
Pasan las 7.35 de la mañana de este domingo, y entre 400 y 500 personas desnudas y pintadas con 11 colores de la bandera del Orgullo del Progreso comienzan a desfilar delante de la catedral de Canarias bajo las órdenes de los asistentes del fotógrafo Spencer Tunick, que observa la escena walkie talkie en mano desde la terraza de las Casas Consistoriales de Las Palmas, al otro lado de la plaza. Durante la siguientes dos horas largas, el artista neoyorquino dirigirá a los participantes (“de espaldas”, “paso a un lado”, “tumbados de lado con la mano en el costado”…) para dar forma a Gran Spectrum: una intervención que se ha desarrollado en la plaza de Santa Ana y frente a la aledaña Casa de Colón y que pretende reivindicar los derechos del colectivo LGBTQIA+ en el marco del festival Culture & Business Pride 2026, organizado por el Cabildo de Gran Canaria y el Gobierno de Canarias.

El fotógrafo neoyorquino reúne a medio millar de personas en la obra ‘Gran Spectrum’. “Cualquier lugar en el que se acepten los cuerpos desnudos y en armonía supone un paso adelante hacia el futuro”
Pasan las 7.35 de la mañana de este domingo, y entre 400 y 500 personas desnudas y pintadas con 11 colores de la bandera del Orgullo del Progreso comienzan a desfilar delante de la catedral de Canarias bajo las órdenes de los asistentes del fotógrafo Spencer Tunick, que observa la escena walkie talkie en mano desde la terraza de las Casas Consistoriales de Las Palmas, al otro lado de la plaza. Durante la siguientes dos horas largas, el artista neoyorquino dirigirá a los participantes (“de espaldas”, “paso a un lado”, “tumbados de lado con la mano en el costado”…) para dar forma a Gran Spectrum: una intervención que se ha desarrollado en la plaza de Santa Ana y frente a la aledaña Casa de Colón y que pretende reivindicar los derechos del colectivo LGBTQIA+ en el marco del festival Culture & Business Pride 2026, organizado por el Cabildo de Gran Canaria y el Gobierno de Canarias.

“El colectivo necesita todo el apoyo posible de cara al futuro”, aseguraría el artista en declaraciones a los medios al término de la sesión fotográfica. “Cualquier lugar en el que se acepten los cuerpos desnudos y en armonía, sin separarlos, supone un gran paso adelante hacia el futuro”. Precisamente, la acción se ha realizado pocas horas después del atentado ocurrido este sábado durante las celebraciones en el centro de Berlín de la marcha del Orgullo (Christopher Street Day, CSD), en el que murió una mujer y 29 personas resultaron heridas tras ser embestidas por una furgoneta a gran velocidad.
Gran Canaria ha sido este domingo la última escala de una carrera forjada a base de imágenes casi abstractas con cuerpos sin ropa en el objetivo. Tunick comenzó de forma algo más modesta en el Nueva York de los primeros noventa. Allí, aprovechaba la legislación —se permitía la fotografía de desnudos en la calle siempre que tuviera fines artísticos— y las primeras horas del día para retratar a personas de forma individual. Con el tiempo fue reuniendo contactos —camareros, empleados de videoclubes— hasta acumular más de 70 números de teléfono. Con ellos, organizó su primera sesión multitudinaria.

Aquella primera convocatoria grupal, frente a la sede de la ONU, reunió a 28 personas. “La imagen final funcionó: me pareció que no era hortera ni cursi, sino que tenía una cualidad fuerte y seria”, recordaba esta semana en una entrevista con EL PAÍS. “En ese momento pensé: guau, algo está pasando aquí”. El resto es ya conocido: un recorrido internacional fotografiando grandes concentraciones de cuerpos desnudos, con hitos como la convocatoria de Barcelona en 2003 (entre 4.500 y 7.000 participantes, según la fuente) y su récord en Ciudad de México en 2007, con entre 18.000 y 20.000 personas.
No todos sus proyectos llegaron a buen puerto: Tenerife, Corea del Sur —donde el Gobierno le denegó el permiso— y otro en Taiwán —cancelado cuando ya estaba todo organizado— se cuentan entre los fracasos, que achaca a a la existencia de gobiernos que califica de “estrechos de miras y restrictivos”.

No ha encontrado obstáculos en Las Palmas de Gran Canaria. Aquí, la policía le acordonó desde la madrugada buena parte del casco histórico, tanto para permitir que Tunick se explayase como para que los participantes pudiesen desnudarse y prepararse sin el escrutinio de los curiosos. Es más, la acción se celebró en el mismo escenario en el que el papa León XIV celebró el 11 de junio un encuentro con obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, seminaristas y agentes de pastoral de toda la Diócesis de Canarias. “Existía la posibilidad de trabajar en ambas direcciones [de cara a la catedral o dándole la espalda, con el Ayuntamiento de fondo], pero había un escenario ya montado, así que solo pude trabajar en una dirección. Me lo comunicaron más o menos una semana antes de venir”, asegura con un leve encogimiento de hombros. “De todos modos, creo que lo que ha pasado es bueno de cara al futuro”.

Pero es que el presente tampoco parece poner objeciones a su trabajo en la isla. Este domingo por la mañana, frente a la catedral, el obispo de Canarias, José Mazuelos, recalca en declaraciones a EL PAÍS que aprueba sin paliativos la acción celebrada ante su casa —el Palacio Episcopal donde reside se encuentra en la misma plaza de Santa Ana—. “No tengo ningún problema”, sentencia. “Cuando vamos a la playa vemos cuerpos desnundos, ¿no?“.
El prelado, sin embargo, sí se ha quejado de los cortes de calle, que impidieron el acceso al deán y a una docena de feligreses que habían acudido con tiempo para celebrar en la misa de las diez, precisamente, el día de Santa Ana. “Hoy es un día especial para nosotros. Cuando la gente va a los conciertos, ¿no llega antes para disfrutar? Pues nosotros queremos estar pronto para disfrutar de Dios”, explican Cita y Evaristo, dos jubilados que se acodan en las vallas que les impiden el paso.

Diez minutos después, la alegría de Cita, Evaristo y de varias decenas de feligreses formará una imagen cuando menos curiosa al mezclarse a su entrada con el bullicio de los multicolores participantes —algunos todavía desnudos— tras la sesión de fotos. Una de estas personas felices era Patricia Pardo de Donlebún, con una sonrisa de oreja a oreja que resalta aún más con la pintura marrón. “Ha sido una fiesta a las cinco de la mañana, me alegro tanto de haberme levantado”, relata en medio de un barullo de cuerpos de colores. “Llegué y no conocía a nadie, y al final acabas poniéndole crema a todo el mundo”. Y lo más importante, a su juicio: “Había, sobre todo, amor por el cuerpo. Daba igual ser gordo, bajo, flaco, alto, la teta por aquí o por aquí… Al final todos tenemos lo mismo”.
“Me alegro muchísimo por todas las personas que vinieron y participaron”, cierra Tunick al término de la instalación, “de que se unieran y pudieran crear conmigo unas hermosas obras escultóricas que abarcaban un amplio abanico de temas: la identidad queer, así como los valores LGBTQIA+, es decir, la inclusión en el arte, en la igualdad y la mera libertad de estar en público y entre tus vecinos”.
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