La ópera necesita de cierta solemnidad pero también un punto de irreverencia. Es así como entre ambos polos se mueve la temporada 2026/27 del Gran Teatre del Liceu, que este año ha decidido llamar a su programación (Des)sacralizar. El concepto sirve como hilo conductor de una temporada que quiere revisar aquello que durante siglos se ha entendido como intocable con grandes títulos del repertorio, la idea del teatro como templo y hasta la relación alejada entre público y espectáculo.
El resultado de esta nueva concepción son 194 funciones que incluyen nueve títulos de ópera escenificada, cuatro en versión de concierto, una ópera comunitaria, dos microóperas, cuatro espectáculos de danza y una programación de conciertos y recitales que vuelve a ubicar las voces en el centro. El Liceu mantiene así su condición de “teatro de las voces”, con nombres como Anna Netrebko, Asmik Grigorian, Sondra Radvanovsky, Lise Davidsen, Lisette Oropesa, Nadine Sierra, Pretty Yende, Ermonela Jaho, Piotr Beczała o Freddie De Tommaso, junto a una importante representación de intérpretes españoles y catalanes.
La temporada también trae a un nombre propio detrás del foso y es la incorporación de Jonathan Nott como nuevo director musical del Liceu, después de los catorce años de Josep Pons al frente de la orquesta sinfónica. Nott dirigirá cinco propuestas a lo largo de la temporada, entre ellas Das Rheingold, de Wagner, y Jenůfa, de Janáček, además del concierto de Año Nuevo y el War Requiem de Benjamin Britten. Pons, ahora director musical honorario, regresará al teatro condal para dirigir La flauta mágica de Mozart en la nueva producción de Marcos Morau.
La renovación musical coincide con una apuesta decidida por la creación propia. El Liceu estrenará nuevas producciones de La flauta mágica, Jenůfay La jove Aïda, además de la segunda ópera comunitaria del teatro, La rosa dels set pètals, creada junto al distrito de Sant Andreu. También llegará una nueva edición de Òh!pera, el proyecto de microóperas que cruza creación lírica, artes escénicas y diseño.
En el terreno del gran repertorio habrá títulos capaces de llenar el calendario por sí solos: I Capuleti e i Montecchi de Bellini, La clemenza di Tito de Mozart, La bohème de Puccini y el regreso de La fanciulla del West, que no se representa en el Liceu desde hace 43 años. A ellos se suma Das Rheingold, primer capítulo de una nueva producción de la Tetralogía wagneriana que se desarrollará durante las próximas temporadas.
La programación contemporánea también tendrá un lugar destacado. En abril llegará The Exterminating Angel, de Thomas Adès, basada en la película de Luis Buñuel, con el propio compositor al frente de la Orquesta del Liceu y una producción de Calixto Bieito. Y la recuperación de Schiava e Regina, de Lluïsa Casagemas, permitirá rescatar una obra escrita por una compositora catalana a finales del siglo XIX cuyo estreno en el Liceu quedó truncado por el atentado de 1893.
El formato danza también se amplia con la presencia de cuatro espectáculos, entre ellos El cascanueces, Assembly Hall, de Crystal Pite, y NumEros, de la Compañía Nacional de Danza. El teatro incorpora además un nuevo abono sinfónico y mantiene iniciativas como LiceUnder35, que este año ofrecerá cinco experiencias dirigidas al público menor de 35 años.
Aida, entre eltemplo y la a zona de conflicto
La temporada comienza con una ópera que parece hecha para hablar de todo esto: Aida de Giuseppe Verdi. El 25 de septiembre el Liceu levantó el telón con una de las obras más representadas de su historia, en una producción de la artista iraní Shirin Neshat, que realiza con ella su primera incursión en la dirección escénica operística. La propuesta, originada en el Festival de Salzburgo y, posteriormente presentada en la Opéra national de Paris, coloca en primer plano el conflicto entre Aida, Radamès y Amneris, además de las estructuras políticas, religiosas y sociales que determinan sus vidas.
El nuevo titulo de la temporada del Liceu (Des)sacralizar es coherente con la representación de Aida ya que ópera de Verdi está llena de templos, ceremonias, sacerdotes y rituales de poder, pero debajo de toda esa maquinaria monumental hay una historia bastante cotidiana y menos solemne, la de tres personas atrapadas en una estructura que decide por ellas. Aida es esclava y princesa, extranjera y prisionera; Radamès debe escoger entre su carrera militar y el amor; mientras que Amneris ve cómo su posición de poder tampoco la libera de las reglas que gobiernan su mundo. La puesta en escena de Neshat desplaza el foco del espectador hacia esa tensión entre los elementos de poder y guerra o identidad, amor y libertad.
El reparto está encabezado por Anna Netrebko y Anna Pirozzi como Aida, y Piotr Beczała e Ivan Gyngazov como Radamès, junto a Ekaterina Semenchuk, Artur Ruciński y otros intérpretes. Antonello Manacorda y Josep Gil se alternan en la dirección musical. Habrá además una función LiceUnder35 y la producción llegará posteriormente a LiceuOPERA+.
Aida es una de esas óperas que pueden funcionar como espectáculo universal debido a su historia cotidiana: un grupo de personas que intentan conservar algún margen de libertad dentro de un sistema que ya ha decidido quiénes deben ser y, el templo, en este caso, no es únicamente un espacio donde se celebra el rito sino donde este se debate y se pone en duda.
Es así como esta pregunta atraviesa la nueva temporada del Liceu: qué ocurre cuando aquello que hemos aprendido a venerar vuelve a escena y descubrimos que todavía puede incomodarnos.
