Ilustres olvidados nació en THE OBJECTIVE como un espacio semanal dedicado a rescatar personajes desconocidos —o apenas recordados— de la historia de España. Cerca de 80 entregas y más de dos años después, el proyecto de Jaime Cervera (Pamplona, 1995) ha dado el salto al papel en un cuidado volumen editado por Ladera Norte que reúne 50 vidas apartadas, en mayor o menor medida, de la conversación pública: militares, exploradores, inventores, científicos, artistas, diplomáticos y pioneros cuyo legado rara vez ocupa el lugar que merece.
El libro funciona porque no abruma al lector con una sucesión de largas biografías. Cada capítulo ofrece el contexto necesario, explica la relevancia histórica del personaje y deja espacio para que la lectura avance con agilidad. El resultado es un formato cómodo y accesible, pensado tanto para el aficionado a la historia a la caza de nuevas «madrigueras de conejo» en las que zambullirse como para quien busca una primera puerta de entrada a figuras que, en muchos casos, merecerían una investigación más amplia.
Si hubiera que ponerle una pega a la versión en papel de Ilustres olvidados, sería precisamente que muchos capítulos dejan al lector con ganas de seguir leyendo, de seguir profundizando en la vida de unos personajes cuyo paso por la memoria común no ha dejado la huella que debería, si es que despertar el hambre por conocer se puede considerar algo negativo. Es un trabajo que sirve también como argumento frente a cierta pulsión, muy española, de buscar en el exterior cualquier grandeza mientras se mira con desconfianza la propia. Al devolver a esos nombres su contexto y sus hechos, Cervera consigue que la reivindicación de nuestros logros como sociedad nazca de la propia historia, de la acumulación de vidas que el lector descubre con la incómoda sensación de haberlas conocido demasiado tarde, por más que nunca sea tarde para preguntarse de dónde venimos.
PREGUNTA.- Cerca de 80 entregas después de su nacimiento, Ilustres olvidados ha pegado el salto al papel. ¿En qué momento comenzaste a plantearte este cambio de formato?
RESPUESTA.- Debo decir que detrás del proyecto de Ilustres olvidados está el director de este periódico, Álvaro Nieto. Él sabía que yo había escrito sobre historia en otros medios en los que había trabajado y casi desde que llegué aquí me planteó esta posibilidad. Realmente, lo de que de aquí saliera un futuro libro fue una cosa que nos planteamos muy desde el principio, precisamente porque son capítulos cortos y podía ser un formato fácil de leer, accesible… Así que nos dijimos: «Cuando tengamos suficientes personajes, de aquí puede salir un libro». Y efectivamente, dos años y pico después, aquí estamos.
P.- Este libro reúne a 50 personajes, pero el podcast ya acumulaba unos cuantos más. ¿Cómo decidiste cuáles entraban y cuáles se quedaban fuera?
R.- Efectivamente. Ya son más de 80 los personajes que han pasado por el podcast. Pero nos planteamos —también desde la editorial, Ladera Norte, y su brillante director, Ricardo Cayuela— la conveniencia de dejarlo en 50. Primero porque fuera un número más asequible para el lector, de forma que no resultase un libro demasiado extenso. También por la posibilidad de hacer un poquito de selección, sobre todo para que los capítulos estuvieran equilibrados en lo numérico. Por ejemplo, al hacer el primer borrador de selección, nos encontramos con que había un exceso de militares, ya que abundan en la historia de España, así que decidimos sustituir alguno para dar cabida a otro tipo de perfiles. Pasar de más de 80 a 50 nos permitía eso.
P.- ¿Dónde sitúas el umbral para considerar «olvidado» a un personaje histórico?
