Mala bestia: Y caperucita roja se comió al lobo (***)

Desde que Erich Fromm desmontara el relato de Caperucita, ya nada volvió a ser igual. Cuando el pensador alemán se empeñó en demostrar que la capa roja de marras era un símbolo de la menstruación y el lobo, la imagen amenazante de la primera experiencia sexual de la niña-mujer, ya no hubo ni remedio ni padre que aguantara con el libro entre las manos. Las advertencias a «no desviarse del camino» y a «no romper la botella» serían, siempre según el psicoanalista de Fráncfort, avisos contra el peligro del sexo y el riesgo de perder la virginidad. El cuento dispuesto en forma de fábula infantil o metáfora oscura podría considerarse a la vez como un ejercicio de pudor frente al rigor de la más cruda evidencia y como el modo de inflamar la imaginación infantil hasta colocarla al borde de todos los abismos. El miedo, en efecto, es el mejor guardián del recto proceder y de la buena conducta.

 Bárbara Farré debuta en el largometraje con una fábula sobre el miedo a crecer, la maternidad y el fin de la inocencia tan sugerente y tensa como libre de prejuicios  

Desde que Erich Fromm desmontara el relato de Caperucita, ya nada volvió a ser igual. Cuando el pensador alemán se empeñó en demostrar que la capa roja de marras era un símbolo de la menstruación y el lobo, la imagen amenazante de la primera experiencia sexual de la niña-mujer, ya no hubo ni remedio ni padre que aguantara con el libro entre las manos. Las advertencias a «no desviarse del camino» y a «no romper la botella» serían, siempre según el psicoanalista de Fráncfort, avisos contra el peligro del sexo y el riesgo de perder la virginidad. El cuento dispuesto en forma de fábula infantil o metáfora oscura podría considerarse a la vez como un ejercicio de pudor frente al rigor de la más cruda evidencia y como el modo de inflamar la imaginación infantil hasta colocarla al borde de todos los abismos. El miedo, en efecto, es el mejor guardián del recto proceder y de la buena conducta.

A su manera, Bárbara Farré hace suyo todo lo anterior con la sana intención de desmontar el artificio hasta, si se quiere, hacerlo sangrar. También él. Mala bestia cuenta la historia de una niña envenenada por el pánico a crecer, por el temor a ser solo una mujer, por el vértigo de, otra vez, sangrar. La protagonista, encarnada con una seguridad y fiebre muy cerca del milagro por una sorprendente María Schwinning, vive en un internado para huérfanas. Cada día ve cómo sus compañeras más mayores quedan solas y abandonadas mientras las más jóvenes son rápidamente adoptadas. Mientras, unas a otras se cuentan la historia de una bestia que vive en el bosque (dónde si no) y hasta allí, a su guarida, lleva a sus víctimas, todas niñas como la propia Caperucita, como el propio personajes de Schwinning. Y así hasta que un día, su suerte cambie y una pareja se haga cargo de ella. El miedo ahora, siempre presente, consistirá en la posibilidad de verse reemplazada por una hermana aún por nacer.

Con un afinado sentido de la puesta de escena como herramienta para la construcción de universos únicos y nunca del todo explicados (y que tanto recuerda al maestro Agustí Villaronga), Farré se las ingenia para confeccionar muy a su manera el espacio eterno de los cuentos de hadas. Importa el misterio, lo apenas dicho, la duda, la oscuridad y, ya se ha dicho, el miedo. Sin embargo, la idea no es tanto advertir, prevenir o prohibir nada, como justo lo contrario, colocar la narración en el umbral de su más íntima liberación. Cuando la protagonista descubra la brutal consecuencia de sus actos inspirados por el pánico a crecer será entonces, y solo entonces, cuando será por fin mujer. Sin miedo. Y Caperucita se comió al lobo.

A un lado lo artificioso del planteamiento inicial en ese internado de cuento de terror de serie B y sin tener mucho en cuenta algún que otro subrayado innecesario, lo que queda es un debut de una energía fuera de dudas y, lo más importante, con una voz tan definida y clara como profunda. Que es lo que cuenta. Erich Fromm, di algo.

Directora: Bárbara Farré. Intérpretes: María Schwinning, Iria del Río, Roger Casamajor, Mauro Vélez. Duración: 94 minutos. Nacionalidad: España.

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