La ciudad de fuera adentro
Hay que subir hasta el barrio del Castillo, zona clásica de aperitivo y sol, para llegar a la tirolina de Cuenca. Son 15 minutos desde el parador, un paseo para sacudirse el frío pegajoso de enero. En la plataforma de salida, arnés fijo y casco en cabeza, es fácil creerse en Cabo Cañaveral. Entonces hay que dar un pequeño salto al vacío y abrir los brazos para sentir el viento, recomiendan Cristian y Begoña, sus detallistas y amables responsables. Y vaya si se siente: el cosquilleo de la ingravidez hace que uno se ría solo, jajajá, pero el descenso es…