R.- Cuando hablo de «olvidado», me refiero a olvidado para el gran público. Porque es verdad que a los aficionados a la historia les sonarán los nombres de algunos personajes del libro. Pero de que te suene el nombre a que te sepas en detalle su historia, hay un paso. En este sentido, hay incluso un pequeño grupo de nombres que serán familiares para mucha gente, pero cuya historia apenas se conoce. Estoy pensando, por ejemplo, en Beatriz Galindo, La Latina, que tiene dedicado un barrio entero en Madrid, pero cuya vida es muy desconocida. Por último, hay otro grupo grande de personajes de los que yo estoy convencido de que mucha, mucha gente no sabrá quiénes fueron ni cuáles fueron sus aportaciones. Así que volvemos a la idea del equilibrio: personajes que son conocidos de nombre, pero que merecen un poco más de detenimiento, y otro grupo grande de figuras muy poco conocidas que salgan un poco del ostracismo gracias a este libro.
P.- ¿Y cómo los encuentras? ¿Llegas a tus ilustres deliberadamente o se trata de un proceso más azaroso?
R.- Pues un poco de mezcla. Cuando empecé el podcast, tenía en la cabeza una nómina de personajes que yo sabía que no eran familiares para el gran público y de los que se podía ir tirando, y a quienes yo conocía por haber estudiado la carrera de Historia y por ser aficionado a esta disciplina. Pero más allá de esa nómina inicial, muchas veces me ocurre que, investigando sobre otro personaje o sobre un periodo o un hecho histórico en concreto, tiro de un hilo y me encuentro casi por accidente con otros ilustres olvidados cuya memoria también merece la pena rescatar. Por otra parte, a veces me ocurre que voy a un hecho histórico y me pregunto: ¿quiénes fueron los protagonistas de este hito? Por ejemplo, la toma de Granada. Por supuesto, todos sabemos que los Reyes Católicos conquistaron el reino nazarí, ¿pero quiénes fueron las personas concretas que estuvieron detrás? El Gran Capitán es una figura más conocida, pero Gutierre de Cárdenas, que es el que está en el libro, pues no tanto.
P.- La historia de Diego García de Paredes, el Sansón extremeño, me pareció fascinante. Es casi de película.
R.- Justo. Pasa mucho que la historia de España está jalonada de grandes personajes que sí son conocidos —volvemos al Gran Capitán, porque el Sansón extremeño estuvo muchos años cerca de él—. Me ha pasado con frecuencia que, al leer contenidos de historia no para el podcast, sino por mi cuenta, he descubierto a figuras fascinantes que trabajaron estrechamente con personajes muy conocidos. Diego García de Paredes es un ejemplo de esto.
P.- Y una vez surgen estos personajes, ¿cómo es tu proceso de documentación? ¿Cómo te sumerges en sus vidas antes de convertirlos en protagonistas de un episodio o de un capítulo en este caso?
R.- Para mí la documentación empieza por el contexto histórico; me parece fundamental. Creo que el riesgo con esta clase de miniformatos históricos es centrarte con demasiada rapidez en el hecho o en el personaje concretos. Me parece muy importante darle al lector o al oyente un pequeño contexto histórico de la época, de qué está sucediendo. Muchas veces me gusta, cuando menciono el año del nacimiento del personaje, aportar dos o tres hechos que ocurrieron en el mismo año para aportar ese contexto. Aparte de, por supuesto, si estoy hablando de un militar que destacó en no sé qué guerra, hablar un poquito de en qué consistió esa guerra. Pero me preguntas por la documentación: una vez que me empapo bien del contexto histórico para poder trasladárselo masticadito al lector o al oyente, lo cierto es que hoy en día la tecnología facilita mucho las cosas, porque hay mucha documentación que los historiadores llamamos fuentes primarias —o sea, fuentes de la época—, que están disponibles online. Es una suerte que tenemos. Por supuesto que el trabajo de archivo sigue siendo necesario, sobre todo para hacer investigación que saque a relucir temas de los que no se ha estudiado. Pero para una labor más divulgativa, muchas veces las fuentes están accesibles. Estamos hablando de crónicas, de relatos o memorias que esos mismos personajes dejaron por escrito o, conforme te acercas a los tiempos presentes, otra fuente muy interesante que también plasmó la realidad: la prensa de la época.
