La felicidad se ha convertido en la meta a seguir. Basta entrar en una librería o ver las redes sociales para encontrar cientos de vídeos sobre cómo superar una ruptura, cómo dejar de sufrir, cómo ser más productivos… o cómo convertir cualquier crisis en una oportunidad. Pero ¿y si lo mejor fuese simplemente ser conscientes de que no estamos en nuestro mejor momento? Algo así es lo que, en medio de la cultura de la optimización permanente, defiende el escritor Jesús Montiel, quien considera que debemos dejar de pelear contra el dolor.
Un corazón saludable no está compuesto solo de alegría. Es el corazón que cuando siente dolor no escapa ni se distrae. Que cuando el desánimo toca a la puerta da los buenos días
En un texto publicado en sus redes sociales, el autor y columnista granadino escribe: «Hay que celebrar el corazón roto».vY continúa: «Eso es la verdadera salud mental, la verdadera paz, el verdadero amor propio: ser capaz de que te duelan las cosas y dar la bienvenida a cada emoción, ponerle a la tristeza una sopa caliente, ofrecerle cama aunque sea un huésped maleducado, duro en sus maneras, hiriente». Su acertada reflexión coincide con una de las grandes conclusiones de la psicología: el sufrimiento suele aumentar cuando intentamos no sentirlo.
La felicidad no se puede mantener todo el tiempo
Jesús Montiel, doctor en Filología Hispánica y profesor de Lengua Castellana y Literatura, es considerado una de las voces más personales de la literatura española contemporánea. Su obra gira en torno a cuestiones como la vulnerabilidad, la enfermedad, el silencio, la espiritualidad, el duelo y la belleza de lo cotidiano. Entre sus libros destacan Sucederá la flor, Placer adámico, Notas a pie de instante, La última rosa o Señor de las periferias, obras en las que reivindica una mirada contemplativa frente al ritmo acelerado de la sociedad actual.
Hay que celebrar el corazón roto. Eso es la verdadera salud mental, la verdadera paz, el verdadero amor propio: ser capaz de que te duelan las cosas y dar la bienvenida a cada emoción, ponerle a la tristeza una sopa caliente, ofrecerle cama aunque sea un huésped maleducado, duro en sus maneras, hiriente
Además, publica columnas y textos en su perfil personal de Instagram, como el que mencionamos hoy en THE OBJECTIVE. En este escrito, Montiel añade: «Un corazón saludable no está compuesto solo de alegría. Es el corazón que cuando siente dolor no escapa ni se distrae. Que cuando el desánimo toca a la puerta da los buenos días».
Esta idea rompe con una creencia que impera en sl siglo XXI: que la salud mental consiste en sentirse bien la mayor parte del tiempo. Sin embargo, los psicólogos llevan años insistiendo en que la felicididad no consiste en eliminar las emociones negativas, sino en desarrollar la capacidad de convivir con ellas.
Un amplio estudio publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, dirigido por Brett Q. Ford junto a la psicóloga Iris B. Mauss, siguió a cientos de personas durante meses y concluyó que quienes aceptaban sus emociones sin juzgarlas presentaban niveles significativamente más altos de bienestar psicológico, menos ansiedad y menos síntomas depresivos que quienes trataban de evitarlas o combatirlas. Los investigadores observaron además que esa aceptación no eliminaba el dolor, pero sí impedía que el malestar se intensificara al añadir culpa, rechazo o frustración sobre la propia emoción.
La guerra contra la tristeza
Jesús Montiel personifica las emociones difíciles con una ternura: «Hola, nostalgia. Hola, soledad. Hola, mis heridas. Hola, miedo». No propone resignarse al sufrimiento o al dolor, sino dejar de convertirlo en un enemigo.
Esta idea conecta directamente con la Terapia de Aceptación y Compromiso (Acceptance and Commitment Therapy, ACT), desarrollada por el psicólogo estadounidense Steven C. Hayes, una de las terapias con mayor respaldo científico en la actualidad.
La ACT parte de una premisa sencilla: cuanto más intentamos controlar pensamientos y emociones inevitables, mayor espacio terminan ocupando en nuestra vida. En cambio, aceptar su presencia sin luchar constantemente contra ellas aumenta la llamada flexibilidad psicológica, uno de los principales indicadores de bienestar emocional. Esta aproximación cuenta con un amplio respaldo empírico y forma parte de las denominadas terapias de tercera generación.
La trampa de querer ser felices todo el tiempo y el ‘doble sufrimiento’
Quizá el fragmento más provocador del texto sea este: «A la mierda los libros de autoayuda. El problema es la moda de la superación: cómo superar a tu ex, cómo ser feliz, cómo salir de la depresión. Para todo se ha usado un cómo». Jesús Montiel no critica todos los libros de desarrollo personal, sino más bien la idea de la felicidad entendida como una obligación o meta permanente.
