La fortuna del compositor Amilcare Ponchielli suele limitarse a su ópera La Gioconda (1876) o, más concretamente, a su popular Danza de las horas, el único ballet de una ópera italiana que ha encontrado acomodo en el repertorio popular. Como pieza de concierto ya fascinó en la Exposición Universal de París, dos años después de su estreno, y se consagró en la película Fantasía, de Walt Disney, con aquella entrañable secuencia de hipopótamos ataviados con tutús.
‘La Gioconda’
Música de Amilcare Ponchielli. Libreto de Tobia Gorrio (seudónimo de Arrigo Boito) basado en el drama de Victor Hugo, Angélo, tyran de Padoue.
Saioa Hernández, soprano (La Gioconda); Ksenia Dudnikova, mezzosoprano (Laura Adorno); John Relyea, bajo (Alvise Badoèro); Violeta Urmana, mezzosoprano (La Cieca); Michael Fabiano, tenor (Enzo Grimaldi); Gabriele Viviani, barítono (Barnaba); Guillem Batllori, bajo (Zuàne), Roberto Covatta, tenor (Isèpo).
Cor Infantil de l’Orfeó Català.
Coro y Orquesta Sinfónica del Gran Teatre del Liceu.
Director del coro: Pablo Assante.
Dirección musical: Daniel Oren.
Dirección de escena: Romain Gilbert.
Gran Teatre del Liceu, 17 de febrero. Hasta el 2 de marzo.
La soprano Saioa Hernández brilla en la ópera de Amilcare Ponchielli, entre la atractiva producción de Romain Gilbert y la dirección efectista de Daniel Oren
La fortuna del compositor Amilcare Ponchielli suele limitarse a su ópera La Gioconda (1876) o, más concretamente, a su popular Danza de las horas, el único ballet de una ópera italiana que ha encontrado acomodo en el repertorio popular. Como pieza de concierto ya fascinó en la Exposición Universal de París, dos años después de su estreno, y se consagró en la película Fantasía, de Walt Disney, con aquella entrañable secuencia de hipopótamos ataviados con tutús.
Pero La Gioconda es, ante todo, un gran espectáculo operístico que combina la tradición del melodramma italiano con las exigencias de la grand opéra francesa. Un título situado a continuación de Aida, de Verdi, y previo a la eclosión del verismo y de Puccini. Está basado en Angélo, tyran de Padoue, de Victor Hugo, que Arrigo Boito trasladó, en su complejo libreto, a la Venecia del siglo XVII. Y requiere seis grandes voces protagonistas, escenas corales masivas, un espectacular marco histórico, abundancia de contrastes y un ballet central.
Quizá por esa razón sea un título frecuente en el escenario del Liceu de Barcelona, donde supera ya las 150 representaciones desde 1883. En las últimas décadas pudo verse en 2005 y 2019, con una puesta en escena de Pier Luigi Pizzi pensada para la Arena di Verona, y ahora regresa en una nuevo montaje de Romain Gilbert, coproducido con Nápoles, donde se estrenó hace dos años. Este joven y ascendente régisseur francés combina sensibilidad musical con una estética respetuosa con el libreto y la ambientación original, a la que suma un particular énfasis en la belleza plástica.
Su principal éxito hasta la fecha ha sido la recreación moderna de la producción original de Carmen, de Bizet, estrenada en 1875, que realizó hace tres años en Rouen. Su propuesta en La Gioconda mantiene la coreografía de Vincent Chaillet, que se integra idealmente con la dramaturgia al convertir la Danza de las horas en un guiño a la comedia del arte protagonizado por Colombina, Arlequín y Pantalón. Cuenta asimismo con el vestuario historicista y meticuloso de Christian Lacroix y suma la escenografía de Etienne Pluss, que incide en una Venecia opresiva y oscura —con ayuda de la iluminación de Valerio Tiberi—, sin ocultar la suciedad del barro y degradándose progresivamente a medida que avanza la trama.
Gilbert maneja con solvencia los resortes de la acción escénica, que resulta bastante comprensible pese a lo intrincado del libreto. La Gioconda, una cantante callejera, ama al proscrito Enzo Grimaldi, quien a su vez ama a Laura Adorno, esposa del inquisidor Alvise Badoèro. La cantante callejera ayudará a Laura —que previamente ha salvado a su madre, La Cieca—, pero también a Enzo; lo logra aceptando entregar su cuerpo al malvado espía Barnaba, aunque se suicida justo antes.