«Humboldt, Darwin, Galileo o Newton se apoyaron en logros que también nos pertenecen»
P.- En el índice has categorizado a los personajes en función de su rol o del papel que tuvieron, y la categoría más extensa es la de científicos, pioneros técnicos e inventores. ¿Qué querías transmitir a través de esta decisión?
R.- Me interesaba precisamente destacar el gran papel que ha tenido España en este ámbito. Porque muchas veces, cuando pensamos en la historia de España, se nos vienen a la cabeza grandes militares y grandes exploradores. En parte es normal, porque verdaderamente España ha sido una nación exploradora —no hay más que ver el lema que adorna nuestro escudo, Plus Ultra—, y hemos sido también una nación guerrera y además muy innovadora en el terreno de lo militar. Dicho lo cual, conviene no quedarse o simplificar esa imagen de España en la historia quedándose en esos ámbitos. Los países anglosajones y Francia son naciones que llevan más a gala el haber hecho innovaciones y aportaciones técnicas o científicas. Y me interesaba recalcar que España puede perfectamente sentarse a la mesa de esos países. Muchas veces —el libro recoge unos cuantos ejemplos—, grandes próceres de la ciencia, de la inventiva, tienen precursores españoles. Alexander von Humboldt, por ejemplo, una de las grandes figuras de la Ilustración, se apoya muchas veces en logros de españoles que nadie conoce. Lo mismo ocurre con Darwin o el propio Galileo, e incluso Isaac Newton. Nombres de una gran magnitud en la historia de la ciencia. No digo que le deban a los españoles la totalidad de su aportación o de sus descubrimientos, pero sí que se apoyaron en logros que también nos pertenecen.
P.- Hay ilustres difíciles de encajar en categorías cómodas a día de hoy, como por ejemplo el propio García de Paredes, cuyos logros en lo militar contrastan con un carácter aparentemente conflictivo. ¿Cómo se pone en valor una vida del pasado sin convertir al personaje en un santo ni juzgarlo con una mirada contemporánea?
R.- Es verdad que este personaje tiene un toque pendenciero; libró muchos duelos. Al final, a los personajes hay que entenderlos en el contexto de su época. Y esto sirve para ilustres olvidados y sirve también para los grandes personajes que todos conocemos. Desde un Fernando el Católico hasta un Felipe II, todos tienen sus luces y sus sombras. Pero insisto, hay que juzgarles en el contexto de su época. Sería absurdo tratar de verles con los ojos de hoy cuando los códigos del tiempo que les tocó vivir eran completamente diferentes. Por no salirnos del ejemplo del Sansón extremeño, nada menos que Cervantes, que no es sospechoso de oscurantismo, le cita en El Quijote. Que una figura que seguimos celebrando a día de hoy como Cervantes supiera ver en este personaje algo digno de ser loado nos debe decir algo al respecto. Esto nos llevaría a una conversación más larga, pero la historia es un ámbito que, con mucha frecuencia, tratan de apropiarse las fuerzas de uno y otro lado, pero la historia hay que juzgarla por sí misma. La historia en muchos casos puede ser inspiradora; nos puede enseñar caminos por los que se puede ir, caminos a los que hay que volver y también caminos por los que no conviene transitar. En cualquier caso, yo creo que la mayoría de los personajes de este libro tuvieron vidas para ser admiradas y celebradas, más allá del hecho de que nadie carece de sombras, tanto en el pasado como en el tiempo presente.
P.- Si tuvieras que escoger a uno solo de tus ilustres para devolverlo a la conversación pública, ¿a cuál escogerías y por qué?