A la mierda los libros de autoayuda. El problema es la moda de la superación: cómo superar a tu ex, cómo ser feliz, cómo salir de la depresión. Para todo se ha usado un cómo
La ciencia también ha cuestionado esta exigencia que nos ponemos a nosotros mismos para acabar con la tristeza o el dolor lo antes posible. La mencionada psicóloga Iris Mauss ha demostrado en varios estudios que perseguir obsesivamente la felicidad puede producir el efecto contrario, aumentando la frustración cuando aparecen emociones completamente normales como la tristeza, el miedo o la incertidumbre.
Así, cuando una persona interpreta cualquier emoción desagradable como un fracaso personal, no solo sufre por el problema inicial, sino también por sentirse incapaz de estar bien. Es lo que algunos investigadores denominan el «doble sufrimiento», esto es, sufrir por lo que ocurre y sufrir, además, por el hecho de sufrir.
La cultura del «cómo»
Montiel va un paso más allá cuando escribe: «El problema es precisamente la meta. Lo que debería ser o conseguirse es lo que vuelve problemático lo que hay» La frase cuestiona una de las características de nuestra sociedad: medir constantemente la vida en términos de rendimiento, felicidad, éxito y mejora continua.
El problema es precisamente la meta. Lo que debería ser o conseguirse es lo que vuelve problemático lo que hay
En los últimos años, numerosos psicólogos han alertado sobre el impacto que esta mentalidad puede tener sobre la salud mental. La presión por estar siempre bien, ser siempre resilientes o convertir cualquier experiencia dolorosa en crecimiento personal puede generar sentimientos de insuficiencia cuando la realidad no responde a esas expectativas. Al respecto, la evidencia apunta a que las personas emocionalmente más sanas no son las que sienten menos emociones difíciles, sino las que las reconocen sin identificarse completamente con ellas ni intentar expulsarlas a toda costa.
No todo el dolor necesita una solución inmediata
En otro de los pasajes más bellos del texto, Jesús Montiel propone «dar la bienvenida a cada emoción, ponerle a la tristeza una sopa caliente, ofrecerle cama aunque sea un huésped maleducado». Esta metáfora resume una idea respaldada por la neurociencia afectiva: las emociones son estados transitorios con una función adaptativa. La tristeza ayuda a elaborar pérdidas; el miedo prepara al organismo para responder al peligro; la nostalgia fortalece el vínculo con nuestra identidad y nuestras relaciones. Negarlas no hace que desaparezcan. En muchos casos, solo prolonga su presencia.
El texto concluye con otra frase poderosa: «Abraza todo lo que hay, trágate también la raspa». Con este escrito, el autor no invita al conformismo ni a negar el sufrimiento, sino que se enfoca en que el duelo o los momentos malos hay que vivirlos, ya que vivir también implica romperse. Y reconstruirse, pero a base de tiempo, no de fórmulas mágicas ni libros de coaching barato.
La felicidad se ha convertido en la meta a seguir. Basta entrar en una librería o ver las redes sociales para encontrar cientos de vídeos sobre
La felicidad se ha convertido en la meta a seguir. Basta entrar en una librería o ver las redes sociales para encontrar cientos de vídeos sobre cómo superar una ruptura, cómo dejar de sufrir, cómo ser más productivos… o cómo convertir cualquier crisis en una oportunidad. Pero ¿y si lo mejor fuese simplemente ser conscientes de que no estamos en nuestro mejor momento? Algo así es lo que, en medio de la cultura de la optimización permanente, defiende el escritor Jesús Montiel, quien considera que debemos dejar de pelear contra el dolor.
Un corazón saludable no está compuesto solo de alegría. Es el corazón que cuando siente dolor no escapa ni se distrae. Que cuando el desánimo toca a la puerta da los buenos días
En un texto publicado en sus redes sociales, el autor y columnista granadino escribe: «Hay que celebrar el corazón roto».vY continúa: «Eso es la verdadera salud mental, la verdadera paz, el verdadero amor propio: ser capaz de que te duelan las cosas y dar la bienvenida a cada emoción, ponerle a la tristeza una sopa caliente, ofrecerle cama aunque sea un huésped maleducado, duro en sus maneras, hiriente». Su acertada reflexión coincide con una de las grandes conclusiones de la psicología: el sufrimiento suele aumentar cuando intentamos no sentirlo.
Jesús Montiel, doctor en Filología Hispánica y profesor de Lengua Castellana y Literatura, es considerado una de las voces más personales de la literatura española contemporánea. Su obra gira en torno a cuestiones como la vulnerabilidad, la enfermedad, el silencio, la espiritualidad, el duelo y la belleza de lo cotidiano. Entre sus libros destacan Sucederá la flor, Placer adámico, Notas a pie de instante, La última rosa o Señor de las periferias, obras en las que reivindica una mirada contemplativa frente al ritmo acelerado de la sociedad actual.
Hay que celebrar el corazón roto. Eso es la verdadera salud mental, la verdadera paz, el verdadero amor propio: ser capaz de que te duelan las cosas y dar la bienvenida a cada emoción, ponerle a la tristeza una sopa caliente, ofrecerle cama aunque sea un huésped maleducado, duro en sus maneras, hiriente
Además, publica columnas y textos en su perfil personal de Instagram, como el que mencionamos hoy en THE OBJECTIVE. En este escrito, Montiel añade: «Un corazón saludable no está compuesto solo de alegría. Es el corazón que cuando siente dolor no escapa ni se distrae. Que cuando el desánimo toca a la puerta da los buenos días».
