“Un móvil se puede cargar solo con frotarlo con la barba de Chuck Norris”: el actor fue el rey del humor absurdo

Chuck Norris lleva muerto 20 años, pero la muerte no se atreve a decírselo”. Los Chuck Norris Facts, auténticos haikus del humor absurdo, se hicieron muy famosos en los primeros años de internet e incluso llegaron a plasmarse en varios libros, uno de ellos escrito por el propio Chuck Norris, fallecido este viernes a los 86 años. “Una cobra mordió a Chuck y tras dos horas de horrible agonía, la serpiente murió”; “Un móvil se puede cargar solo con frotarlo con la barba de Chuck”; “Un eclipse es el intento del sol de esconderse de Chuck”; “No existe la teoría de la evolución, solo las especies que Chuck permite vivir”; “Chuck iba a estar en el Monte Rushmore, pero el granito no es lo suficientemente duro para recrear su barba” (este último era el favorito de la estrella)…

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 Los chistes sobre la estrella de las artes marciales se hicieron más famosos que su filmografía  

Chuck Norris
Análisis

Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Los chistes sobre la estrella de las artes marciales se hicieron más famosos que su filmografía

Chuck Norris en un fotograma de ‘Lone Wolf McQuade’ (1983).Archive Photos (Getty Images)
Guillermo Altares

Chuck Norris lleva muerto 20 años, pero la muerte no se atreve a decírselo”. Los Chuck Norris Facts, auténticos haikus del humor absurdo, se hicieron muy famosos en los primeros años de internet e incluso llegaron a plasmarse en varios libros, uno de ellos escrito por el propio Chuck Norris, fallecido este viernes a los 86 años. “Una cobra mordió a Chuck y tras dos horas de horrible agonía, la serpiente murió”; “Un móvil se puede cargar solo con frotarlo con la barba de Chuck”; “Un eclipse es el intento del sol de esconderse de Chuck”; “No existe la teoría de la evolución, solo las especies que Chuck permite vivir”; “Chuck iba a estar en el Monte Rushmore, pero el granito no es lo suficientemente duro para recrear su barba” (este último era el favorito de la estrella)…

La lista es infinita y, sinceramente, graciosa. A veces el humor era blanco; otras veces, bastante más torrentiano, lo que no siempre hizo gracia al propio Chuck Norris, por lo menos al principio. La estrella de los Texas Rangers tardó en asimilar un fenómeno que nació en 2005 gracias a un estudiante llamado Ian Spector, que descubrió, seguramente sin saberlo, lo que acabaría por convertirse en una de las piedras filosofales de internet: la viralidad.

En una noche de aburrimiento, Spector descubrió en un foro de Internet chistes sobre Vin Diesel, estrella de Fast and the Furious, del tipo: “Vin Diesel contó hasta el infinito… Dos veces”. Decidió entonces aplicarlos a Chuck Norris y creó un primitivo generador de chistes, Chuck Norris Facts, que todavía está en la red como recuerdo del Pleistoceno digital. Fue un éxito descomunal, que se convirtió en varios libros que entraron en las listas de best sellers de The New York Times. Norris llegó a demandar a Penguin Random House, pero finalmente las partes llegaron a un acuerdo.

Sus chistes se hicieron más famosos que el propio Norris. Este viernes, el escritor Stephen King se ha despedido de la estrella de las artes marciales con una buena retahíla de bromas, algunas de ellas intraducibles: “Chuck doesn’t flush the toilet, he scares the shit out of it”, que se podría traducir obviando un juego de palabras muy gracioso como “Chuck no tira de la cadena, sino que le da un susto de muerte a la mierda”.

La latinista Mary Beard escribió un libro apasionante sobre los chistes en la antigüedad titulado, La risa en la Antigua Roma: Sobre contar chistes, hacer cosquillas y reírse a carcajadas (Alianza Editorial), en el que recogía bromas que llevaban circulando más de dos mil años como: “Un tipo va al peluquero y este le pregunta: ‘Cómo quiere que le corte el pelo’. Y el señor responde: ‘En silencio”.

La escritora se maravillaba de la supervivencia de la risa a lo largo de los siglos y explicaba que los chistes reflejaban las neurosis y los miedos de una sociedad —algo sobre lo que también teorizó Sigmund Freud—. Tal vez los chistes de Chuck Norris sean el testimonio de un mundo que siempre va a necesitar héroes invencibles o, tal vez, sean simplemente demasiado divertidos como para resistir la tentación de pasarse horas antes el ordenador perdiendo el tiempo entre carcajadas.

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