<p><strong>Carlos Zanón </strong>fue dos cosas antes que novelista: poeta, como es sabido, y abogado penalista. «Hice Derecho porque me gustaba una chica. Yo ya me había matriculado en Periodismo porque quería escribir pero cambié. La verdad, no me gustó Derecho, me aburrí. En cambio, ser abogado sí me interesó. El trabajo se parece al de escritor. Tienes una serie de pruebas, algunas te benefician, otras no, y montas con ellas un relato convincente. Un abogado parte de la idea de que cada uno tiene su razón. Un escritor también», dice Zanón. «Y los clientes te mienten. A menos que sean absolutamente inocentes, te mienten.<strong> Quieren caerte bien y desarrollan sus mecanismos</strong>… Como abogado entré en contacto con gente que vivía el presente inmediato, gente cuya cabeza no es como la tuya o la mía. Nosotros proyectamos al futuro. Pensamos qué haremos el lunes o en verano. Algunos clientes míos vivían en el hoy absoluto. Cuando lo entiendes, te conmueve».</p>
El novelista y poeta barcelonés publica ‘Objetos perdidos’, una historia sobre los bajos fondos y las últimas oportunidades
Carlos Zanón fue dos cosas antes que novelista: poeta, como es sabido, y abogado penalista. «Hice Derecho porque me gustaba una chica. Yo ya me había matriculado en Periodismo porque quería escribir pero cambié. La verdad, no me gustó Derecho, me aburrí. En cambio, ser abogado sí me interesó. El trabajo se parece al de escritor. Tienes una serie de pruebas, algunas te benefician, otras no, y montas con ellas un relato convincente. Un abogado parte de la idea de que cada uno tiene su razón. Un escritor también», dice Zanón. «Y los clientes te mienten. A menos que sean absolutamente inocentes, te mienten. Quieren caerte bien y desarrollan sus mecanismos… Como abogado entré en contacto con gente que vivía el presente inmediato, gente cuya cabeza no es como la tuya o la mía. Nosotros proyectamos al futuro. Pensamos qué haremos el lunes o en verano. Algunos clientes míos vivían en el hoy absoluto. Cuando lo entiendes, te conmueve».
- ¿El hecho de haber sido abogado es relevante en el tipo de novelas que escribe?
- Si hubiera sido médico o conductor de autobuses mi literatura sería la misma en lo esencial y diferente en la manera. Yo vengo de la poesía, así que, al hacer novelas, me obligué a tener una historia y una estructura. En mi primera novela había alguien que entraba en un bar y mataba a su amigo. La historia consistía explicar por qué. A mí me interesaba hacer una novela de personajes, no de misterio, pero sin ese asesinato habría divagado. El Derecho me dio la estructura.
Tarde, mal y nunca, (2009) fue la primera novela del abogado y poeta Zanón. Objetos perdidos (Salamandra) es la última y es reconocible para cualquier lector atento: Álex, un abogado camino de la autodestrucción (ruina, adicción, divorcio, enfermedad, etcétera) presta sus servicios a una red criminal que habita en el subsuelo de Barcelona y que, aunque es cutre y ridícula, está a punto de dar un buen golpe. Álex, además: 1) tiene deudas así que hace de recadero en el golpe. 2) Se enamora, cosa que va en contra de sus intereses. Y 3) soporta una voz interior que lo atormenta con un sentido del bien y el mal absurdamente nítido. Álex lo hace todo mal pero no es malo. Anhela «una partida más para rectificar».
Y no hay rock en esta novela de Zanón pero sí que hay malas calles, gente que conduce de madrugada y personajes desclasados. Y está esa autoironía filosófica y desencantada que marcaba al taxista de Taxi y a los músicos de Love song y Yo fui Johnny Thunders. Zanón es obviamente reconocible. «Creo en el estilo. La manera de respirar, de que suene un texto, la cadencia… ¿Ser reconocible? Eso es lo máximo que aspira un escritor: a ser personal. A mí me encantaba Marías. Leía un párrafo de Marías y sabía que era él. Eso es lo que hace literario un texto, el cómo».
El que habla ya no es el Zanón abogado sino el poeta: «Un libro siempre es un fracaso por el trecho entre lo que fue en tu cabeza y lo que es. Bueno, es algo que asumo. ¿Qué puede ir mal en una novela? Por ejemplo, en Love Song me pudo la pasión por la música. Lo pienso y creo que no llegué a saber cómo piensa un músico».
¿Y qué sabe Zanón de cómo piensa un criminal? «Todo el mundo cree que tiene una razón para hacer lo que hace. Todo el mundo se da argumentos aunque sea para no pagar impuestos, se da un relato que permita vivir en su vida. Por otro lado, hay una tendencia autoparódica en el lumpen. Los delincuentes se ven en una serie y se interpretan».
Algo más: Barcelona es en Objetos perdidos una mezcla de la ciudad de Señas de identidad de Goytisolo y el Los Ángeles de James Ellroy. «Barcelona es mi ciudad y la de mis padres y cuando nadie la mira y no tiene que sacar sus plumas, sigue siendo mi lugar. Pero, en realidad, escribo del área metropolitana, llena de no-lugares sin vinculación emocional. La ciudad es gente, aquí y ahora. Estamos aquí y a esto lo hemos llamado Barcelona».
- ¿Cuáles han sido sus barrios?
- El Guinardó y, desde hace dos años, Poble Nou. No son barrios delincuenciales, para nada.
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