Mohammad Mossadegh, el Primer Ministro electo democraticamente en Irán, siendo celebrado por la multitud, luego de nacionalizar la empresa petrolera Anglo-Iranian. Fue destituído en 1953 gracias a una conspiración armada entre la CIA y el MI6 presionando al Sha, marcando el punto de inflexión que luego devino en la Revolución Islámica y la instauración de la teocracia en dicho país.
Un resumen antes de entrar en los detalles del contexto previo a la actualidad de Irán:
La teocracia en Irán se instauró tras la Revolución de 1979, impulsada por el descontento social contra la dictadura monárquica del Sha, (quién era acusado de estar liderado y presionado por EE.UU e Inglaterra, preocupados por mantener su dominancia a cualquier costo y eliminar un posible empoderamiento del partido comunista) que a pesar de tener ideas progresistas sobre la libertad de las mujeres, agravaron la desigualdad económica y social e impusieron una fuerte represión a cualquier opinión disidente, entre otras cosas que mermaron la paciencia de todos los sectores. Líderes religiosos, encabezados por el ayatolá Jomeini, capitalizaron este malestar, prometiendo justicia social y un retorno a los valores islámicos, lo que resultó en la imposición de un régimen teocrático que suprimió las libertades previas.
Factores clave en la transición:
El Sha que permitió la llegada al poder de Mohammad Mosaddegh en 1951 fue Mohammad Reza Pahlavi (hijo de Reza Khan, quién hizo el golpe de 1921 y se coronó en 1926). Aunque inicialmente aceptó a Mosaddegh, quien fue elegido democraticamente por el parlamento, tras nacionalizar la industria petrolera, el Sha, con apoyo oculto de la CIA y el MI6, derrocó a su gobierno mediante un golpe de Estado en agosto de 1953, consolidando su propio poder dictatorial.
Consecuencias: La alianza de inteligencia con EE.UU. consolidó la represión de la SAVAK según diversos analistas expertos. Este periodo marcó una fuerte inestabilidad política que finalmente preparó el escenario para la revolución de 1979.
Descontento con el Sha (Mohammad Reza Pahlavi): Aunque hubo modernización y más libertades para las mujeres (derecho al voto en 1963, acceso a la educación, la no obligatoriedad del velo, etc), el régimen del Sha era autocrático, represivo y visto por muchos como un «títere» de Occidente (EE. UU.).
Movimiento Revolucionario Amplio: La revolución no fue solo religiosa; incluyó grupos de izquierda, estudiantes y liberales que buscaban democracia y justicia, pero que fueron desplazados por la facción islamista de Jomeini tras la caída del Sha.
La figura del Ayatola Jomeini: Jomeini unificó la oposición bajo una identidad islámica, prometiendo un gobierno más justo, lo que atrajo tanto a los sectores más conservadores y religiosos del país como a muchos que simplemente querían un cambio.
Transformación de la Sociedad: Tras 1979, el régimen consolidó su poder transformando las leyes civiles y sociales basadas en una interpretación estricta de la ley Sharia, limitando drásticamente las libertades de las mujeres, incluyendo la obligatoriedad del uso del velo (hiyab).
Como explica un artículo de BBC Mundo, la percepción de libertad antes de la revolución era dispar: aunque las mujeres en las ciudades tenían gran libertad, según Nueva Sociedad, gran parte de la sociedad iraní seguía siendo conservadora y religiosa, lo que facilitó el endurecimiento dictatorial del paradigma religioso.
Claves para entender cómo llega un régimen teocrático al poder gracias a las repetidas intervenciones extranjeras sobre la soberanía de un país
Todos los 19 de agosto se conmemora el golpe de Estado en Irán impulsado por Estados Unidos y Reino Unido, un acontecimiento que muchos señalan como el punto de partida del profundo resentimiento iraní hacia Occidente. La tensión entre Irán y Estados Unidos, manifestada en apoyos contrapuestos en conflictos regionales —Siria, Yemen y Gaza—, disputas sobre el acuerdo nuclear y un régimen persistente de sanciones, hunde sus raíces en hechos de larga data.
Operación Ajax: la intervención que marcó una era
El 19 de agosto de 1953 quedó grabado en la historia iraní con la caída del primer ministro elegido Mohammad Mossadegh, derrocado en la denominada Operación Ajax, diseñada por la CIA y el MI6. Para muchos especialistas y para la propia misión de Irán ante Naciones Unidas, aquella acción constituyó “una incesante intromisión estadounidense en los asuntos internos de Irán”.
En coincidencia con el aniversario en el año 2024, un tribunal iraní inició un juicio contra el Gobierno de Estados Unidos y varios funcionarios, demanda impulsada por cerca de 402.000 iraníes que apunta al Departamento de Estado, la CIA, el Tesoro, la Cámara de Representantes y la Reserva Federal.
