¿Por qué no podemos tener un endowment?, se preguntó el director del Museo del Prado, Miguel Falomir, en el encuentro que tuvo el lunes pasado con su colega del Reina Sofía, Manuel Segade. El endowment, un concepto poco conocido para las personas ajenas al sector de las fundaciones, permitiría al mayor museo de España planificar sus presupuestos a medio y largo plazo y estabilizar sus balances. «Competimos en la Champions de los museos con presupuestos de segunda regional«, dijo Falomir.
El Prado ha reclamado autonomía para convertir su superávit en un capital invertido que le dé solvencia a medio plazo
¿Por qué no podemos tener un endowment?, se preguntó el director del Museo del Prado, Miguel Falomir, en el encuentro que tuvo el lunes pasado con su colega del Reina Sofía, Manuel Segade. El endowment, un concepto poco conocido para las personas ajenas al sector de las fundaciones, permitiría al mayor museo de España planificar sus presupuestos a medio y largo plazo y estabilizar sus balances. «Competimos en la Champions de los museos con presupuestos de segunda regional«, dijo Falomir.
¿Qué es un endowment y que beneficios promete? Javier Gomá, el director de la Fundación March y autor del libro Carta a las fundaciones españolas (Pre Textos), explica que las instituciones culturales privadas como la suya pueden financiarse por tres vías: «A través de sus ingresos de explotación, es decir, con su taquilla, las cesiones de sus obras y su tienda; a través de patrocinios; o a través de los rendimientos de capital de una donación inicial que es el propio endowment«. Por tomar el ejemplo de la Fundación March y, según la información de su página de internet: en 1955, el financiero Juan March Ordinas depositó un capital fundacional de 300 millones de pesetas y 1,2 millones de dólares. En los años siguientes, March Ordinas y su hijo, Juan March Servera, incrementaron ese fondo fundacional a 2.328 millones de pesetas y cinco millones de dólares. En 2026, el valor de ese fondo patrimonial histórico ronda los 700 millones de euros que están invertidos en renta fija, variable y activos reales y que dan intereses anuales. La Fundación March, propietaria de ese capital, vive de la rentabilidad anual de esas inversiones y paga con ella sus exposiciones, conciertos, ediciones y programas educativos y de divulgación.
Y eso, más o menos, es un endowment. ¿Qué porcentaje de los gastos de la Fundación viene de sus recursos financieros? «Todo o prácticamente todo», contesta Gomá. ¿Es una contribución inestable? ¿Hay que cancelar exposiciones cuando hay un año de malos resultados financieros? «No. Supongo que si hubiera 15 años de pérdidas, habría que replantear algunas cosas, pero el fondo se gestiona a largo plazo y con una estrategia conservadora. En la pandemia yo pregunté si tendríamos que asumir una caída en nuestro presupuesto y me dijeron que estuviese tranquilo».
La Fundación March es una entidad privada y tiene un presupuesto anual de 12 millones de euros. El Museo del Prado, en cambio, es un organismo público con un estatuto jurídico especial y propio y maneja un presupuesto anual de 80 millones de euros. Su capacidad de generar ingresos es mayor que la de cualquier otro museo de España, pero su marco normativo es más rígido. Por ejemplo: su escala salarial se corresponde a la del sector público y eso limita al Prado para captar a profesionales cualificados que trabajen en museos de menos peso en el Reino Unido y Estados Unidos.
«En 1997 el museo no tenía capacidad para nada. Llegaba un camión blindado y se llevaba los ingresos al Ministerio de Cultura. En ese momento, al museo se le dio una autonomía y, desde entonces, ha respondido de una manera muy juiciosa. Lo único que pedimos es confianza. Si el Prado puede crear recursos propios, ¿por qué no puede crear un endorsment [un sistema de respaldo a largo plazo] que nos dé tranquilidad y que nos permita planificar a medio y largo plazo? Esa es la asignatura pendiente. Llevamos 15 años presentando unas cuentas en las que no hay una pega. [Pero persiste] esa idea que tiene Hacienda, sea el partido que sea el que esté en el Gobierno, esa desconfianza, como si fuéramos a hacer un mal uso de nuestros recursos. Si no ha sido así, si hemos hecho un buen uso, si tenemos credibilidad, dejen ustedes que usemos fórmulas que nos permitirán planificar», dijo Miguel Falomir en el encuentro del Día de los Museos con Manuel Segade.
Fuentes de su institución explican que el dinero para el núcleo de un posible capital fundacional existe, que no hay que ir a buscarlo a través de campañas de donaciones de sus amigos y mecenas porque el Prado supera ampliamente, año tras año, los cálculos iniciales de ingresos propios. En los últimos ejercicios, el superávit es de cerca de 20 millones de euros, pero el museo no ha podido enriquecerse gracias a su eficiencia, más allá de mantener una reserva de tesorería. El endowment que reclama Falomir sería la herramienta con la que reinvertir el superávit del Prado e independizar sus presupuestos de las decisiones políticas y de la inestabilidad de la economía española. Un ejemplo que no hace falta explicar: desde 2023, el Gobierno de España prorroga sus presupuestos, incluida la asignación del Prado que sigue congelada en menos de 50 millones de euros.
¿Es posible que un organismo público como el Prado tenga ese nivel de autonomía financiera? La respuesta es incierta. Según un informe jurídico del museo, en 2010, 2011 y 2018 hubo iniciativas parlamentarias de los grupos de CiU y Ciudadanos que preveían herramientas de endowment para instituciones públicas educativas y culturales y que se quedaron a medias en el largo camino de la Ley de Mecenazgo. En 2023, el Congreso debatió un Proyecto de ley reguladora de la Fundación del Teatro Real F.S.P. que se perdió por el camino en el último cambio de legislatura. El Real, como el Prado, tiene una ley propia que le permite ser más autónomo que cualquier otro organismo cultural estatal.
Y hay un precedente conocido: la Fundación Lázaro Galdeano nació, como la Fundación March, de una donación privada y como una institución privada en 1949 pero inmediatamente recibió el estatuto de «Fundación benéfico-docente de carácter público», dotada de plena autonomía y personalidad jurídica propia». La Lázaro Galdeano pertenece a todos los españoles pero se financia con un endowment propio de 9,6 millones de euros que contribuyó a través de su rentabilidad con 491.000 euros. Es, con mucho, la partida más importante en su capítulo de ingresos.
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