
Preso del más absoluto sopor, cuando el reloj de la plaza de Madrid marcaba ya más de las once de la noche, el escaso público que había acudido a aquel horno comenzó con el concierto patriótico de turno. El encargado de abrir la veda fue un niño sentado en el bajo del tendido uno: “¡Viva España!”, gritó tímidamente. Pocos le respondieron. En cuestión de segundos, una voz más potente repitió el cántico. Esta vez, se unieron unos cuantos más.
José Enrique Fraile de Valdefresno / Adame, Mora, Peñaranda
Toros de José Enrique Fraile de Valdefresno, la mayoría, serios y correctamente presentados, aunque muy desiguales de tipos y hechuras. El 5º, sin trapío para Madrid; y el 6º, justo. Mansos, nobles y descastados, salvo el buen 1º, codicioso y con transmisión.
Luis David Adame: _aviso_ tres pinchazos, media estocada _segundo aviso_ y tres descabellos (silencio); _aviso_ pinchazo y estocada (leve división).
Alejandro Mora: dos pinchazos y estocada que hace guardia (silencio); estocada caída (silencio).
Alejandro Peñaranda: pinchazo y estocada (silencio); estocada delantera y muy contraria que escupe y un descabello (palmas y saluda).
Plaza de toros de Las Ventas. 6 de agosto. Menos de un cuarto de entrada (7.053 espectadores, según la empresa).
Soporífero espectáculo de toros y toreros en la primera corrida del mes de agosto en Madrid
Preso del más absoluto sopor, cuando el reloj de la plaza de Madrid marcaba ya más de las once de la noche, el escaso público que había acudido a aquel horno comenzó con el concierto patriótico de turno. El encargado de abrir la veda fue un niño sentado en el bajo del tendido uno: “¡Viva España!”, gritó tímidamente. Pocos le respondieron. En cuestión de segundos, una voz más potente repitió el cántico. Esta vez, se unieron unos cuantos más.
A partir de ahí, y mientras Alejandro Peñaranda se afanaba en dar pases, un grito tras otro: “¡Arriba España!”, “¡Viva el Rey!” Eso sí, a nadie se le ocurrió ensalzar el toreo puro y la casta brava. Bien es verdad, que tampoco había motivo para ello.
Ya hay que tener afición, o moral (que para el caso es lo mismo), para dar de lado el frescor de la piscina o del aire acondicionado y pagar por sentarte durante más de dos horas en una piedra ardiendo a presenciar semejante espectáculo. ¡Qué sopor! La corrida de José Enrique Fraile de Valdefresno, seria en conjunto, aunque muy desigual de hechuras y tipos, fue una mansada sin casta que se movió sin maldad ni emoción alguna.
La excepción fue el ejemplar que abrió plaza, que sí tuvo codicia y fondo encastado. Por supuesto, se marchó al desolladero con las orejas intactas. Luis David Adame, a quien le correspondió en suerte, se limitó a ejecutar un toreo superficial, despegado y casi siempre en línea. Dejó, eso sí, algunos redondos de estimable profundidad en un palmo de terreno. Escaso balance para una faena interminable. Al igual que en el cuarto, escuchó un aviso antes de entrar a matar. Tiene delito.
Peor aún anduvo frente a su segundo, un manso que, tras rajarse a la primera de cambio, no paró de huir y escarbar. El mexicano tiró por la calle del medio y se lanzó en brazos del populismo más burdo. A base de tirones, siempre mal colocado, su labor fue un compendio de vulgaridades varias.
Poca fortuna tuvieron Alejandro Mora y su tocayo Peñaranda. Sus lotes, nobles, pero de mansa condición, y ayunos de casta y clase, no dijeron nada. Lo mismo que ellos, que se justificaron, sin más. Lo mejor de la actuación de Mora fue un estimable quite a la verónica que realizó ante el primero de la tarde. Ante el segundo, medio moribundo, no tuvo opción; y no terminó de confiarse con el descompuesto quinto, que se quedaba corto y se defendía por su escasez de fuerzas.
El tercero, noble y de buena condición, no duró ni dos tandas. Y el último se movió, pero de mala manera. Peñaranda, tan correcto como frío, dio pases.
La ovación de la noche, quizás, fue la que le dedicaron los guiris y demás turistas al primer toque de clarines y timbales, antes del paseíllo. Así está Madrid. Y la fiesta…
Toros de José Enrique Fraile de Valdefresno, la mayoría, serios y correctamente presentados, aunque muy desiguales de tipos y hechuras. El 5º, sin trapío para Madrid; y el 6º, justo. Mansos, nobles y descastados, salvo el buen 1º, codicioso y con transmisión.
Luis David Adame: _aviso_ tres pinchazos, media estocada _segundo aviso_ y tres descabellos (silencio); _aviso_ pinchazo y estocada (leve división).
Alejandro Mora: dos pinchazos y estocada que hace guardia (silencio); estocada caída (silencio).
Alejandro Peñaranda: pinchazo y estocada (silencio); estocada delantera y muy contraria que escupe y un descabello (palmas y saluda).
Plaza de toros de Las Ventas. 6 de agosto. Menos de un cuarto de entrada (7.053 espectadores, según la empresa).
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