La batalla del arte contra el IVA: “No trabajamos en igualdad de condiciones”

De izquierda a derecha, Elvira Mignoni (galería Elvira González), Inés López-Quesada (Travesía Cuatro), los artistas Kiko Pérez y Eva Lootz, Olga Adelantado (galería Luis Adelantado), Pablo Flórez (Ehrhardt Flórez) y los artistas Elena Alonso y Antonio Ballester Moreno, en la galería Ehrhardt Flórez, en Madrid.

En la última edición de Arco, dos galerías europeas, una española y otra francesa, exponían en sus paredes a un conocido pintor español. Los tamaños de las obras y las fechas eran similares. Pero en el negocio del marchante español, la carga impositiva era del 21%. En el del vecino, un 5,5%. La opción del coleccionista no plantea muchas dudas, de tal manera que el español siempre queda en clara desventaja. El IVA con el que España grava este tipo de operaciones, el 21%, decidido en 2012 por el entonces ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, se ha mantenido hasta ahora, sin que ningún Gobierno, incluido el actual, haya accedido a aplicar la directiva europea de 2022 según la cual cada Estado miembro puede aplicar tipos reducidos de IVA (mínimo 5%) a bienes y servicios culturales. De esta forma, Italia aplica el 5%; Francia el 5,5%; Alemania el 7%, y Portugal, el 6%.

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 Los galeristas españoles inician una semana de cierre para exigir el mismo impuesto reducido que se aplica en Europa desde 2022  

En la última edición de Arco, dos galerías europeas, una española y otra francesa, exponían en sus paredes a un conocido pintor español. Los tamaños de las obras y las fechas eran similares. Pero en el negocio del marchante español, la carga impositiva era del 21%. En el del vecino, un 5,5%. La opción del coleccionista no plantea muchas dudas, de tal manera que el español siempre queda en clara desventaja. El IVA con el que España grava este tipo de operaciones, el 21%, decidido en 2012 por el entonces ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, se ha mantenido hasta ahora, sin que ningún Gobierno, incluido el actual, haya accedido a aplicar la directiva europea de 2022 según la cual cada Estado miembro puede aplicar tipos reducidos de IVA (mínimo 5%) a bienes y servicios culturales. De esta forma, Italia aplica el 5%; Francia el 5,5%; Alemania el 7%, y Portugal, el 6%.

Hartos de una situación claramente discriminatoria, los galeristas españoles, apoyados por la mayoría de sus artistas, empiezan este lunes 2 de febrero una semana de puertas cerradas al público hasta el 7 de febrero. Un reivindicativo cartel diseñado por Andrés Mengs colocado en la puerta de las galerías advertirá de la protesta de los marchantes. En el interior seguirá la actividad habitual, que consiste en apoyar la producción de los artistas con los que trabajan, acompañarles en todos los trámites y en la logística necesarios, preparar los catálogos, colaborar con las instituciones en la difusión de la obra y, por supuesto, atender a los coleccionistas y aficionados que acuden a los espacios para enterarse de las últimas tendencias.

Ya durante la pasada edición de Arco, los galeristas quisieron llamar la atención sobre su desventaja frente a los países de su entorno. Entonces, utilizaron las luces para dar a conocer su malestar. Fue una queja tan elegante como irrelevante porque casi nadie se enteró del significado del apagón que durante unos minutos dejó en penumbra los estands. Y dado que un año después el Gobierno sigue sin mover ficha, el sector ha decidido movilizarse de una manera más efectiva o, cuando menos, más llamativa. Entienden que el tipo actual del IVA que soportan es un golpe innecesario para un sector que apenas ocupa el séptimo lugar en el mercado mundial del arte y que representa, aproximadamente, el 1% del mercado global. La próxima edición de Arco, la 45ª, que se celebrará del 4 al 8 de marzo, será de nuevo un espejo de la situación de desventaja española.

Idoia Fernández (Murcia, 55 años), codirectora de la galería Nieves Fernández, es la presidenta del Consorcio de Galerías de Arte Contemporáneo de España, que agrupa a 125 firmas, la principal asociación profesional del sector. Recién aterrizada de la Semana de Arte de Singapur, sintetiza las causas de la movilización. “Los artistas y galeristas españoles tenemos en este momento el IVA más alto de cualquier país europeo de nuestro entorno: Portugal, Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Luxemburgo, que se mueve entre el 5% y el 8%. Esto hace que nuestras ventas sean muchísimo más complicadas porque no trabajamos en igualdad de condiciones”. Añade que hace tiempo que el sector se ha transformado y profesionalizado, pero que no lo perciben así quienes tienen la facultad de reducir el IVA. “La gran mayoría del arte contemporáneo no es un mercado de ricos a los que les da igual gastar más o menos. La mayor parte de los coleccionistas en España y en el resto de Europa son personas que compran con medios propios y con recursos limitados. Estas ventas son la única manera que tienen los artistas de generar ingresos. Y para las galerías es muy difícil poder seguir desarrollando nuestro trabajo”.

