
El milagro de la fiesta de los toros es que permanece viva a pesar del manifiesto empeño de acabar con ella de algunos de sus más altos dirigentes.
Los grandes triunfadores del año en Las Ventas han sido Román y Antonio Ferrera
El milagro de la fiesta de los toros es que permanece viva a pesar del manifiesto empeño de acabar con ella de algunos de sus más altos dirigentes.
Esta mañana, la empresa Plaza 1, que gestiona la plaza de Las Ventas emitió un breve comunicado que titulaba Alejandro Talavante, primer contratado para San Isidro 2027, acompañado de una imagen en la que aparecían juntos el torero y el empresario Rafael García Garrido.
Es esta una de esas notas de prensa que deja anonadado a más de uno de los destinatarios, porque en pocas palabras destila a partes iguales dosis extenuantes de una flagrante injusticia y una inadmisible falta de respeto, además de una sobresaliente ausencia de tacto social.
Los señores empresarios de Madrid (García Garrido y Casas) tienen libertad —faltaría más— para establecer el orden que les plazca a la hora de las contrataciones de toros y toreros. Lo que llama la atención es que hagan ostentación de ello a sabiendas de que están cometiendo un error imperdonable.
Habrá que imaginar cómo se les habrá quedado el semblante a Luis Bolívar, apoderado de Román, y al propio torero, y a Antonio Ferrera, que no tiene representante, cuando hayan conocido la dichosa nota. Los tres están en México, y el torero extremeño, ingresado en un hospital de Aguascalientes tras una seria voltereta sufrida el pasado sábado que le ha producido un traumatismo en el hemitórax izquierdo.
Quizá a ellos les importe poco (todo puede ser), acostumbrados como deben estar a que se consideren escasamente sus méritos; de hecho, Román no ha toreado más que 18 corridas en 2026 después de salir a hombros el 6 de junio en Las Ventas, y Ferrera, 33, muy por debajo de las de otros compañeros con menos merecimientos.
Les importe o no, la decisión de Plaza 1 de contratar en primer lugar a Talavante es una clara injusticia cuando es evidente que este torero no ha sido el triunfador del año madrileño. Abrió la Puerta Grande la tarde inaugural de San Isidro pasado, pero su impacto no admite comparación con las dos salidas a hombros de Román y Antonio Ferrera (San Isidro y Feria de Otoño) ante toros de Victorino y Adolfo Martín.
Una injusticia y una falta de respeto a los dos grandes triunfadores del año en Las Ventas. Con su decisión, los empresarios García Garrido y Casas están diciendo a voces que lo que se gana en el ruedo no vale nada, y que lo verdaderamente importante se dilucida en el despacho.

¡Ah! El despacho, claro.
Resulta que Simón Casas es el apoderado de Alejandro Talavante y empresario de la plaza de Madrid, pero destaca mucho más como representante del torero —lo ha colocado en todas las ferias y líder del escalafón— que como gerente de Las Ventas. De hecho, García Garrido aparece como presidente de Plaza 1 y es la cara visible de la empresa.
No hay que ser malvado para pensar en la estrategia del taurino francés: admite un cada vez más discreto segundo plano en la gestión de la plaza madrileña, porque le apetecen más los callejones que los despachos, a cambio de que su socio le brinde un papel protagonista a su torero.
¿Qué otra razón existiría para que García Garrido se fotografíe junto a Talavante y le ofrezca públicamente una preeminencia que no merece? Yo le doy preferencia al torero, aunque no la merezca, y tú me permites manos libres en la empresa.
Pero García Garrido sabe que esa foto y esa nota encierran una falta de respeto a los dos triunfadores y al toreo. Madrid es la referencia para todas las empresas taurinas, y actuaciones tan disparatadas como esta deberían estar prohibidas.
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