La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser un elemento exclusivo de la ciencia ficción para convertirse en una herramienta real y cada vez más influyente en la industria cinematográfica. Hoy en día, su presencia ya se percibe en múltiples etapas del proceso creativo, técnico y comercial del cine, y todo indica que su papel será aún más determinante en el futuro. La IA no solo está transformando la manera en que se hacen las películas, sino también cómo se distribuyen, se consumen y se reinterpretan. Para hablar de todo ello, en Déjate de películas, esta semana contamos Luis Martín Pérez, director de soluciones de IA para comunicación y marketing en la consultoría LLYC.
En el presente, uno de los ámbitos donde la inteligencia artificial tiene mayor impacto es en la fase de preproducción. Los estudios utilizan algoritmos capaces de analizar grandes volúmenes de datos —guiones, tendencias de taquilla, preferencias del público o comportamiento en plataformas de streaming— para predecir el potencial éxito comercial de un proyecto. Estas herramientas ayudan a tomar decisiones sobre qué historias producir, qué géneros funcionan mejor en determinados mercados o incluso qué actores pueden atraer a un público concreto. Aunque estas prácticas generan debate, ya que pueden fomentar la repetición de fórmulas exitosas, también reducen riesgos financieros en una industria donde cada producción implica inversiones millonarias.
Durante la producción, la IA también desempeña un papel clave. En el ámbito de los efectos visuales, por ejemplo, se utiliza para crear escenarios digitales más realistas, mejorar la animación de personajes o realizar procesos complejos como el deepfake o el rejuvenecimiento digital de actores. Películas y series recientes han empleado estas técnicas para recrear rostros, modificar edades o incluso devolver a la pantalla a intérpretes fallecidos, lo que abre nuevas posibilidades narrativas, pero también plantea dilemas éticos y legales sobre la identidad, el consentimiento y los derechos de imagen.
En la postproducción, la inteligencia artificial optimiza tareas tradicionalmente largas y costosas. Algoritmos de aprendizaje automático pueden editar escenas, corregir color, limpiar audio o generar subtítulos y doblajes automáticos con una calidad cada vez mayor. Esto no solo acelera los tiempos de trabajo, sino que también facilita la distribución global de los contenidos, permitiendo que una película llegue a públicos de distintos idiomas y culturas de forma más rápida y accesible.
La distribución y el consumo son otros terrenos donde la IA ya es protagonista. Las plataformas de streaming utilizan sistemas de recomendación basados en inteligencia artificial para personalizar la experiencia del espectador, sugiriendo películas y series según sus gustos, hábitos y emociones. Este uso de la IA influye directamente en la visibilidad de las obras cinematográficas y, en consecuencia, en su éxito. Al mismo tiempo, plantea interrogantes sobre la diversidad cultural, ya que los algoritmos tienden a reforzar preferencias previas y pueden limitar el descubrimiento de propuestas más arriesgadas o menos comerciales.
Mirando hacia el futuro, el papel de la inteligencia artificial en el cine podría ser aún más profundo. Ya se están desarrollando sistemas capaces de generar guiones, diseñar storyboards o componer bandas sonoras originales. Aunque por ahora estas creaciones suelen servir como apoyo o inspiración para los profesionales humanos, no es descabellado imaginar un escenario en el que la IA participe activamente en la autoría de obras cinematográficas. Esto obligará a redefinir conceptos como creatividad, originalidad y autoría artística.
Además, la IA podría transformar la relación entre el espectador y la obra. El cine interactivo, en el que la historia se adapta en tiempo real a las decisiones o emociones del público, es una de las posibilidades más fascinantes. Gracias al análisis de datos biométricos o de comportamiento, una película podría ofrecer finales alternativos, variar el ritmo narrativo o cambiar el punto de vista según la reacción del espectador, dando lugar a experiencias cinematográficas únicas y personalizadas.
