Cantando y bailando, así ha recibido Madrid a Bad Bunny: “Con ganas de perreo, pero sin entrada”

Ambiente antes del concierto de Bad Bunny en el estadio Metropolitano de Madrid, este sábado.

Este sábado, a las afueras del estadio Metropolitano, en Madrid, había un poco de todo: fieles que conocen cada coma de cada canción de Bad Bunny y curiosos que prometen aprendérselas pronto. Entre unos y otros, una amplia gama de grises y una gran fiesta de música latina que, de la mano del artista puertorriqueño, ha aterrizado esta semana en la capital para quedarse los próximos 10 días, hasta el 15 de junio.

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Ambiente antes del concierto de Bad Bunny en el estadio Metropolitano de Maddrid, este sábado.Ambiente antes del concierto de Bad Bunny en el estadio Metropolitano de Madrid, este sábado.Ambiente antes del concierto de Bad Bunny en el estadio Metropolitano de Madrid, este sábado. Cientos de personas se han organizado para bailar y cantar este sábado las canciones del artista puertorriqueño fuera del estadio Metropolitano  

Este sábado, a las afueras del estadio Metropolitano, en Madrid, había un poco de todo: fieles que conocen cada coma de cada canción de Bad Bunny y curiosos que prometen aprendérselas pronto. Entre unos y otros, una amplia gama de grises y una gran fiesta de música latina que, de la mano del artista puertorriqueño, ha aterrizado esta semana en la capital para quedarse los próximos 10 días, hasta el 15 de junio.

La fiebre por el cantante ha sido tal que incluso ha obligado a inventar una nueva localidad para el concierto: la F, la de fuera, la de la juventud precaria, la de quienes echaron cuentas y se dieron cuenta de que, con un salario que ronda entre los de su generación los 1.300 euros de media (según el Instituto Nacional de Estadística en 2025) y unos alquileres que se van con facilidad por encima de los 800 euros (según el portal web Idealista), no era posible pagar los más de 100 euros que valen las entradas. Pero muchos de quienes no consiguieron entrada ni vendiendo un riñón en Ticketmaster no estaban dispuestos a perderse el evento social más importante desde que existe el FOMO, por sus siglas en inglés, Fear Of Missing Out, el miedo a perderse el evento del que todos hablan, de no estar donde hay que estar.

Mientras dentro del Riyadh Air Metropolitano 50.000 personas buscaban su asiento a eso de las 19.00 como quien entra al templo del reguetón, a las afueras, cientos de jóvenes montaban su propio concierto paralelo en el aparcamiento del recinto, en el madrileño barrio de San Blas. Gratis, con más sudor y con la cerveza más caliente, pero las mismas ganas acumuladas desde el jueves, cuando el artista llegó a la ciudad y el hotel Rosewood Villa Magna se convirtió en un campamento improvisado, un lugar para la ansiedad colectiva. Algunos hicieron turnos desde primera hora de la mañana con la esperanza de cruzarse aunque fuera unos segundos con Bad Bunny. Otros decidieron dormir la noche del viernes en los alrededores del Metropolitano. Todo sacrificio es poco en esta religión.

Pero incluso en el infierno del FOMO hay clases sociales. La división es clara: los que decidieron instalarse en la terraza de Rita’s, cerca de la puerta 16, pagando seis euros por una cerveza con vistas laterales al estadio, y los del aparcamiento, la grada obrera del reguetón, que llegan con bolsas del supermercado Día y una bocina portátil, dispuestos a “parchar [quedar] afuera como los pobres”, tal y como escribió Daniel Dobleu, colombiano de 33 años, en el grupo de WhatsApp de sus amigos. Justamente en Madrid, una ciudad donde uno de cada siete habitantes ha nacido al otro lado del charco. No por nada es la ciudad donde Bad Bunny se presenta con más fechas de la gira Debí tirar más fotos: 10 conciertos seguidos.

“Nos quedamos sin entrada, pero nos daba ansiedad quedarnos en casa viendo historias de Instagram”, cuenta entre risas Dobleu, que andaba repartiendo vasos de plástico para que a nadie le faltara con qué hidratarse. “Vimos lo que pasó en Barcelona y pensamos hacer lo mismo”. Con el transcurrir de las horas se abre paso la verbena latina: parejas bailando pegadas entre coches mal aparcados, chicas maquillándose con la cámara frontal del móvil y grupos enteros cantando mientras miran al cielo, como si Bad Bunny pudiera asomarse desde las alturas a bendecirlos. No es la primera vez que pasa. Taylor Swift ya tuvo en el Bernabéu a cientos de fans cantando desde los aledaños como si aquello fuera Lourdes y ellas peregrinas pop. Pero Bad Bunny tiene su propia liturgia, una basada en el baile, el grito y el sudor en mitad del calor sofocante.

Al otro lado de la realidad, Elena Fuste, de 26 años, espera con las entradas que compró hace justo un año, el mismo día en que salieron a la venta. Adquirió dos pensando en revender una, pero por el camino conoció a Juan Díez, de 35 años. Unas cosas llevaron a otras y ahora planean juntos hasta el último detalle de sus atuendos, inspirados en la canción Ojitos lindos. Ya tienen preparados varios TikToks para la noche porque parte de la experiencia es contarlo.

A su alrededor, decenas de asistentes lucen camisetas de Adidas de la colección especial de Madrid, banderas de distintos países latinoamericanos, sombreros de paja como los del álbum de Bad Bunny y abanicos con la cara del artista. A 33 grados, cada sombra es un tesoro. Todos acumulan al menos cuatro horas de espera bajo el sol castigador. Entre ellos, Nuria Agustín, de 27 años, y su amiga Alma Cátala, de 25, aseguran que se saben todas las canciones y que han venido solo con una única idea: perrear.

Mientras los de dentro pasan los controles de seguridad, los de fuera abren hieleras. Los primeros enseñan entradas digitales como quien muestra un pasaporte al paraíso; los de afuera tiran de veteranía y despliegan altavoces JBL, bolsas de hielo y bocadillos envueltos en papel aluminio como en una romería urbana.

Pero la fiesta no terminará cuando acabe el concierto. La discoteca Fitz celebrará el after oficial de cada una de las noches con actuaciones sorpresa, mientras la fiesta de La Gran Cucaracha abandonará temporalmente sus miércoles del Bar del Internacional para aterrizar en Florida Park con tardes de salsa, DJ y grupos en directo. En la Sala Sol habrá una fiesta bautizada Cuando Perreabas; la discoteca Shoko organizará la Casa Puerto Rico en homenaje al cantante; mientras que Uñas Chung Lee tendrá varias noches temáticas de Bad Bunny y la sala 365 se ha ambientado completamente con colores, música y gastronomía caribeña. No es que Bad Bunny haya ido a Madrid: Madrid ha ido a Bad Bunny. Bienvenidos a la ciudad donde el perreo iguala a todos.

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