Pablo Heras-Casado: “Wagner no ha hecho más que acertar con sus predicciones sobre nuestra autodestrucción”

Cuando Pablo entró por primera vez en el foso místico… Parece el inicio de un cuento mágico, ¿verdad? Pues así fue. Ocurrió en 2023 y desde entonces lleva cuatro años haciéndolo y con más proyectos a largo plazo. Ahora, traduzcámoslo en lo posible a realidad: Pablo Heras-Casado es el director de orquesta español (Granada, 48 años) y el foso místico es el lugar de la orquesta en el Festival de Bayreuth, templo del wagnerianismo mundial, que tiene lugar en un teatro concebido por el compositor para representar la obra de arte total que perseguía en sus óperas.

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 El director emprende una gira por España única con la orquesta del Festival de Bayreuth, donde lleva cuatro años triunfando con ‘Parsifal’ y hará una nueva producción de ‘El anillo del Nibelungo’ en 2028    

Cuando Pablo entró por primera vez en el foso místico… Parece el inicio de un cuento mágico, ¿verdad? Pues así fue. Ocurrió en 2023 y desde entonces lleva cuatro años haciéndolo y con más proyectos a largo plazo. Ahora, traduzcámoslo en lo posible a realidad: Pablo Heras-Casado es el director de orquesta español (Granada, 48 años) y el foso místico es el lugar de la orquesta en el Festival de Bayreuth, templo del wagnerianismo mundial, que tiene lugar en un teatro concebido por el compositor para representar la obra de arte total que perseguía en sus óperas.

En esta historia de Pablo en el foso místico elementos de realidad y ficción se mezclan. Cuando ocupó ese espacio al que muchos de los grandes en la historia de la música no se han adaptado, Heras-Casado cumplía un sueño que ni siquiera de joven se había atrevido a proyectar. Para empezar, ha sido el único director español que ha trabajado en Bayreuth —si exceptuamos que, como reconocimiento especial, el tenor Plácido Domingo dirigiera La valquiría en 2018—, nadie había contado con ese privilegio. Ahora ha emprendido una gira por España que comenzó el pasado día 29 en Barcelona, recaló el 31 en Cantabria para cerrar la 75º edición del Festival Internacional de Santander y continúa el resto de la semana por Sevilla, Madrid y Valencia, con la orquesta que año tras año se da cita en el foso místico.

Su carrera fue de pasos medidos y en diferentes campos. El joven músico de Granada que creó un coro barroco a los 18 años, estudiaba en su ciudad Historia del Arte, era nieto de un zapatero en el Albaicín, hijo de un policía nacional y un ama de casa, exploró la música contemporánea junto a Pierre Boulez en Lucerna y París, contó con la confianza de Gerard Mortier en la Ópera de la Bastilla o el teatro Real de Madrid, es hoy una referencia en el repertorio wagneriano con asiduas apariciones de las óperas del compositor alemán en Viena, París, Múnich y, por supuesto, Bayreuth, donde lleva 22 funciones de Parsifal y tiene el encargo de afrontar la dirección musical para una nueva producción del ciclo de El anillo del Nibelungo en 2028.

Ser el primer español que baja al foso místico, no le produce ningún escalofrío: “Es algo en lo que no pienso al momento de hacer música”, asegura en Santander. Esa cavidad de 14 metros de anchura por 11 de largo alberga apretados hasta 120 músicos capaces de resistir las cuatro, cinco o seis horas que puede durar cualquier título de Wagner y tiene un diseño específico para sus condiciones acústicas. Está tapado. La escena no se ve por lo que el equilibrio entre los cantantes y el director resulta difícil y debe sincronizarse de otra manera. “Pero así lo quiso el compositor para que ningún elemento despistara al público de lo que ocurría en escena”, justifica Heras-Casado.

No es cómodo y se presta a continuas incertidumbres que deben medirse ensayo tras ensayo. Te adaptas a él o no. Está pensado para espíritus audaces. Y, aun así, algunos no lo resisten. Un gran experto en Wagner como el húngaro Georg Solti no pudo y, pese a que sugirió que destaparan el espacio, la familia Wagner le invitó a marcharse. Si no te gusta…

Pablo Heras-Casado encajó. No solo en el foso. También con la orquesta. “Cuando les han propuesto salir de gira han dicho que querían hacerlo conmigo. Un honor” asegura. Y así se comprobó en Santander el pasado lunes con una compenetración en el repertorio entusiasta y gozosa de la que Heras-Casado arrancó dinámicas, potencia, dimensiones del mundo centrado en el universo de El Anillo, que entusiasmaron al público. Sirve de prólogo a toda la tetralogía, los cuatro títulos, las 16 horas de música que abordarán juntos en 2028 y de la que dieron muestra con pasajes de El oro del Rin, La valquiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses junto a tres voces excepcionales también implicadas en la gira: la soprano Catherine Foster, el tenor Klaus Florian Vogt y el barítono Jonathan Brownlee.

