Ara de Haro y el arte de pintar con palabras

La escritora Ara de Haro, seudónimo literario de Amparo Serrano de Haro, profesora y doctora en Historia del Arte, acaba de publicar Gente de acuarela (Confluencias Editorial), una colección de 15 relatos breves, unidos por el leitmotiv común del mundo de la pintura y la simbología emocional que comporta.

Confluyen en este libro, por tanto, los dos polos que atraen a esta autora: el estudio histórico del arte y la ficción novelística. Sus trabajos de investigación y las ficciones se focalizan, de manera especial, en figuras femeninas invisibilizadas por la perspectiva masculina de la Historia, que condenaba a las mujeres a una posición subalterna.

Sus novelas de temática artística más significadas están dedicadas a tres pintoras: a la italiana Artemisia Gentileschi, que unió, a su incuestionable valor artístico, una atormentada vida de mujer violada en La luna de Artemisia (Ediciones Fuente de la Fama, 2011); a la estadounidense Lee Krasner, esposa del pintor estadounidense Jackson Pollock, opacada por la figura de su marido en El color de tu nombre (La Esfera de los Libros, 2021); y a la española Remedios Varo, vinculada al muy masculino movimiento surrealista en La pintora pelirroja vuelve a París (Alianza Editorial, 2022).

Además, sobre Remedios Varo había publicado con anterioridad una biografía (La vida de Remedios Varo, 2019). Las vidas de estas tres pintoras ponen de manifiesto que ser mujeres pintoras ha sido algo complicado y difícil en épocas en las que la sociedad era todavía extremadamente misógina, como declaró Ara de Haro en una entrevista con Irene Chikiar Bauer.

Gente de acuarela aparece en un momento en que se vuelve a hablar de la vigencia del cuento y la creciente publicación de libros que reúnen colecciones de relatos breves. Estas resurrecciones literarias de inexistentes muertes, tantas veces anunciadas (sucedió en el pasado con las novelas y, tal vez, siga sucediendo en el futuro), constituyen una suerte de ritornelo, inventado por las editoriales y auspiciado por los críticos literarios a sueldo de estas, cuando la imaginación flojea o las técnicas de la promoción se estancan.

Del arte y la vida de los pintores

El cuento, tenido por el hermano pequeño de la narrativa, pequeño en extensión y mayor en intensidad, goza de una malísima buena salud desde el origen de la literatura, es decir, desde hace siglos o desde que el hombre es hombre y la mujer, mujer. Y esto es independiente de lo que decreten los profanadores de tumbas, empeñados en resucitar de vez en cuando algo que está vivo y bien vivo. 

El cuento es inmortal, no perecerá nunca. Forma parte de la genética humana dar forma y expresión catártica y liberadora a las venturas y desventuras, así como contar, de manera breve e intensa, las preocupaciones, inseguridades y miedos que presiden la vida desde la noche de los tiempos.

Se unen estos cuentos y las novelas citadas a la corriente de ficciones, cada vez más frecuentes en la narrativa actual, que tienen como protagonistas obras de arte y vidas de pintores. No es, por tanto, la primera vez que Ara de Haro se acerca al mundo de la creación artística desde la ficción. Novelas y cuentos están construidos con una mezcla inconsútil de biografía y ficción, aspecto este que no hay que perder de vista a la hora de leer los cuentos de Gente de acuarela.

Los cuentos de este libro se inspiran en el referido mundo de la pintura, pero se alejan de la exclusiva preocupación feminista que había presidido las novelas. Aquí, en opinión del que suscribe, el foco se amplía y se hace más comprensivo de la función del arte como «refugio y consuelo de la soledad y el miedo», apunta la narradora en el cuento Verde en vena, y esto es sin duda común a mujeres y hombres.

El lado invisible de la realidad

Gente de acuarela trata de la vida o facetas, más o menos conocidas o legendarias, de nombres destacados de la pintura como Frida Kahlo, Vincent van Gogh o John Singer Sargent, al que define la autora por la santa voluntad de hacer siempre su real gana… Aparecen también figuras menos famosas que las anteriores, como Berthe Morisot, pintora impresionista, esposa de Eugène Manet y cuñada de Édouard Manet, a la que nos muestra tratando de pintar una acuarela, interrumpida por urgentes quehaceres domésticos…

Tienen en común todos ellos que están contemplados desde una óptica personal, que no excluye la ficción. Al contrario, parece buscarla de manera decidida, como la única forma de iluminar el lado invisible de la realidad, la que no somos capaces de ver o se nos oculta. A manera de ejemplo, citaré lo que la narradora anota a propósito de las primeras pinturas de Van Gogh: «Veía belleza donde ellos solo veían miseria, heroísmo donde ellos solo veían desgracia» (El perro amarillo de Van Gogh). Esa debería ser la verdadera misión del arte: mostrar lo que la realidad no muestra, hacerlo evidente.

