Imposible negar que la inteligencia artificial ya es una realidad. Pero, ante su llegada, buena parte de la cultura se ha encerrado en un búnker de rechazo, como frente a un ladrón. De hecho, justamente le acusa de querer robar miles de empleos y haber ya rapiñado sin autorización ni retribución millones de obras protegidas por derechos de autor. Ahora, el Ministerio de Trabajo y Economía Social quiere entreabrir la puerta a su acceso al sector artístico, aunque solo a condición de blindar a los creadores: el uso de IA generativa ―aquella capaz de crear nuevos contenidos― en la producción, desarrollo y promoción cultural se permitirá solo cuando se explicite en los contratos, se limite a la obra en cuestión, no sustituya el trabajo de los artistas y técnicos y solo afecte a modificaciones no sustanciales. Cualquier otro supuesto estará prohibido, salvo que cuente con el consenso de los afectados y los retribuya.
El Ministerio de Trabajo busca proteger a los creadores frente a la tecnología, limitar la difusión de ‘influencers’ menores de edad o luchar contra los abusos en los rodajes
Imposible negar que la inteligencia artificial ya es una realidad. Pero, ante su llegada, buena parte de la cultura se ha encerrado en un búnker de rechazo, como frente a un ladrón. De hecho, justamente le acusa de querer robar miles de empleos y haber ya rapiñado sin autorización ni retribución millones de obras protegidas por derechos de autor. Ahora, el Ministerio de Trabajo y Economía Social quiere entreabrir la puerta a su acceso al sector artístico, aunque solo a condición de blindar a los creadores: el uso de IA generativa ―aquella capaz de crear nuevos contenidos― en la producción, desarrollo y promoción cultural se permitirá solo cuando se explicite en los contratos, se limite a la obra en cuestión, no sustituya el trabajo de los artistas y técnicos y solo afecte a modificaciones no sustanciales. Cualquier otro supuesto estará prohibido, salvo que cuente con el consenso de los afectados y los retribuya.
Trabajo presume de que el texto, que actualiza una regulación de 1985, será pionero en abordar la IA generativa y proteger a los creadores, y destaca el consenso que lo rodea, tras una amplia negociación con los sectores implicados. A la vez, las mismas fuentes reconocen los quebraderos de cabeza que ha dado ―y posiblemente siga dando― el pacto sobre el artículo 13, que toca estas cuestiones. La intención es que en absoluto pueda utilizarse la IA, por ejemplo, para que reproduzca la imagen de un actor o la voz de un doblador en otro filme posterior, o alimente el guion de una serie para más temporadas. Aunque la casuística completa dependerá de qué se considere o no modificación sustancial.
Así lo recoge la última versión, que arranca hoy viernes la fase de audiencia pública, del real decreto que prepara desde hace tiempo el departamento dirigido por Yolanda Díaz para adecuar las relaciones laborales en el ámbito artístico a la era digital. Fuentes del Ministerio confían en que pueda convertirse en realidad antes del verano, o justo después, aunque hace ya unos cuantos meses desde que se prometió por primera vez su entrada en vigor.
También costó, según admiten fuentes de Trabajo, llegar a un acuerdo sobre las restricciones a la producción de contenidos en redes sociales o publicidades por parte de menores, otro punto clave ya conocido de la propuesta. Trabajo plantea que solo se pueda ser influencer o youtuber por debajo de 16 años a través de una relación laboral: como empleados por cuenta ajena, con una empresa de por medio, que se haga responsable y garantice el respeto de límites como los horarios o protección del periodo lectivo. Las condiciones serán idénticas para toda España, para evitar que una productora acuda a una Comunidad Autónoma con restricciones más laxas. Se pretende, en definitiva, que suponga un caso muy excepcional, dentro de la prohibición del trabajo infantil que establece la ley española. En ningún caso, podrán aparecer menores de dos meses. La inspección de Trabajo se encargará de vigilar que todo ello se cumpla, aunque aún se desconocen las posibles sanciones.
Por lo demás, el real decreto confirma o refuerza medidas menos polémicas, que ya se habían dado a conocer en 2025. Ante todo, introduce la obligatoriedad de contar con un coordinador de intimidad en cualquier producción ―filme, serie, obra teatral, ópera…― que contenga secuencias sexuales o íntimas. Esta figura profesional, común en EE UU pero bastante menos en España, debe mediar y garantizar que todas las partes estén cómodas, consientan y no se produzcan abusos. Y aún más si hay un menor en la escena íntima ―las sexuales en esas franjas de edad están vetadas―.
En el mismo ámbito, se establece que los protocolos en contra de las posibles violencias se adapten a un sector tan intermitente: se exigirá “celeridad” en las actuaciones, para evitar que se resuelvan cuando ya el proyecto haya finalizado, o la productora se haya disuelto. Finalmente, el real decreto quiere que se reconozcan dentro de la jornada laboral de un artista o técnico actividades como los ensayos o la promoción. Y las retribuciones por derechos de autor deberán reflejarse explícitamente en la nómina.
Trabajo culmina así, cuando ―y si― el real decreto sale adelante, las medidas que le corresponden del Estatuto del Artista. Lo cual no significa que estén todas aprobadas. Al revés, el cronómetro sigue, igual que la lista de tareas pendientes para el Gobierno. Era 2018 cuando el Congreso aprobó, por unanimidad, un informe que contenía 75 puntos y unas 60 medidas concretas. Desde entonces, muchas han entrado en vigor: la compatibilidad entre percibir la pensión y rendimientos por actividades artísticas de cualquier tipo; una prestación por desempleo que exige menos días cotizados; o un nuevo contrato laboral artístico.
De aquel documento, sin embargo, faltan todavía rebajas y deducciones en el IVA y el IRPF; una cuota de autónomo hiperreducida, que tenga en cuenta la intermitencia del trabajo cultural, o el reconocimiento de enfermedades laborales específicas, como una afonía para un cantante.
Así que la negociación continúa, sobre todo con el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Mientras, han pasado ocho años, y dos gobiernos. El tiempo sigue avanzando. La IA, también. Hasta que la ley diga lo contrario.
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