La residencia de los Reyes en Mallorca culmina su rehabilitación y abre al público espacios inéditos

Con unas vistas envidiables a la bahía de Palma, el salón del trono del Palacio Real de la Almudaina deja entrar el sol a través de unas pesadas cortinas de color rosa. Los marcos de madera de los enormes ventanales son blancos y el tapizado de las paredes es de un tono rosa palo. En los suelos de piedra no hay rastro de pisadas todavía y una enorme alfombra cubre toda la estancia. En el centro de la sala, dos tronos presiden la estancia bajo un dosel de terciopelo rojo que podría aparecer como localización en cualquier serie de época. El salón del trono del Palacio de la Reina, una de las edificaciones que forman parte del palacio de La Almudaina de Palma, se ha abierto al público por primera este lunes.

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 La restauración integral de La Almudaina permite visitar por primera vez el Palacio de la Reina  

Con unas vistas envidiables a la bahía de Palma, el salón del trono del Palacio Real de la Almudaina deja entrar el sol a través de unas pesadas cortinas de color rosa. Los marcos de madera de los enormes ventanales son blancos y el tapizado de las paredes es de un tono rosa palo. En los suelos de piedra no hay rastro de pisadas todavía y una enorme alfombra cubre toda la estancia. En el centro de la sala, dos tronos presiden la estancia bajo un dosel de terciopelo rojo que podría aparecer como localización en cualquier serie de época. El salón del trono del Palacio de la Reina, una de las edificaciones que forman parte del palacio de La Almudaina de Palma, se ha abierto al público por primera este lunes.

Patrimonio Nacional ha culminado la rehabilitación integral de la residencia oficial de los Reyes de España en Mallorca, que permite acceder al público a espacios que hasta ahora permanecían cerrados. Cuatro estancias y una galería que siempre han estado ocultas a ojos de los visitantes y que ahora pretenden evocar el ambiente que pudo palpar la reina Isabel II durante su visita de cuatro días a la ciudad en septiembre de 1860.

“La obra nos ha permitido adecuar los espacios de visita y dotarlos de una nueva museografía y de un cambio de decoración”, explica Luis Pérez de Prada, director de Inmuebles y Medio Natural de Patrimonio Nacional, que ha invertido 2.573.000 euros procedentes del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia en la reforma integral del palacio. El nuevo recorrido guiado permite sumergirse en la historia del palacio en orden cronológico: desde sus orígenes romanos a la etapa de los Borbones. En las primeras estancias la arquitectura es la protagonista y los espacios “están desnudos”, apenas completados por pequeñas colecciones relacionadas con el propio castillo o con la isla, con elementos encontrados en excavaciones arqueológicas como vasijas, monedas o lámparas de aceite, según explica Víctor Cageao, director de las Colecciones Reales.

Estas primeras salas de la planta baja recorren la historia de la fortificación desde la época romana al esplendor de Madina Mayurca. La ciudad de Palma fue tomada en el año 903 e incorporada al Emirato Omeya de Córdoba y durante los siguientes tres siglos permaneció, junto al resto de las islas, bajo el poder musulmán, siendo conocido el archipiélago como las Islas Orientales de Al-Ándalus. Lo que había sido hasta entonces un castillo bizantino fue reconvertido en alcazaba, recibiendo el nombre original Al-Mudayna, que ha derivado en el actual Almudaina.

La ciudad se convirtió por entonces en un centro importante del comercio, la artesanía, los textiles y las especias por el punto privilegiado del Mediterráneo en el que se encontraba. “En este lugar se construyó una fortaleza de la que no sabemos mucho, salvo que tenía una apreciación de paraíso y de vergel, con acequias y surtidores”, cuenta Cageao. Prueba de ello es la escultura de un león en mármol esculpido que se utilizaba como surtidor de agua en la alberca del huerto de la Reina, una pieza singular de presencia constante en residencias y palacios andalusíes.

El palacio como se conoce ahora se construyó bajo el Reino de Mallorca, a finales del siglo XIII, para Jaume II y su esposa Esclaramunda de Foix, que lo utilizaron como su residencia principal en la isla. A partir de la torre del Rey se fueron creando una serie de espacios que dieron lugar a lo habitual en los castillos de la época: el Palacio del Rey, el Palacio de la Reina, las capillas y los jardines.

Muy cerca de la torre del Rey se ubicó la capilla de Santa Ana, de la que se preservan un conjunto de arquivoltas de inspiración románica que formaban parte de la portada original de la capilla, en las que se narra la coronación de la Virgen. “Los reyes y reinas de la época, como era tradición, tenían sus propias dependencias separadas. Quizás no siempre había una diferenciación volumétrica tan definida como en un palacio medieval, pero cada uno siempre ha tenido su corte y sus espacios”, cuenta Pérez de Prada.

Visita real

De esta época data el Palacio de la Reina que ahora se abre al público por primera vez. El edificio de planta alargada aprovechaba la antigua muralla de poniente hacia la ciudad, estaba unido al Palacio del Rey por una escalera de caracol y albergaba las estancias de la reina de Mallorca, de los infantes y de sus damas de compañía, además de la zona de patio, de huerto y la que utilizaban para los servicios religiosos. Cuenta con cuatro estancias diferenciadas en las que se ha hecho una remodelación completa del suelo, utilizando piedra de la localidad mallorquina de Santanyí; se han picado los paramentos colocando revocos de cal y se han integrado todas las carpinterías. “Esto permite tener una lectura homogénea de todo el espacio y que todas las obras que están en el interior, que no son muchas porque no queríamos un exceso, tengan también su importancia y su espacio”, subraya Pérez de la Prada.

“En todos los palacios reales se produce una superposición de usos y cada rey introduce sus gustos”, sostiene el director de las Colecciones Reales, que detalla que originalmente estas salas tuvieron una distribución diferente y acabaron transformadas en lo que ahora se puede contemplar y que utilizó Isabel II durante su visita a la isla. La presencia de la reina y su estancia de apenas cuatro días en Palma se plasma en forma de cuadros y retratos, que se han colgado en las paredes de las dos cámaras que preceden al salón del trono y que permiten contar todos estos detalles de la historia “transmitiendo cómo fue recibida en las islas”. El salón del trono, en el que Isabel II presidió un besamanos, da un salto decorativo a la época de Alfonso XIII, cuyo retrato con el castillo de Bellver de fondo preside la estancia. “Alfonso XII y Alfonso XIII hicieron aquí recepciones”.

La Almudaina también ha acogido recepciones y besamanos en la época actual. Hasta la llegada de la pandemia, Felipe VI y Letizia celebraban en este palacio la tradicional recepción veraniega a los principales representantes de la sociedad civil de las islas, que arrancaba con un besamanos de los invitados. En el salón del Tinell, presidido por un impresionante tapiz, los Reyes ofrecían la cena que seguía a esta recepción social y también es el lugar en el que cada año el monarca recibe a las principales autoridades de las islas. Los más curiosos también podrán echar un vistazo al despacho del Rey y de la Reina, en el que los monarcas actuales departen con las autoridades en los días de verano que cada año pasan en la isla.

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