Sin embargo, el avance de la inteligencia artificial en la industria cinematográfica también conlleva riesgos. La automatización de tareas puede afectar a empleos tradicionales, y el uso excesivo de algoritmos puede empobrecer la diversidad creativa si se prioriza únicamente lo que «funciona» según los datos. Por ello, el gran reto del futuro será encontrar un equilibrio entre la innovación tecnológica y el valor humano del cine como forma de expresión artística.
En conclusión, la inteligencia artificial ya juega un papel fundamental en la industria cinematográfica y su influencia seguirá creciendo en los próximos años. Bien utilizada, puede ser una poderosa aliada para ampliar las posibilidades creativas, mejorar la eficiencia y acercar el cine a públicos más amplios. No obstante, su integración debe hacerse de manera ética y consciente, asegurando que la tecnología complemente, y no sustituya, la imaginación y la sensibilidad humanas que han hecho del cine un arte universal.
Sobre Déjate de películas
Déjate de películas es un podcast de THE OBJECTIVE dedicado al mundo del cine. Se trata de una tertulia de periodicidad mensual en la que se discutirán todo tipo de temas relativos al séptimo arte: tendencias, estrenos, corrientes, directores, actores, y, por encima de todo, películas. También hablaremos de los grandes asuntos de la vida —existenciales, filosóficos, políticos o sociales—, pero siempre apoyándonos en el cine.
Para ello, queremos seguir así la estela de programas como Qué grande es el cine, del maestro José Luis Garci, de Cowboys de medianoche, o de La Clave, aquel mítico espacio que dirigía el gran José Luis Balbín. Son modelos muy elevados, por lo que no pretendemos estar a la altura, pero sí al menos parecernos aunque sea de lejos. Los componentes del equipo de Déjate de películas somos Sonsoles Callejo, abogada; Salvador Otamendi, consultor político; y Jaime Cervera, historiador y periodista de este diario. Los tres rondamos la treintena y compartimos una común pasión por el cine de ayer y de hoy.
[¿Eres anunciante y quieres patrocinar este programa? Escríbenos a comercial@theobjective.com]
La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser un elemento exclusivo de la ciencia ficción para convertirse en una herramienta real y cada vez más influyente
La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser un elemento exclusivo de la ciencia ficción para convertirse en una herramienta real y cada vez más influyente en la industria cinematográfica. Hoy en día, su presencia ya se percibe en múltiples etapas del proceso creativo, técnico y comercial del cine, y todo indica que su papel será aún más determinante en el futuro. La IA no solo está transformando la manera en que se hacen las películas, sino también cómo se distribuyen, se consumen y se reinterpretan. Para hablar de todo ello, en Déjate de películas, esta semana contamos Luis Martín Pérez, director de soluciones de IA para comunicación y marketing en la consultoría LLYC.
En el presente, uno de los ámbitos donde la inteligencia artificial tiene mayor impacto es en la fase de preproducción. Los estudios utilizan algoritmos capaces de analizar grandes volúmenes de datos —guiones, tendencias de taquilla, preferencias del público o comportamiento en plataformas de streaming— para predecir el potencial éxito comercial de un proyecto. Estas herramientas ayudan a tomar decisiones sobre qué historias producir, qué géneros funcionan mejor en determinados mercados o incluso qué actores pueden atraer a un público concreto. Aunque estas prácticas generan debate, ya que pueden fomentar la repetición de fórmulas exitosas, también reducen riesgos financieros en una industria donde cada producción implica inversiones millonarias.
Durante la producción, la IA también desempeña un papel clave. En el ámbito de los efectos visuales, por ejemplo, se utiliza para crear escenarios digitales más realistas, mejorar la animación de personajes o realizar procesos complejos como el deepfake o el rejuvenecimiento digital de actores. Películas y series recientes han empleado estas técnicas para recrear rostros, modificar edades o incluso devolver a la pantalla a intérpretes fallecidos, lo que abre nuevas posibilidades narrativas, pero también plantea dilemas éticos y legales sobre la identidad, el consentimiento y los derechos de imagen.
