiva del rey visigodo Suintila fue robada del Palacio Real de Madrid. La Policía nunca encontró a la persona o personas que la sustrajeron. Formaba parte del llamado Tesoro de Guarrazar, un conjunto de coronas y cruces todas de oro y piedras preciosas que habían pertenecido a los reyes godos. Muchas de estas piezas, a su vez, fueron vendidas a plateros de Toledo y fundidas después. Las que se pudieron rescatar se exponen hoy en el Museo Arqueológico Nacional y en el Museo Cluny de París.
Un siglo más tarde, estos hechos se repiten milimétricamente, pero con otros escenarios. Los ladrones han extraído piezas de oro inigualables y de un inmenso valor patrimonial, prácticamente invendibles ni siquiera en el mercado negro, en los citados museos de Badajoz, Villena y Albacete. Es el altísimo valor de la onza de oro lo que los mueve, coinciden varias fuentes policiales y del sector de la arqueología y los museos. Solo el Tesoro de Villena pesaba diez kilos, aproximadamente 1,2 millones de euros una vez fundido.
El robo de Villena se ha producido en la misma semana en que Europol alertaba de las nuevas tácticas —con métodos más violentos— y nuevos objetivos —piezas de oro—. La agencia de coordinación policial europea viene observando “un aumento claro y pronunciado en el número de casos de robos en museos denunciados por las autoridades nacionales a Europol”, explica a EL PAÍS Jean-Yves Goriou, jefe de la Unidad de Delincuencia Organizada de la UE, dependiente del Centro Europeo contra la Delincuencia Grave y Organizada (ESOCC) de Europol.

El 27 de julio fue reventado el Museo Provincial de Albacete, donde los asaltantes se llevaron 220 monedas de oro del siglo XIX. La Policía afirmó que los ladrones fueron cuatro encapuchados que, a medianoche, accedieron por una ventana y asaltaron la sala de arqueología donde eran custodiadas dos colecciones de monedas propiedad del Ministerio de Cultura. Se trataba de 42 piezas de los reinados de Carlos III, Carlos IV e Isabel II. El coche que emplearon los ladrones apareció pocas horas después quemado.
En el caso del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, la banda criminal sustrajo 149 monedas que componían el conocido como Tesoro de Villanueva, un conjunto monetal hallado en Villanueva de la Serena en 1987. El robo se produjo el 25 de abril, también de madrugada, y los asaltantes accedieron por una puerta trasera, forzaron una reja y reventaron la vitrina. Nada más saltar la alarma, la Policía acudió. Como en el caso de Villena y Badajoz, no quedaba nada.
El de Villena “es otro incidente que pone de manifiesto esta tendencia”, señala Goriou, quien se muestra sin embargo comprensivo con las dificultades que afrontan las pinacotecas y centros de exposición. “Los museos están probablemente haciendo todo lo que pueden, en vista de las restricciones presupuestarias y del hecho de que, por definición, están abiertos al público. Para algunos, el mero hecho de existir es una victoria y encontrar el equilibrio adecuado entre proteger el patrimonio cultural y proporcionar acceso al público supone todo un reto”, reconoce el policía.
¿Y qué medidas había tomado el Museo de Villena para la seguridad de una de las joyas de la arqueología nacional? El tesoro —59 objetos de oro, entre ellos 27 pulseras y 11 cuencos de la Edad del Bronce (entre el 2200 y el 750 a.C)— se hallaba tras una vitrina de tres metros de altura. Tanto el frente como los laterales estaban construidos con vidrio de alta seguridad. En concreto, de vidrio templado laminar de dos capas de 10mm cada una, unidos por una lámina de butiral de polivinilo (PVB), “homologado frente a un ataque manual”, según el informe de seguridad que el Ayuntamiento encargó antes de decidirse a exponer el tesoro en el nuevo museo local, abierto en 2024. Antes de esa fecha, el conjunto se guardaba en una cámara blindada propiedad de las fuerzas de seguridad. Se accedía a él en contadas ocasiones.

La pared trasera del expositor estaba forrada con una chapa metálica blindada, pero los ladrones atacaron frontalmente. La pared posterior cuenta con una puerta blindada y con cerradura de seguridad. El techo está forrado con doble chapa metálica de dos centímetros. El acceso a la sala se hace a través de una puerta acorazada con cinco puntos de anclaje.
Además, el tesoro estaba protegido con un sistema de alarma concéntrico con cinco sistemas diferenciados o anillos de protección, tanto en el exterior como en el interior y en la cercanía al tesoro. El museo dispone, además, de cámaras de visión nocturna. Poco antes de la apertura del museo hace dos años, el Ayuntamiento recibió dos auditorías de seguridad, que establecieron medidas y mejoras en algunos puntos. Todas fueron asumidas e implementadas por el Consistorio. El 3 de agosto de este año, los sistemas volvieron a ser revisados y comprobados.
Veinticuatro días después, y en poco menos de cuatro minutos, los ladrones entraron por una ventana lateral del edificio. Eran las 5.20 de la mañana. A las 5.24 llegaron los agentes de la Policía Local y de la Guardia Civil. Ya no quedaba nada. Solo cinco o seis piezas tiradas por el suelo que los cacos habían rechazado por su escaso valor económico, ya que eran de plata o hierro. Sin embargo, una de ellas, un humilde brazalete de hierro, está considerada la pieza más valiosa del conjunto, ya que fue forjado con el mineral de un meteorito cuando los pobladores de la Península no conocían este material.

