Georges de La Tour, el maestro de la llama
De todas las imágenes religiosas que pintó Georges de La Tour (1593-1652) solo una se ve coronada por una aureola. Sin embargo, sus cuerpos parecían transfigurados por una luz espiritual y sus escenas bíblicas contagiaban la emoción de un misterio distinto. Se trataba del silencio y la contención, como pintó en el taller del carpintero de Nazaret: San José, antes de dar el último giro a su taladro, levanta la cabeza para contemplar la cara de su Hijo iluminada por el reflejo de la vela que sostiene entre sus pequeñas manos. Esa luz dibuja los dos rostros, las arrugas profundas…
