Anna Bella Geiger, premio Velázquez de las Artes Plásticas 2026

La artista brasileña Anna Bella Geiger (Río de Janeiro, 1933) ha sido galardonada con el Premio Velázquez de las Artes Plásticas, dotado con 100.000 euros y otorgado por el Ministerio de Cultura español. El jurado ha destacado su “actitud de experimentación permanente que le ha llevado a trabajar desde múltiples disciplinas y lenguajes, así como un compromiso pedagógico que ha generado un impacto fundamental en distintas generaciones”. Asimismo, considera que “durante sus 70 años de trayectoria ha cuestionado y sigue cuestionando los modos convencionales de validación artística”.

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 El jurado valora la experimentación permanente de la pionera en el videoarte en su país, Brasil, que sigue muy activa a los 93 años  

La artista brasileña Anna Bella Geiger (Río de Janeiro, 1933) ha sido galardonada con el Premio Velázquez de las Artes Plásticas, dotado con 100.000 euros y otorgado por el Ministerio de Cultura español. El jurado ha destacado su “actitud de experimentación permanente que le ha llevado a trabajar desde múltiples disciplinas y lenguajes, así como un compromiso pedagógico que ha generado un impacto fundamental en distintas generaciones”. Asimismo, considera que “durante sus 70 años de trayectoria ha cuestionado y sigue cuestionando los modos convencionales de validación artística”.

Geiger, brasileña de familia de judíos polacos que huyeron de Europa, iba a clases de arte a escondidas de su madre que quería que estudiara en la universidad porque “el arte no es una profesión”, le decía. Se trasladó a Nueva York en 1954 y su trabajo se abrió “a todo lo que no se podía encontrar en ninguna otra parte del mundo”, recuerdaba en una entrevista en EL PAÍS. Fue pionera en el uso del vídeo entre los artistas brasileños. Podría cumplir con todos los requisitos para estar en la periferia del arte al ser mujer latinoamericana, pero su obra, con el paso de los años está en los fondos de MoMA, del Pompidou, del Reina Sofía…

Su trabajo abarca el grabado, la pintura, la fotografía, el vídeo, la instalación y el libro de artista. “Mi trabajo persigue la idea de la intuición, la sensibilidad de trabajar cosas con diversos elementos, algo que depende mucho de la situación del mundo, de entender lo que pasa”, contaba en otra charla en este diario.

El jurado reconoce “su insistencia en abordar la práctica artística como herramienta para pensar la historia y el presente”. Estrella de Diego, historiadora del arte, colaboradora de este periódico y comisaria de algunas de sus exposiciones, contaba en EL PAÍS que el trabajo de Geige no ha tenido la visibilidad que sus colegas masculinos. “Esta invisibilidad ha tenido, por supuesto un lado negativo, pero también uno positivo ya que, al igual que a otras artistas, le ha permitido trabajar en sus proyectos al margen de cualquier presión”, explicaba la comisaria antes de resaltar el papel de Geiger en lo que considera un arte “subversivo” y su “valentía” al hacer una representación abstracta en una situación política complicada como la dictadura brasileña.

A los 93 años, Geiger sigue muy activa. Incansable, este año expuso en el Pan de Azúcar, una de las postales emblemáticas de Río, su ciudad natal, protagonizó una muestra individual en Berlín (Alemania) y participó en la muestra colectiva Pop Brasil: Vanguardia y Nueva Figuración, 1969’s y 1970’s, en el Malba de Buenos Aires, además de exhibir sus obras en varias galerías brasileñas.

En enero pasado, en pleno verano carioca, la artista inauguró la escultura monumental Typus Terra Incognita (700 kilos de acero corten) en el risco que se asoma sobre la bahía de Guanabara y que los turistas visitan en teleférico. Una escultura que recuerda a un gran archivador colocado en medio de la vegetación con mapas y elementos que remiten a obras suyas anteriores, como una fotoserigrafía, el fragmento de una película o pinturas.

“Lo que más me gusta es trabajar”, declaraba en una entrevista con el diario O Globo con motivo de la inauguración de su proyecto en el Pan de Azúcar, que incluye un libro además de la escultural. “Una vez, estaba con el [comisario] Bernardo Mosqueira y él le dijo a otra persona: “Lo que Anna Bella quiere es trabajar”, ​​en el sentido de estar en paz para producir. Mi padre también era así; me parezco mucho a él en eso”, añadió.

La artista se licenció en Lenguas Anglo-Germánicas por la Facultad Nacional de Filosofía de Río de Janeiro y se formó entre 1949 y 1953 en el taller de Fayga Ostrower. Posteriormente, amplió sus estudios de Arte y Sociología con Hannah Levy-Deinhard en la New School for Social Research de Nueva York. A lo largo de su carrera ha expuesto tanto en Brasil como internacionalmente y ha participado en bienales como las de São Paulo, Venecia y Estambul.

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