La denuncia sostiene que EE.UU. y Londres “diseñaron el golpe violando principios internacionales y manipulando los asuntos internos de Irán para mantener su influencia y saquear el país”, y afirma que “el golpe marcó el inicio de la dominación completa de Irán por EE.UU., limitando su independencia y progreso”. Expertos como Mark J. Gasiorowski describen el episodio como la primera acción encubierta estadounidense destinada a derrocar un gobierno extranjero en tiempos de paz.
La nacionalización del petróleo y el temor a la URSS
Mossadegh, quien gobernó entre 1951 y 1953 en el marco de una monarquía parlamentaria encabezada por el rey Mohammad Reza Pahlevi, fue el artífice de la nacionalización de la Anglo-Iranian Oil Company —antecesora de la actual BP—, medida que encendió las alarmas egocéntricas en Londres y en Washington. En el contexto de la Guerra Fría, además, EE.UU. temía un posible acercamiento de Irán a la Unión Soviética, ligado a contactos con el partido comunista iraní Tudeh.
Frente a esas políticas nacionalistas y a la búsqueda de recuperar el control de sus recursos, las potencias occidentales resolvieron actuar. El plan sobre el terreno fue liderado por Kermit Roosevelt Jr., agente de la CIA. La intención original era forzar al Shah a destituir a Mossadegh y nombrar al general Fazlollah Zahedi como primer ministro. Tras descubrirse parte de la conspiración y la huida del Shah a Iraq y luego a Italia, la operación continuó y, el 19 de agosto de 1953, fuerzas golpistas ocuparon sedes clave —incluidos el cuartel general de policía y la radio nacional—, detuvieron a Mossadegh y lo mantuvieron en arresto domiciliario hasta su muerte en 1967.
Consecuencias inmediatas y represión sostenida
La remoción de Mossadegh habilitó la restauración del poder absoluto del Shah, quien gobernó con respaldo occidental hasta 1979. La represión que se consolidó en esos años, incluida la creación de la temida policía secreta SAVAK, provocó protestas masivas y episodios de violencia: en los disturbios asociados al golpe hubo al menos 300 muertos y cientos de miles de detenciones. Para muchos analistas, ese ciclo de intervención y represión alimentó el sentimiento antiimperialista y antiestadounidense que se arraigó en el país.
“Estados Unidos sembró odio en los corazones de los iraníes por medio del golpe», explicó el profesor iraní Ehsan Rahmani, en una entrevista a la agencia AP.
De 1953 a la revolución de 1979 y más allá
La reinstauración del Shah y la intensificación de la represión terminaron por detonar la revolución iraní de 1979, según recuerda el historiador Ervand Abrahamian en su obra sobre el golpe. Ese año, las protestas derivaron en la toma de la Embajada de Estados Unidos y la captura de 52 diplomáticos durante 444 días, episodio que rompió relaciones diplomáticas y marcó una nueva etapa de enfrentamiento bilateral. La revolución instauró la República Islámica, sistema político vigente hasta hoy.
Durante la década siguiente, la guerra Irán-Iraq (1980-1988) y la colaboración estadounidense con Bagdad profundizaron la enemistad. Intentos de distensión, como el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) de 2015, ofrecieron un alivio parcial, pero la retirada de EE.UU. en 2018 reimpuso sanciones y reavivó las tensiones, que en 2020 escalaron tras el asesinato del general Qasem Soleimani en un ataque con drones.
Mossadegh en la memoria colectiva iraní
La figura de Mohammad Mossadegh continúa vigente en Irán: su legado se reivindica como referencia de independencia nacional y resistencia ante la intervención extranjera. Analistas de ambos lados del Atlántico subrayan esa persistencia, evidenciada además en procesos como el reciente juicio simbólico por el golpe.
«Mossadegh representa la lucha por la independencia de Irán frente a las potencias occidentales, y su legado ha sido reivindicado una y otra vez en la política iraní, especialmente en tiempos de confrontación con Estados Unidos» según destacó el historiador iraní Ervan Abrahamiam.
Ali Ansari, en “Modern Iran: The Pahlavis and After”, apunta que «la figura de Mossadegh ha sido reconfigurada para adaptarse a las necesidades ideológicas del presente, convirtiéndose en un símbolo de resistencia contra el imperialismo extranjero”.
A 73 años del derrocamiento, Stephen Kinzer concluye en “Todos los hombres del Sha”: “Fue un símbolo de resistencia contra la intervención extranjera y un recordatorio de los costos que puede acarrear la ambición imperialista». Mossadegh sigue, así, como un referente central en la narrativa iraní sobre soberanía y memoria histórica.
