Fue muy grato alimentar durante tanto tiempo el mito de que un tal Robin Hood y su pandilla, refugiados en el bosque de Sherwood, robaban a los ricos y distribuían su saqueo entre la oprimida y hambrienta plebe. Perseguido implacablemente, aunque sin éxito, por el maligno sheriff de Nottingham, supremo mercenario del impresentable rey. Y viviendo el príncipe de los bosques un eterno romance con la distinguida y entregada Lady Marian.
La muerte de Robin Hood
Dirección: Michael Sarnoski.
Intérpretes: Hugh Jackman, Jodie Comer, Bill Skarsgård, Noah Jupe, Katie Breen.
Género: drama. EE UU, 2026.
Duración: 122 minutos.
El bandido, lo que representa y sus sanguinarios recuerdos, sus reacciones y su presumible tormento interior me interesan de cero a nada
Fue muy grato alimentar durante tanto tiempo el mito de que un tal Robin Hood y su pandilla, refugiados en el bosque de Sherwood, robaban a los ricos y distribuían su saqueo entre la oprimida y hambrienta plebe. Perseguido implacablemente, aunque sin éxito, por el maligno sheriff de Nottingham, supremo mercenario del impresentable rey. Y viviendo el príncipe de los bosques un eterno romance con la distinguida y entregada Lady Marian.
El cine y los libros nunca desmintieron ese cuento con final feliz. Errol Flynn lo encarnó con su contagiosa simpatía y modales atléticos. Kevin Costner lo hizo creíble y humano. Y el inmenso Sean Connery, que fue el rey del cine de aventuras en tres películas memorables, lo encarnó tras su regreso de las Cruzadas, otoñal y muy cansado, en Robin y Marian. Terminaba en estado atónito y reprochándole a Marian: “Eres una bruja. Me has envenenado. Voy a morir”. La respuesta de la maravillosa Audrey Hepburn era estremecedora: “Te quiero más que a todo, más que a los niños, más que a los campos que planté con mis manos, más que a la plegaria de la mañana […]. Más que a Dios”. Lo último es definitivo, ya que Marian, viendo que Robin no regresaba de Jerusalén, se había hecho monja, se había casado con Dios.
La mitología del glorioso arquero siempre había tenido diáfana la identidad de los buenos y de los malos. También desmentían aquella afirmación de Bowie: “Podemos ser héroes. Solo por un día”. Los proscritos actuaban como héroes todo el rato. Y el rey Ricardo Corazón de León retornaba un anhelado día para amnistiarlos y agradecer su resistencia frente a la injusticia. Todo muy edificante. Ojalá que fueran felices y comieran perdices.
El tiempo ha pasado y hay disidentes que pretenden escarbar en las leyendas para descubrir su lado oscuro o sugerir que nada era verdad. Le ha tocado a Robin Hood. El guionista y director Michael Sarnoski (estoy encantado de no haber conocido su obra hasta ahora, suponiendo que la tenga) se lo monta de iconoclasta en su prescindible, y también irritante, La muerte de Robin Hood. Es molestamente pretenciosa y también pretende exhibir un lirismo sombrío.

¿Y qué le ocurre a este posmoderno Robin Hood? Pues que era un grandísimo hijo de perra y además estaba encantado con su condición, que jamás le preocuparon lo más mínimo los oprimidos y que lo que más le gustaba era matar a cualquiera. Se cargó no solo al sheriff de Nottingham, sino a cantidad de sheriffs, independientemente de que representaran a la autoridad. También pasa mucho de recordar a Marian, o lo hace con infinito desprecio. Solo es un fulano cruel y siempre relacionado con la sangre. Anda frecuentemente herido y le salva la vida una sanadora vocacional que vive en una isla. Y el fulano, lo que representa y sus sanguinarios recuerdos, sus reacciones, su presumible tormento interior, me interesan de cero a nada. Todo ello amenizado con canciones antiguas y clásicas de la música británica. Y tengo la pegajosa sensación de que la vejez y el nihilismo de este criminal frío y vocacional no van a terminar nunca.
Alguien debió de convencer a Hugh Jackman, actor que frecuentemente despierta buen rollo, de que si interpretaba este bestial Robin Hood tenía múltiples posibilidades de que le concedieran el Oscar y todo tipo de premios. Allá él. Puede llegar la moda de las desmitificaciones. Es probable que algunos personajes legendarios se lo merezcan. Lo único que exijo es que ese derrocamiento esté narrado con talento, que posea interés, magia, esas cositas.
La muerte de Robin Hood
Dirección: Michael Sarnoski.
Intérpretes: Hugh Jackman, Jodie Comer, Bill Skarsgård, Noah Jupe, Katie Breen.
Género: drama. EE UU, 2026.
Duración: 122 minutos.
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