Julio Iglesias, un momento de debilidad
Debo confesarlo, aunque se vaya al carajo mi credibilidad rockera: siempre me gustó Julio Iglesias. Vaya, urge puntualizar. Era más tolerable que sus competidores; tenía un charme que le destacaba entre el tsunami de vocalistas melódicos españoles que nos ahogaron a partir de finales de los años 60. También ayudó su dimensión internacional. Pude viajar por la Costa Azul con un chófer que tenía sus grabaciones en francés y, oiga, aquella resultaba una buena banda sonora. Seguir leyendo Es un artista problemático: rara vez solía hablar de música. Él jugaba en otra liga Universos paralelos Columna Artículos estrictamente de opinión…
