El optimismo de Cioran

Dada la actual situación del mundo, quizás no sea de más buscar consuelo en algo grato. Y como nada me ha reconfortado más en los momentos más sombríos de la vida que leer o releer al escritor francorrumano Emil Cioran, les encomiendo a Cioran.

Ahora bien, quizás conviene puntualizar un par de cosas, porque el título de este artículo se presta a malentendidos. A primera vista, la obra y mirada de Cioran, un escritor que muchos consideran nihilista, un escritor sobre todo de aforismos y fragmentos para quien en apariencia nada tiene sentido y nuestra vida es un sinsentido entre dos nadas, poco tiene que ver con lo que se denomina «optimismo», si por ello entendemos la «propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable» (Diccionario de la lengua).

Con todo, curiosamente, la lectura de Cioran siempre me ha resultado reconfortante y revitalizadora, como he descubierto que lo es también —salvando las distancias— para Fernando Savater, uno de los más fervientes admiradores de Cioran y su amigo, traductor y exegeta. En su magnífica autobiografía «razonada», Mira por dónde, Fernando Savater afirmaba que la lectura de uno de los grandes iracundos del siglo XX como Cioran siempre le había resultado «más tonificante que la de los optimistas bien equilibrados». Así que a continuación adjunto algunos aforismos de Cioran (traducidos al español de una versión inglesa de Exercises d’Admiration y Aveux et Anathèmes) que ojalá les pueda servir también a ustedes de bálsamo reparador y fortificante.

«El hombre es libre, salvo en lo más profundo de su ser. En apariencia, hace lo que le apetece; allí abajo, sin embargo, la palabra voluntad carece de sentido»;

«Cuando hemos de tomar una decisión crucial, pedir consejo es peligroso, ya que nadie, con la excepción de algunas pobres almas insensatas, desea lo mejor para nosotros»;

«Después de un cuarto de hora, nadie es capaz de observar la desesperanza de otra persona sin impaciencia»;

«La amistad solo resulta interesante y profunda en la juventud. Es evidente que con la edad lo que más se teme es que nuestros amigos nos sobrevivan»;

«La lucidez: un martirio permanente, un tour de force inimaginable»;

«Hay algo del charlatán en toda persona que triunfa en cualquier ámbito»;

«Las hazañas nobles solo son posibles cuando no abunda todavía la ironía propia»;

«Un hombre que sobrevive mancha su biografía. A largo plazo, los únicos destinos que se pueden considerar consumados son los destinos truncados»;

«Si el hombre olvida tan fácilmente su condición de ser maldito, es porque siempre lo ha sido»;

«Para vislumbrar lo esencial no hace falta tener un oficio; basta con estar tumbado boca arriba todo el día y gemir»;

«Uno puede sentirse orgulloso de lo que ha hecho, pero uno debería estar mucho más satisfecho de lo que no ha hecho. Queda por inventarse esta especie de orgullo»;

«Cuando nos roza la certeza, ya no desconfiamos de nosotros ni de los otros. La confianza en todas sus formas es una fuente de acción y, por tanto, de error»;

«El orgasmo es un paroxismo; la desesperación también. Este dura un instante; aquella, una vida»;

«No haber logrado nada y morir por exceso de trabajo»;

«Al gusto por las fórmulas lo acompaña la predilección por las definiciones, por las cosas que no guardan sino la menor relación posible con la realidad»;

«Todo lo que se puede clasificar es perecedero. Sólo lo que es susceptible a varias interpretaciones resiste el paso del tiempo»;

«¿Se puede imaginar a un habitante de una ciudad que no tenga alma de asesino?»;

«La renuncia es el único tipo de acción que no es degradante»;

«Lo que no es desgarrador es superfluo, por lo menos en la música»;

«El hecho de que la vida carezca de sentido es una razón de ser; de hecho, la única»;

«El mundo comienza y termina en nosotros. Solo existe nuestra conciencia, que lo es todo, y ese todo se desvanece con ella. Al morir no dejamos nada. ¿Por qué entonces armamos tanto escándalo en torno a un acontecimiento que no es tal cosa?»;

«Mientras me describía sus proyectos, yo lo escuchaba sin poder olvidar que no sobreviviría la semana. ¡Qué locura suya hablar del futuro, de su futuro! Pero cuando me hube marchado, cuando estaba fuera, cómo evitar pensar que, después de todo, la diferencia entre los mortales y los moribundos no era tan grande. La locura de hacer planes es solo un poco más obvia en el caso de estos»;

«En un planeta gangrenoso deberíamos abstenernos de concebir planes, pero los trazamos pese a todo, puesto que el optimismo, como sabemos, es el movimiento reflejo de un hombre moribundo».

Parafraseando a Fernando Savater, ¿hay alguien que haya formulado diagnósticos más aterradores con un aire menos intimidatorio? ¿Hay ángel exterminador más amable?

Que tengan un feliz día.

