Rosalía arrasa en Madrid: arte, espectáculo total y ‘dardos’ a Sebastián Yatra y Rauw Alejandro ante la mirada de su novia, Loli Bahia

El tercer concierto de Rosalía en Madrid, dentro de su ambicioso Lux Tour 2026, no solo confirmó el éxito de su nueva etapa, sino que consolidó a la artista como una de las más influyentes del panorama actual, dentro y fuera de España. Y lo hizo a través de un espectáculo debatido, complejo y fascinante.

El viernes 3 de abril, en el Movistar Arena, Rosalía demostró cómo una gira deja de ser un experimento para convertirse en una maquinaria perfectamente afinada. Fue la noche en la que todo encajó: la idea, la ejecución y la respuesta del público. En este bloque de cuatro conciertos en la capital (30 de marzo, 1, 3 y 4 de abril), la cantante está demostrando hasta qué punto ha evolucionado desde Motomami (2022). Si entonces apostaba por la inmediatez y la energía, ahora se mueve en un terreno más depurado, donde la madurez vocal, la presencia de la orquesta en directo y el diseño lumínico se convierten en los verdaderos protagonistas.

rosalia concierto loli bahia aitana yatra rauw alejandro madrid
Rosalía en su concierto de Madrid. Foto: Live Nation/Sharon López

Antes incluso de aterrizar en Madrid, el proyecto ya se presentaba como el más ambicioso de su carrera. Producido por Live Nation, la gira recorre 17 países con un total de 42 conciertos, desde su arranque en Lyon hasta su cierre en Puerto Rico el próximo septiembre. En este contexto, Madrid no era una parada más en la gira, sino un campo de pruebas para medir el alcance real de esta nueva propuesta artística.

El tercer concierto de Rosalía en Madrid: precisión y teatralidad ante la atenta mirada de su novia, Loli Bahia

La tercera noche de Rosalía en Madrid fue decisiva. Tras un primer concierto dominado por el impacto visual y un segundo más analizado por crítica y público, el del viernes se vivió de forma más festiva y relajada, y confirmó que el Lux Tour 2026 es totalmente innovador, provocador y transgresor: un espectáculo concebido como una obra cerrada, casi teatral, donde cada elemento responde a una estructura fija y medida.

A las 20:50, el espectáculo arrancó con uno de sus elementos más diferenciales: la entrada en escena de la orquesta, en la que predominan las cuerdas (violines, violas y violonchelos). Más de una veintena de músicos ocuparon el centro de la pista del Movistar Arena ante una fuerte ovación del público. En esta nueva etapa de Rosalía, la orquesta —dirigida por la cubana Yudania Gómez Heredia— es uno de los pilares del espectáculo. Y fue especialmente evidente en esta tercera noche, pues brilló en los interludios —como en los inspirados en la Semana Santa, con marchas de procesiones— y en los momentos en los que la voz de la cantante quedaba completamente desnuda.

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Rosalía en su concierto de Madrid. Foto: Live Nation/Sharon López

Tras la entrada de los músicos, Rosalía apareció en escena dentro de una caja y vestida de bailarina, marcando desde el inicio esa fusión entre ballet, tradición y vanguardia. Arrancó con Reliquia, uno de los temas de su nuevo disco. Mientras, en la pista, una joven seguía cada detalle con especial intensidad: su pareja, la supermodelo francesa Loli Bahia.

Rodeada de cinco amigos, la modelo bailó, cantó y vivió el concierto de forma visceral, moviéndose con naturalidad por el lateral de la pista. Su presencia no pasó desapercibida: entraba y salía del recinto con facilidad y era reconocida por el equipo de seguridad del recinto, que le abría paso en todo momento. Poco antes del inicio del show, de hecho, THE OBJECTIVE la vio abandonar la pista unos minutos —posiblemente para irle a desear suerte a su novia—, y ya cerca del final se marchó junto a su grupo en dirección al backstage. Más allá de lo anecdótico, la actitud de Loli Bahia durante todo el concierto evidenció algo más profundo: admiración, complicidad y un vínculo entre ellas que es cada vez más sólido.

Rosalía: «Hay muchos tipos de valentía, y yo me siento cómoda arrojándome a lo desconocido»

Tras quince minutos de concierto, Rosalía detuvo el ritmo del espectáculo para dirigirse al público. Se quitó el traje de ballet y reapareció vestida completamente de blanco, con un largo velo que evocaba la estética de una monja, reforzando la dimensión simbólica y espiritual del show.