R.- Si me permites, elegiré dos. El primero se debe a una debilidad personal, porque a mí me gusta mucho la ópera. Se trata de Miguel Fleta, el primer tenor que cantó el Nessun dorma, una de las arias más famosas de la historia de la ópera, de la ópera Turandot de Puccini, que hoy en día tenemos tan presente, gracias fundamentalmente a Pavarotti. Pues resulta que el primero que cantó ese papel fue un español. Además, ya no es solo la curiosidad de que fuera un español, que puede ser más o menos casual, sino que además tiene una historia de superación que hoy cobra especial relevancia: nació en una familia de 14 hermanos en una aldea diminuta de Huesca, no pudo ir a la escuela por los pocos recursos que tenía su familia, y de repente le descubrió una profesora y tuvo una carrera meteórica, hasta el punto de que estrena uno de los papeles más celebrados en la historia de la ópera.
El otro es algo más conocido, forma parte de ese grupo de personajes que comentaba al principio, que sí sonará a aquellos a los que les gusta la historia. Hablo de Andrés de Urdaneta, el descubridor del tornaviaje, un logro de un hombre de ciencia cuya relevancia es muy difícil de exagerar para lo que luego fue toda la historia del Imperio español. Estamos hablando de que el galeón de Manila, que cubría la ruta que iba desde la España peninsular hasta Filipinas, pasando por México, y que estuvo vigente hasta 1815, fue posible gracias a él. Cuando se habla de que España protagonizó la primera globalización de la historia, por usar la expresión que da título al fantástico documental de José Luis López Linares, en el fondo estamos hablando de eso. Esa primera globalización que protagonizó España fue posible gracias a Urdaneta, que además tiene una biografía apasionante, llena de contrastes. En esa era llamada de los descubrimientos, tan apasionante, donde ocurrieron tantas cosas en tan pocas décadas, Urdaneta es una figura que brilla con menos luz de la que merece, y que puede situarse a la altura de los Cortés, Pizarro, y muy por encima de otras con más prensa, como Américo Vespucio.
Ilustres olvidados nació en THE OBJECTIVE como un espacio semanal dedicado a rescatar personajes desconocidos —o apenas recordados— de la historia de España. Cerca de 80
Ilustres olvidados nació en THE OBJECTIVE como un espacio semanal dedicado a rescatar personajes desconocidos —o apenas recordados— de la historia de España. Cerca de 80 entregas y más de dos años después, el proyecto de Jaime Cervera (Pamplona, 1995) ha dado el salto al papel en un cuidado volumen editado por Ladera Norte que reúne 50 vidas apartadas, en mayor o menor medida, de la conversación pública: militares, exploradores, inventores, científicos, artistas, diplomáticos y pioneros cuyo legado rara vez ocupa el lugar que merece.
El libro funciona porque no abruma al lector con una sucesión de largas biografías. Cada capítulo ofrece el contexto necesario, explica la relevancia histórica del personaje y deja espacio para que la lectura avance con agilidad. El resultado es un formato cómodo y accesible, pensado tanto para el aficionado a la historia a la caza de nuevas «madrigueras de conejo» en las que zambullirse como para quien busca una primera puerta de entrada a figuras que, en muchos casos, merecerían una investigación más amplia.
Si hubiera que ponerle una pega a la versión en papel de Ilustres olvidados, sería precisamente que muchos capítulos dejan al lector con ganas de seguir leyendo, de seguir profundizando en la vida de unos personajes cuyo paso por la memoria común no ha dejado la huella que debería, si es que despertar el hambre por conocer se puede considerar algo negativo. Es un trabajo que sirve también como argumento frente a cierta pulsión, muy española, de buscar en el exterior cualquier grandeza mientras se mira con desconfianza la propia. Al devolver a esos nombres su contexto y sus hechos, Cervera consigue que la reivindicación de nuestros logros como sociedad nazca de la propia historia, de la acumulación de vidas que el lector descubre con la incómoda sensación de haberlas conocido demasiado tarde, por más que nunca sea tarde para preguntarse de dónde venimos.