Todos, esta vez, en escena. Cantantes en primer plano y músicos a la vista. No encerrados en su foso. Sueltos, liberados del aura misteriosa de ese recoveco donde Heras-Casado sabe disfrutar de su compañía: “La primera vez que entré, sentí muchísimo respeto, entraba en un lugar sagrado, legendario, con cualidades acústicas complejas, peculiares, donde debes tocar de una manera única y quienes lo hacen de generación en generación saben transmitir su importancia de una determinada manera. Pese a sus complejidades es el lugar donde más feliz me siento haciendo música”, afirma Heras-Casado.

Su viaje wagneriano lo inició en 2016 el teatro Real de Madrid con un Holandés errante que dirigía en escena Álex Ollé, de La Fura dels Baus. Luego vino su primer ciclo de El Anillo del Nibelungo también en el mismo teatro junto a Robert Carsen. Eso le lanzó porque Katharina Wagner, bisnieta del compositor y actual directora de Bayreuth, escuchó una grabación del mismo y le invitó al festival. “Mi entendimiento con ella se basa desde entonces en un mutuo respeto inquebrantable”, afirma. “Debía pasar después a la complicidad con la orquesta y eso es clave para afianzar la relación allí”.

Hoy es un lugar fijo para sus veranos y fundamental en su crecimiento personal y artístico. Cada vez que desciende las escaleras del foso a un metro y medio del escenario se siente mejor y más conectado a ese universo. A toda una riqueza que sirve sistemáticamente de guía para entender mediante una compleja ambición artística claves capaces de conectar a la perfección con la oscuridad del pasado y también del mundo de hoy. “Crecemos profundizando en sus óperas, lo noto de manera muy palpable. Así lo siento cada vez que me enfrento a algunos de sus títulos. En una dimensión tanto física como mística”, afirma.

La exigencia, la devoción que persigue en sus profetas y discípulos Wagner es total: “Debes entregarte a ello porque si no lo haces en cuerpo y alma, no sobrevives, fracasas”, afirma Heras-Casado. “Te exige el mayor reto a nivel dramático, estético. Algo extremo para los artistas y para la resistencia del público. Wagner lo sabía, así lo estableció. Es una de las claves para que la fascinación por su música no decaiga. Lo creo firmemente”, asegúrate.

¿Por qué? “Te acompaña durante el viaje toda la vida como un elemento de continua transformación”, añade. “Mi fascinación no decrece jamás. El predijo desde un punto de vista lírico, dramático y mitológico, de forma sublime y terrible, la modernidad. Entrevió a qué nos abocábamos con nuestras grandezas, equilibrios necesarios y miserias. No se equivocó”. Se ha escrito tanto, desde todas perspectivas, sobre su obra… Contamos con interpretaciones más allá del arte y la música: en la esfera social, política, ecológica… Su huella traza un legado inagotable y listo para explicar cada época, a juicio del músico andaluz. “Traza unos paralelos tan acertados mediante símbolos y mitos que son capaces de ejemplificar el mundo moderno con toda su crudeza. No ha hecho más que acertar con sus predicciones sobre la autodestrucción y lo que de ello se deriva. Por eso entiendo que haya miles de personas dispuestas a peregrinar cada año a Bayreuth para escucharla”.

El cuento de Pablo en el foso místico no termina pues por Alemania a base de un poder magnético y visionario como el de Richard Wagner. En Santander se amplió a el lunes pasado a otro reconocimiento el primer día que recalaba en la ciudad. Recibió allí el Premio la Barraca, un galardón que entrega la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en recuerdo del paso de un paisano suyo granadino: Federico García Lorca. El poeta anduvo por allí durante los años 1934 y 1935 con su grupo teatral itinerante. Se lo entregaron en un acto el rector, Ángel Pelayo y la vicerrectora de cultura, Paloma Ortiz de Urbina.

El músico lo agradeció como lorquiano de vocación, conocedor a fondo de su paisano genial cuando cumplió otro sueño al dirigir en 2015 la ópera que Mauricio Sotelo compuso sobre El público, ese título del creador inmenso y universal que marcó a Heras-Casado antes de su intenso viaje wagneriano. Quizás es la mejor ópera contemporánea española estrenada en lo que va de siglo, pero eso daría para otro cuento…

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