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Desventaja insultante

Inés López-Quesada (Madrid, 50 años) es codirectora de la galería Travesía Cuatro, con sedes en Madrid, Ciudad de México y Guadalajara (Jalisco). Su catálogo agrupa a 25 artistas internacionales, muchos de los cuales están representados por otras galerías presentes en Europa, Estados Unidos o Latinoamérica. Con ellos participan en ferias internacionales como Arco, Art Basel en Suiza y Miami, y Zona Maco en México. Cuenta que en ese recorrido se encuentra con una injusticia tributaria que considera difícil de soportar: “Si un coleccionista adquiere en un negocio francés una pieza de la artista Teresa Solar, por ejemplo, se ahorra al menos un 15% de IVA frente a lo que pagaría en una galería española. Jugamos con una desventaja abismal. No podemos ser competitivos con estas circunstancias”. Habla de cifras: “Son tan sencillas de entender como que 10.000 euros más el 21% suman 12.100. Si esta operación la aplicas a cantidades mayores, las diferencias son muy graves”.

Opina que, más que desidia, hay un desconocimiento profundo del trabajo que desarrollan las galerías. “Para este y otros gobiernos anteriores la galería es el sitio donde alguien muy rico entra y compra una obra muy cara y, claro, hay que pagar impuestos, y muchos, sobre esa transacción. Pero la realidad es que una galería abre al público cinco o seis días a la semana de forma gratuita, apoya a sus artistas produciendo proyectos y ayudando de distintas formas a las instituciones que presentan su obra”.

Generaciones perdidas

En la misma línea se expresa Pablo Flórez (Madrid, 45 años), director de la galería Ehrhardt Flórez y presidente de Arte Madrid (61 galerías). Sostiene que no se les aplica el IVA reducido porque se les niega la labor cultural que realizan los galeristas. “Creo que el arte como herramienta emancipadora de la sociedad alienta cuestiones opuestas a la naturaleza del deseo del lujo. En este caso no hay un impuesto significativo a la riqueza, sino más bien un agravio hacia la industria cultural y su capacidad de producir riqueza y prosperidad”.

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Un agravio que encierra importantes peligros. Flórez se queja de que en estos momentos existe un notable grupo de artistas como no se veía desde los años noventa. Curiosamente, todas son mujeres y su trabajo puede salir de España hacia otros destinos donde se les trate mejor. Se refiere a June Crespo, Julia Spínola, Eva Fàbregas, Laia Estruch y Leonor Serrano, entre otras.

Flórez añade un último agravante a la situación. El pasado año recaudó un 20% menos de lo previsto y lo explica así: las instituciones son las que más presupuesto tienen para adquirir arte. “Pero a su vez tienen la obligación de comprar donde más barato se les venda y ahí volvemos a topar con esta situación tan injusta que padecemos en España”, explica.

A la cola de Europa

En cada feria internacional, en cada conversación y en cada compraventa de arte, el IVA que aplica el Gobierno español a las artes plásticas (no así a otros sectores culturales como el libro, el cine o la música, que lo tienen rebajado) es un tema recurrente. Lo cuenta Olga Adelantado (Valencia, 56 años), directora de la galería Luis Adelantado y miembro de la junta directiva del Consorcio de galeristas, para quien el IVA no es algo abstracto. “Con el tipo actual, muchas veces partimos con una desventaja que no tiene que ver con la calidad de la obra, sino con el precio final que ve el comprador. Un ejemplo: si llevo a un artista español a una feria en París y ofrecemos una obra a 10.000 euros [precio neto], con un IVA del 21% el coleccionista ve un precio final de 12.100. En cambio, en una galería en Francia con un IVA reducido de 5,5%, el precio final sería 10.550. Esa diferencia de 1.550 euros es decisiva, porque el coleccionista internacional no compara artículos de ley; compara precios finales”. ¿Y qué ocurre entonces? “En el mejor de los casos, si no hemos perdido la venta, nos vemos empujados a hacer descuentos para compensar el IVA. Y eso termina presionando el mercado del artista: su caché se tensiona, su trabajo se infravalora y su salida internacional se dificulta”. Adelantado observa, además, que seguir manteniendo el 21% de IVA hace que los precios de base sean menores para un artista de la misma generación o currículum de un país que aplique el IVA cultural reducido.