En otros cuentos, sus protagonistas son personajes ficticios, inventados para ilustrar de manera verosímil el mundo de la pintura y sus actores. A veces, el lector podría pensar que se encuentra en un trampantojo, que disfrazaría lo real con la supuesta ficción. Vida de Bohemia, el relato que abre el libro, muestra una cara de la tribu del arte: el pintor, sin estímulos para crear y desnortado, como pecio a la deriva o marioneta de los deseos frívolos de una marchante y su competidora, una aristócrata coleccionista. Ambas lo utilizan para sus planes espurios.

En el cuento Huellas de carmín se ficcionalizan, a la manera de un perfecto trampantojo, las relaciones siempre conflictivas entre un pintor y su modelo. A través de los personajes ficticios de Émile Boquin, el pintor, y sobre todo de Blanchette, la modelo, joven promesa del arte y finalmente juguete roto del despiadado y déspota mundo de los pintores, será condenada a la miseria de la prostitución.

Bioficción

Destaca en el conjunto el relato que cierra la colección y que da nombre al libro, Gente de acuarela. Aquí la autora despliega el conocimiento de la escala cromática, a la que contrapone con acierto imaginativo la correspondiente escala de sentimientos. Colores y estados anímicos establecen un curioso termómetro emocional: «…tenía miedo de sus propias emociones, tanto del éxito-escarlata como del fracaso-magenta…». Pero no seguiré desgranando el logro del relato ni haré spoiler, porque el placer del lector encontrará su justa recompensa sin mediación del crítico. 

Si tuviese que denominar el registro narrativo utilizado por la autora en estos cuentos (y esto se hace para proporcionar una pista más de su lectura), diría que nos encontramos en la mayoría de estos frente a ejemplos señeros de bioficción. La bioficción abarca una gran variedad de relatos biográficos, en los que se hibridan la biografía y la ficción de forma más o menos velada o transparente.

Estas ficciones biográficas, como ocurre en Gente de acuarela, son una nueva manera de escribir las vidas ajenas, en las que el autor aporta su visión personal del biografiado en cuestión. No se trata de hacer la enésima versión biográfica de un artista conocido y reconocido, sino más bien de interrogarse por el interés que el personaje despierta en el presente y sobre todo en la subjetividad de la autora.

Por ejemplo, cuando Ara de Haro se enfrenta a la figura de Vincent van Gogh en el cuento dedicado al pintor holandés, un pintor que acapara tantas leyendas y biografías solventes, elige una perspectiva diferente con una simbología nueva, que nos devuelve una visión íntima e imprevista del personaje: el «perro amarillo» de la mala suerte que le perseguirá toda la vida.

La novela del artista

En el cuento Frida y cuando la verdad se viste de mono, dedicado a Frida Kahlo, selecciona tres instantáneas, que condensan toda la vida de la mexicana de acuerdo con la brevedad e intensidad del cuento: el accidente como el origen de su arte pictórico, el mono como correspondiente animal de sus deseos y actitudes creadoras y la vida silenciosa y afectuosa de las plantas que la ligan a lo telúrico.

Comentar un libro de 15 relatos, sin caer en el fragmentarismo o la atomización diseminada y superficial, no es fácil. Al contrario, demanda en esta ocasión una comprensión global de las relaciones que se establecen entre la vida y la obra de los artistas. A juicio del que suscribe, los 15 cuentos que componen Gente de acuarela no son el bastidor o el esbozo de una novela, ni pretenden serlo, pero la celdilla de cada cuento compone un argumento o fragmento de vida de lo que podríamos denominar «la novela del artista».

De este modo, el libro muestra que el arte es un baluarte para las adversidades de la vida, un refugio y un consuelo para la soledad y el miedo. También que la creación se debate entre el riesgo y el adocenamiento, entre el esfuerzo y la comodidad, entre el ascetismo y la plenitud creativa, entre la opulencia y la miseria; en fin, entre la tiranía del éxito, que obliga a la repetición, y la libertad que da el fracaso para buscar caminos sin explorar. Con su conjunto de piezas independientes y complementarias, el libro describe el mundo fascinante en el que nacen y se desarrollan el arte y sus creadores. Las contradicciones de estos, como en cualquier empresa que merezca la pena, unen lo más excelso y lo más despreciable del género humano.

