Las pautas de prensa orquestadas por el gobierno con los grandes medios de comunicación hegemónicos -al servicio de empresas y transnacionales- no contribuyen a una información oportuna, objetiva y veraz como sería responsable en casos de catástrofes naturales como las que no corresponde enfrentar cada vez con lamentable mayor habitualidad.

José Luis Córdova. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 23/10/2026. ¿Cuál es la función social de los medios de comunicación de masas ante catástrofes o temporales? Desde luego que informar sobre las predicciones, cálculos y pronósticos responsables sin exagerar ni disminuir los riesgos o amenazas, pero con el claro propósito de no alarmar, provocar caos ni menos atemorizar a la población.
Informar con mesura y objetividad implica preparación de guiones, textos y de despachos en vivo con principal atención en datos y teorías que se alejen de especulaciones y de provocaciones alarmantes que perjudiquen el normal desenvolvimiento de la vida normal de las ciudades.
Nada más alejado de la realidad de la televisión chilena enfrascada en una competencia vergonzosa y desleal sobre sucesos lamentables transmitidos insistente y exageradamente como dramas que llaman al morbo y sensacionalismo ante los telespectadores.
Los “rostros” de la tele se esmeran en orientar a reporteros y “movileros” para que consigan testimonios catastrofistas, dramas humanos, despertar compasión y otras emociones hasta las lágrimas. Ante la falta de imágenes se recurre a mostrar charcos, acumulaciones de agua de lluvia como “inundaciones” de otro monto.
Las entidades estatales están legal y legítimamente destinadas a prevenir y enfrentar este tipo de situaciones, pero tienen el deber de comunicarlas en forma oportuna y veraz, sin aceptar recomendaciones gubernamentales tendenciosas y políticamente reprochables para una sana convivencia con la ciudadanía. La televisión termina -en estos casos- entregando una basura sensacionalista y, además, con un sesgo exageradamente centralista, como si no existiera el resto del país no afectado por las lluvias o el viento.
Difícilmente un televidente desprevenido va a gastar su tiempo en observar hechos ocurridos a miles de kilómetros de distancia, como es el caso de transmisiones de acontecimientos que se desarrollan en Santiago, pero cuya importancia decrece hasta Aysén, Pozo Almonte, Punta Arenas o Porvenir.
Con todo, Santiago es la principal ciudad neoliberal del país con alto grado de segmentación social donde proliferan campamentos, rucos y poblaciones en riesgo social en medio o al costado cercano sectores más acomodados. Por otra parte, la fiebre inmobiliaria de grandes empresas y grupos económicos impulsan un crecimiento desregulado, con construcciones en zonas de quebradas amenazantes, planos reguladores amañados y una expansión constante hacia sectores naturales que resultan agredidos y finalmente convertidos en zonas de sacrificio.
Los medios de comunicación -y principalmente la televisión abierta (desde luego también el único canal “público” del país) tienen la responsabilidad de ejercer responsablemente el derecho a la comunicación, naturalmente sin imposiciones ni censuras de ningún tipo. Ello implica nunca caer en exageraciones, especulaciones, “fakes news” y otros vicios que, en su mayoría, proceden de las redes sociales en absoluto libre albedrío.
Las pautas de prensa orquestadas por el gobierno con los grandes medios de comunicación hegemónicos -al servicio de empresas y transnacionales- no contribuyen a una información oportuna, objetiva y veraz como sería responsable en casos de catástrofes naturales como las que no corresponde enfrentar cada vez con lamentable mayor habitualidad. Pero informar sin alarmar ni provocar temor en la población, como hemos observado con preocupación en las pantallas en estos días.
La entrada HABLEMOS DE LA TELE. Temor en pantalla se publicó primero en El Siglo.
Las pautas de prensa orquestadas por el gobierno con los grandes medios de comunicación hegemónicos -al servicio de empresas y transnacionales- no contribuyen a una información oportuna, objetiva y veraz…
La entrada HABLEMOS DE LA TELE. Temor en pantalla se publicó primero en El Siglo.
Las pautas de prensa orquestadas por el gobierno con los grandes medios de comunicación hegemónicos -al servicio de empresas y transnacionales- no contribuyen a una información oportuna, objetiva y veraz como sería responsable en casos de catástrofes naturales como las que no corresponde enfrentar cada vez con lamentable mayor habitualidad.

José Luis Córdova. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 23/10/2026. ¿Cuál es la función social de los medios de comunicación de masas ante catástrofes o temporales? Desde luego que informar sobre las predicciones, cálculos y pronósticos responsables sin exagerar ni disminuir los riesgos o amenazas, pero con el claro propósito de no alarmar, provocar caos ni menos atemorizar a la población.
Informar con mesura y objetividad implica preparación de guiones, textos y de despachos en vivo con principal atención en datos y teorías que se alejen de especulaciones y de provocaciones alarmantes que perjudiquen el normal desenvolvimiento de la vida normal de las ciudades.
Nada más alejado de la realidad de la televisión chilena enfrascada en una competencia vergonzosa y desleal sobre sucesos lamentables transmitidos insistente y exageradamente como dramas que llaman al morbo y sensacionalismo ante los telespectadores.
Los “rostros” de la tele se esmeran en orientar a reporteros y “movileros” para que consigan testimonios catastrofistas, dramas humanos, despertar compasión y otras emociones hasta las lágrimas. Ante la falta de imágenes se recurre a mostrar charcos, acumulaciones de agua de lluvia como “inundaciones” de otro monto.
Las entidades estatales están legal y legítimamente destinadas a prevenir y enfrentar este tipo de situaciones, pero tienen el deber de comunicarlas en forma oportuna y veraz, sin aceptar recomendaciones gubernamentales tendenciosas y políticamente reprochables para una sana convivencia con la ciudadanía. La televisión termina -en estos casos- entregando una basura sensacionalista y, además, con un sesgo exageradamente centralista, como si no existiera el resto del país no afectado por las lluvias o el viento.
Difícilmente un televidente desprevenido va a gastar su tiempo en observar hechos ocurridos a miles de kilómetros de distancia, como es el caso de transmisiones de acontecimientos que se desarrollan en Santiago, pero cuya importancia decrece hasta Aysén, Pozo Almonte, Punta Arenas o Porvenir.
Con todo, Santiago es la principal ciudad neoliberal del país con alto grado de segmentación social donde proliferan campamentos, rucos y poblaciones en riesgo social en medio o al costado cercano sectores más acomodados. Por otra parte, la fiebre inmobiliaria de grandes empresas y grupos económicos impulsan un crecimiento desregulado, con construcciones en zonas de quebradas amenazantes, planos reguladores amañados y una expansión constante hacia sectores naturales que resultan agredidos y finalmente convertidos en zonas de sacrificio.
Los medios de comunicación -y principalmente la televisión abierta (desde luego también el único canal “público” del país) tienen la responsabilidad de ejercer responsablemente el derecho a la comunicación, naturalmente sin imposiciones ni censuras de ningún tipo. Ello implica nunca caer en exageraciones, especulaciones, “fakes news” y otros vicios que, en su mayoría, proceden de las redes sociales en absoluto libre albedrío.
Las pautas de prensa orquestadas por el gobierno con los grandes medios de comunicación hegemónicos -al servicio de empresas y transnacionales- no contribuyen a una información oportuna, objetiva y veraz como sería responsable en casos de catástrofes naturales como las que no corresponde enfrentar cada vez con lamentable mayor habitualidad. Pero informar sin alarmar ni provocar temor en la población, como hemos observado con preocupación en las pantallas en estos días.
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