Un resumen antes de entrar en los detalles del contexto previo a la actualidad de Irán: La teocracia en Irán se instauró tras la Revolución de 1979, impulsada por el descontento social contra la dictadura monárquica del Sha, (quién era acusado de estar liderado y presionado por EE.UU e Inglaterra, preocupados por mantener su dominancia

Un resumen antes de entrar en los detalles del contexto previo a la actualidad de Irán:
La teocracia en Irán se instauró tras la Revolución de 1979, impulsada por el descontento social contra la dictadura monárquica del Sha, (quién era acusado de estar liderado y presionado por EE.UU e Inglaterra, preocupados por mantener su dominancia a cualquier costo y eliminar un posible empoderamiento del partido comunista) que a pesar de tener ideas progresistas sobre la libertad de las mujeres, agravaron la desigualdad económica y social e impusieron una fuerte represión a cualquier opinión disidente, entre otras cosas que mermaron la paciencia de todos los sectores. Líderes religiosos, encabezados por el ayatolá Jomeini, capitalizaron este malestar, prometiendo justicia social y un retorno a los valores islámicos, lo que resultó en la imposición de un régimen teocrático que suprimió las libertades previas.
Factores clave en la transición:
El Sha que permitió la llegada al poder de Mohammad Mosaddegh en 1951 fue Mohammad Reza Pahlavi (hijo de Reza Khan, quién hizo el golpe de 1921 y se coronó en 1926). Aunque inicialmente aceptó a Mosaddegh, quien fue elegido democraticamente por el parlamento, tras nacionalizar la industria petrolera, el Sha, con apoyo oculto de la CIA y el MI6, derrocó a su gobierno mediante un golpe de Estado en agosto de 1953, consolidando su propio poder dictatorial.
Consecuencias: La alianza de inteligencia con EE.UU. consolidó la represión de la SAVAK según diversos analistas expertos. Este periodo marcó una fuerte inestabilidad política que finalmente preparó el escenario para la revolución de 1979.
Descontento con el Sha (Mohammad Reza Pahlavi): Aunque hubo modernización y más libertades para las mujeres (derecho al voto en 1963, acceso a la educación, la no obligatoriedad del velo, etc), el régimen del Sha era autocrático, represivo y visto por muchos como un «títere» de Occidente (EE. UU.).
Movimiento Revolucionario Amplio: La revolución no fue solo religiosa; incluyó grupos de izquierda, estudiantes y liberales que buscaban democracia y justicia, pero que fueron desplazados por la facción islamista de Jomeini tras la caída del Sha.
La figura del Ayatola Jomeini: Jomeini unificó la oposición bajo una identidad islámica, prometiendo un gobierno más justo, lo que atrajo tanto a los sectores más conservadores y religiosos del país como a muchos que simplemente querían un cambio.
Transformación de la Sociedad: Tras 1979, el régimen consolidó su poder transformando las leyes civiles y sociales basadas en una interpretación estricta de la ley Sharia, limitando drásticamente las libertades de las mujeres, incluyendo la obligatoriedad del uso del velo (hiyab).
Como explica un artículo de BBC Mundo, la percepción de libertad antes de la revolución era dispar: aunque las mujeres en las ciudades tenían gran libertad, según Nueva Sociedad, gran parte de la sociedad iraní seguía siendo conservadora y religiosa, lo que facilitó el endurecimiento dictatorial del paradigma religioso.
Claves para entender cómo llega un régimen teocrático al poder gracias a las repetidas intervenciones extranjeras sobre la soberanía de un país
Todos los 19 de agosto se conmemora el golpe de Estado en Irán impulsado por Estados Unidos y Reino Unido, un acontecimiento que muchos señalan como el punto de partida del profundo resentimiento iraní hacia Occidente. La tensión entre Irán y Estados Unidos, manifestada en apoyos contrapuestos en conflictos regionales —Siria, Yemen y Gaza—, disputas sobre el acuerdo nuclear y un régimen persistente de sanciones, hunde sus raíces en hechos de larga data.
Operación Ajax: la intervención que marcó una era
El 19 de agosto de 1953 quedó grabado en la historia iraní con la caída del primer ministro elegido Mohammad Mossadegh, derrocado en la denominada Operación Ajax, diseñada por la CIA y el MI6. Para muchos especialistas y para la propia misión de Irán ante Naciones Unidas, aquella acción constituyó “una incesante intromisión estadounidense en los asuntos internos de Irán”.
En coincidencia con el aniversario en el año 2024, un tribunal iraní inició un juicio contra el Gobierno de Estados Unidos y varios funcionarios, demanda impulsada por cerca de 402.000 iraníes que apunta al Departamento de Estado, la CIA, el Tesoro, la Cámara de Representantes y la Reserva Federal.
