En 1876, Smetana incluyó en su cuarteto De mi vida un armónico agudísimo de violín que imitaba el pitido que oía en su cabeza. Aquel “silbido insoportable en tonos altos”, tal y como lo describió el compositor checo antes de quedarse sordo, se conserva como uno de los primeros testimonios de lo que, a finales del siglo XIX, sería tipificado clínicamente como tinnitus: un trastorno sin cura que rara vez se asocia al ambiente de máxima excelencia de las orquestas sinfónicas, pero que afecta a más del 40% de los músicos profesionales, según un reciente informe de la Academia Americana de Otorrinolaringología.
La incidencia del trastorno auditivo se dispara en los conjuntos sinfónicos, pero la vergüenza y el miedo a las represalias laborales imponen el silencio: “Nadie se atreve a hablar”
En 1876, Smetana incluyó en su cuarteto De mi vida un armónico agudísimo de violín que imitaba el pitido que oía en su cabeza. Aquel “silbido insoportable en tonos altos”, tal y como lo describió el compositor checo antes de quedarse sordo, se conserva como uno de los primeros testimonios de lo que, a finales del siglo XIX, sería tipificado clínicamente como tinnitus: un trastorno sin cura que rara vez se asocia al ambiente de máxima excelencia de las orquestas sinfónicas, pero que afecta a más del 40% de los músicos profesionales, según un reciente informe de la Academia Americana de Otorrinolaringología.
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