«Tras dos actuaciones que he disfrutado y he agradecido mucho, sé que quedan cosas por hacer y mejorar. Con tanto ruido que hay en un mundo tan expuesto, el escenario puede seguir siendo ese lugar seguro donde pasan cosas. Hay muchos tipos de valentía, y yo me siento cómoda arrojándome a lo desconocido y en la búsqueda constante. Entrego mi vida a esa búsqueda, esa es mi devoción. Y hoy me acompañáis todos en esto. Esta va por vosotros», dijo, antes de interpretar Mio Cristo de forma colosal.

Llega la oscuridad: de Berghain a la catarsis pop

Tras el bloque más introspectivo, el concierto giró de forma radical. Llegó la oscuridad y con ella la parte más física del show. Rosalía reapareció vestida de negro, con falda de tul, botas altas y una estética casi demoníaca, coronada por una especie de cuernos. Con ese look arrancó un remix techno de Berghain que transformó el recinto en un club berlinés. La energía subió de golpe.

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Rosalía en su concierto de Madrid. Foto: Live Nation/Sharon López

A partir de ahí, encadenó varios temas de Motomami en uno de los tramos más celebrados del concierto. Saoko desató la euforia y el lado más provocador de la artista, cuando se subió la falda y contoneó las caderas, dejando ver su culotte fucsia. A este single le siguieron La Fama, La Combi Versace y De madrugá, de El Mal Querer (2018), en una transición que unía todas sus etapas.

Como una obra de arte

Seguidamente, Rosalía volvió a cambiar de registro y de vestuario: apareció con un vestido blanco y guantes largos, evocando a figuras clásicas como Marilyn Monroe o Greta Garbo. El escenario se transformó en una especie de museo, con ella situada dentro de un marco, como si fuera una obra expuesta. En ese contexto interpretó Can’t Take My Eyes Off You, popularizada por Matt Monro. Una decena de personas del público subió al escenario para contemplarla de cerca, como si realmente formaran parte de una exposición. En mitad de la escena, Rosalía abrazó a una joven que no pudo contener las lágrimas.

Aitana y Rosalía se confiesan: críticas a Sebastián Yatra y a Rauw Alejandro, sus ex más polémicos

Uno de los momentos más inesperados del concierto llegó con el ya habitual ‘confesionario‘ del show. Aitana apareció por sorpresa junto a Rosalía sobre el escenario. Y lo que comenzó como una charla distendida terminó convirtiéndose en una de las escenas más virales —y comentadas— de la noche.

Sin mencionar directamente a Sebastián Yatra, Aitana habló de un «novio cantante» que tuvo e hizo una confesión que todos entendimos al instante: «Me dijo que al cumplir el año de relación podría serme infiel». La frase, que confirmaba por primera vez en público el trasfondo de su ruptura, provocó una reacción inmediata tanto en el recinto como en redes sociales.

Rosalía, lejos de esquivar el tema, recogió el guante con ironía y complicidad: «Claro, tenía fecha de caducidad; él mismo sabía que tiene caducidad». Más adelante, la catalana fue un paso más allá y dejó caer que ese mismo cantante había utilizado su nombre en una estrategia mediática —en alusión a la polémica cámara oculta en la que Yatra decía que Rauw Alejandro, el ex de la catalana, no estaba enamorado de ella—. «Después, él me pidió perdón, pero no le perdoné», añadió Rosalía, desatando las risas del público.

Aitana continuó profundizando en esa relación, reconociendo que hubo varias idas y venidas porque pensaba que podía funcionar. Pero, con la perspectiva del tiempo, admitió que fue un error volver a intentarlo. Rosalía, en tono cómplice, zanjó la reflexión con una frase que arrancó vítores entre el público: «Si al año ya hay dudas y van mal las cosas… ahí no es, hermana». La propia Aitana recordó entonces uno de los momentos más incómodos que vivió con Yatra, pues, en una de sus reconciliaciones, salió a la luz una entrevista en la que él hablaba abiertamente de su incapacidad para ser fiel pasado un año de relación. «Esto me dio mucha vergüenza», confesó.

El tono general de la conversación entre ambas fue cómplice y muy divertido. Incluso hubo espacio para una pulla para Rauw Alejandro cuando Rosalía apuntó: «Es que los cantantes siempre hacen declaraciones…»; una frase que muchos interpretaron como un dardo directo al puertorriqueño, con quien estuvo saliendo tres años (2020-2023) y con quien incluso tenía planes de boda. Nunca dijo por qué cortaron, pero se especuló con que él había sido infiel.

