<p>Solo donde hay conflicto hay drama. Esa es la norma y la nueva película como directora de la también actriz Hafsia Herzi (pensemos en su papel en la irrenunciable <i>Cuscús</i>, donde debutó a las órdenes de Abdellatif Kechiche) no es ni excepción ni réplica. <strong>Y, sin embargo, sorprende y, por momentos, entusiasma la manera tan ajustada y precisa con que </strong><i><strong>La hija pequeña</strong></i><strong> navega por todos los conflictos del mundo sin apenas levantar la polvareda con la que habitualmente asociamos al drama. </strong>Y es desde ahí, desde el empeño declarado de no atronar al espectador ni con proclamas ni gestos airados, desde donde <i>La hija pequeña </i>crece y se hace fuerte en la perfecta descripción no un drama sino de mil dramas acumulados en el gesto magnético, misterioso y profundamente profundo de su protagonista: la actriz no profesional Nadia Melliti con los ojos más intrigantes del universo. </p>
Hafsia Herzi confecciona un delicado drama de madurez desde el magnetismo y cada uno de los silencios de la actriz debutante Nadia Melliti
Solo donde hay conflicto hay drama. Esa es la norma y la nueva película como directora de la también actriz Hafsia Herzi (pensemos en su papel en la irrenunciable Cuscús, donde debutó a las órdenes de Abdellatif Kechiche) no es ni excepción ni réplica. Y, sin embargo, sorprende y, por momentos, entusiasma la manera tan ajustada y precisa con que La hija pequeña navega por todos los conflictos del mundo sin apenas levantar la polvareda con la que habitualmente asociamos al drama. Y es desde ahí, desde el empeño declarado de no atronar al espectador ni con proclamas ni gestos airados, desde donde La hija pequeña crece y se hace fuerte en la perfecta descripción no un drama sino de mil dramas acumulados en el gesto magnético, misterioso y profundamente profundo de su protagonista: la actriz no profesional Nadia Melliti con los ojos más intrigantes del universo.
Sobre la novela casi autobiográfica de Fátima Daas, se cuentan uno a uno todos los conflictos de identidad de una mujer nacida en el extrarradio de la misma vida. No son pocos. De hecho, se podría decir que son todos. Vive en la célebre y demonizada ‘banlieu‘ y su paso a la universidad la lleva al centro de París. Es musulmana y creyente, y lo es pese a que las tradiciones, usos y costumbres asociados a su religión le impiden ser prácticamente todo lo que desearía ser: libre. Es lesbiana y no le queda otra que ocultárselo a una familia encantadora, pero incapaz de pensar otro horizonte para cada una de las suyas que no sea el matrimonio, la cocina y ese amor tan cerca del simple veneno. Y luego está el fútbol, el deporte más machista del planeta como escenario de fuga y reivindicación. Digamos que la trama va amontonando tragedias diminutas con un empeño casi suicida. Pero lo hace, y esto es lo que cuenta, sin darse importancia, con una compresión de cada uno de los conflictos casi mística.
Enteramente construida sobre los silencios y muy pendiente del fuera de campo, la delicadeza es sin duda su principal virtud. Pero no es tanto una delicadeza, por blanda o eufemística, sino por puro respeto. Es demasiado común y cada vez abundan más los dramas, dramas modernos, en los que la forma que sus directores y guionistas tienen de reivindicarse es humillando a sus personajes. No es el caso, la directora asiste pautada a las fracturas de su protagonista pero dejando el espacio suficiente para que el juicio surja solo, sin imposiciones, sin subrayados, solo pendiente de los gestos apenas audibles y por fuerza graves de la incomprensión. Quizá es objetable precisamente la excesiva contención que deja la historia en apenas un apunte de lo que promete. Sea como sea, queda demostrado: otro melodrama es posible.
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Dirección: Hafsia Herzi. Intérpretes: Nadia Melliti, Park Ji-min, Louis Memmi. Duración: 106 minutos. Nacionalidad: Francia.
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