 La escritora Ara de Haro, seudónimo literario de Amparo Serrano de Haro, profesora y doctora en Historia del Arte, acaba de publicar Gente de acuarela (Confluencias  

La escritora Ara de Haro, seudónimo literario de Amparo Serrano de Haro, profesora y doctora en Historia del Arte, acaba de publicar Gente de acuarela (Confluencias Editorial), una colección de 15 relatos breves, unidos por el leitmotiv común del mundo de la pintura y la simbología emocional que comporta.

Confluyen en este libro, por tanto, los dos polos que atraen a esta autora: el estudio histórico del arte y la ficción novelística. Sus trabajos de investigación y las ficciones se focalizan, de manera especial, en figuras femeninas invisibilizadas por la perspectiva masculina de la Historia, que condenaba a las mujeres a una posición subalterna.

Sus novelas de temática artística más significadas están dedicadas a tres pintoras: a la italiana Artemisia Gentileschi, que unió, a su incuestionable valor artístico, una atormentada vida de mujer violada en La luna de Artemisia (Ediciones Fuente de la Fama, 2011); a la estadounidense Lee Krasner, esposa del pintor estadounidense Jackson Pollock, opacada por la figura de su marido en El color de tu nombre (La Esfera de los Libros, 2021); y a la española Remedios Varo, vinculada al muy masculino movimiento surrealista en La pintora pelirroja vuelve a París (Alianza Editorial, 2022).

Además, sobre Remedios Varo había publicado con anterioridad una biografía (La vida de Remedios Varo, 2019). Las vidas de estas tres pintoras ponen de manifiesto que ser mujeres pintoras ha sido algo complicado y difícil en épocas en las que la sociedad era todavía extremadamente misógina, como declaró Ara de Haro en una entrevista con Irene Chikiar Bauer.

Gente de acuarela aparece en un momento en que se vuelve a hablar de la vigencia del cuento y la creciente publicación de libros que reúnen colecciones de relatos breves. Estas resurrecciones literarias de inexistentes muertes, tantas veces anunciadas (sucedió en el pasado con las novelas y, tal vez, siga sucediendo en el futuro), constituyen una suerte de ritornelo, inventado por las editoriales y auspiciado por los críticos literarios a sueldo de estas, cuando la imaginación flojea o las técnicas de la promoción se estancan.

El cuento, tenido por el hermano pequeño de la narrativa, pequeño en extensión y mayor en intensidad, goza de una malísima buena salud desde el origen de la literatura, es decir, desde hace siglos o desde que el hombre es hombre y la mujer, mujer. Y esto es independiente de lo que decreten los profanadores de tumbas, empeñados en resucitar de vez en cuando algo que está vivo y bien vivo. 

El cuento es inmortal, no perecerá nunca. Forma parte de la genética humana dar forma y expresión catártica y liberadora a las venturas y desventuras, así como contar, de manera breve e intensa, las preocupaciones, inseguridades y miedos que presiden la vida desde la noche de los tiempos.

Se unen estos cuentos y las novelas citadas a la corriente de ficciones, cada vez más frecuentes en la narrativa actual, que tienen como protagonistas obras de arte y vidas de pintores. No es, por tanto, la primera vez que Ara de Haro se acerca al mundo de la creación artística desde la ficción. Novelas y cuentos están construidos con una mezcla inconsútil de biografía y ficción, aspecto este que no hay que perder de vista a la hora de leer los cuentos de Gente de acuarela.

Los cuentos de este libro se inspiran en el referido mundo de la pintura, pero se alejan de la exclusiva preocupación feminista que había presidido las novelas. Aquí, en opinión del que suscribe, el foco se amplía y se hace más comprensivo de la función del arte como «refugio y consuelo de la soledad y el miedo», apunta la narradora en el cuento Verde en vena, y esto es sin duda común a mujeres y hombres.

Gente de acuarela trata de la vida o facetas, más o menos conocidas o legendarias, de nombres destacados de la pintura como Frida Kahlo, Vincent van Gogh o John Singer Sargent, al que define la autora por la santa voluntad de hacer siempre su real gana… Aparecen también figuras menos famosas que las anteriores, como Berthe Morisot, pintora impresionista, esposa de Eugène Manet y cuñada de Édouard Manet, a la que nos muestra tratando de pintar una acuarela, interrumpida por urgentes quehaceres domésticos…

Tienen en común todos ellos que están contemplados desde una óptica personal, que no excluye la ficción. Al contrario, parece buscarla de manera decidida, como la única forma de iluminar el lado invisible de la realidad, la que no somos capaces de ver o se nos oculta. A manera de ejemplo, citaré lo que la narradora anota a propósito de las primeras pinturas de Van Gogh: «Veía belleza donde ellos solo veían miseria, heroísmo donde ellos solo veían desgracia» (El perro amarillo de Van Gogh). Esa debería ser la verdadera misión del arte: mostrar lo que la realidad no muestra, hacerlo evidente.