La ópera necesita de cierta solemnidad pero también un punto de irreverencia. Es así como entre ambos polos se mueve la temporada 2026/27 del Gran Teatre
La ópera necesita de cierta solemnidad pero también un punto de irreverencia. Es así como entre ambos polos se mueve la temporada 2026/27 del Gran Teatre del Liceu, que este año ha decidido llamar a su programación (Des)sacralizar. El concepto sirve como hilo conductor de una temporada que quiere revisar aquello que durante siglos se ha entendido como intocable con grandes títulos del repertorio, la idea del teatro como templo y hasta la relación alejada entre público y espectáculo.
El resultado de esta nueva concepción son 194 funciones que incluyen nueve títulos de ópera escenificada, cuatro en versión de concierto, una ópera comunitaria, dos microóperas, cuatro espectáculos de danza y una programación de conciertos y recitales que vuelve a ubicar las voces en el centro. El Liceu mantiene así su condición de “teatro de las voces”, con nombres como Anna Netrebko, Asmik Grigorian, Sondra Radvanovsky, Lise Davidsen, Lisette Oropesa, Nadine Sierra, Pretty Yende, Ermonela Jaho, Piotr Beczała o Freddie De Tommaso, junto a una importante representación de intérpretes españoles y catalanes.
La temporada también trae a un nombre propio detrás del foso y es la incorporación de Jonathan Nott como nuevo director musical del Liceu, después de los catorce años de Josep Pons al frente de la orquesta sinfónica. Nott dirigirá cinco propuestas a lo largo de la temporada, entre ellas Das Rheingold, de Wagner, y Jenůfa, de Janáček, además del concierto de Año Nuevo y el War Requiem de Benjamin Britten. Pons, ahora director musical honorario, regresará al teatro condal para dirigir La flauta mágica de Mozart en la nueva producción de Marcos Morau.
La renovación musical coincide con una apuesta decidida por la creación propia. El Liceu estrenará nuevas producciones de La flauta mágica, Jenůfay La jove Aïda, además de la segunda ópera comunitaria del teatro, La rosa dels set pètals, creada junto al distrito de Sant Andreu. También llegará una nueva edición de Òh!pera, el proyecto de microóperas que cruza creación lírica, artes escénicas y diseño.
En el terreno del gran repertorio habrá títulos capaces de llenar el calendario por sí solos: I Capuleti e i Montecchi de Bellini, La clemenza di Tito de Mozart, La bohème de Puccini y el regreso de La fanciulla del West, que no se representa en el Liceu desde hace 43 años. A ellos se suma Das Rheingold, primer capítulo de una nueva producción de la Tetralogía wagneriana que se desarrollará durante las próximas temporadas.
La programación contemporánea también tendrá un lugar destacado. En abril llegará The Exterminating Angel, de Thomas Adès, basada en la película de Luis Buñuel, con el propio compositor al frente de la Orquesta del Liceu y una producción de Calixto Bieito. Y la recuperación de Schiava e Regina, de Lluïsa Casagemas, permitirá rescatar una obra escrita por una compositora catalana a finales del siglo XIX cuyo estreno en el Liceu quedó truncado por el atentado de 1893.
El formato danza también se amplia con la presencia de cuatro espectáculos, entre ellos El cascanueces, Assembly Hall, de Crystal Pite, y NumEros, de la Compañía Nacional de Danza. El teatro incorpora además un nuevo abono sinfónico y mantiene iniciativas como LiceUnder35, que este año ofrecerá cinco experiencias dirigidas al público menor de 35 años.
La temporada comienza con una ópera que parece hecha para hablar de todo esto: Aida de Giuseppe Verdi. El 25 de septiembre el Liceu levantó el telón con una de las obras más representadas de su historia, en una producción de la artista iraní Shirin Neshat, que realiza con ella su primera incursión en la dirección escénica operística. La propuesta, originada en el Festival de Salzburgo y, posteriormente presentada en la Opéra national de Paris, coloca en primer plano el conflicto entre Aida, Radamès y Amneris, además de las estructuras políticas, religiosas y sociales que determinan sus vidas.
El nuevo titulo de la temporada del Liceu (Des)sacralizar es coherente con la representación de Aida ya que ópera de Verdi está llena de templos, ceremonias, sacerdotes y rituales de poder, pero debajo de toda esa maquinaria monumental hay una historia bastante cotidiana y menos solemne, la de tres personas atrapadas en una estructura que decide por ellas. Aida es esclava y princesa, extranjera y prisionera; Radamès debe escoger entre su carrera militar y el amor; mientras que Amneris ve cómo su posición de poder tampoco la libera de las reglas que gobiernan su mundo. La puesta en escena de Neshat desplaza el foco del espectador hacia esa tensión entre los elementos de poder y guerra o identidad, amor y libertad.
El reparto está encabezado por Anna Netrebko y Anna Pirozzi como Aida, y Piotr Beczała e Ivan Gyngazov como Radamès, junto a Ekaterina Semenchuk, Artur Ruciński y otros intérpretes. Antonello Manacorda y Josep Gil se alternan en la dirección musical. Habrá además una función LiceUnder35 y la producción llegará posteriormente a LiceuOPERA+.
Aida es una de esas óperas que pueden funcionar como espectáculo universal debido a su historia cotidiana: un grupo de personas que intentan conservar algún margen de libertad dentro de un sistema que ya ha decidido quiénes deben ser y, el templo, en este caso, no es únicamente un espacio donde se celebra el rito sino donde este se debate y se pone en duda.
Es así como esta pregunta atraviesa la nueva temporada del Liceu: qué ocurre cuando aquello que hemos aprendido a venerar vuelve a escena y descubrimos que todavía puede incomodarnos.
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