Pero más allá de todo este salseo, lo realmente significativo fue el contexto. En medio de un espectáculo milimétrico y altamente conceptual, este confesionario introdujo lo imprevisible y lo humano. Y ahí reside una de las claves del Lux Tour: su capacidad para alternar lo espectacular con lo íntimo, lo artístico con lo real.

De La perla a Magnolias: Rosalía cierra el show por todo lo alto

Tras el ‘confesionario’, el repertorio no podía tomar otro rumbo que el emocional con La Perla, un tema que muchos interpretan como una respuesta a las relaciones pasadas de Rosalía y, en general, a los hombres que no son buenas parejas. Sobre el escenario, los bailarines —impecables con guantes blancos— elevaron la canción a otro nivel, con una coreografía de aire casi teatral que reforzaba esa sensación constante de estar ante una obra escénica más cercana a la performance que al pop convencional.

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Rosalía en su concierto de Madrid. Foto: Live Nation/Sharon López

En la segunda mitad del concierto, Rosalía continuó desplegando su universo con temas como Sauvignon Blanc o La yugular, y se acercó al corazón del espectáculo: la orquesta. Ya situada en el centro de la pista, la cantante interpretó piezas como Rumba del perdón en un formato más orgánico. El tramo final recuperó la energía de Motomami con Bizcochito, Despechá y La Combi Versace, antes de desembocar en un cierre tan sobrio como contundente: La artista, ya descalza, terminó con Magnolias, dejando al público suspendido entre el silencio y la ovación.

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Rosalía en su concierto de Madrid. Foto: Live Nation/Sharon López

Lo que queda claro tras este concierto es que esta gira marca una ruptura clara con su estética anterior. Si Motomami apostaba por el caos, la inmediatez y la energía urbana, Lux se construye desde el control, el silencio y la composición. La tercera noche en Madrid fue, además, el momento en el que todo terminó de encajar. Ya no quedó margen para la duda: no es un experimento, sino una obra plenamente consolidada. Rosalía ha creado un espectáculo que desafía las reglas del pop tradicional: arriesgado, ambicioso, provocador y, al mismo tiempo, profundamente coherente. El Lux Tour 2026, por tanto, no es solo una gira, sino una declaración artística y una pista clara de hacia dónde puede evolucionar la música en directo en los próximos años.

 El tercer concierto de Rosalía en Madrid, dentro de su ambicioso Lux Tour 2026, no solo confirmó el éxito de su nueva etapa, sino que consolidó  

El tercer concierto de Rosalía en Madrid, dentro de su ambicioso Lux Tour 2026, no solo confirmó el éxito de su nueva etapa, sino que consolidó a la artista como una de las más influyentes del panorama actual, dentro y fuera de España. Y lo hizo a través de un espectáculo debatido, complejo y fascinante.

El viernes 3 de abril, en el Movistar Arena, Rosalía demostró cómo una gira deja de ser un experimento para convertirse en una maquinaria perfectamente afinada. Fue la noche en la que todo encajó: la idea, la ejecución y la respuesta del público. En este bloque de cuatro conciertos en la capital (30 de marzo, 1, 3 y 4 de abril), la cantante está demostrando hasta qué punto ha evolucionado desde Motomami (2022). Si entonces apostaba por la inmediatez y la energía, ahora se mueve en un terreno más depurado, donde la madurez vocal, la presencia de la orquesta en directo y el diseño lumínico se convierten en los verdaderos protagonistas.

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Rosalía en su concierto de Madrid. Foto: Live Nation/Sharon López

Antes incluso de aterrizar en Madrid, el proyecto ya se presentaba como el más ambicioso de su carrera. Producido por Live Nation, la gira recorre 17 países con un total de 42 conciertos, desde su arranque en Lyon hasta su cierre en Puerto Rico el próximo septiembre. En este contexto, Madrid no era una parada más en la gira, sino un campo de pruebas para medir el alcance real de esta nueva propuesta artística.

La tercera noche de Rosalía en Madrid fue decisiva. Tras un primer concierto dominado por el impacto visual y un segundo más analizado por crítica y público, el del viernes se vivió de forma más festiva y relajada, y confirmó que el Lux Tour 2026 es totalmente innovador, provocador y transgresor: un espectáculo concebido como una obra cerrada, casi teatral, donde cada elemento responde a una estructura fija y medida.