La dirección de escena plantea soluciones brillantes y ciertas licencias para el final de cada acto: el incendio de la barca de Enzo en el segundo; el catafalco que Alvise muestra bajo el suelo con su esposa supuestamente muerta del tercero; o, al final, el fantasma de La Cieca aterrorizando a Barnaba. Pero la producción adolece en Barcelona del mismo bajo nivel en la dirección de actores que ya tuvo en su estreno, con un reparto plagado de estrellas como Anna Netrebko, Ludovic Tézier y Jonas Kaufmann.
En el Liceu, la gran triunfadora de la noche del estreno fue la soprano española Saioa Hernández, que debutó en este mismo teatro en 2019 precisamente dando vida a la cantante callejera veneciana. La madrileña brilló por su segura gestión vocal de este difícil rol, en el que fue capaz de integrar con naturalidad lo lírico y lo dramático, transitando por los pasajes spinto y las coloraturas, aunque resultó menos convincente a la hora de plasmar la evolución psicológica del personaje. Destacó especialmente en el cuarto acto, donde se llevó la mayor ovación de la noche por el poderío dramático de su gran aria ¡Suicidio! y mantuvo toda la frescura en el dúo final con Barnaba, con un seductor guiño al canto fiorito belcantista.
El barítono italiano Gabriele Viviani cinceló al malvado Barnaba con la misma argamasa que Yago en Otello, al comienzo de la temporada en el Teatro Real. Con una entonación precisa y bien proyectada, pero con un canto monótono y alguna tirantez en los agudos, que evidenció su monólogo O monumento en el primer acto.
Los otros cuatro protagonistas debutaban en sus respectivos personajes. Empezando por el tenor estadounidense Michael Fabiano, que irrumpió sin autoridad en el primer acto con molta forza y en el registro agudo al defender a La Cieca. Brilló en los pasajes más líricos, como en su dúo con Laura del segundo acto, pero, a pesar de manejar bien las medias voces, no terminó de convencer en su célebre aria Cielo e mar, donde el exceso de tensión en el ascenso al agudo empañó la parte final.
La mezzosoprano uzbeka Ksenia Dudnikova, que venía de cantar Eugenio Oneguin en Valencia, compuso una excelente Laura Adorno, con poderosos medios vocales, pese a una dicción italiana mejorable. Destacó especialmente en la plegaria del segundo acto, Stella del marinar.
El bajo estadounidense John Relyea, que regresaba al Liceu tras su Padre Guardiano en La forza del destino la pasada temporada, fue un Alvise Badoèro sólido y resonante en el arranque del tercer acto, aunque su canto resultó igualmente monótono y escasamente amenazador.
Por otra parte, la mezzosoprano lituana Violeta Urmana aborda ahora, desde la madurez y con detalles de clase en la línea vocal, el personaje de La Cieca, tras haber encarnado a Laura Adorno al inicio de su carrera y haber grabado el personaje de La Gioconda (EMI/Warner Classics). Correctos los secundarios y sólida la intervención del Coro del Gran Teatre del Liceu, ya desde su irrupción inicial con Feste! Pane!, y también en el segundo acto, con esos efectos onomatopéyicos que evocan el mar y a los que se sumó el Cor Infantil de l’Orfeó Català.
Desde el foso, el director israelí Daniel Oren hizo valer sus credenciales como especialista en el melodramma italiano al frente de la Orquesta Sinfónica del Gran Teatre del Liceu. Garantizó un flujo orquestal consistente y un acompañamiento atento a las voces. Sin embargo, faltaron preciosismo y sutileza en una lectura que por momentos avanzó con trazo grueso. Así ocurrió en el célebre ballet Danza de las horas, donde desplegó un rubato excesivamente amanerado y priorizó el efectismo, mientras gesticulaba con ampulosidad constante. Con todo, esta nueva Gioconda del Liceu deja un balance desigual pero estimulante, con más luces que sombras.
‘La Gioconda’
Música de Amilcare Ponchielli. Libreto de Tobia Gorrio (seudónimo de Arrigo Boito) basado en el drama de Victor Hugo, Angélo, tyran de Padoue.
Saioa Hernández, soprano (La Gioconda); Ksenia Dudnikova, mezzosoprano (Laura Adorno); John Relyea, bajo (Alvise Badoèro); Violeta Urmana, mezzosoprano (La Cieca); Michael Fabiano, tenor (Enzo Grimaldi); Gabriele Viviani, barítono (Barnaba); Guillem Batllori, bajo (Zuàne), Roberto Covatta, tenor (Isèpo).
Cor Infantil de l’Orfeó Català.
Coro y Orquesta Sinfónica del Gran Teatre del Liceu.
Director del coro: Pablo Assante.
Dirección musical: Daniel Oren.
Dirección de escena: Romain Gilbert.
Gran Teatre del Liceu, 17 de febrero. Hasta el 2 de marzo.
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