PREGUNTA.- Cerca de 80 entregas después de su nacimiento, Ilustres olvidados ha pegado el salto al papel. ¿En qué momento comenzaste a plantearte este cambio de formato?
RESPUESTA.- Debo decir que detrás del proyecto de Ilustres olvidados está el director de este periódico, Álvaro Nieto. Él sabía que yo había escrito sobre historia en otros medios en los que había trabajado y casi desde que llegué aquí me planteó esta posibilidad. Realmente, lo de que de aquí saliera un futuro libro fue una cosa que nos planteamos muy desde el principio, precisamente porque son capítulos cortos y podía ser un formato fácil de leer, accesible… Así que nos dijimos: «Cuando tengamos suficientes personajes, de aquí puede salir un libro». Y efectivamente, dos años y pico después, aquí estamos.
P.- Este libro reúne a 50 personajes, pero el podcast ya acumulaba unos cuantos más. ¿Cómo decidiste cuáles entraban y cuáles se quedaban fuera?
R.- Efectivamente. Ya son más de 80 los personajes que han pasado por el podcast. Pero nos planteamos —también desde la editorial, Ladera Norte, y su brillante director, Ricardo Cayuela— la conveniencia de dejarlo en 50. Primero porque fuera un número más asequible para el lector, de forma que no resultase un libro demasiado extenso. También por la posibilidad de hacer un poquito de selección, sobre todo para que los capítulos estuvieran equilibrados en lo numérico. Por ejemplo, al hacer el primer borrador de selección, nos encontramos con que había un exceso de militares, ya que abundan en la historia de España, así que decidimos sustituir alguno para dar cabida a otro tipo de perfiles. Pasar de más de 80 a 50 nos permitía eso.
P.- ¿Dónde sitúas el umbral para considerar «olvidado» a un personaje histórico?
R.- Cuando hablo de «olvidado», me refiero a olvidado para el gran público. Porque es verdad que a los aficionados a la historia les sonarán los nombres de algunos personajes del libro. Pero de que te suene el nombre a que te sepas en detalle su historia, hay un paso. En este sentido, hay incluso un pequeño grupo de nombres que serán familiares para mucha gente, pero cuya historia apenas se conoce. Estoy pensando, por ejemplo, en Beatriz Galindo, La Latina, que tiene dedicado un barrio entero en Madrid, pero cuya vida es muy desconocida. Por último, hay otro grupo grande de personajes de los que yo estoy convencido de que mucha, mucha gente no sabrá quiénes fueron ni cuáles fueron sus aportaciones. Así que volvemos a la idea del equilibrio: personajes que son conocidos de nombre, pero que merecen un poco más de detenimiento, y otro grupo grande de figuras muy poco conocidas que salgan un poco del ostracismo gracias a este libro.
P.- ¿Y cómo los encuentras? ¿Llegas a tus ilustres deliberadamente o se trata de un proceso más azaroso?
R.- Pues un poco de mezcla. Cuando empecé el podcast, tenía en la cabeza una nómina de personajes que yo sabía que no eran familiares para el gran público y de los que se podía ir tirando, y a quienes yo conocía por haber estudiado la carrera de Historia y por ser aficionado a esta disciplina. Pero más allá de esa nómina inicial, muchas veces me ocurre que, investigando sobre otro personaje o sobre un periodo o un hecho histórico en concreto, tiro de un hilo y me encuentro casi por accidente con otros ilustres olvidados cuya memoria también merece la pena rescatar. Por otra parte, a veces me ocurre que voy a un hecho histórico y me pregunto: ¿quiénes fueron los protagonistas de este hito? Por ejemplo, la toma de Granada. Por supuesto, todos sabemos que los Reyes Católicos conquistaron el reino nazarí, ¿pero quiénes fueron las personas concretas que estuvieron detrás? El Gran Capitán es una figura más conocida, pero Gutierre de Cárdenas, que es el que está en el libro, pues no tanto.