¿Hay desidia por parte de los responsables culturales? “Más que desidia, yo hablaría de falta de decisión política y de prioridad real hacia el sector. En Europa ya se han adoptado tipos reducidos para el arte en varios países, y el marco europeo invita y permite a que España haga lo mismo. Por eso, más que un debate técnico, lo que falta es dar el paso. Se está viendo ya que en los países que han aplicado un IVA cultural más bajo hay más movimiento de ventas y mucho más democráticas, por lo que al final, si las medidas fiscales no se igualan, nos quedaremos a la cola de Europa”.

“España no reconoce el talento de sus artistas”

La opinión de los artistas consultados para este reportaje difiere muy poco de la que tienen los galeristas con los que trabajan. Muchos de ellos compatibilizan varias firmas comerciales nacionales con extranjeras, pero no dudan en defender al sector español. El pintor Kiko Pérez (Vigo, Pontevedra, 44 años) considera que el mercado del arte español es muy limitado. “Necesita internacionalizarse para sobrevivir y las condiciones actuales son un obstáculo. Este sector se comporta como un ecosistema donde intervienen diferentes agentes, y la relación artista–galerista, entendida como una simbiosis, es saludable tanto económica como artísticamente. Nos necesitamos. La reducción del IVA ayudaría a las galerías desde el primer momento, a los artistas más a medio-largo plazo. Si tenemos galerías fuertes, los artistas están mejor representados y sus condiciones mejoran”. Cree este artista que existe un problema real de “fuga” a otros países. “En gran medida, en España seguimos sin saber reconocer nuestro propio talento, y estamos dejando pasar oportunidades de crecer de forma sostenible, en favor del pelotazo, que abrillanta nuestro ego, pero deja un sistema escuálido”.

Elena Alonso (Madrid, 45 años) habla también de problema conjunto. “La variedad y fortaleza de la red de galerías y coleccionistas nos afecta directamente. Creo que es un error reducir la figura del coleccionista al de propietario y la del galerista a su vendedor, cuando además del apoyo económico que supone para nuestra actividad, también hacen una tarea imprescindible de difusión y conservación de nuestro trabajo”.

Rechaza Alonso la imagen de lujo y glamur con la que a veces se les asocia. “Es un punto de vista estereotipado y centrado en la idea de poseerlo en propiedad, cuando hay muchas otras cosas que suceden y otros accesos posibles al arte. Es cierto que se tiende a proyectar una imagen de esplendor que no ayuda, aun cuando detrás, a veces, se escondan situaciones precarias, pero el tejido es muy amplio, existen muchos tipos de producciones y prácticas artísticas, igual que hay muchos tipos de espacios comerciales o de colecciones y coleccionistas”.

De surrealista califica el pintor Antonio Ballester (Madrid, 49 años) la situación que se les origina a algunos creadores. “El último y primer eslabón de la cadena somos los artistas. Ya he tenido algún problema con galerías que en Arco comparten pared y el IVA es distinto. Eso crea asperezas que no me benefician. Soy un artista español que trabaja fuera con varias galerías. El problema es que crean que lo nuestro es un artículo de lujo, pero no todas las artes plásticas son un lujo. Un artista vende de media 3 o 4 obras y la galería se lleva la mitad. Nadie se hace rico. Los galeristas no son personas ricas ni los artistas tampoco. Es una cuestión de sensibilidad. Hay que entender que las galerías dan un servicio de difusión del arte”.

Eva Lootz (Viena, 1940) interrumpe el montaje de su exposición en el Casal Solleric, un edificio señorial de Palma de Mallorca, para responder tajante que le parece incomprensible el agravio comparativo que supone que España mantenga el IVA del 21% en las obras de arte frente a los países vecinos. “Espero que corrijan cuanto antes este grave error”. Hasta la fecha se han celebrado numerosas reuniones a diferentes niveles entre el Ministerio de Cultura y las asociaciones galeristas. Idoia Fernández resume la situación diciendo que la pregunta clave es: ¿El arte contemporáneo es cultura? Cuando la respuesta sea afirmativa empezará a resolverse el problema que tiene estrangulado a todo un sector.

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