
El 22 de julio 2011 Anders Breivik perdió la cabeza. 78 personas perdieron la vida. Un ataque terrorista, una bomba-carro en el edificio que contenía la mayoría de los ministerios, destrozó el corazón político de Oslo. En ese lugar murieron ocho personas. En medio de la confusión, Breivik logró huir, disfrazado de policía, hasta la isla de Utoya, a 40 kilómetros de la capital noruega. En esa isla había un campamento de verano, organizado por el partido laborista, en el que se habían reunido 650 jóvenes. Muchos confiaron en el policía e hicieron lo que les indicaba, que se juntaran. Una vez los tuvo recogidos, comenzó a disparar.



¿Cómo es un espacio democrático? ¿Cómo puede un edificio responder a la violencia? El estudio Nordic Office of Architecture plantea estas cuestiones con la nueva sede del Gobierno noruego
¿Cómo es un espacio democrático? ¿Cómo puede un edificio responder a la violencia? El estudio Nordic Office of Architecture plantea estas cuestiones con la nueva sede del Gobierno noruego


El 22 de julio 2011 Anders Breivik perdió la cabeza. 78 personas perdieron la vida. Un ataque terrorista, una bomba-carro en el edificio que contenía la mayoría de los ministerios, destrozó el corazón político de Oslo. En ese lugar murieron ocho personas. En medio de la confusión, Breivik logró huir, disfrazado de policía, hasta la isla de Utoya, a 40 kilómetros de la capital noruega. En esa isla había un campamento de verano, organizado por el partido laborista, en el que se habían reunido 650 jóvenes. Muchos confiaron en el policía e hicieron lo que les indicaba, que se juntaran. Una vez los tuvo recogidos, comenzó a disparar.
A tiros y a machetazos, Breivik acabó con la vida 69 de esos jóvenes. Luego se entregó a la policía verdadera. Hoy cumple condena de 21 años de cárcel (el máximo revisable en Noruega). No ha mostrado arrepentimiento alguno. Pero, en estos 15 años, el país ha afrontado reconstruir el lugar de los hechos, su corazón político. ¿Cómo hacerlo?
Jens Stoltenberg, el entonces primer ministro de Noruega, habló esa noche fatídica en la televisión. Dijo que la respuesta al ataque debía ser más democracia, más transparencia y más humanidad. Lo recuerda ahora Gudmund Stokke, el fundador del estudio Nordic Office of Architecture, en un vídeo que sirve de presentación de la nueva sede oficial del gobierno noruego en Oslo. Ese inmueble no es solo físicamente nuevo, busca renovar la relación entre la política y la ciudadanía. Veamos cómo lo intenta.

Transparencia y seguridad. Cercanía y profesionalidad. “Era muy importante recuperar esta zona de urbana como un lugar capaz de transmitir esos valores”, explican los arquitectos. ¿Cómo conjugar la seguridad con la apertura? ¿El poder con la transparencia?

En una primera fase que han completado este mes, se han inaugurado tres de los cinco edificios conectados por un campus. La siguiente fase concluirá en 2030 y completará el proyecto. Hoy, la trama urbana se ha reparado y cambiado. Los ministerios van a estar todos conectados. La transparencia se da en los muros cortina del gran edificio central, claro, pero sobre todo se siente en el acceso —nuevos senderos peatonales y carriles para bicicletas— que los ciudadanos tienen a nuevas zonas de descanso y recreo en el interior del campus. Junto a los ministerios hay ahora cafés abiertos al público y un museo-memorial que recordará la historia del fatídico 22 de julio de 2011.

Algunos edificios pudieron salvarse, también muchas de las obras de arte que allí se exponían. Pero la cara del nuevo centro, además de las intenciones, es nueva. La identidad del edificio está construida no a partir de símbolos o formas si no con el mensaje de materiales. Todos ellos son locales. Es la piedra gris noruega la que habla en la fachada, junto al vidrio. En el interior, el abedul —procedente de los bosques de Nordmarka, al Norte de Oslo— levanta espacios abiertos, flexibles, y, confían los arquitectos, adaptables a los cambios. Por supuesto que hay vigilancia, pero cuesta percibirla: ciudadanos y visitantes se sienten más acogidos que vigilados.

“Las plazas nuevas y la transparencia son esenciales para comunicar democracia”, insisten los arquitectos. El proyecto es, así, fuerte pero abierto, se da importancia a los materiales y a partir de ellos se explica una historia, una historia de resistencia, reconstrucción y resiliencia.
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