Salvador Gutiérrez Solís, escritor: “El cáncer tiene mucho de Marie Kondo”

El escritor Salvador Gutiérrez Solís, el 23 de marzo en Madrid.

Cualquiera diría que esta novela está inspirada en Ábalos, Koldo, Jorge Fernández Díaz o los personajes del esperpento nacional que estos días vemos en el banquillo, pero en realidad se pensó y escribió antes. “Podría ser mi última novela”, proclama su autor, Salvador Gutiérrez Solís, en las páginas finales de La estrategia del impostor (Almuzara), Premio Jaén de Novela. Este escritor de thriller, gestor cultural y asesor de políticos, incluido quien habita en La Moncloa, se refugió en la escritura de una trama política y criminal cuando ya había empezado a lidiar con un cáncer feroz. Y una cosa no tiene que ver con la otra, pero las dos marcan hoy su vida. Nació en Córdoba, en 1968.

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El escritor Salvador Gutiérrez Solís, en Madrid. El también asesor de políticos es Premio Jaén por una novela que se anticipa al ‘caso Ábalos’. La escribió entre sesiones de quimio y se la dedica a su oncólogo  

Cualquiera diría que esta novela está inspirada en Ábalos, Koldo, Jorge Fernández Díaz o los personajes del esperpento nacional que estos días vemos en el banquillo, pero en realidad se pensó y escribió antes. “Podría ser mi última novela”, proclama su autor, Salvador Gutiérrez Solís, en las páginas finales de La estrategia del impostor (Almuzara), Premio Jaén de Novela. Este escritor de thriller, gestor cultural y asesor de políticos, incluido quien habita en La Moncloa, se refugió en la escritura de una trama política y criminal cuando ya había empezado a lidiar con un cáncer feroz. Y una cosa no tiene que ver con la otra, pero las dos marcan hoy su vida. Nació en Córdoba, en 1968.

Pregunta. Dedica su libro a su oncólogo.

Respuesta. Me ha salvado la vida. Llegué en una situación muy delicada y él dio con la combinación para que siguiera adelante y pudiera escribir este libro. Creía que nunca iba a poder.

P. Retrata la corrupción y se anticipa al caso Ábalos: corrupción, sexo, dinero y política destinada a servir a quien la ejerce. ¿Cómo se pudo anticipar?

R. Es una constante que se da especialmente en España, una política muy machista y de repetir roles primarios que incluyen la prostitución, las comilonas y lo que estamos viendo, por desgracia.

P. ¿Cómo se ha documentado?

R. He trabajado casi 20 años con políticos, he escrito para muchos de ellos, sobre todo de Andalucía, y conozco los dichos del mundillo como: “Hace mucho frío fuera”, “pasar una temporada en el desierto”, “hay que hacerlo para ayer” o “hacerse un 035”, que significa tener que meterse a autónomo. Narro situaciones que he vivido porque he tenido la suerte de convivir con un presidente de Andalucía y consejeros, he tenido tratos muy directos. Y en La Moncloa, donde he colaborado con discursos.

P. ¿Qué ha aprendido de la política al hacer discursos?

R. Hay políticos que te marcan las pautas muy claramente y solo tienes que rellenar los huecos, como si escribieras una novela con un argumento que te han dado. Y otros que saben que tienes el ideario en la cabeza y dejan hacer. Hay quien no utiliza el discurso para nada o solo como guía si se pierde, hay quien mete morcillas de cosecha propia que va intercalando con algo más protocolario y formal. Algunos solo quieren ideas, otros improvisar.

P. ¿Le han empeorado discursos?

R. (Ríe). Sí. Es una queja constante de los escritores que hacemos discursos, cuando el político te dice: “Joder, que está muy literario, que no voy al Premio Cervantes sino a inaugurar una fábrica, por qué citas a no sé quién”. La cita la llevan muy mal, tiene que ser muy certera para que te la acepten. En el discurso político cabe poca imaginación, poca originalidad, todo es muy cuadriculado y a los que escribimos nos habría gustado ser más atrevidos, a veces metes algún ramalazo a ver si cuela.