P.- La historia de Diego García de Paredes, el Sansón extremeño, me pareció fascinante. Es casi de película.
R.- Justo. Pasa mucho que la historia de España está jalonada de grandes personajes que sí son conocidos —volvemos al Gran Capitán, porque el Sansón extremeño estuvo muchos años cerca de él—. Me ha pasado con frecuencia que, al leer contenidos de historia no para el podcast, sino por mi cuenta, he descubierto a figuras fascinantes que trabajaron estrechamente con personajes muy conocidos. Diego García de Paredes es un ejemplo de esto.
P.- Y una vez surgen estos personajes, ¿cómo es tu proceso de documentación? ¿Cómo te sumerges en sus vidas antes de convertirlos en protagonistas de un episodio o de un capítulo en este caso?
R.- Para mí la documentación empieza por el contexto histórico; me parece fundamental. Creo que el riesgo con esta clase de miniformatos históricos es centrarte con demasiada rapidez en el hecho o en el personaje concretos. Me parece muy importante darle al lector o al oyente un pequeño contexto histórico de la época, de qué está sucediendo. Muchas veces me gusta, cuando menciono el año del nacimiento del personaje, aportar dos o tres hechos que ocurrieron en el mismo año para aportar ese contexto. Aparte de, por supuesto, si estoy hablando de un militar que destacó en no sé qué guerra, hablar un poquito de en qué consistió esa guerra. Pero me preguntas por la documentación: una vez que me empapo bien del contexto histórico para poder trasladárselo masticadito al lector o al oyente, lo cierto es que hoy en día la tecnología facilita mucho las cosas, porque hay mucha documentación que los historiadores llamamos fuentes primarias —o sea, fuentes de la época—, que están disponibles online. Es una suerte que tenemos. Por supuesto que el trabajo de archivo sigue siendo necesario, sobre todo para hacer investigación que saque a relucir temas de los que no se ha estudiado. Pero para una labor más divulgativa, muchas veces las fuentes están accesibles. Estamos hablando de crónicas, de relatos o memorias que esos mismos personajes dejaron por escrito o, conforme te acercas a los tiempos presentes, otra fuente muy interesante que también plasmó la realidad: la prensa de la época.
«Humboldt, Darwin, Galileo o Newton se apoyaron en logros que también nos pertenecen»
P.- En el índice has categorizado a los personajes en función de su rol o del papel que tuvieron, y la categoría más extensa es la de científicos, pioneros técnicos e inventores. ¿Qué querías transmitir a través de esta decisión?
R.- Me interesaba precisamente destacar el gran papel que ha tenido España en este ámbito. Porque muchas veces, cuando pensamos en la historia de España, se nos vienen a la cabeza grandes militares y grandes exploradores. En parte es normal, porque verdaderamente España ha sido una nación exploradora —no hay más que ver el lema que adorna nuestro escudo, Plus Ultra—, y hemos sido también una nación guerrera y además muy innovadora en el terreno de lo militar. Dicho lo cual, conviene no quedarse o simplificar esa imagen de España en la historia quedándose en esos ámbitos. Los países anglosajones y Francia son naciones que llevan más a gala el haber hecho innovaciones y aportaciones técnicas o científicas. Y me interesaba recalcar que España puede perfectamente sentarse a la mesa de esos países. Muchas veces —el libro recoge unos cuantos ejemplos—, grandes próceres de la ciencia, de la inventiva, tienen precursores españoles. Alexander von Humboldt, por ejemplo, una de las grandes figuras de la Ilustración, se apoya muchas veces en logros de españoles que nadie conoce. Lo mismo ocurre con Darwin o el propio Galileo, e incluso Isaac Newton. Nombres de una gran magnitud en la historia de la ciencia. No digo que le deban a los españoles la totalidad de su aportación o de sus descubrimientos, pero sí que se apoyaron en logros que también nos pertenecen.