Pero para las bandas resulta “relativamente fácil” hacer un reconocimiento antes de un robo: “Simplemente comprando una entrada por unos pocos euros, pueden acceder al museo y observar las ventanas, puertas de salida, cámaras, las vitrinas de exposición y las medidas de seguridad que hay”, recuerda el experto de Europol.
El coronel Francisco Poyato, jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Alicante, añadió el día del asalto que “todavía no hay ninguna conclusión y se han abierto varias hipótesis”, entre las que se encuentra, como dice Europol, que fuera planificado por alguna banda especializada. De hecho, el sistema de protección de Villena alcanzó el nivel 3 de seguridad, de los cuatro posibles, según las normas europeas UNE-EN 50131-1. El nivel 4, el máximo, se reserva para instalaciones militares, nucleares, de explosivos o infraestructuras críticas. El traslado del Tesoro de Villena desde la cámara acorazada donde lo guardaba al museo se realizó con autorización expresa de la Dirección General de Patrimonio de la Conselleria de Cultura.
En julio pasado, y ante el incremento de los robos a museos, el Ministerio de Cultura trasladó a la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional su preocupación y solicitó “su colaboración para tratar de prevenir casos similares a los ocurridos en la primavera e inicio del verano”, según una portavoz oficial del ministerio.
La Policía pidió entonces que todos los museos nacionales, regionales y locales le facilitasen el “número de objetos realizados en oro, plata u otros metales, o piedras preciosas susceptibles de despertar interés” de los ladrones y que estuvieran expuestos. La información llegó a los pocos días. Cultura decidió reforzar la seguridad de todos sus museos y ponerse en “contacto permanente con las comunidades autónomas y sus direcciones generales de patrimonio cultural y museos, y especialmente con aquellas que han sufrido robos”.
La preocupación es máxima. Ayer, tal y como adelantó este periódico, se llevó a cabo una reunión entre la Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes del Ministerio de Cultura y las direcciones con competencias en museos de las comunidades para abordar este tema y reforzar la seguridad y la colaboración. Así como también para compartir la información que ha llegado de Europol.
Ayer, la Generalitat valenciana recibió de Europol el documento Changing tactics, changing targets: the envolving nature of museum heists (Cambio de tácticas y de objetivos: la naturaleza cambiante de los grandes robos en museos), y lo trasladó a todos los museos de la autonomía, incluidos los municipales, como es el caso de Villena. En este informe se admite que los objetos robados “pueden ser fácilmente fundidos, sin dejar rastro alguno para las fuerzas del orden, lo que facilita las ventas ilícitas durante el proceso de receptación”.
Uno de los máximos exponentes de las nuevas tendencias que complican la vida de los museos en toda Europa es el espectacular atraco de joyas de la corona perpetrado en el Louvre en octubre de 2025. Pero quizás la referencia más cercana sea otro atraco también reseñado por Europol: el robo, en enero de 2025, del casco de oro de Cotofenesti y tres brazaletes pertenecientes al tesoro del antiguo reino de Dacia prestados por Rumanía al Museo Drents de Assen, en Países Bajos. En dicho atraco, los asaltantes entraron por la fuerza haciendo detonar con explosivos la puerta principal.
A ello se añade, explica Jean-Yves Goriou, que a menudo se trata de objetos que en su mayoría no son “famosos” y son además relativamente pequeños, “fáciles de mover”. Sobre todo en un mercado del arte, señala, que “está poco regulado en lo que respecta a la procedencia de las obras”, dado que sus agentes —marchantes, casas de subastas y otros— “no tienen ninguna obligación legal general de verificar la procedencia de una obra ni de llevar a cabo las comprobaciones necesarias, como consultar las bases de datos de obras de arte robadas, antes de una adquisición”. Se trata, además, de un mercado “amplio y con un carácter marcadamente internacional”, a menudo realizado en línea, lo que facilita la venta de obras de origen dudoso.
El Tesoro de Villena estaba asegurado, aunque no se ha dado a conocer la cuantía de la póliza. Pero por mucho dinero que sea, nada consolará la pérdida de un “conjunto tan espectacular”, como lo calificó Ignacio Montero Ruiz, responsable del CSIC del Proyecto Arqueometalurgia de la península Ibérica, que ha realizado más de 25.000 análisis de piezas de la Antigüedad.
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