A las 20:50, el espectáculo arrancó con uno de sus elementos más diferenciales: la entrada en escena de la orquesta, en la que predominan las cuerdas (violines, violas y violonchelos). Más de una veintena de músicos ocuparon el centro de la pista del Movistar Arena ante una fuerte ovación del público. En esta nueva etapa de Rosalía, la orquesta —dirigida por la cubana Yudania Gómez Heredia— es uno de los pilares del espectáculo. Y fue especialmente evidente en esta tercera noche, pues brilló en los interludios —como en los inspirados en la Semana Santa, con marchas de procesiones— y en los momentos en los que la voz de la cantante quedaba completamente desnuda.

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Rosalía en su concierto de Madrid. Foto: Live Nation/Sharon López

Tras la entrada de los músicos, Rosalía apareció en escena dentro de una caja y vestida de bailarina, marcando desde el inicio esa fusión entre ballet, tradición y vanguardia. Arrancó con Reliquia, uno de los temas de su nuevo disco. Mientras, en la pista, una joven seguía cada detalle con especial intensidad: su pareja, la supermodelo francesa Loli Bahia.

Rodeada de cinco amigos, la modelo bailó, cantó y vivió el concierto de forma visceral, moviéndose con naturalidad por el lateral de la pista. Su presencia no pasó desapercibida: entraba y salía del recinto con facilidad y era reconocida por el equipo de seguridad del recinto, que le abría paso en todo momento. Poco antes del inicio del show, de hecho, THE OBJECTIVE la vio abandonar la pista unos minutos —posiblemente para irle a desear suerte a su novia—, y ya cerca del final se marchó junto a su grupo en dirección al backstage. Más allá de lo anecdótico, la actitud de Loli Bahia durante todo el concierto evidenció algo más profundo: admiración, complicidad y un vínculo entre ellas que es cada vez más sólido.

Tras quince minutos de concierto, Rosalía detuvo el ritmo del espectáculo para dirigirse al público. Se quitó el traje de ballet y reapareció vestida completamente de blanco, con un largo velo que evocaba la estética de una monja, reforzando la dimensión simbólica y espiritual del show.

«Tras dos actuaciones que he disfrutado y he agradecido mucho, sé que quedan cosas por hacer y mejorar. Con tanto ruido que hay en un mundo tan expuesto, el escenario puede seguir siendo ese lugar seguro donde pasan cosas. Hay muchos tipos de valentía, y yo me siento cómoda arrojándome a lo desconocido y en la búsqueda constante. Entrego mi vida a esa búsqueda, esa es mi devoción. Y hoy me acompañáis todos en esto. Esta va por vosotros», dijo, antes de interpretar Mio Cristo de forma colosal.

Tras el bloque más introspectivo, el concierto giró de forma radical. Llegó la oscuridad y con ella la parte más física del show. Rosalía reapareció vestida de negro, con falda de tul, botas altas y una estética casi demoníaca, coronada por una especie de cuernos. Con ese look arrancó un remix techno de Berghain que transformó el recinto en un club berlinés. La energía subió de golpe.

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Rosalía en su concierto de Madrid. Foto: Live Nation/Sharon López

A partir de ahí, encadenó varios temas de Motomami en uno de los tramos más celebrados del concierto. Saoko desató la euforia y el lado más provocador de la artista, cuando se subió la falda y contoneó las caderas, dejando ver su culotte fucsia. A este single le siguieron La Fama, La Combi Versace y De madrugá, de El Mal Querer (2018), en una transición que unía todas sus etapas.

Seguidamente, Rosalía volvió a cambiar de registro y de vestuario: apareció con un vestido blanco y guantes largos, evocando a figuras clásicas como Marilyn Monroe o Greta Garbo. El escenario se transformó en una especie de museo, con ella situada dentro de un marco, como si fuera una obra expuesta. En ese contexto interpretó Can’t Take My Eyes Off You, popularizada por Matt Monro. Una decena de personas del público subió al escenario para contemplarla de cerca, como si realmente formaran parte de una exposición. En mitad de la escena, Rosalía abrazó a una joven que no pudo contener las lágrimas.

Uno de los momentos más inesperados del concierto llegó con el ya habitual ‘confesionario‘ del show. Aitana apareció por sorpresa junto a Rosalía sobre el escenario. Y lo que comenzó como una charla distendida terminó convirtiéndose en una de las escenas más virales —y comentadas— de la noche.