P.- Hay ilustres difíciles de encajar en categorías cómodas a día de hoy, como por ejemplo el propio García de Paredes, cuyos logros en lo militar contrastan con un carácter aparentemente conflictivo. ¿Cómo se pone en valor una vida del pasado sin convertir al personaje en un santo ni juzgarlo con una mirada contemporánea?
R.- Es verdad que este personaje tiene un toque pendenciero; libró muchos duelos. Al final, a los personajes hay que entenderlos en el contexto de su época. Y esto sirve para ilustres olvidados y sirve también para los grandes personajes que todos conocemos. Desde un Fernando el Católico hasta un Felipe II, todos tienen sus luces y sus sombras. Pero insisto, hay que juzgarles en el contexto de su época. Sería absurdo tratar de verles con los ojos de hoy cuando los códigos del tiempo que les tocó vivir eran completamente diferentes. Por no salirnos del ejemplo del Sansón extremeño, nada menos que Cervantes, que no es sospechoso de oscurantismo, le cita en El Quijote. Que una figura que seguimos celebrando a día de hoy como Cervantes supiera ver en este personaje algo digno de ser loado nos debe decir algo al respecto. Esto nos llevaría a una conversación más larga, pero la historia es un ámbito que, con mucha frecuencia, tratan de apropiarse las fuerzas de uno y otro lado, pero la historia hay que juzgarla por sí misma. La historia en muchos casos puede ser inspiradora; nos puede enseñar caminos por los que se puede ir, caminos a los que hay que volver y también caminos por los que no conviene transitar. En cualquier caso, yo creo que la mayoría de los personajes de este libro tuvieron vidas para ser admiradas y celebradas, más allá del hecho de que nadie carece de sombras, tanto en el pasado como en el tiempo presente.
P.- Si tuvieras que escoger a uno solo de tus ilustres para devolverlo a la conversación pública, ¿a cuál escogerías y por qué?
R.- Si me permites, elegiré dos. El primero se debe a una debilidad personal, porque a mí me gusta mucho la ópera. Se trata de Miguel Fleta, el primer tenor que cantó el Nessun dorma, una de las arias más famosas de la historia de la ópera, de la ópera Turandot de Puccini, que hoy en día tenemos tan presente, gracias fundamentalmente a Pavarotti. Pues resulta que el primero que cantó ese papel fue un español. Además, ya no es solo la curiosidad de que fuera un español, que puede ser más o menos casual, sino que además tiene una historia de superación que hoy cobra especial relevancia: nació en una familia de 14 hermanos en una aldea diminuta de Huesca, no pudo ir a la escuela por los pocos recursos que tenía su familia, y de repente le descubrió una profesora y tuvo una carrera meteórica, hasta el punto de que estrena uno de los papeles más celebrados en la historia de la ópera.
El otro es algo más conocido, forma parte de ese grupo de personajes que comentaba al principio, que sí sonará a aquellos a los que les gusta la historia. Hablo de Andrés de Urdaneta, el descubridor del tornaviaje, un logro de un hombre de ciencia cuya relevancia es muy difícil de exagerar para lo que luego fue toda la historia del Imperio español. Estamos hablando de que el galeón de Manila, que cubría la ruta que iba desde la España peninsular hasta Filipinas, pasando por México, y que estuvo vigente hasta 1815, fue posible gracias a él. Cuando se habla de que España protagonizó la primera globalización de la historia, por usar la expresión que da título al fantástico documental de José Luis López Linares, en el fondo estamos hablando de eso. Esa primera globalización que protagonizó España fue posible gracias a Urdaneta, que además tiene una biografía apasionante, llena de contrastes. En esa era llamada de los descubrimientos, tan apasionante, donde ocurrieron tantas cosas en tan pocas décadas, Urdaneta es una figura que brilla con menos luz de la que merece, y que puede situarse a la altura de los Cortés, Pizarro, y muy por encima de otras con más prensa, como Américo Vespucio.
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