 Dada la actual situación del mundo, quizás no sea de más buscar consuelo en algo grato. Y como nada me ha reconfortado más en los momentos  

Dada la actual situación del mundo, quizás no sea de más buscar consuelo en algo grato. Y como nada me ha reconfortado más en los momentos más sombríos de la vida que leer o releer al escritor francorrumano Emil Cioran, les encomiendo a Cioran.

Ahora bien, quizás conviene puntualizar un par de cosas, porque el título de este artículo se presta a malentendidos. A primera vista, la obra y mirada de Cioran, un escritor que muchos consideran nihilista, un escritor sobre todo de aforismos y fragmentos para quien en apariencia nada tiene sentido y nuestra vida es un sinsentido entre dos nadas, poco tiene que ver con lo que se denomina «optimismo», si por ello entendemos la «propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable» (Diccionario de la lengua).

Con todo, curiosamente, la lectura de Cioran siempre me ha resultado reconfortante y revitalizadora, como he descubierto que lo es también —salvando las distancias— para Fernando Savater, uno de los más fervientes admiradores de Cioran y su amigo, traductor y exegeta. En su magnífica autobiografía «razonada», Mira por dónde, Fernando Savater afirmaba que la lectura de uno de los grandes iracundos del siglo XX como Cioran siempre le había resultado «más tonificante que la de los optimistas bien equilibrados». Así que a continuación adjunto algunos aforismos de Cioran (traducidos al español de una versión inglesa de Exercises d’Admiration y Aveux et Anathèmes) que ojalá les pueda servir también a ustedes de bálsamo reparador y fortificante.

«El hombre es libre, salvo en lo más profundo de su ser. En apariencia, hace lo que le apetece; allí abajo, sin embargo, la palabra voluntad carece de sentido»;

«Cuando hemos de tomar una decisión crucial, pedir consejo es peligroso, ya que nadie, con la excepción de algunas pobres almas insensatas, desea lo mejor para nosotros»;

«Después de un cuarto de hora, nadie es capaz de observar la desesperanza de otra persona sin impaciencia»;

«La amistad solo resulta interesante y profunda en la juventud. Es evidente que con la edad lo que más se teme es que nuestros amigos nos sobrevivan»;

«La lucidez: un martirio permanente, un tour de force inimaginable»;

«Hay algo del charlatán en toda persona que triunfa en cualquier ámbito»;

«Las hazañas nobles solo son posibles cuando no abunda todavía la ironía propia»;

«Un hombre que sobrevive mancha su biografía. A largo plazo, los únicos destinos que se pueden considerar consumados son los destinos truncados»;

«Si el hombre olvida tan fácilmente su condición de ser maldito, es porque siempre lo ha sido»;

«Para vislumbrar lo esencial no hace falta tener un oficio; basta con estar tumbado boca arriba todo el día y gemir»;

«Uno puede sentirse orgulloso de lo que ha hecho, pero uno debería estar mucho más satisfecho de lo que no ha hecho. Queda por inventarse esta especie de orgullo»;

«Cuando nos roza la certeza, ya no desconfiamos de nosotros ni de los otros. La confianza en todas sus formas es una fuente de acción y, por tanto, de error»;

«El orgasmo es un paroxismo; la desesperación también. Este dura un instante; aquella, una vida»;

«No haber logrado nada y morir por exceso de trabajo»;

«Al gusto por las fórmulas lo acompaña la predilección por las definiciones, por las cosas que no guardan sino la menor relación posible con la realidad»;

«Todo lo que se puede clasificar es perecedero. Sólo lo que es susceptible a varias interpretaciones resiste el paso del tiempo»;

«¿Se puede imaginar a un habitante de una ciudad que no tenga alma de asesino?»;

«La renuncia es el único tipo de acción que no es degradante»;

«Lo que no es desgarrador es superfluo, por lo menos en la música»;

«El hecho de que la vida carezca de sentido es una razón de ser; de hecho, la única»;

«El mundo comienza y termina en nosotros. Solo existe nuestra conciencia, que lo es todo, y ese todo se desvanece con ella. Al morir no dejamos nada. ¿Por qué entonces armamos tanto escándalo en torno a un acontecimiento que no es tal cosa?»;

«Mientras me describía sus proyectos, yo lo escuchaba sin poder olvidar que no sobreviviría la semana. ¡Qué locura suya hablar del futuro, de su futuro! Pero cuando me hube marchado, cuando estaba fuera, cómo evitar pensar que, después de todo, la diferencia entre los mortales y los moribundos no era tan grande. La locura de hacer planes es solo un poco más obvia en el caso de estos»;

«En un planeta gangrenoso deberíamos abstenernos de concebir planes, pero los trazamos pese a todo, puesto que el optimismo, como sabemos, es el movimiento reflejo de un hombre moribundo».

Parafraseando a Fernando Savater, ¿hay alguien que haya formulado diagnósticos más aterradores con un aire menos intimidatorio? ¿Hay ángel exterminador más amable?

Que tengan un feliz día.

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