Sin mencionar directamente a Sebastián Yatra, Aitana habló de un «novio cantante» que tuvo e hizo una confesión que todos entendimos al instante: «Me dijo que al cumplir el año de relación podría serme infiel». La frase, que confirmaba por primera vez en público el trasfondo de su ruptura, provocó una reacción inmediata tanto en el recinto como en redes sociales.

Rosalía, lejos de esquivar el tema, recogió el guante con ironía y complicidad: «Claro, tenía fecha de caducidad; él mismo sabía que tiene caducidad». Más adelante, la catalana fue un paso más allá y dejó caer que ese mismo cantante había utilizado su nombre en una estrategia mediática —en alusión a la polémica cámara oculta en la que Yatra decía que Rauw Alejandro, el ex de la catalana, no estaba enamorado de ella—. «Después, él me pidió perdón, pero no le perdoné», añadió Rosalía, desatando las risas del público.

Aitana continuó profundizando en esa relación, reconociendo que hubo varias idas y venidas porque pensaba que podía funcionar. Pero, con la perspectiva del tiempo, admitió que fue un error volver a intentarlo. Rosalía, en tono cómplice, zanjó la reflexión con una frase que arrancó vítores entre el público: «Si al año ya hay dudas y van mal las cosas… ahí no es, hermana». La propia Aitana recordó entonces uno de los momentos más incómodos que vivió con Yatra, pues, en una de sus reconciliaciones, salió a la luz una entrevista en la que él hablaba abiertamente de su incapacidad para ser fiel pasado un año de relación. «Esto me dio mucha vergüenza», confesó.

El tono general de la conversación entre ambas fue cómplice y muy divertido. Incluso hubo espacio para una pulla para Rauw Alejandro cuando Rosalía apuntó: «Es que los cantantes siempre hacen declaraciones…»; una frase que muchos interpretaron como un dardo directo al puertorriqueño, con quien estuvo saliendo tres años (2020-2023) y con quien incluso tenía planes de boda. Nunca dijo por qué cortaron, pero se especuló con que él había sido infiel.

Pero más allá de todo este salseo, lo realmente significativo fue el contexto. En medio de un espectáculo milimétrico y altamente conceptual, este confesionario introdujo lo imprevisible y lo humano. Y ahí reside una de las claves del Lux Tour: su capacidad para alternar lo espectacular con lo íntimo, lo artístico con lo real.

Tras el ‘confesionario’, el repertorio no podía tomar otro rumbo que el emocional con La Perla, un tema que muchos interpretan como una respuesta a las relaciones pasadas de Rosalía y, en general, a los hombres que no son buenas parejas. Sobre el escenario, los bailarines —impecables con guantes blancos— elevaron la canción a otro nivel, con una coreografía de aire casi teatral que reforzaba esa sensación constante de estar ante una obra escénica más cercana a la performance que al pop convencional.

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Rosalía en su concierto de Madrid. Foto: Live Nation/Sharon López

En la segunda mitad del concierto, Rosalía continuó desplegando su universo con temas como Sauvignon Blanc o La yugular, y se acercó al corazón del espectáculo: la orquesta. Ya situada en el centro de la pista, la cantante interpretó piezas como Rumba del perdón en un formato más orgánico. El tramo final recuperó la energía de Motomami con Bizcochito, Despechá y La Combi Versace, antes de desembocar en un cierre tan sobrio como contundente: La artista, ya descalza, terminó con Magnolias, dejando al público suspendido entre el silencio y la ovación.

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Rosalía en su concierto de Madrid. Foto: Live Nation/Sharon López

Lo que queda claro tras este concierto es que esta gira marca una ruptura clara con su estética anterior. Si Motomami apostaba por el caos, la inmediatez y la energía urbana, Lux se construye desde el control, el silencio y la composición. La tercera noche en Madrid fue, además, el momento en el que todo terminó de encajar. Ya no quedó margen para la duda: no es un experimento, sino una obra plenamente consolidada. Rosalía ha creado un espectáculo que desafía las reglas del pop tradicional: arriesgado, ambicioso, provocador y, al mismo tiempo, profundamente coherente. El Lux Tour 2026, por tanto, no es solo una gira, sino una declaración artística y una pista clara de hacia dónde puede evolucionar la música en directo en los próximos años.

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