En otros cuentos, sus protagonistas son personajes ficticios, inventados para ilustrar de manera verosímil el mundo de la pintura y sus actores. A veces, el lector podría pensar que se encuentra en un trampantojo, que disfrazaría lo real con la supuesta ficción. Vida de Bohemia, el relato que abre el libro, muestra una cara de la tribu del arte: el pintor, sin estímulos para crear y desnortado, como pecio a la deriva o marioneta de los deseos frívolos de una marchante y su competidora, una aristócrata coleccionista. Ambas lo utilizan para sus planes espurios.

En el cuento Huellas de carmín se ficcionalizan, a la manera de un perfecto trampantojo, las relaciones siempre conflictivas entre un pintor y su modelo. A través de los personajes ficticios de Émile Boquin, el pintor, y sobre todo de Blanchette, la modelo, joven promesa del arte y finalmente juguete roto del despiadado y déspota mundo de los pintores, será condenada a la miseria de la prostitución.

Destaca en el conjunto el relato que cierra la colección y que da nombre al libro, Gente de acuarela. Aquí la autora despliega el conocimiento de la escala cromática, a la que contrapone con acierto imaginativo la correspondiente escala de sentimientos. Colores y estados anímicos establecen un curioso termómetro emocional: «…tenía miedo de sus propias emociones, tanto del éxito-escarlata como del fracaso-magenta…». Pero no seguiré desgranando el logro del relato ni haré spoiler, porque el placer del lector encontrará su justa recompensa sin mediación del crítico. 

Si tuviese que denominar el registro narrativo utilizado por la autora en estos cuentos (y esto se hace para proporcionar una pista más de su lectura), diría que nos encontramos en la mayoría de estos frente a ejemplos señeros de bioficción. La bioficción abarca una gran variedad de relatos biográficos, en los que se hibridan la biografía y la ficción de forma más o menos velada o transparente.

Estas ficciones biográficas, como ocurre en Gente de acuarela, son una nueva manera de escribir las vidas ajenas, en las que el autor aporta su visión personal del biografiado en cuestión. No se trata de hacer la enésima versión biográfica de un artista conocido y reconocido, sino más bien de interrogarse por el interés que el personaje despierta en el presente y sobre todo en la subjetividad de la autora.

Por ejemplo, cuando Ara de Haro se enfrenta a la figura de Vincent van Gogh en el cuento dedicado al pintor holandés, un pintor que acapara tantas leyendas y biografías solventes, elige una perspectiva diferente con una simbología nueva, que nos devuelve una visión íntima e imprevista del personaje: el «perro amarillo» de la mala suerte que le perseguirá toda la vida.

En el cuento Frida y cuando la verdad se viste de mono, dedicado a Frida Kahlo, selecciona tres instantáneas, que condensan toda la vida de la mexicana de acuerdo con la brevedad e intensidad del cuento: el accidente como el origen de su arte pictórico, el mono como correspondiente animal de sus deseos y actitudes creadoras y la vida silenciosa y afectuosa de las plantas que la ligan a lo telúrico.

Comentar un libro de 15 relatos, sin caer en el fragmentarismo o la atomización diseminada y superficial, no es fácil. Al contrario, demanda en esta ocasión una comprensión global de las relaciones que se establecen entre la vida y la obra de los artistas. A juicio del que suscribe, los 15 cuentos que componen Gente de acuarela no son el bastidor o el esbozo de una novela, ni pretenden serlo, pero la celdilla de cada cuento compone un argumento o fragmento de vida de lo que podríamos denominar «la novela del artista».

De este modo, el libro muestra que el arte es un baluarte para las adversidades de la vida, un refugio y un consuelo para la soledad y el miedo. También que la creación se debate entre el riesgo y el adocenamiento, entre el esfuerzo y la comodidad, entre el ascetismo y la plenitud creativa, entre la opulencia y la miseria; en fin, entre la tiranía del éxito, que obliga a la repetición, y la libertad que da el fracaso para buscar caminos sin explorar. Con su conjunto de piezas independientes y complementarias, el libro describe el mundo fascinante en el que nacen y se desarrollan el arte y sus creadores. Las contradicciones de estos, como en cualquier empresa que merezca la pena, unen lo más excelso y lo más despreciable del género humano.

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