Morante desafía el dolor y torea por encima de su mano herida
El Puerto de Santa María llevaba días respirando un aire distinto. La decisión de Morante de la Puebla de presentarse en las cuatro tardes de su temporada de verano había convertido la Plaza Real en el corazón palpitante del verano taurino. Los abonos se habían triplicado, la venta de entradas superó las 40.000 localidades y la presencia de las cámaras en la primera tarde del póquer morantista terminó por desbordar todos los cauces. Horas antes del paseíllo, los aledaños de la plaza eran un río de aficionados llegados de España y del extranjero. Entre ellos, algunos reventas ofrecían entradas a…