P. ¿Lo malo que ha visto en política?

R. Lo malo es la tendencia, sobre todo en el PP y el PSOE, a premiar con cargos potentes a los fontaneros capaces de controlar agrupaciones y asambleas para que todo vaya tranquilo en un congreso y que los números cuadren. Es un error porque muchas veces esas personas se valen de triquiñuelas y manejos no muy sanos para la democracia y acaban en puestos de responsabilidad muy importantes sin cualificación.

P. ¿Hay demasiados fontaneros?

R. Hay bastantes, los hay pequeñitos que controlan una agrupación local, pero que sirven de engranaje para un fontanero mayor que controla varias agrupaciones controladas por esos mismos que él controla. Es un rollo piramidal.

P. Los Koldos de la vida.

R. Pero la política también tiene mucho de funambulismo muy salvaje, gente con mucho talento que curra mucho y que la expulsan o convierten en invisible por no estar en el lado “correcto” del partido, como Eduardo Madina o Soraya Sáenz de Santamaría, que deberían tener un peso muy fuerte y no les falló el talento, sino el error de no estar en el lado correcto de lo que se demandaba en sus organizaciones.

P. ¿Le ha decepcionado la política?

R. No, me encanta la política. Como ocurre con los jóvenes, la gente siempre repite que son los peores, un desastre, y luego los años ponen a algunos en su sitio, como a Adolfo Suárez o Felipe González. El político es una representación de la sociedad del momento. Algunos muy concretos son unos chorizos, pero son escasos. Yo he conocido políticos muy currantes y entregados. Una época trabajé para Micaela Navarro [política socialista] y no he comido más bocadillos en mi vida, restaurantes no pisábamos.

P. Suele decir que no quiere que el cáncer sea el centro de tu vida. ¿Lo consigue?

R. Sí. Es una cuestión de voluntad, un ejercicio. Cuando me lo diagnosticaron, tuve dos días de shock, al tercero fui a una psicóloga y lo primero que me dijo y que he llevado a rajatabla fue: “No conviertas el cáncer en tu vida. El cáncer no es tu vida”. Recomiendo a todo el mundo que vaya al psicólogo porque te da herramientas. La primera quimio fue infernal, de seis o siete horas de duración porque estaba muy avanzado, tienes que aprender a caminar y casi a escribir y además no me podía dar el sol. Tenía que pasar 12 o 14 horas metido en casa, así que decidí ponerme a escribir esta novela, que hice como si alguien me la estuviera dictando todos los días. El cáncer es una especie de Marie Kondo de la vida, ¿recuerdas esa japonesa horrible que ordenaba las casas? Me daba sarpullido cada vez que la veía, pero el cáncer tiene mucho de Marie Kondo: aprendes a seleccionar las cosas de manera brutal. Dejas de dar importancia a cosas que creías que la tenía, sabes quiénes son tus amigos, quiénes te quieren, a quién tienes que dedicar el tiempo, y si en algún momento tienes mala racha porque la quimio te está pegando fuerte, puedes tumbarte y ver series y no intentar demostrar que eres más fuerte que el cáncer. Esto no es una batalla ni una competición, es una enfermedad que se cura con ciencia, con medicina, con un buen oncólogo, no sacas una espada y dices: “¿Dónde está el cáncer que le voy a dar un espadazo?“. Yo no hago todo lo que hacía antes, pero sí un 80% y algunos días un 20% y no pasa nada. Antes tenía cargo de conciencia cuando estaba tumbado, ahora no. He visto muchísimas películas, mucha música.

P. ¿Compartirlo en redes le ha ayudado?

R. Mucho, mucho. Se lo pregunté a la psicóloga y me gustó lo que me dijo: “Salva, si no te vuelves un coñazo obsesivo que estás todo el rato hablando de cáncer…“. Sigo hablando de libros y películas y de vez en cuando pongo algo. Y sé que a muchos les ha servido porque me han escrito contándome su caso. Pero nadie, con lo que es Twitter, me ha escrito en plan grosero ni negativo.

P. ¿Aún cree que puede ser su última novela, como asegura al final?

R. No. Ya tengo otra escrita que espero que se publique pronto y tengo otra metida en la cabeza para seguir.

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