Esta idea rompe con una creencia que impera en sl siglo XXI: que la salud mental consiste en sentirse bien la mayor parte del tiempo. Sin embargo, los psicólogos llevan años insistiendo en que la felicididad no consiste en eliminar las emociones negativas, sino en desarrollar la capacidad de convivir con ellas.
Un amplio estudio publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, dirigido por Brett Q. Ford junto a la psicóloga Iris B. Mauss, siguió a cientos de personas durante meses y concluyó que quienes aceptaban sus emociones sin juzgarlas presentaban niveles significativamente más altos de bienestar psicológico, menos ansiedad y menos síntomas depresivos que quienes trataban de evitarlas o combatirlas. Los investigadores observaron además que esa aceptación no eliminaba el dolor, pero sí impedía que el malestar se intensificara al añadir culpa, rechazo o frustración sobre la propia emoción.
Jesús Montiel personifica las emociones difíciles con una ternura: «Hola, nostalgia. Hola, soledad. Hola, mis heridas. Hola, miedo». No propone resignarse al sufrimiento o al dolor, sino dejar de convertirlo en un enemigo.
Esta idea conecta directamente con la Terapia de Aceptación y Compromiso (Acceptance and Commitment Therapy, ACT), desarrollada por el psicólogo estadounidense Steven C. Hayes, una de las terapias con mayor respaldo científico en la actualidad.
La ACT parte de una premisa sencilla: cuanto más intentamos controlar pensamientos y emociones inevitables, mayor espacio terminan ocupando en nuestra vida. En cambio, aceptar su presencia sin luchar constantemente contra ellas aumenta la llamada flexibilidad psicológica, uno de los principales indicadores de bienestar emocional. Esta aproximación cuenta con un amplio respaldo empírico y forma parte de las denominadas terapias de tercera generación.
Quizá el fragmento más provocador del texto sea este: «A la mierda los libros de autoayuda. El problema es la moda de la superación: cómo superar a tu ex, cómo ser feliz, cómo salir de la depresión. Para todo se ha usado un cómo». Jesús Montiel no critica todos los libros de desarrollo personal, sino más bien la idea de la felicidad entendida como una obligación o meta permanente.
A la mierda los libros de autoayuda. El problema es la moda de la superación: cómo superar a tu ex, cómo ser feliz, cómo salir de la depresión. Para todo se ha usado un cómo
La ciencia también ha cuestionado esta exigencia que nos ponemos a nosotros mismos para acabar con la tristeza o el dolor lo antes posible. La mencionada psicóloga Iris Mauss ha demostrado en varios estudios que perseguir obsesivamente la felicidad puede producir el efecto contrario, aumentando la frustración cuando aparecen emociones completamente normales como la tristeza, el miedo o la incertidumbre.
Así, cuando una persona interpreta cualquier emoción desagradable como un fracaso personal, no solo sufre por el problema inicial, sino también por sentirse incapaz de estar bien. Es lo que algunos investigadores denominan el «doble sufrimiento», esto es, sufrir por lo que ocurre y sufrir, además, por el hecho de sufrir.
Montiel va un paso más allá cuando escribe: «El problema es precisamente la meta. Lo que debería ser o conseguirse es lo que vuelve problemático lo que hay» La frase cuestiona una de las características de nuestra sociedad: medir constantemente la vida en términos de rendimiento, felicidad, éxito y mejora continua.
El problema es precisamente la meta. Lo que debería ser o conseguirse es lo que vuelve problemático lo que hay
En los últimos años, numerosos psicólogos han alertado sobre el impacto que esta mentalidad puede tener sobre la salud mental. La presión por estar siempre bien, ser siempre resilientes o convertir cualquier experiencia dolorosa en crecimiento personal puede generar sentimientos de insuficiencia cuando la realidad no responde a esas expectativas. Al respecto, la evidencia apunta a que las personas emocionalmente más sanas no son las que sienten menos emociones difíciles, sino las que las reconocen sin identificarse completamente con ellas ni intentar expulsarlas a toda costa.
En otro de los pasajes más bellos del texto, Jesús Montiel propone «dar la bienvenida a cada emoción, ponerle a la tristeza una sopa caliente, ofrecerle cama aunque sea un huésped maleducado». Esta metáfora resume una idea respaldada por la neurociencia afectiva: las emociones son estados transitorios con una función adaptativa. La tristeza ayuda a elaborar pérdidas; el miedo prepara al organismo para responder al peligro; la nostalgia fortalece el vínculo con nuestra identidad y nuestras relaciones. Negarlas no hace que desaparezcan. En muchos casos, solo prolonga su presencia.
El texto concluye con otra frase poderosa: «Abraza todo lo que hay, trágate también la raspa». Con este escrito, el autor no invita al conformismo ni a negar el sufrimiento, sino que se enfoca en que el duelo o los momentos malos hay que vivirlos, ya que vivir también implica romperse. Y reconstruirse, pero a base de tiempo, no de fórmulas mágicas ni libros de coaching barato.
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