La denuncia sostiene que EE.UU. y Londres “diseñaron el golpe violando principios internacionales y manipulando los asuntos internos de Irán para mantener su influencia y saquear el país”, y afirma que “el golpe marcó el inicio de la dominación completa de Irán por EE.UU., limitando su independencia y progreso”. Expertos como Mark J. Gasiorowski describen el episodio como la primera acción encubierta estadounidense destinada a derrocar un gobierno extranjero en tiempos de paz.
La nacionalización del petróleo y el temor a la URSS
Mossadegh, quien gobernó entre 1951 y 1953 en el marco de una monarquía parlamentaria encabezada por el rey Mohammad Reza Pahlevi, fue el artífice de la nacionalización de la Anglo-Iranian Oil Company —antecesora de la actual BP—, medida que encendió las alarmas egocéntricas en Londres y en Washington. En el contexto de la Guerra Fría, además, EE.UU. temía un posible acercamiento de Irán a la Unión Soviética, ligado a contactos con el partido comunista iraní Tudeh.
Frente a esas políticas nacionalistas y a la búsqueda de recuperar el control de sus recursos, las potencias occidentales resolvieron actuar. El plan sobre el terreno fue liderado por Kermit Roosevelt Jr., agente de la CIA. La intención original era forzar al Shah a destituir a Mossadegh y nombrar al general Fazlollah Zahedi como primer ministro. Tras descubrirse parte de la conspiración y la huida del Shah a Iraq y luego a Italia, la operación continuó y, el 19 de agosto de 1953, fuerzas golpistas ocuparon sedes clave —incluidos el cuartel general de policía y la radio nacional—, detuvieron a Mossadegh y lo mantuvieron en arresto domiciliario hasta su muerte en 1967.
Consecuencias inmediatas y represión sostenida
La remoción de Mossadegh habilitó la restauración del poder absoluto del Shah, quien gobernó con respaldo occidental hasta 1979. La represión que se consolidó en esos años, incluida la creación de la temida policía secreta SAVAK, provocó protestas masivas y episodios de violencia: en los disturbios asociados al golpe hubo al menos 300 muertos y cientos de miles de detenciones. Para muchos analistas, ese ciclo de intervención y represión alimentó el sentimiento antiimperialista y antiestadounidense que se arraigó en el país.
“Estados Unidos sembró odio en los corazones de los iraníes por medio del golpe», explicó el profesor iraní Ehsan Rahmani, en una entrevista a la agencia AP.
De 1953 a la revolución de 1979 y más allá
La reinstauración del Shah y la intensificación de la represión terminaron por detonar la revolución iraní de 1979, según recuerda el historiador Ervand Abrahamian en su obra sobre el golpe. Ese año, las protestas derivaron en la toma de la Embajada de Estados Unidos y la captura de 52 diplomáticos durante 444 días, episodio que rompió relaciones diplomáticas y marcó una nueva etapa de enfrentamiento bilateral. La revolución instauró la República Islámica, sistema político vigente hasta hoy.
Durante la década siguiente, la guerra Irán-Iraq (1980-1988) y la colaboración estadounidense con Bagdad profundizaron la enemistad. Intentos de distensión, como el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) de 2015, ofrecieron un alivio parcial, pero la retirada de EE.UU. en 2018 reimpuso sanciones y reavivó las tensiones, que en 2020 escalaron tras el asesinato del general Qasem Soleimani en un ataque con drones.
Mossadegh en la memoria colectiva iraní
La figura de Mohammad Mossadegh continúa vigente en Irán: su legado se reivindica como referencia de independencia nacional y resistencia ante la intervención extranjera. Analistas de ambos lados del Atlántico subrayan esa persistencia, evidenciada además en procesos como el reciente juicio simbólico por el golpe.
«Mossadegh representa la lucha por la independencia de Irán frente a las potencias occidentales, y su legado ha sido reivindicado una y otra vez en la política iraní, especialmente en tiempos de confrontación con Estados Unidos» según destacó el historiador iraní Ervan Abrahamiam.
Ali Ansari, en “Modern Iran: The Pahlavis and After”, apunta que «la figura de Mossadegh ha sido reconfigurada para adaptarse a las necesidades ideológicas del presente, convirtiéndose en un símbolo de resistencia contra el imperialismo extranjero”.
A 73 años del derrocamiento, Stephen Kinzer concluye en “Todos los hombres del Sha”: “Fue un símbolo de resistencia contra la intervención extranjera y un recordatorio de los costos que puede acarrear la ambición imperialista». Mossadegh sigue, así, como un referente central en la narrativa iraní sobre soberanía y memoria histórica.
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