El Escorial reabre tras una década sus museos de pintura y arquitectura con obras de grandes maestros admirados por cinco reyes

El Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y su colección de arte están inevitablemente asociados a la figura de Felipe II, quien ordenó la construcción del conjunto monumental. Sin embargo, monarcas posteriores de la dinastía de los Austrias y también Borbones fueron conscientes de que había que engrandecer el legado del llamado rey Prudente. Es uno de los atractivos para los visitantes de los renovados museos de pintura y arquitectura de este real sitio, que reabren tras casi una década cerrados al público y que Patrimonio Nacional ha presentado este jueves. Entre el centenar de pinturas mostradas, de las que 21 no se habían visto antes de forma permanente, destacan los nombres de grandes maestros, como Tiziano, Tintoretto, Veronés, Van der Weyden, Lucas Jordán o Ribera.

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 La renovada pinacoteca acoge un centenar de obras, de las que 21 se exponen por primera vez, con nombres como Tiziano, Tintoretto, Veronés, Van der Weyden, Lucas Jordán o Ribera  

El Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y su colección de arte están inevitablemente asociados a la figura de Felipe II, quien ordenó la construcción del conjunto monumental. Sin embargo, monarcas posteriores de la dinastía de los Austrias y también Borbones fueron conscientes de que había que engrandecer el legado del llamado rey Prudente. Es uno de los atractivos para los visitantes de los renovados museos de pintura y arquitectura de este real sitio, que reabren tras casi una década cerrados al público y que Patrimonio Nacional ha presentado este jueves. Entre el centenar de pinturas mostradas, de las que 21 no se habían visto antes de forma permanente, destacan los nombres de grandes maestros, como Tiziano, Tintoretto, Veronés, Van der Weyden, Lucas Jordán o Ribera.

La visita a ambos museos será gratuita hasta final de año. A partir de enero se incluirán en la entrada general al monasterio, aunque también podrá adquirirse un tique aparte para ver solo estas dos nuevas propuestas, ha dicho en la presentación la presidenta de Patrimonio Nacional, Ana de la Cueva. El coste de la intervención ha sido de 3,1 millones de euros, procedentes, en su mayoría, de los fondos europeos NextGenerationEU.

Los dos museos de este conjunto que está en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco se inauguraron en 1963. “Fue con motivo del cuarto centenario de la colocación de la primera piedra. El de Arquitectura fue un hito museográfico, concebido por los arquitectos Javier Feduchi y Jesús Bosch”, señaló De la Cueva. En el de Pintura, la ordenación de las obras se hizo por artistas, mientras que esta vez ha sido por reyes.

El Museo de Pintura, al que han llegado algunos óleos que estaban en otros palacios de Patrimonio Nacional, ocupa el espacio de la que era “residencia de verano de Felipe II”, ha explicado el director de Colecciones Reales, Víctor Cageao, en un recorrido para la prensa. El paseo empieza por Felipe II, al que se dedican cuatro de las nueve salas. Este monarca quiso que “El Escorial fuera un centro de referencia del saber y el arte de la época”. Se rodeó de obras de sus artistas predilectos, especialmente de las escuelas española, italiana y flamenca. Aunque no hay que olvidar que el motivo principal de la construcción de El Escorial fue dar gracias a Dios por la victoria contra los franceses en la batalla de San Quintín, en el día de San Lorenzo de 1557.

Con predominio de cuadros de grandes dimensiones, destacan al inicio el dramatismo del óleo Santa Margarita de Antioquía, a punto de ser devorada por el dragón, de 1552, y un Ecce Homo, pintado hacia 1560, ambos de Tiziano, y un Descendimiento de Veronés.

El director de Colecciones Reales se detiene en una “sala singular” porque acoge obras de un pintor menos popular, pero por el que entusiasmó Felipe II, el flamenco Michel Coxcie, no solo por su arte, sino también por su posición favorable a la Contrarreforma. De él se exhibe el monumental díptico de la Alegoría de la Redención del Mundo (1552). Es una de la treintena de obras restauradas para la reapertura. “Algunas han dado mucho trabajo”, según Cageao.

Mientras que en la galería de mayor longitud están los cuadros más grandes, algunos muy verticales porque fueron concebidos para el retablo de la basílica del monasterio, ha indicado Cageao. Preside al fondo el imán irresistible del Calvario de Rogier van der Weyden, pintado entre 1457 y 1464 para la orden de los Cartujos de Scheut, a las afueras de Bruselas, con sus figuras de gran expresividad y de vestimentas blancas.

En el salto temporal a Felipe IV destaca una Adoración de los Magos, de Veronés. Además, este monarca encargó a Velázquez, su pintor de cámara, que reordenara esta colección. La parte de los Austrias se cierra con las obras incorporadas por Carlos II, del que hay un retrato casi espeluznante, firmado por Lucas Jordán, por el que sentía devoción, en el que, a pesar del rostro empolvado, transmite su quebradiza salud. Ello no impidió un gran gusto para acopiar óleos, entre otros, de Alonso Cano y Ribera, este último representado con un magistral San Jerónimo penitente.

En la siguiente sala se cambia de dinastía monárquica y se da un salto de un siglo para llegar a Carlos IV, con cuatro retratos de mujeres enmarcados en el entonces exitoso tema de las “bellezas”, en el que se pintaba a damas distinguidas del momento. Su autor, el flamenco Voet hacia 1672. Además, la impresionante Cabeza de San Nicolás, de José de Madrazo, que probablemente era un estudio para otra obra. Y se finaliza con Isabel II en un espacio en el que llama la atención el retrato que le hizo Luis de Madrazo hacia 1862. Hablando de mujeres, Cageao, a preguntas de la prensa, reconoció que no hay ninguna obra en el museo firmada por pintoras porque “refleja lo que era esa época”. Habrá que esperar a nuevas atribuciones de obras anónimas o de los talleres de los maestros para ver alguna, indicó.

Previamente, se recorre el Museo de Arquitectura, que explica el diseño y construcción del conjunto, que “Felipe II quiso clasicista y sin ornamentos, con la novedad, entonces, de la pizarra en las cubiertas”, ha dicho el director de Inmuebles y Medio Natural de Patrimonio Nacional, Luis Pérez de Prada. “Queremos que el visitante conozca el esfuerzo mayúsculo que supuso su construcción, que llevó 21 años, y por qué se convirtió en referente de la arquitectura fuera de España”. Se explica quién fue Juan Bautista de Toledo, el arquitecto que lo inició, opacado por la figura de quien desarrolló la obra, Juan de Herrera. Hay dibujos de los alzados del edificio: su fachada, la cúpula… Pérez agregó que, más de 400 años después de su finalización, El Escorial mantiene los tres usos de entonces: monasterio, residencia real con su panteón y centro educativo.

En las galerías de este museo destaca un fragmento de una cubierta original de madera de las que sobrevivió al pavoroso incendio que sufrió El Escorial en 1671. También hay herramientas de época como las que se usaron entonces: cucharillas y punteros de cantero, palas, mazos o paletas de albañil, junto a maquetas y audiovisuales. Y para dejar a otros países con la boca abierta, se exponen los grabados que, como ejercicio de propaganda, encargó Felipe II al flamenco Pedro Perret, realizados entre 1583 y 1589. Era entonces la mejor manera de mostrar en las cancillerías de toda Europa la magnitud y grandiosidad de El Escorial recién acabado.

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