En la postproducción, la inteligencia artificial optimiza tareas tradicionalmente largas y costosas. Algoritmos de aprendizaje automático pueden editar escenas, corregir color, limpiar audio o generar subtítulos y doblajes automáticos con una calidad cada vez mayor. Esto no solo acelera los tiempos de trabajo, sino que también facilita la distribución global de los contenidos, permitiendo que una película llegue a públicos de distintos idiomas y culturas de forma más rápida y accesible.
La distribución y el consumo son otros terrenos donde la IA ya es protagonista. Las plataformas de streaming utilizan sistemas de recomendación basados en inteligencia artificial para personalizar la experiencia del espectador, sugiriendo películas y series según sus gustos, hábitos y emociones. Este uso de la IA influye directamente en la visibilidad de las obras cinematográficas y, en consecuencia, en su éxito. Al mismo tiempo, plantea interrogantes sobre la diversidad cultural, ya que los algoritmos tienden a reforzar preferencias previas y pueden limitar el descubrimiento de propuestas más arriesgadas o menos comerciales.
Mirando hacia el futuro, el papel de la inteligencia artificial en el cine podría ser aún más profundo. Ya se están desarrollando sistemas capaces de generar guiones, diseñar storyboards o componer bandas sonoras originales. Aunque por ahora estas creaciones suelen servir como apoyo o inspiración para los profesionales humanos, no es descabellado imaginar un escenario en el que la IA participe activamente en la autoría de obras cinematográficas. Esto obligará a redefinir conceptos como creatividad, originalidad y autoría artística.
Además, la IA podría transformar la relación entre el espectador y la obra. El cine interactivo, en el que la historia se adapta en tiempo real a las decisiones o emociones del público, es una de las posibilidades más fascinantes. Gracias al análisis de datos biométricos o de comportamiento, una película podría ofrecer finales alternativos, variar el ritmo narrativo o cambiar el punto de vista según la reacción del espectador, dando lugar a experiencias cinematográficas únicas y personalizadas.
Sin embargo, el avance de la inteligencia artificial en la industria cinematográfica también conlleva riesgos. La automatización de tareas puede afectar a empleos tradicionales, y el uso excesivo de algoritmos puede empobrecer la diversidad creativa si se prioriza únicamente lo que «funciona» según los datos. Por ello, el gran reto del futuro será encontrar un equilibrio entre la innovación tecnológica y el valor humano del cine como forma de expresión artística.
En conclusión, la inteligencia artificial ya juega un papel fundamental en la industria cinematográfica y su influencia seguirá creciendo en los próximos años. Bien utilizada, puede ser una poderosa aliada para ampliar las posibilidades creativas, mejorar la eficiencia y acercar el cine a públicos más amplios. No obstante, su integración debe hacerse de manera ética y consciente, asegurando que la tecnología complemente, y no sustituya, la imaginación y la sensibilidad humanas que han hecho del cine un arte universal.
Déjate de películas es un podcast de THE OBJECTIVE dedicado al mundo del cine. Se trata de una tertulia de periodicidad mensual en la que se discutirán todo tipo de temas relativos al séptimo arte: tendencias, estrenos, corrientes, directores, actores, y, por encima de todo, películas. También hablaremos de los grandes asuntos de la vida —existenciales, filosóficos, políticos o sociales—, pero siempre apoyándonos en el cine.
Para ello, queremos seguir así la estela de programas como Qué grande es el cine, del maestro José Luis Garci, de Cowboys de medianoche, o de La Clave, aquel mítico espacio que dirigía el gran José Luis Balbín. Son modelos muy elevados, por lo que no pretendemos estar a la altura, pero sí al menos parecernos aunque sea de lejos. Los componentes del equipo de Déjate de películas somos Sonsoles Callejo, abogada; Salvador Otamendi, consultor político; y Jaime Cervera, historiador y periodista de este diario. Los tres rondamos la treintena y compartimos una común pasión por el cine de ayer y de hoy.
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